DEFENSOR DEL PATRIMONIO VALENCIANO

Rafael Cebrián, Profeta en su tierra

Es el abretesésamo del paisaje valenciano y ha dedicado toda su vida a descubrir y divulgar la abrupta geografía de su tierra. Al hacerlo ha entrado, sin hacer ruido, en la historia del excursionismo mediterráneo.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:

Tiene aspecto y conversación de profesor universitario, y universitario será, si no se le tuercen las cosas, pues ahora que está jubilado quiere entrar en las aulas para estudiar Geografía e Historia, sus grandes vocaciones. El asunto no deja de tener su ironía, porque este hombre menudo y lúcido ha dedicado toda su vida a descubrir y divulgar la abrupta geografía de su tierra valenciana, y al hacerlo ha entrado, de puntillas y sin hacer ruido, en la historia del excursionismo mediterráneo.

El nombre de Cebrián es el abretesésamo del paisaje valenciano. Llevarlo de guía, en persona o virtualmente -ahora que tan de moda se ha puesto el término-, dejarse conducir por sus palabras o por sus excelentes descripciones escritas, es la forma más sensata de descubrir las desconocidas montañas valencianas y el sorprendente patrimonio cultural y natural que albergan.

Su currículum montañero (palabra ésta última que prefiere sobre el resto de sinónimos que se emplean en estos casos) justificaría por sí solo su presencia en un compendio de notables: antiguo profesor (con edad para lo primero y presencia para lo segundo) de la Escuela Nacional de AltaMontaña, guía titulado, miembro de los grupos de socorro, andinista adelantado, presidente durante un lustro del prestigioso Centre Excursionista de Valencia, y varias veces distinguido por su trayectoria deportiva. Pero el apellido Cebrián es familiar a la memoria sobre todo porser el autor de los siete volúmenes que forman la colección Montañas Valencianas, clásicos de la bibliografía montañera.

En sus páginas, además de mil y un caminos, podemos encontrar una encendida defensa del patrimonionatural y cultural (dos conceptos que conviven en necesario e indisoluble matrimonio en los ojos y la sintaxis de Cebrián) de la tierra levantina, sin por ello entrar en devaneos nacionalistas o emplear (ni una sola vez durante la conversación) la manida y socorrida ecología.

Leo en tu currículum que, además, formas parte del Instituto Valenciano de Excursionismo y Naturaleza. ¿Qué es exactamente esta institución?
Es una sección creada dentro del Centre Excursionista de Valencia con el objeto de conservar el medio ambiente y el patrimonio natural y cultural. La geografía y la naturaleza -que no siempre van unidas- están perfectamente armonizadas aquí.

Existe en tu obra una especie de «obsesión» -permíteme este calificativo- sobre la necesidad de recuperar la red de viejos caminos, las casas tradicionales…
Puedes utilizar esa palabra: obsesión, no enfermiza, pero obsesión al fin y al cabo. Las montañas valencianas no son muy altas y han estado habitadas desde antiguo por campesinos que han aprovechado de forma inteligente sus escasos recursos: el pastoreo, la leña, la agricultura y el interesante comercio de la nieve; además, somos una tierra que ha sido invadida por todos los pueblos y esto ha creado un sustrato cultural muy interesante. De ahí nuestra preocupación por conservar o recuperar ese patrimonio cultural. Y en cuanto al natural, no podemos olvidar que lanaturaleza valenciana es muy frágil y vulnerable. Los incendios y la proliferación de pistas han masacrado nuestro patrimonio natural, aunque creo que esto es aplicable no sólo a mi tierra sino al resto del país.

Y ya que sacas el asunto del comercio de la nieve -algo realmente insólito a primera vista- supongo que sabes que la Generalitat valenciana ha propuesto a la Unesco que declare patrimonio de la humanidad las neveras de sus montañas.
Ya es hora de que lo hagan. En las montañas valenciana hay catalogados alrededor de 300 pozos de nieve. La explotación de la nieve en el litoral mediterráneo tuvo una importancia económica de primer orden, y en la actualidad los pocos edificios que van quedando en pie representan una herencia cultural importantísima: la toponimia lo recuerda a cada momento. Merece la pena proteger este patrimonio porque, además, es un atractivo más para el turismo rural y cultural, para ese turismo que todavía está «verde».

Eres en extremo crítico con la explotación turística de la costa mediterránea. Pero también tienes reparos frente al turismo rural (que reconoces, no obstante, como una fórmula capaz de aportar recursos a las áreas deprimidas). ¿Qué alternativas quedan?
Soy reticente no al turismo rural, sino a una forma de turismo rural. Los valencianos estamos muy sensibilizados con los efectos de un turismo desmadrado porque tenemos ejemplos vivos. El litoral se explotó de una forma desaforada, sin la más mínima consideración y me preocupa que esta forma de ahogar en cemento lo mejor de nuestros paisajes -sólo rentable para unos pocos- se traslade al interior. Y la tentación está ahí y es construir más hoteles y llevar carreteras a todas partes. La única premisa del turismo rural debe ser la defensa del patrimonio natural, del paisaje. Retomo mis primeras palabras: no sólo no estoy en contra del turismo rural,sino que creo que es la única posibilidad de mantener la población en el interior, la única vía para que los jóvenes permanezcan allí. Si confiamos la población a la agricultura sólo conseguiremos un desierto humano de aquía treinta años. Es más, la exportación del modelo de turismo clásico a las tierras del interior puede tener un efecto rebote: cuando los atractivos naturales que atrajeron al turismo desaparezcan bajo su presión, este turismo abandonará la zona. Ya ha sucedido en algunos municipios después de los incendios.

