Artículo técnico

Botas de montaña para actividades invernales

En invierno la protección de los pies suele acarrear no pocos quebraderos de cabeza a montañeros y alpinistas. Deben conjugarse bien tres requisitos: la capacidad de aislamiento, la idoneidad para la actividad a la que se destinarán y, por supuesto, la adaptación a la anatomía del usuario.

Autor: José Isidro Gordito | 1 comentario | Compartir:
Botas para actividades invernales
Botas para actividades invernales   Cortesía SCARPA

El calzado es uno de los sistemas de protección más complejos de cuantos utiliza el hombre. Por encima de sus prestaciones e idoneidad está la adaptación a la anatomía del usuario. Por ello, hay que tener en cuenta que por muy bien que le vaya un modelo y una marca a nuestro mejor amigo, lo más probable es que no ocurra lo mismo si nos lo calzamos nosotros.

Es fundamental, por encima de otras consideraciones, estudiar la adaptabilidad de la horma (patrón sobre el que se construye el calzado) al pie, lo que puede ser motivo de descartar excelentes botas que acabarán convertiéndose en auténticas máquinas de tortura.

La ligereza y el minimalismo son las nuevas referencias para los fabricantes de calzado de montaña. El auge del trail running ha provocado que las botas adelgacen, rebajen sus cañas y se flexibilicen, lo que en ocasiones puede comprometer la obligada capacidad de protección, soporte, adherencia y tracción que impone la montaña vestida de invierno.

Evolución

Las cálidas y voluminosas botas sintéticas fueron reemplazadas por calzado de cuero, rescatando del pasado una fórmula que el conjunto carcasa + botín en material artificial había extinguido.

Tras los años dorados del plástico, las botas simples de cuero tratado pasaron a ser toda una revolución en el alpinismo invernal, siendo adoptadas rápidamente por los escaladores de hielo que precisaban rigidez, movilidad de tobillo, estanqueidad y protección térmica, además de un volumen y peso que no lastrase sus gestos.


 

Aunque todavía tiene muchos adeptos, el cuero está siendo sustituido por hilaturas de poliamida de alta tenacidad y piezas de goma o plástico que ofrecen un volumen y peso más contenidos, un secado más rápido, no endurecen tanto con el frío.

Pero aunque pudiera parecer lo contrario, en los últimos años la oferta se ha multiplicado y las colecciones de todos los fabricantes han crecido de modo espectacular.

Desde las botas para montañismo con escaso compromiso al calzado con cubrebotas integrales pensados para actividad alpina invernal severa o ascensiones y escaladas a picos de entre 6.000 y 7.000 metros, pasando, por supuesto, por aquellas pensadas para hielo o mixto difícil a baja altitud y las de expedición en alta cota, dos familias que por su especialización no abordaremos en este artículo.

Es invierno, ¿qué necesito?

Hay características básicas que una buena bota de invierno debería ofrecer siempre. Impermeabilidad y aislamiento térmico son dos atributos elementales, pero no los únicos. Existen otros parámetros que apuntan a la seguridad del usuario y entre ellos está la cramponabilidad y rigidez de la suela además de, por supuesto, la protección del pie ante impactos y longevidad, proporcionadas sobre todo por su construcción exterior.

Las botas actuales acostumbran a presentar más o menos este aspecto y estas caracterísiticas:

