EXPLORANDO

Encontrar muertos en montaña es un recordatorio de lo que puede pasar

Transcripción de la segunda parte del coloquio de Simone Moro, Denis Urubko y Cory Richards, tras la proyección de la película Cold sobre su experiencia invernal en el G2. Incluye las preguntas del público.

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La proyección de la breve película Cold, editada a partir del material filmado por Cory Richards durante la expedición fue seguida con atención y emotividad por el público que abarrotaba la sala del Palau de la Música donde se celebró el evento. Especialmente intenso fue el momento en que, durante el descenso, una avalancha alcanzó a los tres alpinistas, que salieron milagrosamente indemnes. El coloquio se retoma desde ese punto. En el escenario, el director de Desnivel Darío Rodríguez, con Simone Moro, Denis Urubko y Cory Richards.

D.R.: Cory, ¿cómo podías estar siempre tan a punto para grabar, teniendo en cuenta las dificultades y el frío? Más tarde, la cámara Reflex deja de funcionar en el campo 3 cuando desciendes; sigues filmando con la cámara compacta, con la que están grabadas estas imágenes. Y luego, ¿cómo después de una avalancha, de una situación tan grave, lo primero que haces es filmarte a ti mismo? Es algo que parece increíble…

C.R.: Sí, estuve grabando con la cámara grande todo el camino hasta la cima y luego el descenso hasta que se congeló. Entonces le pedí a Simone su cámara pequeña. Después de la avalancha, no puedo explicar por qué, pero simplemente empecé a filmar… Sabía que algo importante había sucedido… Algo que era terrorífico, pero a la vez muy bonito, ya que en un momento pensamos que estábamos muertos y luego nos dimos cuenta de que seguíamos vivos. Fue un momento muy potente. Lo que hice fue poner en marcha la cámara, ya que era lo que estaba acostumbrado a hacer. Habíamos pasado ya unos minutos, unos 15 minutos. Denis ya estaba en pie, pero a mí me llevó bastante tiempo salir de la nieve. Pero tan pronto como pude, cogí la cámara, la encendí y pregunté “¿Qué ha pasado?”. Simone dijo “avalancha”. Y yo empecé a llorar. Pensé que era algo importante.

 

Después de esta intervención, llegó el turno de las preguntas del público, que los montañeros resondieron solícitos y con el mismo tono cercano y ameno de todo el encuentro:

-Habéis dicho que fuisteis al G2, porque al Broad Peak iban los polacos, al G1 Txikon y al Nanga otros… ¿No es más larga esta vía que la del Broad Peak? ¿No era más fácil ir al Broad Peak por la ruta normal que meterse aquí? Aquí hay un glaciar muy largo, hay grietas, la ruta es más larga mientras en el otro es más directa.

-S.M.: Está claro que no era una decisión fácil. Si hubiera podido tomar la decisión de forma independiente, me hubiera gustado mucho más el Broad Peak, porque pienso que es mucho más seguro, pero siendo honestos, yo ya lo había intentado antes durante dos años, en invierno de 2007 y de 2008, la primera vez solo y la segunda vez con dos pakistaníes. Esa segunda vez, me quedé a sólo 200 metros de la cumbre, solamente porque se me hizo demasiado tarde, eran las dos de la tarde y sólo me quedaban dos horas de luz. Me hubiera gustado ir una tercera vez, pero me llamaron los polacos y me dijeron: “Mira, tú ya has ido dos veces; ahora vamos nosotros al Broad Peak”. Y es verdad, dos intentos son suficientes. Las otras expediciones me habían quitado las otras montañas y sólo me quedaban el K2 y el Gasherbrum 2. Yo sabía que el G2 no era técnicamente tan difícil como el K2 o como el Nanga Parbat, pero es mucho más peligroso. Pienso que, de las tres ascensiones invernales que he hecho (Shisha Pangma, Makalu y Gasherbrum 2), el G2 es seguro el más peligroso… Caímos en grietas no sé ni cuántas veces; al principio las contaba, pero después ya no. Caímos entre 20 y 30 veces cada uno.

