EXPLORANDO

Ángeles del Nanga

El pasado martes 19 de diciembre la Librería Desnivel acogió la presentación de la tercera edición de Nanga Parbat, y a su autor David Torres. Un encuentro del que algo aprendimos.

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Nanga Parbat, de David Torres, ya va por su tercera edición. - Foto: Jorge JiménezNanga Parbat, de David Torres, ya va por su tercera edición. – Foto: Jorge Jiménez

«La literatura es el triunfo de la empatía», resume, David Torres, su extrema capacidad para crear de la nada, para interpretar, para adivinar y para sentir un mundo que no es el suyo. Un mundo ajeno en el que se adentró y al que le ha cogido el gusto. Este licenciado en Filología Hispánica no conocía el alpinismo, ni las remotas montañas -esas que te miran por encima de su hombro de plata, con razón-, y sin embargo escribió hace unos años una de las mejores novelas de ficción sobre alpinismo de esta década. Ganó el Premio Desnivel de Literatura en el 99 con su obra Nanga Parbat, que ya va por una, más que estimable, tercera edición.

Eso le abrió las puertas de la publicación. Después fue finalista, tras varias obras más de la mano de Desnivel, del premio Nadal y del Nacional de Literatura. Amante del pugilismo y de las metáforas que descubren la vida como la capacidad de ser noble, fiel y orgulloso. Vino a la Librería Desnivel, el pasado martes, a presentar su reedición de Nanga Parbat, su corta novela. Tan corta como inmensa.

¿Por qué el Nanga?

David Torres entre José I. Gordito y Paco Aguado (dcha.), durante la presentación de la tercera edición de su Nanga Parbat (Ediciones Densivel). - Foto: Jorge JiménezDavid Torres entre José I. Gordito y Paco Aguado (dcha.), durante la presentación de la tercera edición de su Nanga Parbat (Ediciones Densivel). – Foto: Jorge Jiménez

«Ninguna otra cumbre del planeta […] representa como el Nanga el anhelo, la pasión por conquistar una gloria efímera e inútil, hecha de nieve y viento, la sed de infinito, el ansia humana por arañar los cielos. Es el blasón del vértigo, el símbolo de todo lo que sobre la tierra no es humano, un monumento de hielo y soledad, una epopeya de piedra. Su leyenda resume por sí sola toda la historia del alpinismo, porque en ella murieron los mejores…». De este fragmento de la novela se pueden extraer, en cierto modo, las claves de la elección de este monstruo nevado como protagonista de la historia. Una cumbre con vida. Vida más allá de lo humano y de lo terrenal. Más allá de la piedra y la avalancha. Y aunque David no llega a descifrar la eterna incógnita de su significado, la siente, la comprende. Quizá fue sólo por su nombre. Nanga Parbat. Por la cadencia dulce de su pronunciación y su incierta violencia.

Le acompañaban en la presentación dos ilustres amigos, José Isidro Gordito y Paco Aguado. Ellos, que nos hicieron reír durante más de una hora, aportaron su propia experiencia y descubrieron la esfera filosófica que envuelve su alpinismo. Ése que según ellos, muere por la pérdida de nobleza, por la masificación y en cierto modo por la comercialización de un mundo que no se puede vender. Admiradores del escritor madrileño, definiéronle como un gigante literario, con un estilo sencillo y a la vez insospechadamente hermoso. Alabaron su libro de montaña, ése que ni siquiera es sobre montaña. Ésta sólo es el escenario de una historia que va más allá de una cumbre, de una expedición y de la meta cimera del hombre.

De montañas y hombres

David Torres firmando ejemplares de su novela Nanga Parbat en la Librería Desnivel. - Foto: Jorge JiménezDavid Torres firmando ejemplares de su novela Nanga Parbat en la Librería Desnivel. – Foto: Jorge Jiménez

Si el personaje principal es homosexual no es por casualidad. Entre risas, David, bromea. «Dos tíos, durante meses, en una tienda de campaña, durmiendo juntos… eso es un poco Brockeback Mountain». Es coña, claro. Sin embargo algo ha de haber. Algo pretende explicar. Dicen, los tres, que la montaña es un escenario capaz de amplificar todos los sentimientos y todas las obras. Hace del hombre un héroe o un pusilánime. Crea gestas o profundos fracasos. Quizá por ello es el escenario ideal para una novela. Para un tipo de literatura, cuya tradición es reciente, joven y que se muere por ser explorada, explotada y llevada de farra con sus hermanas mayores. No por ello convertirse en comercial, mantener el espíritu encantado de soledad y fascinación por la superación.

Supuso, el coloquio, una probable desmitificación del alpinismo. Se habló de drogas y trampas. De su pérdida, como en todos los aspectos de este planeta que agoniza, de valores y de carácter. De cómo sólo unos pocos se mantienen firmes y capaces de no engañarse a sí mismos. Pues de qué sirve llegar a la cima si no ha sido por el más brillante de tus esfuerzos físico y mental. Una desmitificación del alpinismo que sirve, sin embargo, para mitificar aún más al alpinista puro, al sabio y al que desea llegar a serlo. Gracias a David, a Josito y a Paco, conocimos a unos pocos de esos seres que aún creen en el hombre, en su renovación para alcanzar su cumbre y viaje interior. La montaña es diferente para cada uno, como lo es un libro, depende de cómo te la tomes. De cómo la ataques y sobre todo de cómo la ames. Se nos planteó una divertidísima ocasión para reflexionar. Para ser también, nosotros, unos Ángeles del Nanga.

 

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