VAL DI MELLO

Javi Guzmán escala en libre ‘Galáctica’ (450 m, 8a) en el Monte Qualido

El escalador madrileño culmina un proyecto desarrollado en dos viajes a Val di Mello y consigue la escalada íntegra en libre de una de las vías más exigentes y estéticas del Monte Qualido. La actividad sirvió además como rodaje de un documental sobre el proceso.

Javi Guzmán en 'Galáctica' al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
Javi Guzmán en ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
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Val di Mello, considerado desde hace décadas como el “pequeño Yosemite” de los Alpes italianos, ha sido escenario de una destacada realización de escalada en pared. El madrileño Javi Guzmán ha conseguido la escalada en libre de Galáctica (450 m, 8a), una de las rutas de placa más exigentes del Monte Qualido.

La vía fue abierta desde abajo por Sonja Brambati, Adriano Carnati y Paolo Vitali en junio de 1992, excepto los dos primeros largos, con roca descompuesta, que equiparon desde arriba. Estos dos primeros largos fueron reequipados por Paolo Marazzi y compañeros en 2022, con una ligera variante en L2 abierta por Simone Pederi.

En 2023, Bernardo «Berni» Rivadolsi y Luca Schiera realizaron la repetición y limpieza de la vía desde arriba, añadiendo una nueva variante en los largos 6, 7 y 9 para evitar los pasos de artificial. Y de esta forma Berni y Luca lograron la primera ascensión completamente en libre el 4 de agosto de 2023. Es desde entonces una ruta que cuenta con poquísimas repeticiones en libre, con un grado máximo de 8a.

Javi Guzmán en el largo de 8a de ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).

Javi Guzmán ha conseguido su objetivo de escalarla en libre tras dos expediciones separadas por un mes y un largo trabajo de logística, equipamiento y filmación. Él mismo lo cuenta en el siguiente relato:

«El pequeño sueño de escalar en libre esta ruta, nace, como muchos otros sueños, de una conversación con los amigos, en la cual se menciona la tentadora pared del monte Qualido, y a ello se junta que Ángel Morente un día me envía al móvil los croquis de la vía Galáctica, colocándose como uno de los primeros responsables de este viaje y al que le muestro mi agradecimiento por ello.

Esta experiencia quedaba redonda viendo que conseguía alinear varios factores; un viaje a aquel valle del que tanto se había oído hablar por años en la Pedriza, una ruta de calidad y renombre con su punto de exigencia, un terreno perfecto para entrenar de cara al próximo objetivo, una visita pendiente desde hacía ya demasiados años a mi buen amigo Alberto Prosperetti (escalador local de Val di Mello), y un contexto ideal para filmar una película muy interesante para mi nuevo proyecto audiovisual.

Ver por primera vez Val di Mello es una sensación increíble. Rápidamente puedes comprender por qué le llaman el pequeño Yosemite, y es que mucho de lo que se encuentra allí está inspirado en el Yosemite de los locos años 70. Frontera con Suiza, nos encontramos con un pintoresco y profundo valle de abundante naturaleza, viva y muy colorida, con ríos cristalinos de agua fría, cascadas por doquier, paredes que llegan a erigirse sobre los 800m de altura, y un ambiente muy tranquilo entre semana. Mucha de la gente joven que allí vive, acude al valle sin un plan de vida estable y son gustosamente acogidos por los personajes locales. Muchos son escaladores o les gusta el contacto con la naturaleza. Por las tardes hacen comunidad en la terraza del Kundaluna, el bar hippie del pueblo donde se forma un ambiente de lo más pintoresco. Muchos allí visten al estilo de los setenta, con el pelo largo cogido con una cinta, bigote poblado, chaleco colorido… también realizar solos integrales y consumir las mismas sustancias con las que experimentaban en el Yosemite de la época está bastante normalizado. La experiencia resulta realmente como hacer un viaje al pasado.

