EXPLORANDO

La caja negra, entrenar la cabeza

Entrenamiento, competición, rendimiento… Si nuestra cabeza no funciona, ya podemos invertir horas entrenando o compitiendo, que ni mejoraremos, ni conseguiremos nuestros objetivos. Saber tranquilizarnos, motivarnos y exprimirnos en los momentos clave es la clave del éxito.

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Intensidad, calidad, alto rendimiento… Con esquís, corriendo a pie, en BTT, con raquetas… Si nuestra caja negra (en mecánica, es la centralita electrónica que hace funcionar todo el vehículo, en nuestro caso es la cabeza) no funciona, ya podemos invertir horas entrenando o compitiendo, que ni mejoraremos, ni conseguiremos nuestros objetivos. Es primordial cuidar este apartado de nuestro entrenamiento; saber tranquilizarnos, motivarnos y exprimirnos en los momentos clave, es llave del éxito.

Entrenar esa cosa redonda: la cabeza

En teoría es “fácil” entrenar nuestro cuerpo para obtener el mejor rendimiento. ¿Cómo? Ya sabéis, con los planes de entrenamiento y dedicándole tiempo, pero ¿se puede entrenar nuestra cabeza?, cuando hablo de cabeza no me refiero a entrenar los músculos que la sostienen, sino a entrenar nuestra consciencia, nuestro cerebro, nuestra memoria de sufrimiento, nuestra motivación… En resumen, conseguir pensamientos positivos ante un gran reto, o simplemente para entrenar día a día con ilusión y ganas de esforzarnos.

Durante un esfuerzo, nuestra «caja negra», absorbe parte del protagonismo en la dirección del desarrollo de la actividad. Nos pueden doler las piernas y continuar, pero si la cabeza dice que no, allí mismo se acabaron la carrera o el entrenamiento.

Voy a transmitiros algunos consejos referidos a este tema y siempre bajo mis experiencias personales. Como podéis imaginar, a altos niveles existen los psicólogos deportivos, auténticos especialistas para ayudarnos en este aspecto importantísimo de la preparación física.

1. Zonas atractivas

Cuando salgamos a entrenar o competir, hemos de hacerlo convencidos de que lo hacemos porque queremos, que nadie nos obliga y que es lo que queremos hacer en ese momento. Y también, que salimos a disfrutar de nuestro esfuerzo y, si la situación lo permite, del paisaje. Por eso es importante, que si podemos, elijamos zonas atractivas para entrenar. Esto es aplicable también a deportistas de alto nivel o profesionales: cambiar de rutinas y de recorridos nos ayudará a salir con más ímpetu.

2. Ideas positivas

Durante un esfuerzo iremos recibiendo multitud de información desde nuestro cerebro sobre el dolor en alguna parte de nuestro cuerpo, el cansancio de algún músculo, esa zapatilla que aprieta más de la cuenta, ese roce de la ropa… Cuando recibamos esa “información” pensaremos automáticamente en otra cuestión, en lugar de entrar en una espiral negativa.

3. Mirar atrás

A media de que vaya pasando la competición o el entrenamiento iremos pensando en lo ya superado y no en todo lo que queda por superar. Hay deportistas que en los comentarios previos a la salida de una competición piensan: ¡Vaya palizón que nos espera! Esto es un error, si salimos pensando en el palizón, lo estaremos padeciendo ya, desde antes de comenzar a movernos.

4. Motivación personal

En el deporte de alto nivel el papel del entrenador es fundamental para motivarnos, pues independientemente del aspecto técnico del entrenamiento, es él quien nos animará durante los entrenamientos o competiciones. Al no contar normalmente con un entrenador, este papel lo tendremos que asumir nosotros mismos: hemos de aprender a auto-motivarnos, a animarnos mentalmente mientras vamos devorando kilómetros, con pensamientos positivos que nos nutran de energía.

5. Estamos aquí porque queremos

Durante el esfuerzo, nuestra «caja negra», intentará en algún momento traicionarnos y nos transmitirá informaciones negativas, siendo la más ocurrente… “¿Y que hago yo aquí?”. Esto ocurre casi siempre y hemos de pensar rápidamente que estamos “aquí” porque es donde queremos estar en ese momento. Cuando tengamos pensamientos negativos hemos de tener un momento de paciencia pues normalmente son pasajeros y lo que en un momento se ve negro, puede cambiar rápidamente y hacernos ver las cosas de otro color. Cuando nos asalte un pensamiento negativo, un trago de agua o comer alguna cosa desviará nuestra atención de ese momento.

6. Motivación previa

Si al planteamos un entrenamiento o participar en una competición, tenemos en cuenta y seleccionamos con buen criterio el entorno, ya estaremos motivándonos previamente, entrenado nuestra cabeza, y a medida que se acerque el día, se irán incrementando nuestras ganas de comenzar. Así estaremos mentalizándonos positivamente para el esfuerzo a realizar, y seguro que será mucho mas fácil de realizar.

7. Los sonidos del silencio

Yo no encuentro muy positivo entrenar con auriculares y música. Ésta nos priva de distinguir las sensaciones que nos va transmitiendo nuestra cabeza y escuchar nuestro cuerpo y nuestra respiración. Además, como es probable que no los podamos usar en competición, nos encontraríamos en una situación nueva y nos descentraríamos. Eso, sin hablar de lo peligroso que puede ser no oír posibles advertencias del entorno, vehículos a motor o aludes. Si estamos en la montaña, nos perderemos los magníficos sonidos que nos regala la naturaleza.

8. Móvil apagado

Cuando salgamos a entrenar dejaremos aparcado el teléfono. Lo podemos llevar como aparato de seguridad, pero ¡calladito! Una llamada en algún momento puede echar por tierra nuestra salida: si tenemos todo organizado para poder salir a entrenar, pues eso, a entrenar.

9. Ir por partes

Hay muchos deportistas que cuando piensan, antes de comenzar, en lo que tienen ante sí, se irían corriendo a casa. Es normal, pero hemos de vencer ese pensamiento. No debemos pensar en todo el recorrido como un conjunto indisociable, sino que iremos por partes y paso a paso, una vez superado el primer tramo, pensaremos en superar el segundo, después del primer kilómetro, iremos a por el segundo. Hemos de conseguir disfrutar de cada paso, de cada momento.

10. Todo esto me gusta

Antes del entrenamiento o competición tenemos que ser capaces de disfrutar de ello, imaginarnos los parajes por donde va transcurrir el recorrido, de la satisfacción que tendremos al finalizar, de sentirnos realizados de haber superado otro reto y sentir cómo van trabajando todos los músculos de nuestro cuerpo. Y sobre todo, apreciar esa sensación de libertad, al estar haciendo una de las cosas que más nos gustan; en definitiva, hacer trabajar de forma positiva y al máximo nivel a nuestra «caja negra».

 

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