Resistencia y ligereza a tus pies

Zapatillas de trekking o botas de montaña

Si hay algo que define el excursionismo del siglo XXI –y cualquier otro deporte de aire libre–, ese algo es la ligereza. Todo se ha reducido de peso desde la ropa al material “duro”, en aras de la comodidad y la velocidad. El calzado es, posiblemente, uno de los elementos del equipo que ha seguido una dieta de adelgazamiento más potente. La prueba es que cada vez son más los excursionistas que utilizan zapatillas o botas ligeras de caña baja en vez de las tradicionales botas “gordas”.

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Las zapatillas de trekking suelen ser polivalentes y servir para casi todo, desde la vida diaria hasta la escalada de vías ferratas.   Jesús Alonso

Las zapatillas de trekking o de montaña, como queramos llamarlas, aparecieron de manera tímida en los catálogos de los fabricantes especializados. Hoy en día ocupan tanto espacio en esos mismos catálogos que podría dar la impresión de que la bota de montaña, con su caña alta y su suela gorda, está obsoleta para ciertas actividades de montaña… y parece cierto. La verdad es que las zapatillas –o sus hermanas gemelas, las botas ligeras de caña baja– cuentan con la simpatía de muchos senderistas, excursionistas y también, montañeros más “especializados”.

Ventajas de las zapatillas

Víctor Alfaro, podólogo y experto en biomecánica y director de Podoactiva señalaba en un artículo publicado en esta misma revista las ventajas que, frente a las botas, tenían las zapatillas de montaña refiriéndose al calzado especificamente diseñado para caminar por montaña, diferentes a las zapatillas para correr por asfalto o incluso por montaña, con las que sí guarda cierto parentesco.

Las ventajas más palpables de las “zapatillas de montaña” respecto a las botas son su mayor ligereza y que permiten un mayor grado de movilidad del pie. Víctor Alfaro señalaba que si nuestros pies, tobillos o rodillas no tienen ninguna lesión –esta observación es muy importante–, el hecho de que las zapatillas permitan una mayor movilidad suele ser siempre positivo, entendiendo que no vamos a usarlas en terrenos extremos, puesto que el pie humano está diseñado para el movimiento, y que una parte importante de la amortiguación de nuestro cuerpo, fundamentalmente de nuestra rodilla, se basa precisamente en el movimiento de pronación del pie.

Cuando el calzado limita en exceso esta pronación, como suele ser habitual en las botas más rígidas, se produce una disminución de la capacidad de amortiguación del pie, función que pasa a las rodillas y caderas.

En este sentido, una zapatilla favorece más este movimiento del pie y, por lo tanto, el efecto amortiguador. El podólogo advertía también que la limitación en la flexión dorsal del tobillo, que favorece una bota, genera una marcha más plantígrada con el consiguiente aumento de tensión muscular en la fascia plantar (ligamento situado en la planta de nuestros pies) y en el resto de polea muscular posterior de la pierna (tendón de Aquiles, gemelos, sóleo, isquiotibiales, etcétera), siendo más habitual tener una sensación de “piernas cansadas” después de su uso.  

Proteger los tobillos

El principal argumento de los defensores a ultranza de las botas es que éstas protegen más los tobillos de torceduras. En realidad esto no es del todo cierto. Es erróneo pensar que una bota de caña alta, por el simple hecho de serlo, protege mejor los tobillos de las torceduras que una zapatilla. Más que la altitud de la caña, lo que reduce el riesgo de sufrir una torcedura es que la suela sea estable, lo que se consigue haciéndola más ancha que la horma –las suelas anchas crean un notable efecto de plataforma– y que la palmilla –el elemento superior de la suela, el más cercano a la planta del pie– sea resistente a la torsión lateral.

Es interesante recordar que algunos fabricantes comercializan un mismo modelo de zapatilla con caña baja y media; esta segunda opción resulta muy interesante ya que, sin renunciar a la ligereza y comodidad de las zapatillas, protege los maléolos de los golpes, algo que hay que tener muy en cuenta en terrenos accidentados como pedreras. Por lo tanto, y resumiendo, una buena zapatilla técnica y bien acabada puede proteger nuestros tobillos casi tanto como una buena bota de caña alta y más que una mala bota, pese a que tengamos otra impresión.  

Pasarse a las zapatillas

Si siempre hemos usado botas, es normal que la percepción sea la de ir más protegido con ellas. El hecho de alternar las botas con zapatillas facilitará el hecho de que nuestros músculos y tendones tengan que trabajar para realizar su función estabilizadora, mientras que el hecho de usar siempre una protección facilita un funcionamiento más insuficiente de los mismos.

Para aquellos montañeros que están habituados a usar siempre botas, una buena medida para ayudar a dar mayor movilidad a sus pies y disminuir carga muscular sería alternar el uso de la bota por la zapatilla de montaña en aquellas rutas en las que estamos seguros de que no vamos a encontrarnos superficies muy irregulares o condiciones de frío excesivo o nieve. 

Con o sin membrana

Muchas, muchísimas zapatillas de montaña llevan membrana impermeable-transpirable, tantas que no resulta fácil encontrar un modelo de gama media que no lleve la etiqueta de Sympatex, Gore-tex, Dry Line o Nova-Dry. El que la zapatilla sea impermeable está muy bien… si las vamos a utilizar en invierno o en algún lugar de alta pluviosidad, pero es improcedente (y hasta contraproducente) si las vamos a utilizar en el Camino de Santiago durante el verano, por poner un ejemplo. Si este es el destino de tus próximas zapatillas mejor que no tengan membrana y que tengan buena ventilación.

Atención embarazadas

En el embarazo se produce un aumento de “relaxina” que es la hormona que permite que los tejidos del cuerpo de la mujer se vuelvan más elásticos para poder adaptarse a todos los cambios físicos que supone el embarazo. Esto afecta directamente a la elasticidad de los tendones, haciendo que estos sean más laxos. Quiere decir que los músculos y tendones que deben estabilizar nuestro pie están más “estirados” y, por lo tanto, tendrán menos efectividad. Es recomendable que las mujeres que sigan practicando excursionismo durante el embarazo utilicen botas para garantizar mayor estabilidad a los tobillos.

Comentarios
2 comentarios
  1. Yo llevo chirucas desde hace 50 años, y son las mas confortables, cuantos menos chorradas mejor, inopicazo guía de montaña, por atajos sin titulación, y sin fines lucrativos, hermosos

  2. Estupenda la naturaleza todos deberíamos salir más a disfrutar de lo bello de la vida. Con este super calzado andaremos donde queramos.

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