HISTORIA

Pilar Oeste, ese viejo sueño

Sebastián Álvaro, nos introduce en la historia del Gran Negro, quinto ochomil del planeta, y especialmente en su Pilar Oeste.

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Makalu, el Gran Negro (8.463 m)Makalu, el Gran Negro (8.463 m)

Es probable que la palabra Makalu(8.463 metros) derive del sánscrito Maha Kala, y hace referencia al mal tiempo-ese tiempo detestable que estamos padeciendo desde hace dos semanas- y a losvientos de la zona que son constantes y muy violentos como tenemos ocasión decomprobar escalando por el filo del espolón de roca, mientras las rachas deviento nos zarandean y los potentes remolinos de nieve en polvo nos anegan. Noes de extrañar que, como otras grandes montañas, el Makalu tenga componentesmitológicos y religiosos. El dios hindú Shiva, el destructor, se asocia concondiciones meteorológicas y la montaña pudo haber sido bautizada por respetoa él. Maha Kala quiere decir en tibetano «el gran negro», que es unaexcelente descripción de la montaña vista a lo lejos cuando el vientoimplacable de la zona la ha limpiado de nieve.

El pico fue visto por primera vez por un occidental por Howard Bury en 1921,jefe de expedición de aquella primera expedición británica al Everest. Nodeja de ser paradójico que en aquellos primeros años en los que losbritánicos están intentando escalar la montaña más alta del mundo, dejandosus mejores hombres y sus mejores energías en estos intentos, una foto delMakalu sea la que vaya a concitar la atención de la opinión pública comosímbolo de la máxima dificultad y el máximo riesgo. Esa fotografía publicadaen 1933 en The Times y atribuida erróneamente al Everest era en realidadla «ruta por excelencia» del Himalaya, era el Pilar Oeste del Makalu.Por supuesto tendría que pasar mucho tiempo antes de que alguien intentaraescalar aquella flecha de roca que parece clavarse en el cielo…

El reto pendiente

Vertiente oeste del Makalu, con su desafiante Pilar Oeste - Foto: Jerónimo LópezVertiente oeste del Makalu, con su desafiante Pilar Oeste – Foto: Jerónimo López

El Makalu lo intentaron americanos y neozelandeses. Ya se habían escalado elEverest, el Nanga y el K2, pero el Makalu continuaba inescalado. Era el granreto pendiente. Incluso el gran EdmundHillary, tuvo que ser evacuado urgentemente pues cayó repentinamenteenfermo y estuvo a punto de morir. Luego les tocó el turno, por fin, a losverdaderos protagonistas de esta montaña: los franceses, de tal forma que si elEverest cabe calificarse como la montaña de los británicos, el Nanga la de losalemanes y el K2 la de los italianos, el Makalu será, durante mucho tiempo, unamontaña ligada históricamente al mejor alpinismo galo. Aunque el Annapurna fuela epopeya heroica por excelencia del himalayismo de los años 50, y tambiénfrancés, el Makalu va a ser su contrario: nada de dramas, ni retiradastrágicas, ni recibimientos apoteósicos. Va a ser alpinismo en su estado máspuro y eficaz. Y el personaje, el gran personaje, que une ambas montañas va aser LionelTerray, uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos, con muybuena cabeza, eficaz tanto en el trabajo alpino, abriendo ruta o porteando, comoen el trabajo colectivo sabiendo esforzándose por el éxito común. El Makalues una de esas montañas ejemplares, convertidas en ese papel por la miradavisionaria de Lionel, como también lo serían el Fitz Roy, el Jannu, la TorreMuztagh y tantas otras que fueron elegidas por el gran alpinista francés.

En su libro Los conquistadores de lo inútil Terray dice que «Laascensión del Everest lejos de ser el final era el comienzo de una nueva era:¡quedaban por conquistar las cimas más inaccesibles». Tras la escaladadel Everest, los italianos consiguieron el permiso del K2 y los ingleses el delKanchenjunga. Así pues al grupo francés se le abría la posibilidad de escalardos montañas, el Lhotse o el Makalu. El primero de ellos era muy conocido puesla ruta normal discurre común con la del Everest, de hecho el Lhotse eraconsiderado como la punta sur del Everest por lo que su atractivo era muyescaso. El Makalu era, por el contrario, una magnífica pirámide de rocaaislada en una región salvaje. Por entonces era el ochomil que más resistenciapodía ofrecer. Y hacia él se fueron, en el postmonzón de 1954. Sólo despuésde 24 días lograron instalar el campo base al pie del Makalu. La marcha deaproximación le pareció a Terray «mucho más salvaje que la del Annapurnay constantemente hechizadora». En esa primera expedición, que sólo teníacomo finalidad el reconocimiento de la posible ruta de ascensión, lograronalcanzar la cercana cima del Chomolonzo, de 7.800 metros de altitud, «conlos inhaladores a 4 litros por minuto». Tras el regreso a Francia, con lasideas muy claras y un material excelente que ya había sido probado, se pusieroninmediatamente a preparar la expedición definitiva.

