Un año más, nuestro himalayismo estará presente en el Everest durante la temporada premonzónica. Varias expediciones nacionales intentarán coronar sus 8.848 metros a través de sus dos rutas más concurridas: la arista norte-noreste de la vertiente china, y la ruta sur de la vertiente nepalí.
Expediciones a la cara norte
Al filo de lo imposible volverá a insistir en su proyecto del año pasado: ascender junto a Juanito Oiarzábal la cara norte del Everest sin la ayuda de oxígeno. Esta será una expedición especial, ya que será la última del gasteizarra al Techo del Mundo. Tal y como nos confirmó Juanito hace una semanas, no volverá a la Diosa Madre de la Tierra.
Para esta temporada, Al filo ha reducido su equipo con idea de ganar rapidez y ligereza. Junto a Juanito, Ferrán Latorre, Juan Vallejo y Josu Bereciartua integrarán el equipo de cima. Una cima, que Al filo tratará de complementar con otros proyectos no menos ambiciosos.
En primer lugar, retrasmitir en directo parte de la ascensión y, si fuera posible, la llegada a la cima del Everest. Para ello, instalarán una cámara en el campo 4, a través de la cual tratarán de enviar imágenes en vivo de la ascensión, completándola con la telescópica del campamento base y la que llevará en todo momento Ferrán Latorre, que será quien filme las imágenes de altura.
Además de este reto, tres ascensiones más en torno al Chomolungma completarán el proyecto de Al filo en el Himalaya para el 2001. Una de ellas, llevará a Oscar Cadiach y Alberto Ceraín a intentar la que sería primera ascensión de la cima central del Lhotse (8.414 metros), el único ochomil secundario que todavía no ha sido conquistado.
La segunda, se centrará en el Shisha Pangma (Tíbet, 8.027 m), el último ochomil conquistado, donde José Ramón Aguirre tratará de coronar en estilo alpino para posteriormente descender en parapente desde la cumbre. Por último, la belleza del Ama Dablam (Nepal, 6.856 m) cerrará este ambicioso proyecto de Al filo, ya que una cordada femenina formada por Esther Sabadell y Rocío Sánchez tratará de coronar la que para muchos es la montaña más bonita del planeta.
Regresamos a la cara norte del Everest, porque a través de su arista norte-noreste discurrirá el intento de la expedición de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) de hollar la cumbre. David Rosa, Endika Urtarán y Jorge Verdeguer, que coronaron el Cho Oyu (Nepal y China, 8.201 metros) en 1998, y el pasado año realizaron un intento fallido al Manaslu (Nepal, 8.163 metros), han elegido esta ruta por ser más técnica que la normal de la cara sur, y por tanto, menos congestionada.
Ayer 20 de marzo partían hacia Katmandú, desde donde realizarán un trekking de aclimatación a través del fascinante Valle del Langtang, al norte de Nepal. Posteriormente, volarán hasta Lhasa, capital del Tíbet, desde donde iniciarán la aproximación a la cara norte del Everest. Concretamente, hasta el mítico glaciar de Rongbuk, donde instalarán el campamento base (5.400 metros).
La expedición valenciana, que además de ir a por la cumbre, tiene intención de filmarla íntegramente y disfrutar de lo que ‘será una experiencia inolvidable’, usará un sistema tradicional de campamentos de altura, tarea en la que colaborarán dos sherpas de altura. Su intención es instalar hasta tres campos (a 7.000, 7.700 y 8.300 metros), además de un campamento base avanzado a 6.400 metros. Su ataque cimero será a mediados de mayo, ya que tienen previsto su regreso a Valencia a principios de junio.
También a través de la cara norte discurrirá la expedición ‘Parets al sostre del mon’, que llevará al catalán Sergi Mingote a intentar el Everest sin oxígeno y con la única compañía de un sherpa de altura, que colaborará en la instalación y equipamiento del campamento base avanzado (6.500 m) y del resto de campos de altura (7.000, 7.800 y 8.350 metros).
Sergi, que saldrá mañana día 22 rumbo a Katmandú, tiene un doble objetivo en su intento al Everest: el reto personal de ascender sin oxígeno al punto más alto de la Tierra y reivindicar desde allí la jornada laboral de 35 horas en nuestro país, en nombre del sindicato UGT, del que es afiliado. Una petición que ya ha realizado desde cimas como el Aconcagua o el Kilimanjaro, así como desde el Polo Norte magnético.
El alpinista catalán cuenta con experiencia previa en el Himalaya, que incluye ascensiones al Cho Oyu (1998) y Shisha Pangma Central, de 8.008 metros (1999), así como su intento del año pasado al Gasherbrum II (Pakistán, 8.035 m), del que tuvo que desistir por mal tiempo, tras alcanzar los 7.000 metros. No obstante, durante la temporada postmonzónica, Sergi se quitó esa espinita, participando en la primera ascensión nacional al Dhaulagiri VII, dentro de una expedición de diez componentes organizada por la agencia Sanga y guiada por el madrileño Miguel Ángel Vidal.
Expediciones a la cara sur
Cambiando de vertiente, hablamos ya de Carlos Soria que volverá este año a la cara sur del Everest. El año pasado, se quedó sin la cumbre, después de dos ataques a cima. Esta primavera, Carlos partirá dentro en una expedición internacional, en la que compartirá permiso con alpinistas de diferentes nacionalidades. Después, una vez en la montaña, ascenderá con la única compañía de un sherpa de altura.
Como el mismo nos contaba, no se encuentra en su mejor momento físico y anímico, porque ‘he tenido poco tiempo para entrenar y además me encuentro bastante solo y con escasos apoyos económicos’. No obstante, su viaje a Nepal esconde un segundo y no menos ambicioso proyecto: coronar el Lhotse (Nepal, 8.516 m) tras ascender el Everest. Su intención en subir a la Diosa Madre de la Tierra por ruta normal de la cara sur, para después descender hasta el campamento base e intentar seguidamente el Lhotse, la cuarta montaña más elevada de la Tierra con 8.512 metros.