  • Construcción exterior en piel (generalmente serraje) o –lo cada vez más habitual– poliamida de alta tenacidad.
  • Membranas impermeables-transpirables insertadas para conseguir estanqueidad.
  • Acolchados térmicos a base de fibras como el Primaloft, el Thinsulate… o, como mínimo, insertos de membranas laminadas a forros calientes (tipo Gore-Tex® Duratherm) menos aislantes pero suficientes en algunas altitudes, latitudes o actividades.
  • Cañas algo más elevadas que las de una bota de trekking tradicional, si bien cada vez difieren menos.
  • Ofrecen mucha movilidad, lograda con escaso acolchado de la caña, en ciertos casos sorprendente articulación de tobillo con collarines (partes superiores, esas zonas que envuelven tibia y peroné) blandos y, en ocasiones, muy bajos por la parte posterior, aunque cuenten con aislamiento térmico en todo el área inferior.
  • Punteras afiladas para facilitar la precisión en escaladas técnicas y recorridos de aristas, y con una suela de menor espesor que las que presentaban los modelos hasta hace poco; o punta más redondeada y suela algo más voluminosa si su destino son las ascensiones sencillas y se persigue la máxima protección, ante todo térmica.
  • Palmillas rígidas o semirígidas a base de náilon, PU o fibras de vidrio o carbono. Las primeras dirigidas a escaladas técnicas y las segundas al calzado para ascensiones o montañismo menos comprometido. Más precisión y contundencia a la hora de tallar peldaños o abrir huella y menor cansancio de las pantorrillas en terreno vertical frente a comodidad sobre largos recorridos.
  • Entresuelas de poliuretano suave y capas amortiguadoras de EVA que, junto a las suelas de caucho, ofrecen, al contrario que en épocas pasadas, un perfil reducido para rebajar peso y aportar mayor sensibilidad en escalada.
  • Área delantera y posterior en TPU para alojar, sin deformaciones ni riesgo, las punteras y taloneras de crampones automáticos. Las hay (pensadas para actividades más sencillas) que sólo incorporan parte posterior reforzada, para crampones semiautomáticos. Estas tampoco suelen tener una gran rigidez, facilitando así la comodidad en largas caminatas.
  • Bandas de goma y punteras reforzadas que evocan un pie de gato, con altura diferenciada en función de los puntos de mayor abrasión.
  • Cordoneras con ganchos de bloqueo o cintas en “V” en tobillo para conseguir una mejor inmovilización del talón acompañando los movimientos especialmente en pasajes de escalada. Bien regulada, la bota no se moverá y protegerá de rozaduras.
  • Las más avanzadas han perdido las clásicas lengüetas o presentan un sistema de pieza regulable en altura con bandas elásticas –neoprenos y similares– que garantizan menor compresión de los cordones y evitan pliegues y arrugas que se claven en flexiones extremas.
  • Pueden incorporar un interesante anillo de cinta en la lengüeta que hace más fácil calzarlas. Otras llevan dos –otro también en la parte posterior del collarín– que, además de servir para lo mismo que el frontal, es útil igualmente para colgarlas durante el secado, transportarlas suspendidas del arnés…
  • Simples o dobles. Las primeras más precisas, sensibles y ligeras y las segundas más aislantes aunque más pesadas y voluminosas.
  • Algunas presentan una pequeña polaina en la parte superior para evitar que penetre la nieve. Otras, sobre todo las dirigidas al alpinismo técnico en condiciones de frío o ascensiones a picos de seis o siete mil metros, cuentan con un cubrebotas integral que se cierra con cremalleras impermeabilizadas o estancas.

Escoger la talla.
Para elegir el tamaño adecuado primero hay que comprobar que la horma es idónea para nuestro pie. Si hay presión en los dedos, el empeine, el talón o el tendón de Aquiles (por mucho que la longitud parezca correcta) hay que descartar esa marca o modelo.

Recordemos que, por ejemplo, unas botas de horma estrecha para un pie ancho no desembocará en nada bueno.

Comprobada la compatibilidad, es bueno sacar la plantilla y situar el pie encima, estableciendo el eje corporal sobre su vertical. Si con el talón bien colocado vemos que por delante sobra aproximadamente 1 centímetro hasta la punta tendremos garantía de que podremos jugar con unos calcetines un poquito más gruesos, que no perderemos nuestras uñas en los descensos y que permaneceremos relativamente calientes al no existir compresión de los capilares sanguíneos.