-¿De qué lado os cayó la avalancha?

-S.M.: Del Gasherbrum V. Al final de todo del glaciar, que es común para el Gasherbrum 1 y el Gasherbrum 2, hay uncollado donde se separan las dos rutas; nosotros fuimos hasta el G2, lo tocamos y nos fuimos, pero nos dio por culo una avalancha muy grande a los tres. Fue un serac muy grande que se rompió y hubo mucha nieve esparcida también por el viento.

-¿Subisteis por la derecha de la banana?

-S.M.: No, subimos por la izquierda de la banana. Me han dicho que en temporada de verano se sube por la derecha, pero en invierno nos pareció que ese camino era peligroso y largo, pensamos que era mejor ir por la izquierda. Todo el mundo dice que el Gasherbrum 2 es una montaña fácil, pero quizás por eso nosotros no la vimos fácil en ningún momento, e incluso hasta el final, con la avalancha. Yo recuerdo el Gasherbrum 2 como una montaña muy, muy seria.

-C.R.: Eso de que es fácil se suele decir en verano. Y probablemente lo es, porque tienes cuerdas fijas… Por supuesto, cuando encontrábamos cuerdas fijas, las usábamos, pero nosotros no fijamos cuerdas, y con la meteorología y la nieve… No es fácil.

-S.M.: Denis ya la había subido en verano, con lo que puede decir mejor que nadie la diferencia entre los dos.

-D.U.: La diferencia entre una ascensión invernal y otra en verano es que en verano es posible realizar un paso atrás y corregir algo. Si haces algo mal en invierno, no es posible hacer cambios. Es un camino de una sola dirección.

-¿Qué sentís al estar allí arriba? ¿Es diferente para cada uno de vosotros, habida cuenta vuestras diferencias culturales?

-C.R.: Cansancio. Es decir, hay un momento anterior, en el que te das cuenta de que sí, que está ocurriendo realmente, y sientes algo de orgullo y alegría. Pero realmente estás muy cansado. Estás tan exhausto que esas emociones de alegría, de orgullo… las dejas para más tarde. Cuando estás allí arriba, al menos yo pensaba: “ok, ahora tenemos que volver”. Teníamos el 50% hecho, ahora teníamos que volver, sabiendo que la mayoría de muertes ocurren durante el descenso. Ellos dos tienen más experiencia y quizás lo vivieron con mucha más dulzura!

-S.M.: Tenemos más experiencia, pero la sensación es la misma. Él dice cansado. Todo el momento de felicidad, de pensar en lo que he hecho y esas cosas vienen después. Normalmente llegan cuando estás en el campo base o incluso cuando llegas a casa y empiezas a mirar las fotos y el vídeo… entonces empiezas a valorar lo que has hecho. Cuando llegas a la cumbre, puede ser que abras una ventana de pocos minutos que tampoco puedes decir que sea de felicidad, sino que comprendes que has llegado, que lo has hecho, pero que ahora tienes algo muy precioso que tienes que llevar a casa. Comprendes que es como estar en la mitad de un maratón: estás en los 21 km, con un buen tiempo, una buena progresión, pero tienes que definir todavía. No es el final y el sentimiento es así.

-D.U.: Yo también, cansancio. Fue una satisfacción por haberlo hecho y fue muy bonito… En el Gasherbrum, yo particularmente experimenté una sensación como de salir de mi propia mente, mirarlo todo desde fuera y pensar: “¿Qué están haciendo estos tipos?”. Por experiencia, consigo mantenerme concentrado, para poder bajar. Y también me acordaba mucho de Karl Gabl.

-S.M.: Sí, porque Karl Gabl nos dijo que teníamos una ventana de buen tiempo que nos permitía hacer cumbre hasta medio día. Nos dijo: “Sí estáis en la cumbre a medio día, bueno, pero si no habéis llegado a esa hora, os paráis y regresáis”. Y subimos a las 11.35 horas… al final pudimos coger el bus.

-Quería preguntar a Denis: Participaste con Wielicki en una expedición al K2, ¿cómo compararías el K2 con el G2?

