EN BUSCA DE LA VERSATILIDAD

¿Un arnés para todo? Analizamos los arneses versátiles

En la evolución de los arneses para escalada conviven dos tendencias: por un lado los modelos ultraespecíficos que satisfacen las necesidades de una determinada modalidad, y por otro lado los que buscan la polivalencia. Analizamos en esta ocasión los requisitos de estos últimos.

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Cordada escalando en la zona francesa de Rochebrune, con versátiles arneses de Beal.
Cordada escalando en la zona francesa de Rochebrune, con versátiles arneses de Beal.

Mucho ha cambiado el mundo de los arneses desde que el legendario escalador maño Alberto Rabadá empleara el nudo “Edil”, ideado por él mismo a finales de los años cincuenta (así nombrado pues era uno de sus apodos), que consistía en crear unos aros independientes para las piernas más una bandolera que cruzaba por el hombro.

Una idea que, después de comprobar su eficacia con varias caídas en Riglos, podríamos decir que fue el antecedente de los arneses.

Poco después se empezaron a dar a conocer los primeros “arneses de cinta” y los modelos pioneros, como el Whillans, desarrollado por el alpinista inglés Don Whillans en los años sesenta.

Algo más tarde debemos al alemán Pit Schubert la creación del primer arnés pélvico, al que posteriormente se le añadió el cinturón lumbar y finalmente en 1978 la firma Troll le incorporó el anillo ventral, llegando así al arnés pélvico que conocemos hoy en día.

Desde entonces podemos decir que la estructura y concepción básica de los arneses no ha experimentado ninguna revolución significativa. Los cambios han ido encaminados a la mejora de los materiales (más ligeros, más resistentes) y a la búsqueda de una mayor comodidad y eficacia en el reparto de cargas en una caída o cuando estamos colgados.

Lo que dice la norma

Todos los arneses utilizados en los diferentes deportes de montaña se encuentran certificados y armonizados desde 1998 bajo la norma UNE-EN 12277:2007 “Equipos de Alpinismo y Escalada. Arneses”. Esta misma norma establece cuatro tipos de arneses (A, B, C y D), que se corresponden a tres diseños básicos: arnés integral o de cuerpo completo (Tipo A y B), arnés pélvico o de cintura (Tipo C, el más utilizado en escalada) y arnés de pecho (Tipo D).

Entre otros requisitos de seguridad asociados a las pruebas específicas de esta norma, establece para todos los tipos que tanto el punto de encordamiento como el anillo ventral del arnés han de tener una resistencia de 15 kN.

Pero, a pesar su enunciado general, bajo esta norma no solo se certifican los arneses de escalada y de alpinismo, sino también los arneses de otros deportes como los de espeleología o de barrancos.

Por tanto, hemos de ser nosotros mismos quienes, una vez comprobada la imprescindible homologación de un modelo, escojamos el más idóneo en función de nuestra actividad, analizando las particularidades de cada uno.

De lo general a lo específico

Desde mediados de los ochenta, cuando prácticamente todos los escaladores llevaban el mismo tipo de arnés (pues no había mucho donde escoger), hemos asistido a una creciente especialización de los distintos modelos, paralela a la diversificación de las diferentes disciplinas de la escalada.

Tenemos por un lado los arneses ligerísimos destinados a escalada deportiva, con modelos que apenas rondan los 200 g, que eliminan todos los elementos no imprescindibles. También son ligeros, pero tienen otras particularidades, los arneses destinados a esquí de montaña o travesía glaciar, que introducen ventajas como la posibilidad de abrir las perneras (para poder ponerse y quitarse el arnés con los crampones o esquís puestos), así como portatornillos o materiales hidrófugos.

En el otro extremo esta rían los robustos arneses destinados al bigwall, con anchas cinturas y perneras que permiten estar largas horas colgados, abundantes en portamateriales o con un bucle posterior extra-resistente para la cuerda de izado, entre otras características.