Conocimos a mucha gente amiguera, cercana y graciosa, aunque también hay que decir que a los escaladores pedriceros allí nos tienen un respeto y consideración especial. En buena parte gracias al legado que dejaron en su escuela grandes escaladores como Gálvez Pascual y Josechu Jimeno, firmando las vías más audaces de la época, muchas de las cuales siguen suponiendo un gran reto debido a la dificultad y a su excepcional exposición. Ellos fueron fundamentales para el desarrollo de la escalada de dificultad y compromiso en la localidad, y por ello que son personas muy queridas y a las que debemos el buen trato que recibimos por parte de los italianos cuando conocen de donde venimos.

Javi Guzmán en 'Galáctica' al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
Javi Guzmán en ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).

Veníamos de viaje en autocaravana desde España mi amigo Javi Pérez, mi novia Maigua Ojeda y yo por un trayecto que aprovechamos para hacer varias actividades a lo largo del camino. Una vez en Italia, Val di Mello nos recibió con una dura ola de calor. Antes de meternos en faena, decidimos escalar una vía clásica muy recomendada para catar la roca del valle y poder disfrutar de una actividad más fluida. Nos tuvimos que levantar a las 5:00 am para comenzar los primeros y escalar antes de que nos devorase el sol. Escalamos Luna Nascente (6b, 340 m), disfrutándola en ensamble y completándola en tres horas.

Aunque hacía calor, la meteorología se encontraba estable, así que decidimos comenzar nuestro trabajo en la vía Galáctica. Empezamos haciendo un porteo de material y comida hasta el famoso hotel Qualido, una antigua cabaña de pastores pequeña y muy acogedora perfectamente ubicada a los pies de nuestro objetivo. Como además de escalar quería grabar una película de la aventura con todo su proceso, eran necesarios muchos metros de cuerda fija, material y comida. Acompañado de unos y otros amigos terminé haciendo ocho porteos por los 800 m de desnivel positivo que tenía concentrados el camino.

Cuando te plantas bajo el monte Qualido puedes contemplar una inmensa mole y llena de posibilidades, con rutas entre los 400 m y los casi 900 m de recorrido. En esta pared saturada de trazados fisurados, diedros, aristas y demás relieves propios de la roca granítica, impera un escudo centrar de placa lisa y estéticamente perfecta que salta a la vista por su continuidad y elegancia, protagonizando el paño y cautivando la atención de las miradas. Es en ese momento cuando doy cuenta de lo bien que está escogido el proyecto. Probablemente estemos a punto de embarcarnos en una de las vías de placa más bellas del mundo y no me cabe la menor duda.

Como nunca todo puede ser perfecto, la vía se encontraba completamente orientada al este, recibiendo de pleno el primer rayo de luz de la mañana, después el granito se cargaba de calor como una batería que una vez en la sombra de la tarde se iba descargando poco a poco soltando el calor, entonces solo podíamos contar con las últimas horas de luz para lograr escalar con unas condiciones mínimamente aceptables teniendo en cuenta que la ola de calor golpeaba duro.

Javi Pérez aceptó embarcarse en este proyecto conmigo a sabiendas de que la dificultad y el estilo de esta escalada le superaban técnicamente, pero aun así vino con su mejor actitud y desempeñó multitud de labores duras e imprescindibles para el éxito de esta aventura. Maigua también ayudó en los porteos tomándoselo como un entrenamiento para sus competiciones. En nuestra primera incursión, Javi me aseguró los primeros 4 largos, de los cuales dejé pendientes de encadenar y preparados con las cintas puestas dos de ellos; el “L1” (7c para calentar) y el “L2” (7c/+) según croquis. El tercer y cuarto largo salían 6b+ y 6c y esos sí los pude dejar encadenados a vista. Fijamos cuerda desde el punto alcanzado hasta abajo, hicimos las mochilas y nos bajamos a la autocaravana porque al día siguiente iríamos a recoger a nuestro buen amigo y cámara de expedición Aitor Bárez al aeropuerto y de paso a dejar a Maigua porque tenía que ir a Turquía para correr el maratón de sables de Capadocia (quedó tercera).