Para esta nueva tentativa al Everest, el abulense usará de oxígeno desde el Collado Sur, ‘ya que mis condiciones no creo que me permitan completar la ascensión sin él. Para mí subir con botellas es igual de válido, aunque lógicamente tiene mucho más valor prescindir de las ellas. El problema está en reconocer que se ha subido con oxígeno’.
Además, Carlos empleará el estilo tradicional de campamentos, aunque intentará evitar tanto el C1, ‘que al final acaba siendo un depósito de material porque se pasa directamente al C2 (6.400 m)’, como el campo 3, ‘porque es bastante peligroso. Se encuentra en plena pared del Lhotse y es muy propicio a sufrir avalanchas de nieve’.
Para esta nueva incursión en el Himalaya, el alpinista abulense ha recibido apoyo de la tienda Vivac, del fabricante Soloclimb, ‘que ha trabajado mucho en mejorar el diseño del mono de plumas’, y de El Corte Inglés. Y aunque su motivación no esté al 100 por cien, ‘algo que seguramente olvidaré cuando suba al avión’, Carlos tiene muchas ganas de pisar el Techo del Mundo, sobre todo pensado en el empujón que le daría a proyectos que ya tiene en mente para el año que viene: Manaslu y K2, dentro de una expedición íntegramente madrileña.
Y seguimos hablando de alpinistas castellanoleoneses, porque la expedición ‘Samuel Rubio Everest 2001 Castilla-León’, también ha escogido la ruta sur para alcanzar la cima del Everest esta primavera. En total serán 7 alpinistas y un médico, liderados por un nombre propio de nuestro alpinismo, el leonés Isidoro Rodríguez Cubillas.
Esta expedición, apoyada principalmente por la Junta de esta Comunidad Autónoma, Iberdrola y Caja España, vuelve al Techo del Mundo, después de que en su intento de 1999, la Diosa Madre de la Tierra sólo les permitiera llegar hasta la pared del Lhotse. Este año, volverán a la misma ruta, en la que montarán cuatro campamentos de altura antes del ataque final. Para ello, contarán con la ayuda de varios sherpas de altura.
La alpinista vasca Edurne Pasabán también estará en el Everest esta primavera. El 26 de marzo parte hacia Nepal dentro de una expedición internacional en la que compartirá permiso con alpinistas italianos y ecuatorianos, como Iván Vallejo, para ascender por ruta sur. Eso sí, una vez en la montaña, cada uno irá a su aire.
Edurne ya cuenta con dos expediciones anteriores al Everest, ambas por la cara norte. El año pasado formó parte de la expedición ‘Euskaltel Everest 2000’, pero el mal tiempo le impidió convertirse en la primera mujer vasca en el Techo del Mundo. Además regresó con congelaciones en sus extremidades.
Este temporada, la alpinista de Tolosa ha decidido cambiar de vertiente, siguiendo la ruta normal de la cara sur. Una decisión que le motiva bastante, ya que ‘tras dos años frustrados por la norte, ir por la vertiente sur será casi como escalar otra montaña. El Everest cambia bastante de un cara a otra’.
Edurne, que contará con la ayuda de un sherpa de altura para montar los campos intermedios, llevará oxígeno ya que todavía no se ha recuperado completamente de las congelaciones sufridas la primavera pasada y ‘todavía no sé como reaccionaré a temperaturas extremas’.
Para su tercer viaje al Everest, se ha tenido que financiar prácticamente toda la expedición. No obstante, la empresa Airtel le ha facilitado el tema de las comunicaciones, por lo que esperamos poder seguir el desarrollo de su ascensión, de la que os informaremos puntualmente en próximas fechas.
Dentro del mismo grupo internacional se encuentra también Koke Lasa, que regresa al mundo de los ochomiles después de su ascensión al Manaslu junto a Juanito Oiarzábal, Iñaki Kerejeta y Natxo Fernández, en 1997. Una ascensión que le costó serias congelaciones, que le han mantenido alejado de la alta montaña.
El alpinista vasco ascenderá también por la ruta sur montando tres campamentos intermedios, ya que ‘una ascensión en estilo alpino por esta vía es casi imposible, por la cantidad de expediciones que ascienden por ella. Además, sólo lo haría como forma de ahorrar gastos de cara a intentar otro ochomil esta temporada aprovechando la aclimatación’. Algo que Koke ha descartado para centrarse exclusivamente en el Everest.
En su primera expedición al Techo del Mundo tiene previsto no recurrir al oxígeno salvo en caso de emergencia. ‘Voy a llevar botellas, pero si no lo consigo sin oxígeno me daré la vuelta. Para mí es la forma de ascender y además la más saludable para la montaña, aunque siempre te queda la duda de que pasaría si te pusieras la mascarilla. De todas formas, respeto completamente a los que deciden ascender con botellas’.
Según nos ha contado, el reto personal que suponen los 8.848 metros del Everest es lo que le ha llevado a escoger la montaña más alta en su regreso a los ochomiles. ‘Técnicamente no supondrá algo nuevo para mí, pero sí ver como me encuentro por encima de los 8.200 metros, que es la altura máxima que he alcanzado’. Su mayor preocupación son las secuelas de las congelaciones del Manaslu, saber como reaccionará ante temperaturas muy bajas. ‘De todas formas, no pienso arriesgar ni apurar lo más mínimo. Si voy mal y con mucho frío me daré la vuelta sin dudarlo. Creo que no merece la pena perder los dedos por la cumbre’.