La cordada polaca formada por Michał Czech, Maciej Kimel y Tomasz Klimczak han realizado la primera ascensión conocida en estilo clásico invernal de la ruta Direttissima (450 m, 6b, M8+) de la cara este del Rysy (2.503 m). Este pico se halla en la frontera entre Polonia y Eslovaquia y su cara este, de unos 450 metros de desnivel, es una de las paredes más remotas de la cordillera los Altos Tatras. El Rysy fue noticia semanas atrás por la liberación de Bílý Rys Volně (450 m, M9, 6c) a cargo de los checos Danny Mensik y Petr Vicha.
Según explica Maciej Kimel en sus redes sociales, inicialmente se habían planteado con Michał Czech realizar una escalada de fin de semana en un lugar remoto de los Tatras. Y su objetivo original era escalar la misma ruta que los checos. Sin embargo, la incorporación de Tomasz Klimczak al equipo provocó un cambio de foco hacia la Direttissima, que este último ya había escalado anteriormente.
Fue en 2014 con Maciej Janczar, cuando ambos invirtieron dos días y medio en escalar una línea en la que superaron dificultades estimadas de M7+ y A2. Esta vez, la idea era no tirar de artificial, aunque es cierto que la ruta tampoco permite una ascensión completamente en libre. La primera ascensión de la Direttissima se remonta a agosto de 1975 y corrió a cargo de Hendrych, J. Kulhavý y L. Sulovský.


Una ascensión con dos vivacs
Se pusieron en marcha el 8 de febrero con una aproximación de cinco horas hasta la base de la pared. La aproximación hasta los pies de la cara este del Rysy ya es una aventura en sí misma, y obliga a los alpinistas a ir encordados debido al riesgo de avalanchas. Tras cruzar el Paso Waga y descender al valle, comenzaron la escalada. Ese primer día todavía tuvieron tiempo de superar tres largos fáciles. A las cinco de la tarde se instalaron en su primer vivac, para pasar una noche gélida.
Tomasz Klimczak salió de primero en la segunda jornada, para enfrentarse en drytooling a difíciles largos de roca. Allí tuvo que medirse a una difícil placa de A3, que superó con solvencia. Un total de seis largos los llevaron hasta su segundo vivac, tan frío como la anterior pero menos confortable, debido a la escasez de gas y a los sacos de dormir húmedos.


La mañana del 10 de febrero amaneció soleada y motivó a los escaladores a recoger rápidamente y retomar la escalada. Tras un largo de transición, llegaron a la mayor incertidumbre de la ruta: un desplome cotado de A2 a través de amenazadoras rocas verdes. Maciej Kimel tomó la responsabilidad de ir de primero en aquel largo, al que llegaban después de haber superado todos los anteriores al primer intento.
“Al principio, el largo transcurría por una pared vertical con mucha roca suelta, hasta que tras 15 metros alcancé el desplome clave. Unos minutos de lucha y un grito de alegría resonó en el valle”, narra él mismo. Sin contratiempos, todos alcanzaron la cima unos largos más arriba. “A pesar de que nuestros Tatras son montañas pequeñas, en aventuras como esta uno puede sentirse como en los picos más altos”, concluye Maciej Kimel.