En el medio estarían los arneses versátiles, que no son los más ligeros ni los más duraderos, pero cumplen su función tanto para un día de escalada deportiva como para una vía de largos o una ruta invernal, cuyos detalles analizamos a continuación.

Requisitos de la versatilidad

Regulación:. Lo primero que vamos a pedirle a un arnés que podamos usar tanto en verano (cuando probablemente escalemos con unos pantalones finos y una camiseta) como en una ruta invernal (con pantalón más grueso y al menos dos capas de ropa) es precisamente que se adapte a nuestro cuerpo.

Para ello, es importante que permita una buena regulación, tanto en la cintura como en las perneras:


 
  • Cintura: lo más habitual hoy en día es el cierre de hebilla única, que suele estar desplazada hacia un lateral (no en el centro), para facilitar su manejo. Tanto si es un sistema de hebilla única como de dos hebillas a ambos lados, hemos de comprobar que el anillo central nos quede centrado una vez ajustado el arnés, de forma que la tracción en caso de caída o cuando nos colguemos, se realice en la dirección correcta.
  • Perneras: las que cuentan con hebillas regulables ofrecen una indiscutible polivalencia, permitiendo ajustarlas a la ropa que llevemos en ese momento, aunque hay modelos que sustituyen estas hebillas por unos tramos elásticos que pueden igualmente cumplir esta importante función de adaptabilidad.

Comodidad: si escogemos uno de los minimalistas arneses de cintura y perneras estrechas para una escalada de varios largos, es probable que acabemos sufriendo en alguna reunión que nos toque colgados o al descender en los rápeles.

Una cintura ancha, que soporte bien la zona lumbar, así como unas perneras igualmente de tamaño medio, que se adapten al contorno de los muslos, es lo más deseable para este tipo de arneses.

Asegurando en deportiva con un versátil arnés de Edelrid (con perneras anchas y regulables)
Asegurando en deportiva con un versátil arnés de Edelrid (con perneras anchas y regulables)

Ligereza: ni muy ligero ni muy pesado; un arnés polivalente suele presentar un peso medio, de entre 350 y 450 gramos.

Portamateriales: para las vías largas necesitaremos un mínimo de cuatro portamateriales, que estén correctamente posicionados en los laterales. Si están demasiado adelantados te pueden estorbar a la hora de escalar, mientras que si están demasiado atrás, será más incómodo su acceso.

En los portamateriales semirígidos suele ser más fácil colocar y sacar los mosquetones, mientras que los flexibles, sobre todo en la parte posterior, tienen la ventaja de adaptarse mejor al arnés y no interferir si llevamos puesta una mochila.

Otro elemento deseable en un arnés polivalente es que disponga de un pequeño bucle adicional en la parte trasera, que podemos utilizar bien para colocar la bolsa de magnesio o, en una vía de largos, para llevar colgadas las zapatillas o la botella de agua.

Otro “extra” que tienen algunos arneses destinados a uso invernal es unas ranuras en las que poder colocar los grandes mosquetones para llevar los tornillos.

No debemos olvidar que la norma no exige una resistencia específica para este bucle trasero ni para los portamateriales, cuyo uso está limitado a lo que indica su nombre –transportar el material–, pero nunca para colgarnos de ellos.

Solo en algunos modelos los fabricantes ofrecen bucles traseros o incluso portamateriales con resistencias de hasta 15 kN (por ejemplo para la cuerda de izado en una escalada tipo bigwall, o bien como seguridad extra en los arneses destinados al alquiler en rocódromos, evitando así posibles accidentes), pero esto son excepciones, lo habitual es que un anillo portamaterial soporte en torno a los 5-8 kg de peso.

Elásticos traseros: es importante en un arnés polivalente que los elásticos traseros que conectan las perneras con la cintura se puedan abrir y que dispongan de un sistema tipo hebilla que sea fácil de manipular sin tener que verlo (de forma que podamos “ir al baño” sin tener que quitarnos el arnés si las circunstancias lo requieren).