Lionel Terray, primera decepcionante

Lionel Terray baja del avión a su compañero Louis Lachenal, a su regreso del Annapurna - Foto: Col. LachenalLionel Terray baja del avión a su compañero Louis Lachenal, a su regreso del Annapurna – Foto: Col. Lachenal

Una planificación eficaz, los nuevos materiales, en especial los eficacesequipos de oxígeno («utilizando el oxígeno a régimen elevado»,según Lionel) desarrollados a partir de los que utilizaron los ingleses en elEverest, y un equipo sólido fueron las bases de la primera victoria en elMakalu en el año 1955. Fue tan rápida y se desarrolló tan al pie de la letraque a la bajada los expedicionarios franceses señalaban que les hubiera gustadoun enemigo un poco más fuerte.

Terray, que llegaría a la cima el 15 de mayo,escribiría una bella descripción de aquel momento: «La victoria debepagarse con esfuerzos y sufrimientos; los progresos de la técnica y laclemencia del cielo no nos han permitido obtener ésta a su justo valor… lleguéa la cumbre sin lucha, casi sin fatiga. Para mi en esta victoria hay algo dedecepcionante… ¿Es por pura estupidez que me siento decepcionado? ¡Hay,loco, para el que la felicidad estará sólo en el deseo, goza al menos delinstante presente, déjate abrumar por este instante único en el que,suspendido entre el cielo y la tierra, casi flotando en la caricia del viento,dominas el mundo! ¡Embriágate de cielo, que es lo único que detiene tumirada! Bajo tus pies, y hasta el infinito, emergiendo apenas del mar de nubes,a miles se elevan hacia ti flechas de rocas y hielo». 

Pero esta reflexión ocultaba la verdadera magnitud de esta montaña, en unclima un tanto optimista, una verdadera lotería con el tiempo y, sobre todo, unconsumo de oxígeno muy elevado que rebajaba considerablemente la verdaderaaltitud de la montaña. Sin duda Terray también estaba influenciado por eltremendo costo humano que se había pagado en el Annapurna. Lo cierto es que porprimera vez todos los miembros de las cordadas de asalto alcanzaron la cima. Erala demostración del dominio absoluto y la eficacia que había presidido laexpedición.

Años de olvido

Kurt Diemberger en el K2 - Foto: El nudo infinitoKurt Diemberger en el K2 – Foto: El nudo infinito

Es interesante observar que esta expedición, frente al «heroismo»de Herzogen el Annapurna, como recalcaba Jean Franco el jefe de expedición al Makalu en1955, antepone tanto la realización de esta ascensión presidida por laeficacia, como la superación del peligroso espejismo de los heroísmosseductores. Su «pensamiento secreto» era el siguiente: «siemprehe considerado el alpinismo como un juego maravilloso, el accidente como unafalta, la muerte como un fracaso supremo. Al margen de concepcionesdesesperadas, de la tentación de los récords, de cifras que mañana ya noserán verdaderas y de la peligrosa seducción de los heroísmos, he estimadosiempre, como tantos de nosotros, que vale más esperar que arriesgar, soplarque resoplar, cantar que gritar».

 Pasaron los años y la ascensión del Makalu no volvió a repetirsehasta el año 1970, lo que demostraba la verdadera magnitud de la montaña.(Otros datos de esta envergadura son los siguientes: La primera vez que seascendió sin oxígeno fue un serpa, Ang Chappal, en 1978. En esa mismaexpedición KurtDiemberger hizo cumbre, después de sus ascensos al Broad Peak y Dhaulagiriera el primer ochomil que hacía. Messnerno logró subir hasta su cuarta tentativa, en 1986, con Kammerlander y FritzMutschlechner. Era su decimotercero ochomil y tras el Makalu caería el Lhotse.Y la primera ascensión femenina fue de la norteamericana Kitty Calhoum Grisson,en 1990, y subió precisamente por el Pilar Oeste.)