El último premio de medio ambiente de Aragón, Pedro Montserrat, nos confiaba en una entrevista que las montañas no eran nada sin la gente que las habitaba. Sospecho que puedes suscribir una por una sus palabras.
Sí, sí. Siempre digo que el paisaje se ha construido con la intervención de la geología, el clima y el hombre, y defiendo precisamente el senderismo porque creo que es necesario llevar gente a la montaña. Pero gente concienciada, gente que entre a pie, que se convierta en sus defensores. Y esto no es una utopía. Además, el despoblamiento de los montes no es bueno.
El abandono les deja reposar, se regeneran, sí, pero también hace desaparecer esos caminos ancestrales que se abrieron por razones comerciales y culturales. Y si los caminos se pierden, se pierden los pueblos, las masías y los puentes… se vienen abajo unos documentos históricos de primer rango. La única manera de conservar los caminos es andar sobre ellos.

En serio crees que el excursionismo es capaz, por sí mismo, de evitar que esta herencia se pierda. ¿No es más bien un asunto de voluntad política?
Efectivamente, claro que hace falta mucho más. La fuerza del colectivo excursionista, por amplio que sea y por culturizado que esté, difícilmente sobrepasa al de las sociedades donde está inscrito. Además hay muchos excursionistas que no pasan por asociaciones y lo practica por su cuenta, y por muy concienciados que estén, su visión crítica no pasa al campo de las decisiones. Siempre he sido partidario de que a todos los ciudadanos se les transmita el respeto a la naturaleza porque cuando todos lo interioricemos como algo propio seremos capaces de transmitir a los políticos ese sentimiento colectivo. A fin de cuentas los políticos terminan por hacer lo que los colectivos que tienen detrás les exigen. Soy optimista, pero reconozco que es un proceso muy lento.

Apuestas por un excursionismo que supere el aspecto lúdico y se convierta en un motor de protesta y actuación contra los atentados al patrimonio natural y cultural ¿También ante las arbitrariedades de los poderes públicos frente a los derechos de los montañeros?
Para empezar, soy partidario de regular, no de prohibir. Creo que día a día crecen nuestras posibilidades de incidir en estos procesos, pero por ahora todavía no es posible. Tendríamos que fortalecer mucho más la trama social. Las sociedades excursionistas deberían ser las encargadas de recoger las preocupaciones de los individuos y los pequeños grupos y crear grupos de presión.
Insisto en la palabra culturizar: culturizar para ir destruyendo ese sentido atávico del hombre como principal depredador. Tenemos que conseguir que los montañeros, los que caminan las montañas, sean escuchados, porque ha habido muchas decisiones (siempre con tentaciones de prohibir) sin contar con el colectivo excursionista. Acceder a la naturaleza no tiene por qué ser una agresión contra ella, sino quepuede ser incluso lo contrario. Insisto en ello: se puede convertir a todo montañero en un defensor de la naturaleza.

El excursionismo valenciano tiene una raíz cultural, es sólido y tieneiniciativa, como el catalán. ¿Qué tiene el Mediterráneo que os hace tan dispuestos?
No creo que el Mediterráneo sea el responsable, más bien son las tradiciones. El caso catalán es ejemplar porque tiene una trama civil muy sólida. Quizá nuestra disposición sea debido a esto y al deseo de recuperar las raíces y elementos culturales que fueron escamoteados durante muchos años, sin entrar en reivindicaciones nacionalistas.

Diferencias claramente entre excursionismo y senderismo, e incluso en este último distingues entre senderismo activo y pasivo.
El excursionismo tiene un componente de discreta aventura, mientras que el senderismo (que no deja de ser un descendiente directo del anterior y que, por lo tanto, tiene en común con aquél muchas cosas) es caminar por un camino balizado y da lugar a otra concepción de la naturaleza. ¿Qué es lo que me preocupa del senderismo? La masificación, el marcaje excesivo o innecesario, el que los caminos se transiten con espíritu de competición..

Has llegado a acusar al senderismo de ser un «producto más para entregar a la avidez consumista».
Veo que, de las personas que acuden a las sociedades montañeras o a las empresas especializadas en deportes de naturaleza, sólo unas pocas continúan haciendo montaña. El resto consume acción, y le da lo mismo que sea escalada, barranquismo o piragüismo. Ese apasionamiento que tuvo nuestra generación, esa forma de interiorizar la montaña que era casi una mística, no la encuentro ahora. Y me preocupa que el senderismo pase a ser un objeto más de consumo. ¡Mira, en el comité de senderos de la Federación Valenciana, que como sabes es el encargado de homologar los senderos que se balizan en nuestra Comunidad, han llegado proyectos de senderos que terminaban en un restaurante! Pienso que tenemos que ofrecer el senderismo de una manera tal que los que accedan lleguen ya con una mínima cultura.