Javi Guzmán en 'Galáctica' al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
Javi Guzmán en ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).

Ya con Aitor, volvimos a Val di Mello y nos pusimos manos a la obra con la escalada y la grabación. Para sacar máximo provecho al primer día, nos levantamos a las 5:00 am. Aitor subió por la cuerda fija que le teníamos preparada, ajustó la cámara y comenzó a grabar. Eran las 06:00 de la mañana y yo ya estaba sudando. Me caí llegando a la reunión dos veces y comencé a ponerme nervioso temiendo por desgastarme demasiado la piel.

Me detuve a mirar bien la sección en la que fallaba y al tercer pegue subí con facilidad. Rápido comprendí que si me dejaba llevar por el estrés de querer correr más de la cuenta no iba a llegar muy lejos. En este tipo de vías y más aún cuando son placas técnicas de granito, hay que gestionar las emociones para escalar relajado, eficiente y con plena atención ya que un pequeño error puede suponer un atasco de horas, rotura de la piel, cambio de las condiciones, desgaste de la goma del gato, etc… Por suerte La Pedriza es sin duda la mejor escuela maestra del mundo donde se pueden cultivar esas capacidades que permitirán ejecutar una gran gestión este tipo de paredes.

A las 7:00 am el sol ya era fulminante y tuvimos que bajar de la pared. Echamos una siesta, comimos, y a la tarde subimos por la cuerda fija e izando petates con provisiones hasta la “R4”. Desde ahí me puse manos a la obra con el 7a+. Como parecía habitual en la ruta, generalmente los pasos duros se enfrentaban con el seguro a una distancia razonable, pero cuando la cosa se ponía un poco más sencilla había que activar el modo zen para surcar tramos con 5 o 6 metros de alejes. Las altas temperaturas hacían estragos, y las puntas de los dedos sufrían las consecuencias. Con unas yemas cada vez más rosadas y sudorosas tenía que apretar con sobre esfuerzo en movimientos que de normal los solventaría sin mucho miramiento.

Esta pared es hermosa pero su escalada supone todo un hándicap logístico. Si venimos más tarde en la temporada, será más fácil encontrarnos con las temperaturas típicas de verano en unos rangos demasiado altos. Si venimos aún más tarde, por septiembre, las lluvias suelen comenzar a hacer presencia. Y de haber venido semanas antes, sí que hubiéramos encontrado temperaturas más frías y adecuadas para escalar granito, pero al fin y al cabo esta zona no dejan de ser los Alpes réticos occidentales, con cotas relativamente altas donde la acumulación de nieve tarda su tiempo en fundirse y muchas de las paredes quedan empapadas hasta bien entrado el verano. Encima, la vía Galáctica surca una gigantesca chorrera originada por una salida natural que la montaña le ofrece al agua que baja desde la cumbre, pasando por sus canales interiores y finalmente saliendo por un orificio al que por supuesto le trae sin cuidado si resulta un estorbo a quienes quieren disfrutar de lo que probablemente sea una de las vías de placa más bellas del mundo. La naturaleza manda y nosotros debemos ajustarnos a sus reglas.

Ya en la “R5”, llegamos al punto clave del proyecto. Decidimos dejar los petates y la hamaca preparados para usar el próximo día y rapelamos por la cuerda fija. Antes de llegar al suelo decidimos tratar de quitarnos el segundo largo con las últimas luces. Y así fue. Pude encadenarlo al primer pegue (siendo mi segundo pegue en total) y así terminar aquella jornada con el frontal puesto y los cinco primeros largos solucionados. Aquella noche decidimos bajar del tirón hasta el pueblo para descansar los dos días que venían de lluvias y mal tiempo.

Javi Guzmán en 'Galáctica' al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
Javi Guzmán en ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).

