Entrevista

Carlos Soria: “La edad es maravillosa: lo importante no es mirar atrás, sino lo que viene”

A los 86 años, Carlos Soria ha vuelto a subir el Manaslu. Hablamos con él sobre cómo entrena a diario, cómo cuida la alimentación, por qué no critica la masificación del Everest y qué le mantiene motivado. Una conversación clara sobre longevidad y alpinismo, con reflexiones muy valiosas para cualquiera que quiera vivir intensamente la vida.


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En esta conversación, Carlos Soria nos transmite cómo mantiene la motivación y la forma física a los 86 años.

Desde que era niño, trabajando con once años para ayudar en casa, Carlos Soria ha vivido con una certeza: hay que aprovechar el tiempo.

En esta entrevista hablamos poco de su reciente ascensión al Manaslu para profundizar en sus hábitos. En esos hábitos que le mantienen, con 86 años, en esa excelente forma física y psicológica. Cómo mantenerse toda la vida disfrutando de la montaña y compatibilizándola con las otras facetas de la vida (familia, amigos, trabajo, entrenamiento…).
Para Carlos la edad no es una excusa para no vivir sus sueños deportivos (adaptados, eso sí, a cada época de la vida).

Entrenar, comer lo que te sienta bien, moverte, cuidar la familia, conservar a los amigos… La longevidad deportiva, dice, no se explica por milagros (él tiene todos los achaques propios de la edad), sino por vivir la vida que a uno le gusta vivir, cuidando al máximo el entrenamiento, la alimentación y el sueño.

Su regreso al Manaslu a los 86 años ha sido un sueño cumplido: regresar a la montaña que ya intentó en 1973, hace nada menos que 52 años. Aunque huye de la palabra “récord”, porque no es eso lo que busca, sino algo más simple: disfrutar de la montaña, como siempre ha hecho. Ningún alpinista ha vuelto después de 52 años a intentar un ochomil.

Ha sido rapidísima esa ascensión que has hecho desde el campo 2 (6.400 metros) a la cima del Manaslu en poco más de 24 horas.
A veces se me olvida la edad que tengo. Solo me salen las ganas. Pero a partir de ahora debo tener cuidado: tengo 86 años.

¿Qué es la edad?
Una maravilla. Ir cumpliendo años es fantástico. Vamos a ver si llegamos a los 100.

¿Cuál es tu secreto para mantenerte así de bien?
No hago nada especial: hago la vida que me gusta. Entreno, siempre lo he hecho y sigo haciéndolo. Intento alimentarme bien y tener la máxima tranquilidad posible, que cada día es un poco más difícil. Pero es un equilibrio de todo: estar a gusto donde vives, con tu familia, con la gente que te rodea. Yo en eso tengo mucha suerte: una familia fantástica y amigos excelentes.

«Me apetece seguir yendo a las montañas con amigos»

A los alpinistas más jóvenes les alucina que no solo subas ochomiles, sino que sigas aguantando la dureza de estar tantos días en los campos base.
Cada uno vive como le gusta. A mí me gusta lo que hago. No lo hago para salir en noticias. He subido ahora el Manaslu porque quería celebrar los 50 años de la primera ascensión española en la expedición en la que participé. Y ha salido muy bien.

Estuviste en la expedición de 1973 y, después, en la de 1975. Es increíble, algo único, volver 52 años después al mismo ochomil.
No es fácil, pero se han dado todos los componentes para que pudiera ser. Además, tengo muy buenos amigos y compañeros, como Luis Miguel López Soriano. Y otros, como Sito Carcavilla, que esta vez no pudo venir. Me apetece seguir yendo a las montañas con amigos.

«El día que no tenga ganas ni motivación haré otra cosa»

¿La prótesis que tienes en la rodilla complica mucho las ascensiones?
Para todo. Pero llevo muchos años con ella: somos ya viejos amigos. Con bastones me muevo bastante bien, incluso bajando. Tengo los achaques de los 86 años y, además, en el Dhaulagiri me rompí la tibia y peroné con fractura abierta… Las piernas se defienden como pueden.

