zona de Aappilatoq

‘Sila’ (600 m, 7c/A2+) nueva vía en Groenlandia por Silvan Schupbach, Filippo Sala y Jernej Kruder

El equipo suizo-esloveno, junto al fotógrafo Hugo Vincent, surca una nueva línea en la pared Baroness, en los fiordos del sur de Groenlandia. Emplearon tres días, del 26 al 28 de julio, para abrir 19 largos en los que solo dejaron instalados un único bolt. Escalaron todo en libre (hasta 7c) excepto un largo en artificial. Jernej nos relata la aventura en primera persona.

Apertura ‘Sila’ en Groenlandia. Foto: @hugovincentphotography
Jernej Kruder | No hay comentarios |

El verano llamaba a la puerta y mis hombros no estaban preparados para escalar duro en los Alpes. Me tomé unos días libres para aprovechar el buen tiempo, pero sobre todo me preguntaba cuál podría ser un compromiso razonable para un viaje de verano. Unos amigos de Eslovenia me propusieron unirme a su expedición a Kirguistán, mientras que otro grupo de amigos suizos me invitó a Groenlandia. Buscaba algo menos exigente en cuanto a escalada, pero más aventurero. Miré los vuelos a Groenlandia, encontré una buena conexión y no dudé en reservarla inmediatamente.

La idea que tenía Silvan, el jefe de la expedición, era utilizar una pequeña Zodiac (20 CV) que había enviado a Groenlandia como carga. Teníamos que recorrer 230 km desde el pueblo del aeropuerto (Qaqortoq) hasta nuestro destino final. Como éramos cinco, aquella pequeña Zodiac no parecía capaz de transportarnos a todos, así que reservé un ferry de ida y vuelta a Aappilattoq.

Las cosas cambiaron cuando llegamos a Qaqortoq. El vuelo se retrasó, Benji —uno de los miembros del grupo— se puso muy enfermo y el tiempo empeoró bastante. Tuvimos que quedarnos unas noches en un albergue. Después de que Benji tuviera que regresar a casa, quedó una plaza libre para mí en la Zodiac. Esperamos con nerviosismo a que llegara una ventana de buen tiempo para poder salir por fin del pueblo. El único día decente, Silvan y yo hicimos algo de búlder cerca de nuestro alojamiento. Después de cuatro días en Qaqortoq, por fin encontramos el mar en calma para iniciar el viaje hacia nuestra primera parada.

Los 180 km hasta el pueblo de Nanortalik nos llevaron un día entero. Las ocho horas en la Zodiac estuvieron interrumpidas por una agradable parada de tres horas en unas aguas termales a mitad de camino. Estábamos todos helados y cansados, así que allí nos comimos una hamburguesa y pasamos la noche en las tiendas.

A la mañana siguiente, el mar estaba revuelto, así que tuvimos que pasar otra noche en Nanortalik. Reservamos una pequeña habitación para dos —aunque éramos cuatro— y conocimos a unos nuevos amigos estadounidenses que al día siguiente navegaban en la misma dirección. Les preguntamos amablemente si les importaría llevar a dos de nosotros a bordo para aligerar la carga de nuestra Zodiac. Aceptaron encantados y, a primera hora de la mañana siguiente, nos pusimos rumbo a Aappilattoq.

Filippo y yo fuimos en el velero, que era más lento, pero mucho más cómodo que la pequeña Zodiac. Al llegar al pueblo nos despedimos de los estadounidenses y continuamos inmediatamente los 20 km que nos quedaban hasta nuestro destino final. Llegamos dos horas después, montamos el campo base y nos quedamos dormidos en un instante.

El tiempo no estaba de nuestra parte. Pasamos otro día en el campo base, pescando y preparando la aproximación a la lejana pared que queríamos conquistar. Una trucha ártica con arroz nos dio suficiente energía para las seis horas de marcha del día siguiente, atravesando hierba mojada, arbustos, pantanos y rocas resbaladizas. Las mochilas de 25 kg hicieron que nos fuéramos pronto a dormir en las hamacas que instalamos al borde del glaciar.

Expedición Groenlandia. Foto: Jenej Kruder

La pared que queríamos escalar tenía un aspecto magnífico, pero también intimidantemente mojado. Continuamos remontando el glaciar. Después de tres horas encordados y cargados con mucho peso, llegamos a un lugar perfecto para vivaquear aquella noche. Por desgracia, el mal tiempo persistente nos obligó a regresar al campo base.

Como a mí solo me quedaban cuatro días, tuvimos que buscar rápidamente una alternativa a nuestro proyecto. Por suerte, habíamos visto una buena pared en el último fiordo por el que habíamos pasado. Aquella fue probablemente la caminata más agotadora de mi vida. La lluvia constante, las bajas temperaturas, la ausencia de senderos y las pesadas cargas exprimieron hasta el último átomo de energía de mi cuerpo. Empapados hasta los huesos, encontramos refugio en nuestros sacos de dormir y nos quedamos dormidos inmediatamente.

