EN LA NORTE DEL MARGALIDA

Javi Guzmán, Cristian García y Álex González repiten el Diedro Narayán

La cordada de tres escala en libre esta antigua vía de artificial de la cara norte del Margalida (3.241 m), en el Pirineo oscense, 17 años después de que Israel Blanco y Carlos García realizaran la primera liberación (265 m, 7c expo).

Javi Guzmán, Cristian García y Álex González en el Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)
Javi Guzmán, Cristian García y Álex González en el Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)
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El Diedro Narayán pasa por ser el 7c más alto de España. Un honor que le otorgaron en 2006 Israel Blanco y Carlos García, quienes forzaron por primera vez en libre esta antigua vía de artificial (A3) que asciende por la sombría cara norte del pico Margalida (3.241 m), en el Pirineo oscense. Estimaron las dificultades con un grado de nombre 7c y apellido expo, en clara alusión a la componente aventurera que incluye la ascensión.

Desde entonces, no había noticias de que otras cordadas la hubieran repetido. Hasta que casi 17 años después la cordada integrada por una nueva generación de escaladores y alpinistas como Javi Guzmán, Cristian García y Álex González volvía a reparar en el Diedro Narayán y completara esa repetición en dos días llenos de aventura.

Topo del Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)
Topo del Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)

Este es el relato que hace el propio Javi Guzmán de su actividad:

Diedro Narayán al Margalida

Dentro del Proyecto Patagonia de Triad Wall (formado por Álex González, Cristian García y Javi Guzmán), en el que llevamos trabajando tres productivos meses, tocaba hacer un acercamiento a la escalada de ambiente alpino. Para ello teníamos programado un viaje a los Alpes que nos vimos obligados a abortar debido a la mala previsión meteorológica.

Se nos ocurrió buscar una actividad en casa lo más parecida posible al objetivo principal: tratar de escalar en libre el Diedro Narayán (A3/7c expo, 265 m) a la cumbre del Margalida (3.241 m), ubicada en el macizo del Aneto.

Propuse esta vía para el equipo porque me llamaba especialmente la atención. A parte de ser una actividad de alto nivel y que juntaba todo lo que consideramos que debe tener una buena escalada, por la información que nos constaba, sólo se había escalado una vez en libre, en 2006 por Israel Blanco y Carlos García y, curiosamente, por algún motivo se mantenía sin repetir.

Lo que en un principio parecía que iba a ser coser y cantar en una montaña cerca de casa, se convirtió en una inesperada aventura desde el principio.

Llegábamos justos a coger el bus y con las prisas nos dejamos un frontal, entre otras cosas… La mochila que cargábamos era algo exagerada y llegamos un poco tarde al collado donde decidimos montar el campo base. Aunque la previsión no era mala, pusimos un toldo de fortuna a dos aguas usando dos bastones y tensándolo con cordinos. En mitad de la noche, lo que comenzaron siendo unas suaves gotas de agua en la cara, terminó con el desencadenamiento de un buen diluvio acompañado de fuertes vientos durante horas. El agua nos empezó a calar, sobre todo a Cristian, y aguantamos la noche como pudimos para despertarnos mojados al día siguiente. La situación sugería batirse en retirada. Lejos de tener ropa de recambio, encima íbamos a pasar dios sabe cuántas penurias en una vertical cara norte custodiada por un glaciar, azotada por el viento y el frío. Nadie propuso una alternativa al plan principal, aunque a todos se nos pasó por la cabeza.

Aún quedaban dos horas de aproximación hasta el lugar donde hay que ponerse los crampones. Álex había enlazado la escalada del Pilar del Cantábrico con una expedición a Kirguistán y, sin descanso, se había unido a esta actividad, probable motivo por el cual se encontraba fatigado, débil y con gastroenteritis. De modo que Cristian y yo nos encargamos de subir el peso a la pared aquel día, una tarea que pasaba factura al cuerpo. Lo que lleva a un equipo al éxito es el apoyarse los unos a los otros cuando se necesita.

Empieza la escalada

Ya en el pie de vía, Cristian comienza el primer largo, graduado de 7b+. La escalada se realiza sobre un castillo de naipes engañosamente sólido, pero la mayoría de las protecciones hay que emplazarlas sobre lajas espandin y la progresión ha de ser sumamente cuidadosa. Además este primer tramo estaba empapado, obligándote a tirar de cantos mojados tanto para las manos como para los pies. Pese a lo delicado que progresaba Cristian, se le cayeron varios bloques de roca. La tensión y el compromiso de ese largo escalado a vista exigió el 100% de su atención, sobre todo si lo quería encadenar para no tener que volver a pasar por ahí. Tras dos calurosas horas para el escalador, y frías para los que estábamos abajo, Cristian canta reunión. Al escalar ese largo con la tranquilidad de llevar la cuerda por arriba, nos hicimos a la idea de lo que debieron de ser esas dos horas.