¿Te han culpado de colaborar al consumo de senderismo con tus publicaciones?
Sí. Ha habido gente que me ha dicho: tú estás dando a conocer sitios que serán invadidos. Pero eso es un error: la gente va a entrar de todas formas en los montes. Lo que hace falta es que sepa dónde va a ir y lo que tiene que respetar. Nuestras montañas valencianas tienen accesos muy fáciles, y a ese sitio bonito, como te descuides, llegará una carretera.


 

La primera línea de tu último libro es categórica: «Es obligación encabezar todo libro excursionista insistiendo en el principio de protección de la naturaleza». ¿Piensas que tiene efecto sobre el lector una advertencia como ésta o el lector sólo quiere información práctica?
Supongo que habrá de todo. El gran desconocido es tu lector. Siempre que alguien me dice que ha hecho una excursión siguiendo mi libro le pregunto: ¿y no te has perdido? Bien, creo que la gente no es tonta, y que si no escucha música sinfónica es porque no se le da música sinfónica, y si no consume buenos programas de televisión es porque se le ofrece basura, y así sistemáticamente.
Pienso que a muchas personas no les resbala el mensaje de respeto que yo envío en mis libros. Además, soy de los que creen que la mayoría de los comportamientos erróneos se producen porque no ha habido un aviso a tiempo.

El presidente de la comisión de senderismo de la FEDME, Juan Mari Feliu, nos decía hace algunos meses que trabajaba para que el senderismo se convirtiera en el turismo del siglo XXI. ¿Eres de la misma opinión?
Por supuesto. Fíjate que yo lo sitúo como el soporte del futuro turismo rural. Es algo reiterativo ya, pero merece repetirlo una vez más: el acceso a la naturaleza sólo debe hacerse andando. Antes de que se produzca eso queexpresé al principio, es decir, que el modelo turístico de Benidorm se traslade a las montañas, es mejor que seamos capaces de llevar hasta allí esa fórmula respetuosa.

Considero que ese miedo que expresas es un poco infundado, porque no creo que hoy se pudieran cometer atropellos como ése.
Efectivamente, ese modelo turístico está en crisis, ha hecho tope. Pero si bien es muy difícil hacer un nuevo Benidorm en la sierra, sí se puede llevar hasta allí ciertas formas agresivas.
Fíjate: una idea muy arraigadaentre los promotores de turismo es que lo primero que hay que hacer es facilitar el acceso en coche hasta las zonas atractivas. He conocido en la sierra de Aitana formidables caminos de herradura que pasaron a ser pistas y terminaron siendo asfaltadas. Y claro, una vez que pueden pasar loscamiones, a alguien se le ocurrirá que en aquel monte se puede construir una urbanización formidable.

Estás ligado al Centre Excursionista de Valencia desde 1948. Fuiste presidente durante un lustro y sigues en activo como guía y organizador de sus actividades. ¿Qué tiene el club para merecer esta dilatada fidelidad?
Me da muchísimo. Lo mejor que he sido (y también lo peor) lo he vivido allí. Mis mejores amigos los he tenido allí, a mi mujer, Palmira, la conocí allí, tengo el carnet de socio número 31, fui directivo, dirigí los grupos de socorro, llevé la biblioteca, mis libros han sido editados por el Centre, y después siempre he tenido cosas que hacer… soy un poco el comodín del CEV. Y tengo la impresión de que siempre tendré algo que hacer allí: si un día sólo puedo llevar sobres a correos o barrer, lo haré. Ysólo por ese sentido tan bonito de pertenecer a una sociedad.

Hoy, ese espíritu gregario es casi un anacronismo. Poca gente se asocia a un club porque la mayoría sale por sus propios medios.
Hace tiempo me hice una promesa que es una norma: yo no quiero encabezar nada, pero allí donde me llamen iré, porque si me reclaman es porque todavía puedo hacer algo, y efectivamente, siempre, siempre puedes hacer algo. Además, las sociedades excursionistas o montañeras, llámalas como quieras, tienen la virtud de ser extraordinariamente contemporizadoras e integradoras.
Por principio y por definición son asociaciones tolerantes. Tú dices que ahora no existe ese espíritu: tampoco lo ha habido en las dos últimas generaciones, vamos a ser honestos. En España hemos adolecido de una trama civil, de un soporte social capaz de transmitir experiencias a las generaciones sucesivas.

Los clubes de montañas, en su forma tradicional, son instituciones en crisis. Sólo sobreviven los más grandes y a costa de convertirse en empresas de servicios.
Efectivamente. Por ejemplo, el CEV es -y lo digo sin un sentimiento peyorativo- , una empresa de servicios. Tiene siete u ocho personas que trabajan allí a tiempo completo. Se ha formado un aparato que hay que sostener, y lo digo en el mejor de los sentidos, porque es el soporte del despegue hacia otras actividades que el voluntarismo por sí sólo no es capaz de gestionar.

Dioni SERRANO


 
Lecturas relacionadas

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.