EXPLORANDO

Miguel Ángel Pérez en el Dhaulagiri: Preveo una estampida del campo base

El alpinista leonés Miguel ángel Pérez se encuentra en el Dhaulagiri, aclimatado, y a la espera del próximo periodo de buen tiempo, en el que prevé «Una estampida general en el Campo Base y seremos un número adecuado para ir a cumbre en buenas condiciones».

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Miguel Angel Pérez en el campo base a su regreso de la cima del Lhotse (2011).  (@Darío Rodríguez 2011)
Miguel Angel Pérez en el campo base a su regreso de la cima del Lhotse (2011).

Miguel Ángel Pérez tiene siete ochomiles en su haber y una estrategia obligada debido al poco tiempo de que dispone para estar de expedición: aclimatación previa en alguna montaña de los Andes y en la cámara hipóxica en su casa. En el pasado, esto le ha permitido alcanzar la cima de algún ochomil en once días desde el momento en que llegó al campo base.

Tras aproximar al Dhaulagiri en solo tres días, haciendo jornadas muy largas, y tras solo tres días en el campo base, Miguel Ángel comenzó la ascensión de la montaña con el grupo de 25 personas que quería aprovechar la ventana prevista para los días 9 y 10, consciente de que aún era demasiado pronto y de que casi con seguridad sólo ascendería «hasta lo más alto posible» para aclimatar. Así ha sido, cargado con 25 kilos –no lleva sherpa- ha alcanzado el campo 2 y ahora se encuentra en el base, aclimatado, a la espera del próximo periodo de buen tiempo. Este es el relato que nos envía:

«Tan pronto como llegue la próxima ventana de buen tiempo, posiblemente en una semana, preveo una estampida general en el Campo Base».

Queridos amigos:

Siento la falta de noticias hasta ahora, pero entre que hasta el último momento no supe si podía irme por el trabajo, y lo rápido que me moví luego hasta el campo base para ganar días de escalada, no he podido hacerlo hasta ahora.

El Dhaulagiri es una montaña preciosa, una pirámide aislada con cuatro aristas bien marcadas que durante unas décadas en el siglo XIX fue considerada la más alta del mundo, hasta que fueron cartografiadas otras como el Everest o el K2, tras lo cual el Dhaulagiri quedó definitivamente, con sus 8.167 metros, como la séptima montaña más alta del mundo.

Es también uno de los ochomiles que se puede considerar entre los difíciles, pero es lo que tiene el haber escalado ya 7 de los 14: en general (con excepciones) van quedando las asignaturas más complicadas.

El trekking de aproximación me recordó al del Manaslu arrancando desde muy abajo (en este caso a 1.400 metros) por un valle muy encajonado y con vegetación tropical que, a partir de 2.500 metros, se vio sustituida por bosques de bambús y abedules. Es un lugar remoto y salvaje, con mínima presencia humana, y en esto se distingue de otras rutas de trekking en Nepal, donde es posible encontrar pequeños asentamientos en el camino que facilitan las acampadas.

Haciendo jornadas muy largas, pude llegar en tres días al campo base, que se sitúa a 4.600 metros de altura. Hay siete u ocho expediciones y la mayoría lleva aquí desde mediados de abril, pero el mal tiempo que ha reinado hasta la fecha ha impedido progresar más allá del campo 2.

Tras tres días en el campo base, en los que hice caminatas subiendo a un cercano collado a 5.200 metros para progresar en la aclimatación, me encontré con que un grupo de 25 personas salía para cumbre para aprovechar la ventana de buen tiempo que se preveía para los días 9 y 10 de mayo.

Siempre he aclimatado muy rápido, pero irme a cima a los tres días de llegar al campo base me pareció excesivo. Por si acaso, salí porteando unos 25 kilogramos con todo lo necesario para ir a cumbre: tienda ligera, cocina, comida, mono de pluma, manoplas, saco de dormir fino (la idea es dormir con el mono de pluma puesto), mudas de ropa, casco y material de escalada.

El primer día subimos hasta el campo 1, a 5.800 metros, por un hermoso glaciar con pocas grietas y donde el tramo más expuesto a las avalanchas está precisamente al principio, nada más salir del campo base.    

Dormí bien en el campo 1, lo que me decidió a seguir al día siguiente hasta los 6.700 metros del campo 2. El problema fue que hacia las dos de la tarde se desató una tormenta con relámpagos y con viento y nieve abundantes. Montar la tienda yo solo, tras cavar una plataforma con la pala, fue toda una experiencia. Al fin pude entrar en la pequeña tienda, pero mucha nieve entró conmigo, así que pasé dos horas tratando de sacarla fuera, aunque no valió de nada: la tienda es muy ligera, de una capa, y es obligatorio dejar aberturas para la transpiración, por las que se colaba la nieve durante una noche en la que no cesó de nevar. Amanecí con tres dedos de nieve sobre el saco y salí de la tienda tan pronto como llegó el sol a las 5.30 de la mañana para tratar de limitar daños.

En esas condiciones, pensé que era suficiente por el momento y, aunque una docena de personas salieron hacia las 8 horas para escalar la empinada pista camino del campo 3, yo decidí bajarme. Fue una buena decisión porque el tiempo no era bueno y al final todo el mundo acabó dándose la vuelta.

Dormí nuevamente en el campo 1 para completar mi aclimatación. Esta mañana he madrugado y he salido corriendo para abajo, llegando a tiempo para desayunar una tortilla de queso preparada por Dorje, mi cocinero.

Realmente, el gran beneficiado de todo lo sucedido he sido yo, que he quedado perfectamente aclimatado para ir a cumbre. Esta vez habría sido prematuro. He subido bastante arriba casi todo el material y tan pronto como llegue la próxima ventana de buen tiempo, posiblemente en una semana, preveo una estampida general en el campo base (aquí algunas expediciones llevan ya demasiado tiempo) y seremos un número adecuado para ir a cumbre en buenas condiciones, porque será necesario abrir de nuevo toda la huella.


 

 

 


 

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