No hace falta estar en un terreno glaciar para tener que estar pendiente de la seguridad de un compañero o compañera con menos nivel de descenso ante una posible caída por un terreno comprometido; hay soluciones y, como siempre, es mejor prevenir que curar.
Realizar un descenso encordado no es una práctica muy común en nuestras salidas de esquí de montaña, pero puede ser necesario en zonas glaciares o peligrosas.
La técnica en sí es bastante sencilla, pero necesita práctica y tener claro lo que tenemos que hacer. Para realizar la maniobra necesitaremos una cuerda dinámica de al menos 8 mm y 30 m de largo (lo que se suele llamar “cuerda de randonée”), y que cada esquiador lleve un arnés y un mosquetón de seguridad y arnés.
La unión del esquiador a la cuerda la haremos mediante el mosquetón de seguridad a una cinta cosida que irá alrededor de la cintura y unida al anillo ventral del arnés con un nudo de alondra y un mosquetón de seguridad, a modo “cinturón”, de forma que se eviten los tirones de la cuerda y se facilite la unión o liberación de la cuerda con rapidez (foto 1).

en esquí se usa para atravesar glaciares o para ascender por tramos peligrosos; también puede ser útil en ocasiones puntuales en los descensos. 📷 Manuel Suárez
La longitud entre esquiadores será al menos de 10 m, para facilitar los giros y dar margen de corrección de trazado en la bajada. Si vamos en un grupo, lo ideal es repartirnos en cordadas de dos esquiadores, en las que el esquiador con menos nivel se sitúe siempre a la cabeza, dejando el último lugar para el esquiador más avanzado.
Este “esquiador-guía” ha de ir en última posición y llevará el excedente de cuerda recogida, bien en su mochila o en bandolera, siempre bloqueada a su arnés mediante un ballestrinque (foto 2).
Este esquiador debe esquiar sin bastones, que puede llevar plegados en la mochila o colocados transversalmente entre la espalda y la mochila. De esta forma tiene las manos libres para ir recogiendo o soltando cuerda, según sea necesario durante el descenso, para compensar la trazada del primer esquiador o para distanciarse de él si fuera necesario para evitar grietas, obstáculos o terreno irregular.
En tramos horizontales o en diagonal, el esquiador guía deberá progresar en la misma vertical del primer esquiador.
Si la cordada de esquiadores fuera de tres miembros, el esquiador del centro deberá llevar otros 10 m de cuerda con el primer esquiador y unirse también a la cuerda mediante un nudo de potencia y un mosquetón de seguridad (al igual que en la cordada de dos), de este modo tendrá más maniobrabilidad y sufrirá menos los posibles tirones del primer esquiador.
El esquiador del centro ha de progresar también sin bastones y gestionar la cuerda con el esquiador que le precede, quedando la seguridad en manos del último esquiador, quien irá manteniendo la distancia de seguridad con ambos en función del terreno.
Es recomendable en este caso que el esquiador guía deje más cuerda entre el esquiador central, para compensar las trazadas de los dos esquiadores y aportar más seguridad al conjunto.
Todos los esquiadores han de llevar el piolet colocado en modo “uso rápido” en la hombrera de la mochila.
Este tipo de descenso es adecuado en terrenos glaciares donde existan pequeños tramos con bajada y exista un marcado peligro de existencia de grietas. También puede ser útil para asegurar tramos complicados a esquiadores con menos nivel de esquí, o bien que no tengan la confianza necesaria para algún descenso, si bien en estos casos puede ser necesario realizar algún tipo de aseguramiento estático y puntual.
Pese a la aparente simpleza de esta técnica, no debe realizarse sin un entrenamiento y una práctica previa, con el fin de conseguir la necesaria coordinación entre esquiadores y adaptarse al nivel y tipo de esquí de cada miembro de la cordada.
Manuel SUÁREZ












Quitaron también el comentario de luis… Dos c……..s
Vuelvo a deciros, y seguro que volvéis a quitar el comentario… MEJOR CONTRATAR A UN GUÍA, gracias luis por ofrecerme alternativas
Saludos a todxs