Nunca pierdes la motivación.
El día que no tenga ganas ni motivación haré otra cosa. Pero la naturaleza y las montañas siempre formarán parte de mí. Y los amigos también.

Has conseguido algo casi imposible: compaginar montaña, familia, amigos y trabajo.
He trabajado desde los 11 años hasta los 65. No está mal.

Vamos con algunos de tus secretos: la alimentación.
Hay que comer lo que te gusta y lo que te sienta bien. Las dos cosas a la vez. Tengo mis rutinas y procuro alimentarme con cosas que me sientan bien y que me gustan.

«Lo importante es moverse»

Entrenamiento diario.
Media hora o tres cuartos de hora de rodillo. Si hace buen día, salgo al monte que tengo al lado de casa, al Telégrafo, o a La Pedriza, Guadarrama… Lo importante es moverse.

¿Y el descanso?
Duermo como mínimo 8 horas. Y si puedo más, un poco más. Además, la mayoría de los días duermo siesta de una hora y media o dos. Aunque no me duerma del todo: me acuesto, leo y acabo dando alguna cabezada.

Intentas llevar una vida organizada.
Dentro de lo que cabe. Ahora tengo muchas entrevistas y eso quita tiempo. Pero cuando un periodista me llama soy incapaz de decir que no. Siempre se han portado muy bien conmigo.

«Me gustaría vivir el máximo tiempo posible como me gusta»

Nunca miras atrás, siempre hacia delante.
Es lógico. Puedes estar contento de tu pasado, pero lo importante es lo que viene. Me gustaría vivir el máximo tiempo posible, pero como me gusta. Procuraré perder las mínimas facultades posibles, aunque algunas se escapan.

Estuviste en el Himalaya en el 73, en el 75… Lo conociste cuando había muy poca gente. Ahora los ochomiles, el Everest sobre todo, son otra cosa. Sin embargo, tú no lo criticas.
El Everest no se ha convertido en nada: es el mismo. Lo que pasa es que ahora va más gente, como a todas partes. Claro que las colas son peligrosas: un cambio de tiempo ahí puede provocar una masacre. Algo habría que regular, pero no es fácil. Los gobiernos necesitan ingresos y vender permisos da dinero. Es una rueda complicada.

«Es más preocupante lo que ocurre en el mar que en las montañas»

¿Te preocupa el deterioro de la montaña?
Me preocupa más el del mar. En las montañas cada vez se deja menos basura. Pero al mar va a parar todo. Del mar salió la vida. Es más preocupante lo que ocurre en el mar que en las montañas.

A ti te ha gustado siempre la competición.
Sí. En la competición no se pueden contar mentiras: hay cronómetro. Siempre he sido competitivo, me ha gustado picarme con los compañeros. El cronómetro dice la verdad. En la competición no se puede exagerar.

¿Qué es el Manaslu para ti?
Una montaña muy importante. Con ella llevo 52 años de relación. Y además, es de las pocas montañas de 8.000 metros con un pueblecito a sus pies: Sama. Allí hemos hecho muchas cosas. Volver y que te reciban con cariño es muy bonito. Quiere decir que algo habré hecho bien.

«Ya no compito como antes, pero compito conmigo mismo»

Has mantenido los amigos de todas las épocas.
Sí. Apenas he tenido problemas con amigos. Tengo amigos desde niño, y nuevos amigos ahora más jóvenes que mis hijas. Estoy rodeado de gente formidable.

Nunca has perdido la motivación.
La he ido adaptando a la edad. Ya no compito como antes, pero compito conmigo mismo. Me gusta estar en forma. Cada vez es más difícil: los años hacen su labor y te van minando, pero yo me defiendo.