La siguiente jornada fue dura, hicimos de nuevo todo el desnivel y subimos por cuerda fija hasta el punto donde habíamos dejado la vía. Aquí ya nos encontramos con ese tramo de la pared que se consiguió solucionar en libre recientemente abriendo una intimidante travesía de más de 40 m con el fin de evitar los largos de artificial originales, los cuales parece que se descartaron para su liberación. Con esta nueva tangente se logra solucionar la ascensión al completo en libre. Allí instalamos la hamaca para estar cómodos porque se intuía que difícilmente aquel largo sería coser y cantar. Estuve un rato relajándome y tratando de perder el exceso de temperatura corporal que me había producido jumarear 150 metros.

Antes de un largo así siempre me quedo en silencio, observando cómo se encuentra mi cuerpo internamente y aplicando soluciones mentales a cualquier desajuste que detecte. Si el corazón me va demasiado rápido aflojo tensión, respiro más lento y recuerdo que estoy allí haciendo lo que más me gusta. Si la presión por el resultado afecta, simplemente recuerdo que mi escalada no le importa a nadie y que bajaré de allí siendo la misma persona pase lo que pase. Y si siento miedo a la caída, a que me aseguren mal, o a hacerme daño, analizo el largo para dosificar esos miedos y transformarlos en prudencia a la hora de ejecutar cada una de las maniobras requeridas por la pared. Intento identificar la seguridad objetiva y me agarro a ella. Sé que puedo caer 10 metros pero que ello no tiene ir más allá de una simple sensación siempre que todas las cosas las tenemos bien gestionadas. También me comunico con Javi que me asegura, para que entienda lo que necesito de él y me lo pueda dar al milímetro.

Aitor graba y yo comienzo el largo. Me resulta más mantenido y exigente de lo que se apreciaba desde la reunión. Escalo improvisando y con el mayor equilibrio que puedo para no abusar ni un poco de unas fuerzas que ya se encuentran mermadas. Hay varias secciones en las que tengo que rectificar y terminar haciendo movimientos explosivos y arriesgados porque necesito avanzar. Voy cogiendo una distancia considerada de Javi y Aitor que están respectivamente al grigri y a la cámara. Ellos me animan y yo sueño con la posibilidad de encadenar aquel 7c+ a vista. Llego a una zona en la que alejan tanto las chapas que durante unos metros creo que habrá una escondida y que no alcanzo a ver, pero la realidad se manifiesta al seguir avanzando y comprobar que efectivamente lo que hay es un aleje de excesivo y de muy mal gusto, sobrepasando la línea de lo peligroso. Aviso a Javi de que tenga cuidado de no tensarme la cuerda ni un poco por miedo a desequilibrarme y sigo avanzando porque ya me sale más barato que huir. Como acostumbro en estos momentos libro una batalla con mis demonios, que me quieren hacer temblar, pero eso sería fatal. Respiro hondo y trato de dejar de pensar en las consecuencias de la caída para poner a trabajar a mi mente en las soluciones, y las encuentro. Dos chapas más delante de la zona expuesta, pierdo el equilibrio en un paso a bloque y caigo gritando de impotencia. Que duro se hace psicológicamente poner tantísimo esfuerzo en montar una gran torre de naipes para que cuando al fin la estás terminando se te derrumbe entera y tengas que volver a empezar…

Monté el 8a, que era el largo siguiente para así dejarle preparadas las cintas y ganar altura hasta esa reunión desde la cual, con un gran péndulo podía sortear la travesía y acceder de nuevo al inicio del 7c+. De paso con esta maniobra también había conseguido instalar la cuerda fija de Aitor para que pudiera grabar el siguiente pegue. Este segundo intento resultó bastante mejor porque ya conocía los movimientos, pero llegando a la reunión las manos se me abrían del agotamiento acumulado y Aitor pudo inmortalizarme con su cámara cayendo y metiéndome un buen péndulo. Aquella caída nos dejó fuera de la vía en ese viaje. Era tarde, me encontraba agotado y para los próximos días entraba mala meteorología. También se nos acababan los días disponibles y tuvimos que dejar el proyecto a medias.

