La Declaración de Barcelona pretende revitalizar la Declaración de Cáceres, de 1995, en pro de la libertad de acceso a la montaña. Se pide de nuevo el fin de las limitaciones de paso y el auge de las prohibiciones en montaña, la participación en la gestión de los espacios protegidos de montaña y en la temática relativa a refugios, senderos y equipamientos.
De todos modos, en julio es rechazada por la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM) pues le parece excesivo mantener que el montañismo provoca un rápido deterioro ambiental o que el conflicto entre preservación y uso es inevitable..
El representante de la FAM, Modesto Pascau, sostiene que el documento en cuestión no fue redactado durante la reunión, ni leído, ni firmado.
El párrafo conflictivo es el siguiente: “La diversificación de actividades derivadas del montañismo, cuya práctica se efectúa en áreas de montaña, provoca un aumento significativo de personas y horas de permanencia en ecosistemas frágiles, dándose un rápido deterioro ambiental. La actual demanda de terrenos naturales y el sistema de vida de los países desarrollados, nos conduce inevitablemente al conflicto entre preservación y uso”.








