POR LA VÍA 'PIUSSI-REDAELI' (750 M, 6C, A3)

Marc Subirana y Miguel Molina, invernal a la Torre Trieste

Realizaron la ascensión por la vía Piussi-Redaeli (750 m, 6c, A3) durante 7 días, con seis vivacs en la pared. Es la segunda invernal de esta direttissima a la cara sur, aunque no hay testigos de la supuesta primera invernal (1968).

Autor: Isaac Fernández | No hay comentarios | Compartir:
Marc Subirana y Miguel Molina en la cumbre la Torre Trieste (2.458 m)
Marc Subirana y Miguel Molina en la cumbre la Torre Trieste (2.458 m)

La inmensa pared sur de la Torre Trieste (2.458 m), en el Gruppo Civetta de Dolomitas, ha excitado la imaginación de los escaladores desde hace décadas. En septiembre de 1959, los italianos Ignazio Piussi y Giorgio Redaelli invirtieron cuatro días en la pared para abrir una vía direttissima que la surca de forma elegante y recta desde la base hasta la cumbre. Son unos 750 metros de desnivel, con dificultades que alcanzan el sexto grado en libre y el A3 en artificial.

La supuesta primera repetición se registró también como primera invernal, y tardó casi una década en llegar, en marzo de 1968. Fueron siete días de ascensión, aunque no existen testigos de la escalada ni información exacta sobre si lo hicieron exactamente por la Piussi-Redaeli o bien por algún otro itinerario. En cualquier caso, nadie había realizado otra ascensión invernal de la vía en el casi medio siglo transcurrido desde entonces.

Amor a primera vista

Marc Subirana viajó a la Torre Trieste el verano de hace tres años, para escalar la clásica Cassin-Carlesso. «Me llamó mucho la atención la línea directa que surca la pared, y me quedé enamorado de su trazado y sus desplomes», apunta el alpinista barcelonés. «Desde entonces, he estado enamorado de ella durante tres años, y he estado buscando un invierno en el que ir», añade.

Sus razones para ir en invierno, son sencillas: «Porque es un reto más grande, en el que hay complicaciones por el frío, la nieve… una climatología más adversa». Y a finales de 2016 y principios de 2017 llegó finalmente el anhelado momento. Su amigo cordobés Miguel Molina aceptó la invitación y ambos se plantaron en el refugio Capanna Trieste el 29 de enero, después de 15 horas en coche desde El Port de la Selva (Girona).

Seis vivacs en la pared

Durante los primeros días, se dedicaron a fijar cuerda en algunos largos y subir material y la hamaca: «No celebramos el Fin de Año, que había que aprovechar el buen tiempo haciendo porteos». Alternaron ese trabajo con días de descanso en el refugio, hasta el día de Reyes, cuando se instalaron definitivamente en la pared. Desde entonces, necesitaron siete días hasta la cima, con seis vivacs en la pared, soportando una meteorología extrema. «Llevábamos termómetro y hemos tenido temperaturas de hasta -15ºC y máximas de -2ºC o quizás hasta 0ºC algún mediodía… La suerte es que hemos tenido condiciones muy secas, con un anticiclón muy estable que nos ha favorecido», explica Marc Subirana.

En cualquier caso, la escalada fue dura en algunos momentos: «Hubo largos difíciles, que tenías que hacer en libre de hasta 6c y te veías obligado a parar por el frío». Segú su recuerdo, las partes más complicados de la escalada fueron «el primer desplome, en una franja de roca amarilla muy rota, con tramos delicados de artificial; y luego el L18 [el clave y que da su grado a la vía (6c, A3)], porque el gran diedro nos tapaba el sol y hacía mucho frío».

Regalo de cumpleaños

La casualidad quiso que Marc Subirana y Miguel Molina culminaran la ascensión el 12 de enero, coincidiendo con el 34 cumpleaños del primero de ellos. «¡Qué mejor regalo que esta invernal en Dolomitas!», se felicita él mismo, y añade que «es un placer compartir esta aventura con un gran amigo como Miguel Molina, y es que una ascensión como esta es un trabajo en equipo, y el compañerismo y la buena sintonía entre los miembros de la cordada son lo que hace que puedas llegar a la cima».

Los dos escaladores realizaron el consiguiente descenso rapelando la misma vía. Un descenso integral de la pared sur que por lo visto no tenía precedentes, ya que las cordadas suelen regresar a la base por la vertiente norte. «Cargados con petates y hamaca, valoramos que era mejor descender por la vía antes que por el complicado descenso de la cara norte, y para ello fijamos algunos tramos de cuerdas en las zonas desplomadas, para que nos guiaran en la bajada de la pared», explica Subirana.

Ahora, ambos escaladores regresarán a sus compromisos como alumnos en la formación de guía de alta montaña (Marc Subirana) y guía de escalada en roca (Miguel Molina).


 

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