Confecciones y materiales

Las cintas planas de los arneses primitivos que se clavaban en el cuerpo pronto fueron mejoradas cosiendo acolchados interiores primero en la cintura y después en las perneras (en esto Petzl fue pionero, rápidamente imitado por el resto de marcas).

La firma canadiense Arc’teryx fue la primera en confeccionar arneses sin acolchado interior, con una tecnología llamada Wrap Strength que, mediante una estructura de delgadas y resistentes cintas interiores, laminadas a una capa interior y otra exterior, conseguía unos arneses muy finos y ligeros.

Pasados los años, otras marcas han incorporado tecnologías constructivas similares, aunque sin prescindir del todo del acolchado. Es el caso por ejemplo del Web-Core de Beal, Smart Webbing de Camp o Fuseframe de Petzl.

Suelen estar compuestas por una capa exterior de tejido residente a la abrasión, un acolchado interior (normalmente de espuma EVA) de mayor o menor densidad y en ocasiones perforado, y una capa interior de rejilla tipo mesh o con relieve 3D que facilita la transpirabilidad.

Son sistemas constructivos que han logrado reducir tanto el peso como el volumen de cintura y perneras, resultando arneses cómodos que reparten la carga de forma homogénea cuando nos caemos o colgamos, sin que se nos claven en un punto específico.

Arneses con distintos acolchados de cintura
Arneses con distintos acolchados de cintura: a la izquierda un acolchado grueso en un modelo de Singing Rock, en medio uno intermedio de Black Diamond y a la derecha uno de los finos arneses de Arc’teryx con tecnología Wrap Strength.

En los detalles está el gusto

Además de los distintos tipos de construcciones y materiales con los que esté confeccionado el arnés, también se diferencian por los detalles que incorporen unos y otros modelos.

Hay algunos por ejemplo que presentan refuerzos de tipo plástico en los puntos de encordamiento, lo que aumenta su durabilidad, mientras que otros optan por poner el anillo ventral de un color diferenciado, facilitando así su localización y evitando posibles errores.

A valorar también el sistema de “alerta antidesgaste” que introducen algunas firmas (como Mammut), con un cosido interior en color diferente del anillo ventral, que sale a la luz cuando se produce el desgaste.

Algún modelo incluso integra un bucle adicional dentro del anillo ventral para el mosquetón que va con el dispositivo de aseguramiento (como el sistema No-Twist de Camp), de forma que este se mantiene siempre en la dirección correcta.

También en las hebillas de las perneras regulables encontramos diferencias. Un ejemplo es el sistema Rock&Lock de la marca checa Singing Rock, que permite la apertura total de las perneras (que tienen también otras marcas, con distintos nombres).

También interesante es el Speed Adjustment Buckle de Black Diamond, un sistema de regulación de la pernera en el que basta con deslizar hacia un lado u otro la hebilla, eliminando el cabo sobrante que puede molestar (similar al Fast Adjust de Mammut).

Por lo general hoy casi todos los modelos ofrecen cintura y perneras contorneadas, que se adaptan a la morfología del cuerpo, y también hay marcas que fabrican modelos con particularidades específicas para la ergonomía femenina (por ejemplo con un anillo ventral algo más alargado, adaptándose así a la mayor distancia entre cintura y muslos que suele tener el cuerpo femenino).

Sea uno u otro modelo, lo importante es que te sientas cómodo con él así que, al igual que con la ropa, lo mejor si vas a invertir en un arnés nuevo es probártelo, pues los distintos tallajes de las marcas no siempre son coincidentes, hasta dar con el modelo que mejor se adapte a ti y a tus necesidades.

Recuerda por último apuntar la fecha en la que lo has comprado y no prolongues su uso más allá del plazo recomendado por el fabricante (que variará en función del uso, pero en cualquier caso no suele exceder los cinco años).

Eva Martos


 

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