Es recomendable realizar esta operación con el calcetín que vayamos a llevar en montaña. // J.I.G.

Una bota para cada actividad

Las botas diseñadas para alpinismo y montañismo invernal son el calzado idóneo para acometer ascensiones en alta montaña sobre terreno nevado, surcar aristas, realizar escaladas mixtas o de hielo, realizar marcha por glaciar en presencia de nieves húmedas y profundas…

Yo me decantaría por botas simples en piel; con membrana y relleno térmico, además de puntera redondeada con buena bóveda y rigidez media si la actividad es montañismo clásico o ascensiones o/y escaladas alpinas sencillas, y cramponables con elementos semiautomáticos.

Para escalada en hielo y mixto unas botas sintéticas, también con membrana y relleno pero puntera más afinada y alta rigidez, y cramponables con automáticos o semiautomáticos.

El alpinismo en condiciones frías o en alta cota requerirá unas botas similares a las últimas pero con mayor protección térmica y estanqueidad, proporcionados por, por ejemplo, un cubrebotas integral.

Para actividades de varios días preferiremos el uso de botas dobles.

Natural o sintético

Tradicionalmente, debido a sus cualidades, se han usado las materias naturales en la construcción de calzado. Robustez, longevidad, resistencia a los roces y a la penetración de objetos punzantes… han hecho de la piel el mejor escudo para fabricar botas.

Su impermeabilidad, especialmente si es reforzada con tratamientos específicos, ha convertido esta materia en un gran aislante que sólo precisaba colaboración de membranas interiores cuando se deterioraba y, por supuesto, debido a que el montaje conlleva cierto número de costuras por los que el agua puede penetrar.


Pero la necesidad de mantenimiento y, en especial, de reducir peso, ha promovido la feroz competencia de las materias sintéticas. Ello ha desembocado en que las botas para un uso más clásico y tradicional se monten sobre piel y las indicadas para empresas más técnicas, donde el volumen y la ligereza son la consigna, se confeccionen en tejidos artificiales de gran tenacidad.

Rellenos aislantes

Las botas se construyen sobre un corte textil con una cara exterior (piel o material sintético) y un forro interior también natural o artificial. La coraza externa protege, da soporte… y la in- terna aporta comodidad y mantiene el pie seco y caliente.

Para uso invernal el forro interior, que en su mayor parte es el laminado de protección de una membrana impermeable-transpirable, se muestra insuficiente. Por ello entre ambas capas se insertan, además de otros componentes pensados para el confort, fibras del tipo Primaloft, Thinsulate… que almacenan aire caliente.

Las botas para expedición se componen de elementos más complejos para mantener el microclima del pie, pero las más extendidas para alpinismo invernal juegan con esta cámara térmica de fibra que, por imponderables de la construcción, se muestra menos abundante o más comprimida en puntera y talón que en el resto de la cámara.

Una buena bóveda en el área de los dedos, que evite presión y por tanto no dificulte la circulación sanguínea, es fundamental para mantener los pies calientes en ambiente riguroso.

Complementos: medias, guetres, cubrebotas…
Un calcetín de longitud, espesor y capacidad térmica acordes con la actividad es lo idóneo. Un poco de protección de rizo en puntera y talón, y firmeza de la caña para que no se arrugue y moleste en la zona de la tibia, preservarán el pie.

Hay una oferta amplia y excelente en el mercado, seguro que en nuestro punto de venta habitual nos ayudan perfectamente.

Hay que intentar que para uso invernal prevalezcan las fibras que más aire caliente almacenan (lana merino, Thermolite, Primaloft…). El material sintético será la mejor elección de las personas con problemas de alergia a los productos naturales.

Tampoco debemos olvidar complementar las botas con unos guetres o polainas. De nada sirve que tengan membrana impermeable-transpirable si no bloqueamos la entrada de agua por la parte superior, un área especialmente vulnerable.