A los 65 tuviste clarísimo jubilarte, aunque tu jubilación era pequeña.
Clarísimo. Dejé mi taller de tapicería y me fui de Madrid. Vivía encima de la M30: era un lugar ruidoso e incómodo. Me fui a Moralzarzal, casi al lado de la montaña. Si me tengo que jubilar, me jubilo bien. Y animo a todo el mundo a que lo haga en las mejores condiciones posibles: queda mucha vida y muy buena por delante.

«No te puedes ir a expedición dejando problemas en casa»

¿Qué aconsejarías a la gente joven?
Que algún día van a dejar de ser jóvenes. Que se den cuenta.

Siempre has tenido un objetivo a lo largo de tu vida.
Sí. Conservarme como deportista en buenas condiciones y seguir haciendo lo que me gusta. Además tengo la suerte de tener una familia fantástica. No te puedes ir a expedición dejando problemas en casa. Mis cuatro hijas y mi mujer siempre me apoyaron.

En esta expedición no tenías prácticamente patrocinio. Ha sido, casi, un patrocinio de familia.
Sí. Estaba hablando con gente que quería hacer una película conmigo, pero poniendo muchas exigencias. Le dije a mi mujer: “Voy a mandar a todos a hacer puñetas y la expedición me la voy a pagar yo”. Y me dijo: “Pues haces muy bien”.

«Siempre me ha gustado aprovechar el tiempo»

Has renunciado muchas veces a lo material para disfrutar a tope de la montaña.
Vivimos muchos años los seis en 60 m². Y nos adaptamos. Aprovechaba el tiempo: el taller estaba en el bajo y nosotros en el quinto. Si había nieve, paraba a mediodía, me iba a la Sierra de Guadarrama y volvía a trabajar. A mí me fue bien tener el trabajo cerca de casa.

Viajes muy locos los de tus inicios: os fuisteis a los Alpes, dos personas con todo el material, en Vespa.
Sí. Primero hicimos la Ravier en el Tozal del Mallo. Luego nos fuimos a Chamonix en la misma Vespa. Aventuras muy bonitas. Se nos olvidaron las mazas y mi amigo Joaquín tuvo que hacer casi 300 km (ida y vuelta) para recuperarlas. No teníamos dinero. El material se alquilaba: las primeras cuerdas eran de cáñamo. La oeste del Dru ya la hicimos en 1962 con cuerdas de nylon.

«Siempre he intentado hacer las cosas bien»

Has sido un gran tapicero además de alpinista.
Sí. Pero cuando salía una montaña, era la montaña. Siempre he intentado hacer las cosas bien: tapicería o alpinismo. He tenido clientela buena, clientes importantes que se hicieron amigos. Estoy satisfecho de mi vida.

Has aprovechado muy bien el tiempo.
Es importante. Sin ser esclavo, pero sí aprovecharlo.

«Por primera vez noto la edad que tengo: 86 años»

¿Qué viene después del Manaslu?
Me doy cuenta de que tengo 86 años. He hecho una barbaridad en el Manaslu. Subí con Luis Miguel López Soriano como si tuviésemos 40. Pero empiezan a aparecer molestias. Por primera vez noto de verdad que tengo 86 años.

Nadie con 86 años ha subido un ochomil.
Porque harán otras cosas que les interesen más. Pero a mí me ha ido muy bien. Y tengo una vida muy larga, de la que estoy orgulloso: viví la posguerra, dejé el colegio a los 11 años para trabajar. Primero encuadernador, luego tapicero. Y estoy encantado de lo que he hecho.

Para llevar esta vida has renunciado a muchas cosas.
Nos hemos adaptado. Y he tenido la suerte de una familia que siempre me ha apoyado.

Muchas gracias por todo lo que inspiras.
No tienes nada que agradecer. Para mí Desnivel es un milagro: que siga existiendo la librería y la editorial tantos años es maravilloso. Nunca negaría a una entrevista con Desnivel. Estoy encantado de conversar contigo.

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