-D.U.: Incluso en verano, la diferencia entre los 8.000 m y los 8.600 m es completamente abismal. El K2 es otro planeta. En el G2, llegamos a los 8.000 metros y sólo subimos un poco más por encima de los 8.000 metros. A esa altura, se podría decir que en el K2 empieza la ascensión, porque tiene una montaña encima de la montaña. Ahora mismo, pienso que no es posible alcanzar la cumbre del K2 en invierno… pero eso mismo es lo que pensaba antes del G2, que no era posible. Y es muy importante haber hecho algo que parecía imposible; es la llave para empezar a pensar que el K2 puede ser posible.

Además, creo que había una gran diferencia entre ese equipo (el del K2 con Wielicki) y este otro (el del G2 con Moro y Richards). Aquí siempre estábamos listos para actuar juntos, a pesar del peligro o de las condiciones, mientras que en aquella expedición había una especie de juego, que es normal en las expediciones al Himalaya: gente que se quedaba atrás para guardar energías para un posible intento a cumbre…

-¿Qué diferencias encontráis en términos de aclimatación entre una ascensión invernal y otra en primavera y otoño, en tanto en cuanto tenéis una ventana pequeña de buen tiempo? Teniendo en cuenta el tiempo que llevabais en la montaña, ¿creéis que estabais en condiciones óptimas de aclimatación cuando fuisteis a cumbre?

-C.R.: Hay una gran diferencia. En invierno, tú caminas un día y al día siguiente, la huella ha desaparecido. Da igual que haga buen tiempo o no, el viento va a cubrirlas igualmente. En verano no tienes que luchar tanto contra eso, y puedes ir arriba y abajo varias veces, con mucha mayor seguridad y mucho más rápidamente. Así que puedes permitir a tu cuerpo acostumbrarse a la altura de una forma más razonable, esa es la mayor diferencia. Por mi parte, sería una tontería decir que estaba listo para subir a 8.000 metros depsués de haber pasado sólo una noche a 6.400 metros. Claramente, no es una aclimatación apropiada. Pero todos conocíamos el riesgo y decidimos que estábamos lo suficientemente fuertes como para intentarlo. Y también teníamos claro que, aunque estuviéramos lo suficientemente fuertes, teníamos que regresar juntos si alguno tenía problemas.

-En verano, las expediciones normalmente tienen una marcha de aproximación con porteadores que aquí no tuvisteis. ¿Esto no le resta emoción y valor a la expedición, ya que la tecnología actual puede con cosas que no podía antes? Antes hacía falta una marcha de aproximación de una semana o dos por el glaciar del Baltoro para poder llegar al campamento base, mientras que ahora no, ahora puedes ir en helicóptero, bajar todos los pertrechos necesarios, subir y volver más o menos seguro. Esto ha hecho que se puedan acometer cosas que no se podían acometer antes. Por ejemplo, el K2, del que se está hablando, podría ser posible con una logística mejor que la que habéis tenido en el G2 y seguro que podréis subir, porque podréis poner campamentos de altura más altos con los helicópteros… A los que nos gusta el alpinismo clásico, lo vemos un poco fuera de onda…

-D.U.: Yo soy escalador, y para mí el juego empieza en el campo base. Cien años atrás, la gente iba a India en barco rodeando África, y ahora ir en avión es lo normal. Todo el mundo vuela en lugar de viajar en barco.

-C.R.: Yo no creo que por el hecho de tener más tecnología cambie el alma del alpinismo. El alma del alpinismo está en tu esfuerzo. No importa que lleves un ordenador o que llegues al campo base en helicóptero. Por supuesto, eso facilita las cosas de alguna manera; no tienes que derrochar tanta energía. Pero a la vez, ir en helicóptero contribuye a no arriesgar la vida de los porteadores, ya que se necesitarían 300 porteadores subiendo el glaciar del Baltoro en invierno… No tenemos suficiente dinero para equiparlos, y además, con mucha probabilidad, alguno de ellos podría morir. ¿Qué prefieres? ¿Subir en helicóptero al campo base o matar a un par de porteadores?