Javi Guzmán con Alberto Prosperetti y Alejandro Alguacil en Val di Mello (Foto: @avistamultimedia).
Javi Guzmán con Alberto Prosperetti y Alejandro Alguacil en Val di Mello (Foto: @avistamultimedia).

Un mes después conseguí hacer equipo para volver. Eso ya es un logro en sí porque Javi tenía que trabajar y los compañeros para hacer estas cosas no es que salgan precisamente de debajo de las piedras. Esta vez me acompañarían a la pared mis amigos Alberto Prosperetti y Alejandro Alguacil, que a los 10 minutos de proponerle el plan por WhatsApp con apenas cuatro días de antelación ya estaba mirando vuelos desde Menorca, y por supuesto no podía faltar Aitor Bárez para terminar la película.

Nos juntamos todos en el hotel Qualido y al medio día comenzamos a jumarear por las cuerdas fijas que habíamos dejado en la anterior incursión. Desde el principio de este segundo viaje se sentían unas condiciones de temperatura y estabilidad atmosférica bastante buenas. También veníamos descansados y eso se siente en la energía.

Ya de vuelta en la “R5” me puse los pies de gato, y aunque tenía un recuerdo un poco tenebroso de aquella travesía, volqué en ella mis mejores intenciones y lo encadené para calentar. Aquello elevó mucho la moral de todo el equipo. Alberto hizo un buen esfuerzo para escalar de segundo y desmontar las cintas mientras Álex subía por cuerda fija. Seguidamente le di un pegue con todo al 8a y caí en la última chapa. Este terminaba con un paso a bloque un poco exigente a todos los niveles pero al segundo pegue me hice con él. Todavía quedaba luz y Alberto quiso participar poniendo el punto rojo al séptimo largo (que salía 7a), de modo que ese me lo disfruté de segundo, y Álex se metió en el siguiente, que salía 6c. No era fácil y se pegó un par de vuelos largos pero lo consiguió terminar. Dejamos cuerda fija y bajamos a cenar. Teniendo solo las tardes para escalar, la jornada se hacía realmente corta y no nos quedaba otra que adaptarnos al periodo se sombra de la pared para ajustar la estrategia.

Al día siguiente avanzamos hasta el comienzo del 6c, que como no lo habíamos dejado encadenado me metí de primero. Ese día había mucho trabajo y debíamos ir rápido y eficaces. A partir de ese momento no disponíamos de más metros de cuerda fija y todos tendríamos que subir escalando y en mi caso dejando encadenados todos los largos a nuestro paso. El largo 12 (7a) lo saqué a vista, el 13 (7c) me caí en el paso a bloque de la entrada y bajé. Al segundo intento hice el bloque y logré enlazar los 40 metros de largo sin caer. Y para terminar pusimos la guinda con un 6c expuesto con clavos que se movían y zonas donde no apetecía nada caerse, pero salió bien y terminamos la vía con un sabor dulce muy bueno.

Escalar en libre la vía Galáctica y grabar una película del proceso ha resultado ser más engorroso de lo inicialmente calculado, pero ha sido una experiencia muy divertida llena de descubrimiento, risas y momentos mágicos con buenos amigos. Es bonito cuando una escalada termina desplazada a ser un mero contexto sobre el que disfrutar de unas excelentes experiencias paralelas que son las que realmente llenan de sentido el esfuerzo y la ilusión que le ponemos a hacer lo que hacemos.

Gracias de corazón a todos los que habéis participado de mi sueño acogiéndolo como vuestro porque sois quienes lo habéis hecho posible y espero vernos en muchas más».

Topo de 'Galáctica' al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).
Topo de ‘Galáctica’ al Monte Qualido (Foto: @avistamultimedia).

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