TRAVESÍA POLAR

Ramón Larramendi volverá a cruzar Groenlandia

2.300 kilómetros en solitario y sin apoyo externo, para probar los equipos que usarán en la Antártida Oriental.

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Larramendi retoma las travesías polaresLarramendi retoma las travesías polares

Con el sueño de atravesar la Antártida Oriental en mente, Ramón Larramendi, un auténtico especialista en las expediciones y aventuras polares, regresará en escasos días a al plató glaciar de Groenlandia. Como ya hicieran el pasado verano junto a Al filo de lo imposible, el objetivo será probar y experimentar con el material que emplearán en la próxima travesía antártica.

Acompañando a Ramón estarán José Manuel Naranjo, que también estuvo en la expedición de julio pasado, y, probablemente, José Carlos Tamayo, que conoce perfectamente las condiciones y climatología polares, ya que comenzó el año visitando la Tierra de la Reina Maud, en la Antártida.

Pero esta vez, la aventura groenlandesa será bastante más dura. En poco más de una semana, los componentes del equipo polar se adentrarán en una travesía de 2.300 kilómetros en la que no contarán con ningún tipo de apoyo externo. Además, de ser más larga y exigente, Ramón nos aclaraba que la entrada y la salida de la travesía la realizarán también a pie, no en helicóptero como en la anterior expedición.

Un viaje sin descanso

Manuel Olivera, compañero de Larramendi en la Expedición Circumpolar MapfreManuel Olivera, compañero de Larramendi en la Expedición Circumpolar Mapfre’92 .- Foto: Ramón Larramendi

Para este nuevo desafío polar, preámbulo de unos muy superior, la travesía a través de la desconocida Antártida Oriental, Ramón nos contaba que se han realizado ajustes en los trineos que usarán para cruzar el plató groenlandés.

Aunque el concepto de diseño es el mismo, una idea original del propio Larramendi, ‘hemos retocado algunos para conseguir dos puntos fundamentales: la posibilidad de que cualquier avería permita reparar los trineos en medio del plató las veces que sea necesarias, y permitir una navegación ininterrumpida con el máximo aprovechamiento del viento’.

Así, se ha reforzado, ampliado y endurecido la estructura de los catamaranes, que serán ahora más resistentes a la compacta geografía polar. Además, las cometas encargadas de recoger la fuerza del viento que impulsará los trineos, también han aumentado su tamaño y resistencia, para evitar cortes o desgarros que las deje inutilizadas. Para Ramón, ‘el tema de las averías era muy importante, y hemos tratado de diseñar trineos que permitan rehacer los catamaranes aunque se rompan hasta ocho o diez veces’.

En cuanto a la navegación sin descanso, será posible gracias a la tienda que albergarán los trineos en su parte central. ‘Esta vez hemos pensado en una tienda completamente cerrada y especialmente diseñada para hacer frente a la climatología polar, de cara a garantizar un descanso en marcha que nos permita relevarnos en la conducción de los trineos. Será un factor esencial en una travesía tan larga’.

Entrevista a Ramón Larramendi

Ante este segundo test de prueba, ¿ves más cerca la posibilidad de atravesar la Antártida Oriental?
Soy bastante optimista y creo que la travesía de Groenlandia, además de ser un buen campo de pruebas, saldrá bastante bien. Hemos mejorado bastante el equipo, y además realizaremos el recorrido íntegramente por nuestros medios, por lo que podremos hacernos una idea clara de lo que será cruzar la Antártida.

¿Cuál es la clave para el éxito de la travesía?
Sin duda el viento, porque sin viento no hay travesía. De todas, formas, está probado estadísticamente que en las regiones polares sopla las 24 horas del día, por lo que es poco probable que nos quedemos parados en medio del plató. El problema será que sople en otra dirección.

¿Qué riesgos conlleva una expedición de este tipo?
Para mí no es esencialmente peligrosa, porque hemos diseñado los trineos para que puedan ser reparados muchas veces, y en todo momento nos permitan rehacer el catamarán de navegación y continuar la marcha. Es difícil que nos dejen tirados. Además, el viento no suele fallar nunca, y aunque cambie de dirección, siempre te permite salir por algún lado del plató glaciar.

Quizá uno de los mayores riesgos sea la fuerza de las cometas, ya que a veces puede escapar a nuestro control si el viento es muy violento. Ahora son bastante más grandes, y aunque son fáciles de manejar, pueden acumular mucha fuerza que sea difícil de controlar.

¿Qué razones os llevan a acometer este tipo de desafíos?
La verdad es que las hay, pero no sabría como explicarlas. Para mí estar allí es como estar en otro mundo, una realidad radicalmente diferente que tiene sus sacrificios y sus satisfacciones. Pero las razones concretas y palpables son difíciles de explicar, porque son travesías muy duras y en condiciones muy adversas.

Si conseguís completar la travesía de la Antártida Oriental, algo que marcaría un hito histórico en la exploración polar, ¿quedarán otros desafíos mayores para el futuro?
Si, siempre habrá nuevos retos, cada logro es el principio de otra aventura. Además, la introducción de los catamaranes y trineos que nosotros vamos a usar va a revolucionar las expediciones polares, y posibilitarán plantearse otros proyectos de gran envergadura.

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