La noche se vio interrumpida por un desprendimiento de rocas cercano. Cuando despertamos, tuvimos que empezar a recoger rápidamente para aprovechar la marea alta. El sol y algo de viento nos ayudaron a secarnos, y la luz del sol nos devolvió los ánimos. La travesía en barco fue tranquila y sacamos nuestra Zodiac a una playa mágica situada bajo una pared enorme y vertical. Montamos un nuevo campamento y disfrutamos de una buena cena con unas vistas magníficas.

El 26 de julio fue por fin el día de empezar a escalar. Una aproximación sencilla de 45 minutos nos llevó hasta la base de la pared, donde inmediatamente me puse a abrir el primer largo. Progresé por unas placas y diedros hasta alcanzar una repisa, donde las cosas empezaron por fin a ponerse más serias. Nuestro avance se vio interrumpido por una reunión ya existente en la parte baja, así que localizamos una nueva línea en la pared principal. Seguí hacia arriba. Un largo con una dificultad no superior al 6c me puso en tensión debido a la mala calidad de la roca.

Mientras Filippo nivelaba el terreno de la repisa para nuestras tiendas, Silvan y yo seguimos abriendo nuestra línea. Cuando Silvan se puso en cabeza, decidió dejarme a mí la segunda mitad del largo, sabiendo que tenía los nervios necesarios para hacerlo sin instalar ningún parabolt. No se equivocaba. Tuve que sacar toda mi fuerza física y mental para superar un largo tramo expuesto sin protección en una placa de roca descompuesta, probablemente de entre 7b y 7c. Monté un anclaje para la cuerda estática y todos regresamos al campo base.

La luz del día se prolonga hasta muy entrada la noche, así que por la mañana tampoco nos dimos demasiada prisa. El segundo día en la pared nos tocaba a Filippo y a mí. Jumareamos hasta el punto más alto alcanzado el día anterior y Filippo comenzó un nuevo largo, que resultó tan aterrador como el de la jornada anterior. Como sus últimos seguros no eran fiables, decidió colocar un parabolt antes de comprometerse con la travesía hacia la derecha por la placa. Yo conseguí liberarlo mientras subía de segundo y continué por una fisura lógica. Monté una reunión casi colgada, donde pasé las cuatro horas siguientes asegurando a Filippo en un largo de roca hueca que después fui incapaz de liberar.

Allí alcanzamos por fin una fisura evidente que parecía conducir hasta la cumbre. Abrí otros dos largos y terminamos la jornada sin haber alcanzado ni siquiera la mitad de la pared principal.

El último día teníamos que movernos rápido. Después de dormir bien en la repisa, jumareamos por las cuerdas fijas a primera hora de la mañana. Silvan continuó abriendo por unas fisuras lógicas y preciosas. Liberamos todos los largos y tuve el honor de abrir uno de esos increíbles tramos. El día fue pasando y cada vez estábamos más cerca de la cumbre.

El penúltimo largo se convirtió en una pesadilla para Silvan. Pasó mucho tiempo buscando emplazamientos para los seguros y limpiando las fisuras, y consideró que el largo era extremadamente difícil, algo que no aumentó precisamente mi confianza para intentar liberarlo. Sin embargo, me animó y conseguí encontrar una solución particular para cada crux.

Alcanzamos la cumbre a las 19:30 h. Comimos algo rápidamente y comenzamos el descenso, rapelando por la vía y deteniéndonos algunas veces para hacer fotos y vídeos. Sin frontales, conseguimos orientarnos de regreso al campo base y nos metimos en las tiendas a la 1:00.

Aunque estábamos eufóricos por lo que habíamos conseguido, no pudimos descansar mucho. Teníamos que volver a aprovechar la marea alta a las 7:00 de la mañana para que yo pudiera coger el ferry de regreso a la civilización. Me despedí de mis amigos suizos, que iban a quedarse allí unos días más. Todo lo demás salió según lo previsto y llegué a Qaqortoq a última hora de la tarde, alojándome una vez más en el mismo albergue.

Justo cuando empezaba a ilusionarme con volver a casa al día siguiente, recibí malas noticias de mi aerolínea: mi vuelo se había retrasado, lo que me obligaba a permanecer otras dos noches en Qaqortoq. Una sorpresa todavía mayor fue la ola de calor que me esperaba al regresar a casa.

Mirando atrás y pensando en toda la mala suerte que tuvimos, estoy contento de que aprovecháramos aquella corta ventana de buen tiempo para abrir una vía a la que llamamos «Sila». Sila procede de la lengua groenlandesa y expresa la idea de que los seres humanos, la naturaleza y el universo son inseparables; el tiempo meteorológico no es solo un fenómeno físico, sino un reflejo del mundo vivo al que pertenecen las personas. También significa «fuerza» en esloveno.

Estoy orgulloso de mi equipo, que actuó de manera fiable y racional durante todo el viaje. También me dieron la oportunidad de abrir la mayoría de los largos y de descubrir dónde destacan realmente mis capacidades y mi fuerza.

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