-S.M.: En principio, la idea era llegar en jeep de Skardu hasta Askole y después caminar diez días hasta el campo base. Y para traer todo el equipo que necesitábamos, debíamos utilizar 300 porteadores. Porque la diferencia entre invierno y verano es que necesitas 600, 700 o 1.000 kilos de queroseno para quemar el hielo para tener agua para cocinar, para beber, de todo, mientras que en verano el agua fluye, ya que el hielo se derrite naturalmente. Trescientos porteadores implica un litro de queroseno por persona cada día para calentarse y para preparar la comida, o sea 300 litros por diez días son 3.000 litros. Después tienen que regresar, que pueden ser otros 1.500 litros, o sea 4.500 litros. Esa es una cosa. Segundo, son 300 personas que van al baño como mínimo una vez al día, con lo que son 300 residuos por diez días… Otra cosa: cuando hice el intento en 1997-1998, tuve congelaciones en los pies y, aunque pongas equipo y ropa para los porteadores, el día de la partida llegan con ropa normal, porque la otra la venden. Así, una hora de helicóptero son 180 litros de queroseno, comparados a 4.500 litros, puedes ir y volver muchas veces. Al final, es más respetuoso con las personas y con el medio ambiente. Es menos poético, pero la tecnología no es solamente mala.

-¿Cómo se lo hace Cory, qué sistema de guantes utiliza, para manejarse con los objetivos, botones y todo esto?

-C.R.: No es complicado, es simplemente agotador. Utilizo unas manoplas especiales para el Himalaya que hace North Face y debajo llevo unos guantes Wind Stopper muy delgados, también de North Face. Las manoplas van sujetas, con lo que puedo quitármelas sin perderlas. La cámara va en su funda fuera de la chaqueta, la saco, busco una batería que llevo dentro de la chaqueta para protegerla del frío, la coloco, cierro el compartimento de la cámara y disparo. No es un proceso complicado, pero el tiempo puede hacer que te parezca extremadamente complicado… pero debes hacerlo. En mi trabajo y también mi pasión.

-S.M.: Yo diría que sí es complicado, aunque lo tiene automatizado. Una vez, dos veces, tres veces, de acuerdo, pero hacerlo durante toda una expedición completa requiere una buena cabeza.

-¿Cómo os lo hacéis para poder dormir en el saco, a medida que va cogiendo humedad?

-C.R.: Simone y yo nos abrazábamos.

-S.M.: Y todas las veces que lo hacíamos, le preguntábamos a Denis y él decía “no, no, no, soy ruso”. Podemos decir que todas las veces que mirábamos el saco de dormir estaba congelado por fuera, pero la membrana que incorpora es tan buena que dentro de él no teníamos problemas de agua. Podíamos tener otro problema: si por fuera el saco estaba mojado, cuando estábamos nosotros dentro de él lo calentábamos y era suave, pero si salías afuera a hacer pipí, cuando volvías estaba duro y era difícil entrar. Honestamente, el nivel del equipo técnico ha sido increíblemente bueno. Todo lo que nosotros hemos utilizado en el Gasherbrum 2 es exactamente el equipo que se puede comprar en una tienda. No había ningún prototipo.

-D.U.: Una buena manera de evitar este problema de cuando el saco de dormir se congela es dormir fuera de él.

-S.M.: Sí, eso lo tuvimos que hacer la última noche, cuando estaba ya tan sumamente congelado que era imposible meterse en él. Esa noche, Denis nos empezó a querer y ya se abrazó a nosotros. Nos dijo: “Bueno, por una noche… pero no se lo digáis a mi mujer”.

-Cuando la gente sube a ochomil metros, a veces encuentran cuerpos en el camino, y son imágenes a veces fuertes y muy duras. Sé que eso es habitual en vuestro trabajo, pero ¿qué es lo que pensasteis la primera vez que pasasteis al lado de un cuerpo?