El Muro Seigneur

Durante la apertura del Pilar Oeste - Foto: Exp. Francesa Makalu 1971Durante la apertura del Pilar Oeste – Foto: Exp. Francesa Makalu 1971

Y justo en ese momento, en 1971, vuelve otro notable grupo francés pararesolver uno de los grandes problemas del Himalaya. En el bolsillo llevanaquella mítica fotografía del Pilar Oeste que había aterrorizado, yencandilado, a partes iguales, a los alpinistas de la Europa de comienzos de lostreinta. Pero entonces se estaba viviendo un nuevo ambiente en la montaña. Esuna época en la que los ojos de los alpinistas más fuertes e innovadores seestán fijando en las grandes paredes de la Tierra (Rupal del Nanga, Sudoestedel Everest o Sur del Annapurna), y los franceses eligen un espolón de roca ynieve perfecto.

Es, frente a las vías anteriormente citadas, la ruta másbella, la más estética, la más «ejemplar». Es más elegante, casiperfecta, es más técnica, es más segura, es más limpia y es más aérea. Sihiciésemos caso a Bonatti,al respecto de las motivaciones que le movían a elegir una ruta, el valorético, el histórico y el estético, el Pilar Oeste del Makalu, por esos tresvalores acumulados, merecería estar en lo más alto del Olimpo de las grandesrutas del Himalaya.

Aquella generación de alpinistas franceses, con Seigneury Paragot a la cabeza, triunfaron en su empeño. Desde luego no les pareció,como a sus compatriotas dieciséis años antes, un enemigo pequeño, sino todolo contrario. La montaña se descubrió como un enemigo brutal y despiadado,sufrieron tormentas de nieve y emplearon mucho tiempo pero, al final, el PilarOeste cedió ante el empuje y tenacidad de aquellos grandes alpinistas. Losfranceses, con un equipo magnífico y una logística parecida a la de un granejercito, regresaron a casa triunfadores. Y en el Himalaya quedó desde entoncesun bello Pilar de roca tentando a la imaginación de los alpinistas… un viejosueño que hacer realidad.

Intentos nacionales

Zulu, Juanito y Atxo durante el regreso de su intento al Pilar Oeste del Makalu - Foto: Kike de PablosZulu, Juanito y Atxo durante el regreso de su intento al Pilar Oeste del Makalu – Foto: Kike de Pablos

Pero desde entonces las ascensiones limpias del Pilar Oeste se pueden contarcon los dedos de las manos. No se volvió a repetir hasta 1980 y entonces solouna persona, JohnRoskelley, logró alcanzar la cima. No utilizó oxígeno. En 1984 MarcBatard primero equipó con serpas y luego hizo el Pilar en solitario ydescendió por la vía original. Era la primera travesía. Una vez superada laetapa de la utilización de las botellas de oxígeno aquel reto se convirtió enuno más grande todavía. Son muchos más los que fracasaron en sus muros deroca que los que lograron el éxito de la cima. Por lo que respecta al alpinismovasco, no quedó ajeno a este formidable sueño. En 1989 un grupo vasco dondeestaban Juanito,Atxo, Zuluy Kikede Pablos, se quedó a menos de cien metros de la cumbre. Fue un tremendorevés cuando ya todas la dificultades de la ruta habían sido salvadas. Unpequeño error, la falta de material, hizo descubrir a aquellos excelenteshimalayistas que ni siquiera los últimos ochenta metros del Makalu son unenemigo fácil. Atxo y Zulu encontrarían la muerte escalando en otrasgrandes montañas, pero nunca olvidaron aquella magnífica escalada en la queestuvieron a punto de hacer realidad, según sus palabras, «aquel viejosueño».

Dos años más tarde, en 1991 el catalán CarlesVallés y el vasco Manu Badiola lograron realizar la primera ascensiónespañola del Pilar Oeste. Fue una escalada muy dura, siempre al límitecompartiendo el último día la ascensión con el gran escalador suizo Loretan.Los suizos subieron antes y bajaron como una exhalación pero no todo estabaescrito: en la bajada se mató Manu Badiola al caerse desde cerca de la cima.Parecía como si el Makalu siempre quisiese tener la última palabra…. Desdeentonces muy pocos grupos han vuelto a intentar el Pilar Oeste, ningunoespañol, pero no porque haya perdido su interés. La proliferación de lasexpediciones comerciales, la masificación de las rutas normales e, incluso, lanueva vuelta a la utilización de botellas de oxígeno es la explicación de quevías como el Pilar Oeste del Makalu, o la sudoeste del Everest, sean muy pocointentadas. Pero el alpinismo, como bien ha dicho uno de los más grandes, ChrisBonington, es una actividad cuyo principio básico radica en «hacermás con menos». Por eso estamos aquí, al pie de este impresionante pilarde roca que por momentos nos subyuga y por momentos nos atemoriza. Siendo fielesal alpinismo de toda la vida, intentando hacer realidad el pensamiento denuestros amigos, realizar «nuestro viejo sueño».


 
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