Aunque la tensión de ese largo sea alta, la dificultad técnica objetivamente hablando nos pareció más bien de 7a+.

Era obvio que llevábamos un horario lamentable, pero seguimos todos sin decir nada y continuamos escalando. El siguiente largo de 6c+ lo hicimos sin mayores dificultades. Y cuando llegamos al tercero me até yo a las cuerdas. Me encontraba bajo un intimidante largo que, empalmadas sus tiradas de A2, A3 y A2 (en la escala artificial), resulta en un monstruo de 7c con muchos agarres que no podían usarse. Algunos porque estaban mojados, pero la mayoría de las veces era porque se trataba de roca podrida o había bloques amenazando con caerse encima de los compañeros.

Fiel al estilo de esta cordada, entré al largo con el cuchillo en los dientes. Con la mitad de las dificultades ya pasadas, se me rompió un canto de imprevisto, provocándome una caída de cinco metros que me paró un totem morado. Me dio pena perder la oportunidad a vista por algo que no dependía enteramente de mí, pero así es el juego en estas vías, las escalas condicionado por muchos más factores de lo que estamos acostumbrados a enfrentar. Terminé el largo con mucho esfuerzo y gestión del miedo. Cristian y Álex lo pudieron encadenar al pegue con la cuerda por arriba, y dado que faltaba un encadenamiento de primero para validar el largo (normas que tenemos en nuestra cordada), decidimos dejar estos tres largos con cuerda fija y volver al día siguiente para hacer las cosas bien y llegar a cumbre a una hora prudente.

Rapelamos y deshicimos el camino. Aquella segunda noche el cielo nos respetó y pudimos dormir bien. Teníamos algunas provisiones de comida extra para el caso en que nos llevase la actividad más de un día, pero tuvimos que racionalizarlas porque eran muy justas. Levantarse por la mañana nos dio una pereza tremenda pero aproximamos felices de no tener que cargar peso.

Segunda jornada en la vía

Cristian jumareó primero y se puso en buen ángulo para grabar el pegue que le daría de primero. Una tarea que siempre hace mucho más engorrosa y lenta la actividad, puesto que es muy diferente escalar, que escalar mientras filmas una buena película.

Álex se pasa las cuerdas por la cesta y yo entro en lo que me supone un calentamiento de impacto, tanto físico como psicológico. Pero era lo que tocaba.

Paso bien el tramo mojado y llego a la sección donde me había caído el día anterior. De pronto, cuando voy a meter el bendito totem morado, me doy cuenta de que lo había puesto más abajo, donde no tocaba. Metro y medio por debajo de los pies tenía chapado a una cuerda un clavo metido en el 2006 y más abajo una terrible repisa. Cristian deja de grabar y rapela por la cuerda fija para sacar ese friend. Luego se pega un sprint que lo deja sin aire, pero consigue llegar rápido a mi altura y me da el friend. Yo, después de unos dos minutos en una postura terrible de cantos precarios, puedo emplazar la pieza y salir de ahí escopetado pero con los músculos ardiendo. El resto del largo me lo curré con cambios de ritmo entre los reposos activos que encontraba. Y tras 40 metros de fisureros, microfriends, clavos y máxima autoexigencia, me anclé a la reunión. El grado de 7c me parece correcto.

Álex desmonta el largo y yo continué por el siguiente. Un muro vertical de escalada muy fina y protecciones justas. Tuve que escarbar en el barro para meter alguno de los friends, pero pasamos sin mayor problema. A este largo sin embargo le subimos el grado de 6c+ a 7a.

Luego, Álex, ya considerablemente mejor de salud, puso la guinda al pastel encadenando 60 m de V grado y un último largo precioso y compacto que nos pareció 6c. A las 14:00 horas estábamos en la cumbre, muy satisfechos por haber mantenido el tipo en los momentos duros… que no se quedaron cortos.

Ahora andamos soñando con la siguiente escalada del proyecto, en la que tenemos grandes expectativas puestas.

“A veces el plan B supera con creces el plan A”.

Javi Guzmán, Cristian García y Álex González en el Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)
Javi Guzmán, Cristian García y Álex González en el Diedro Narayán al Margalida (Foto: col. J.Guzmán)

Comentarios
1 comentario
  1. No es por desmerecer en absoluto. . Pero lo del 7c más alto ..

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