Hay incluso cubrebotas con rellenos térmicos que pueden convertir una bota con escasa protección en un producto muy aislante en situaciones concretas. Eso sí, cuidado con el aumento de peso y sobre todo volumen, especialmente si usamos crampones y las puntas pueden engancharse peligrosamente. // J.I.G.

¿Simples o dobles?

Las botas simples son más precisas, sensibles y ligeras. Por el contrario, las dobles, más pesadas y voluminosas, proponen un aislamiento superior y la posibilidad de ser desmontadas para facilitar su secado.

En actividades de varios días serán preferibles las de dos componentes, sobre todo para ascensiones en cotas medias y altas que no exijan una alta sensibilidad o comporten pasajes de escalada de alta dificultad.

Tendencias

Persiguiendo básicamente dos factores –la rebaja de peso y el aumento de la comodidad, las nuevas construcciones se realizan con procesos que combinan cortes exteriores hidrorrepelentes a base de hilaturas de poliamida que son termorrecubiertos con gomas y plásticos para eliminar costuras y otros puntos frágiles y duros.

Resulta un calzado de líneas más limpias, menos susceptible de engancharse y por tanto dañarse en contacto con elementos abrasivos, y en el que se han reducido zonas de presión sobre el pie.

Para palmillas y otros apliques el ligero carbono se impone para aportar rigidez y protección con el mínimo peso aunque, también hay que reseñarlo, con un aumento del coste del producto.

La escalada en hielo exige buena movilidad de tobillo, alta rigidez, protección térmica; además, las nuevas rutas de dificultad demandan una gran ligereza. Cortesía The North Face

Como fin a este apartado, introducir un novedoso concepto de calzado para actividades rápidas y ligeras por terreno cambiante de media a alta montaña que presenta las ventajas de una zapatilla de trail y las de una bota ligera de alpinismo.

Se trata de un calzado de caña baja o media con lengüetas reforzadas y polainas, además de forros interiores a base de membranas impermeables-transpirables.

Para crampones de correas o semiautomáticos. Les falta poco para tener el soporte que ofrecen las más clásicas, sobre todo cuando se abre huella, por nieve, caminando a media ladera…., pero casi podemos decir que ese futuro que parecía lejano va convirtiéndose en presente y botas nacidas para alpinismo estival es seguro que pronto contarán con su versión invernal con relleno térmico.

Cuidados

Las botas en material sintético no necesitan mantenimiento exterior. En cambio, si son de piel puede venir bien una hidratación o reimpermeabilización periódica con productos específicos.

Si el calzado se moja por dentro, bien por transpiración no evacuada, bien porque haya penetrado humedad del exterior, hay que intentar secarlo antes de introducir de nuevo el pie. Con la humedad se pierde mucha temperatura que puede poner en riesgo las actividades de varias jornadas.

Una astucia interesante, aunque no siempre posible, es introducir papel de periódico para absorber humedad y facilitar el secado. Una buena estrategia consiste en extraer las plantillas y dejarlas en un lugar con buena ventilación, intentando alejarlas de fuentes de calor directo.

Unos calcetines secos que preveamos no usar también pueden servir para acelerar el secado a modo del citado papel de periódico.

Y atención a dónde se dejan las botas por las noches. Un calzado seco puede mojarse por permanecer a la intemperie, lo que no es nada recomendable. Cubrir al menos sus bocas, tal vez con los propios guetres, o ponerlas boca abajo mientras dormimos en el interior de una tienda de campaña –intentando que el collarín no esté en contacto directo con el suelo, menos aún si hay tierra en el exterior–. Será menos traumático cuando nos levantemos al día siguiente…

José Isidro Gordito


 
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Comentarios
1 comentario
  1. Una forma muy buena de secar el calzado de montaña si se nos moja por dentro es a la noche ponerle arroz (comida que usualmente levamos a la montaña) para que absorba la humedad de dentro del calzado. Por la mañana estará seco.

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