-C.R.:La muerte es lo que conecta a todas las personas de este mundo. Todos vamos a morir. Y eso es algo bonito, porque eso es lo que nos da la capacidad de motivarnos y tratar de hacer las cosas que hacemos ahora. Cuando yo veo muertos en la montaña, no es una situación trágica o triste, es más bien un toque de atención sobre lo que puede pasar: esa persona falleció, yo no quiero terminar así demasiado pronto, pasas y la dejas atrás, es algo robótico, no emocional, al menos para mí.

-S.M.: Es una señal a todos los alpinistas que piensan que hoy en día es fácil subir a una montaña de 8.000 metros. Porque muchas personas, parten sin estar realmente preparados para una subida como esta. Encuentras el cuerpo y lo pasas; es un segundo en el que voy a controlar mucho más: ¿voy bien? ¿el tiempo es bueno? ¿todo está controlado? Es como si alguien me cogiera de las solapas y me agitara. No es trágico ni da miedo; además de que en esa situación no puedes caer en ese sentimiento. No digo que sea normal, pero recuerdo la vez que subí el Everest y bajé por la cara norte, encontré cinco cuerpos de personas entre la cumbre y los 8.000 metros. Estaba solo y era de noche, porque estaba haciendo la travesía en solitario. Y recuerdo muy bien que por cinco veces tuve una obsesión: “baja rápido, baja rápido, baja rápido, que estás en la zona de la muerte…” Al final, me bajé de la cumbre del Everest al campo base en cuatro horas y media solamente, que quizás es la más rápida.

-D.U.: No me gusta mucho explicarlo, pero yo he visto gente morir en mi trabajo como militar. Para mí no es muy estresante. No digo que sea normal, pero es otro lado de mi vida que conozco muy bien porque me lo he encontrado no sólo en la montaña sino también en el ejército.

-¿Cuál será ahora vuestro próximo proyecto?

-S.M.: El nombre de nuestro próximo proyecto es Nanga Parbat. En principio teníamos el proyecto de ir los tres al Broad Peak, y era un proyecto parecido al Gasherbrum 2, con Cory, Denis y yo. Pero hace mes y medio me llamaron los militares de Pakistán, que son los únicos que manejan el helicóptero y me dijeron: “Simone, hemos cambiado el precio del helicóptero; ya no son 3.080 € cada uno, sino un poquito más”. “¿Cuánto más?”, pregunté. “8.400 cada uno”. La situación económica, especialmente de España o Italia no es demasiado buena…

-D.U.: Y en Pakistán, especialmente.

-S.M.: Por eso tomé la decisión inmediatamente, sin preguntar a North Face si lo podía pagar. Porque no se trataba de un tema de buscar más dinero. Para mí era algo inmoral gastar tanto dinero en este temporada. Porque podemos hacer escuelas, ayudando a las personas a realizar sus sueños con dinero normal. Gastar 30.000 o 40.000 euros solamente en el helicóptero no era algo que me gustase y mandé a paseo a los militares. Y nos vamos al Nanga Parbat, que no es tan fácil; es mucho más difícil, porque el campamento base no está a 5.000 metros, sino a 4.000 metros…

-D.R.: Y además no vais los tres. Creo que Cory se ha enamorado, se ha casado…

-S.M.: Es más inteligente. Dice “el Broad Peak estaba ya al límite para ir una segunda vez, pero ahora el Nanga Parbat”. Me mandó a paseo a mí! Bueno, no; se casó hace unos días, y tiene también otra oportunidad de trabajo… Y de manera muy amigable, me dijo: “Simone, te hablo con el corazón en la mano: Probablemente no estoy tan motivado y listo como estaba en el Gasherbrum 2”. Y esto es una señal de amistad, porque muchas veces uno se hace el macho, no dice nada y llega al campamento base no completamente motivado, no completamente fuerte… Y en ese lugar, empieza la segunda semana con mal tiempo diciendo “esta temporada, pienso que…”. Por eso le doy las gracias y dijimos que si este año no, el próximo, seguro. Aunque no sabe que si subimos al Nanga Parbat Denis y yo, el próximo año iremos al K2.

[Ver primera parte del coloquio]

 

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