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Edurne Pasaban: “Acabar los catorce ochomiles me ha dado seguridad y autoestima”

Tras completar los catorce ochomiles Edurne nos habla de su nuevo objetivo -el Everest sin oxígeno-, de sus vivencias humanas y alpinísticas durante estos años, también de Miss Oh.

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La opinión que expusimos en el editorial del número de octubre de la revista Desnivel es compartida cada día por un mayor número de especialistas. Las dudas sobre Miss Oh se extienden y Edurne es para casi todos la primera mujer en haber alcanzado los catorce ochomiles. Esta es la entrevista que mantuvimos recientemente con ella en la Librería Desnivel.

¿Cómo era la Edurne que comenzó los ochomiles y cómo es la persona que los ha terminado?
En cuestiones deportivas, la Edurne que empezó sabía de montaña pero tenía muchas cosas que aprender. La que ha terminado los catorce ochomiles sigue teniendo muchas cosas que aprender, pero cuenta con muchísima más experiencia tras diez años de alpinismo.

Personalmente, cuando comencé este reto, era una persona bastante insegura conmigo misma, con muchas dudas ante todo lo que me planteaba en mi vida. El hecho de haber acabado los catorce ochomiles me ha dado seguridad y autoestima, sobre todo teniendo en cuenta que soy una persona bastante insegura en general.

¿Qué ha sido lo más duro de estos catorce ochomiles?
Lo más duro es todo lo que he tenido que dejar de lado a nivel personal a lo largo de estos años. Me he dedicado a lo que más me gusta, que es escalar montañas, viajar, conocer países y gente, pero a nivel sentimental no he podido llevar una vida normal. Es duro darse cuenta que no podía tener las dos cosas a la vez y que tenía que elegir entre una u otra. En cualquier caso, ahora te digo que ha merecido la pena.

A lo mejor el hecho de ser una mujer que hace algo destacable ha sido un hándicap a la hora de encontrar una pareja. He sentido con algunos hombres que estaban a mi lado que se sentían como “inferiores”…  Si eres mujer es incompatible –al menos para mi lo ha sido- la vida en pareja y el alpinismo. En el caso de los hombres no he sentido que fuera lo mismo, al menos para mis compañeros de expedición.   

¿Hay otra vida después de haber completado los catorce ochomiles?
Al acabar este proyecto, que me ha llevado diez años de mi vida, te preguntas con qué quieres seguir. Estoy empezando otra vida, nada fácil por otra parte, ya que tengo que pensar qué es lo que quiero hacer y qué es lo que puedo hacer.

¿Y por qué el Everest ahora?
La primera vez que subí al Everest lo hice con oxígeno, mientras que mis compañeros de expedición, Iván Vallejo y Silvio Mondinelli, que eran mis referentes, lo hacían sin oxígeno artificial. Pensaba que si a ellos les costaba, para mí sería imposible. Ahora quiero terminar los catorce ochomiles sin oxígeno, con el Everest como colofón. Aunque el Everest es una montaña con poca dificultad técnica, hay que ser conscientes de que sólo un tres por ciento de la gente sube sin oxígeno. Será difícil y más por la ruta sur.

Además, al llegar al Escalón Hillary, si tenemos que esperar a que pasen las expediciones comerciales, podemos tener un gran problema. La única solución es llegar los primeros, antes de que pasen los sherpas de las comerciales. La cantidad de gente en el Everest se ha convertido en otro problema cuando subes sin oxígeno.

En el Escalón Hillary viviste tu primera experiencia dramática en el Himalaya…
Sí, justo aquí, cuando descendía de la cima, rapelando, me encontré que la cuerda por la que bajaba estaba tirante, por lo que supe que había alguien abajo. Bajé sin meter el ocho y me encontré con una persona que tenía el descensor bloqueado. Le ayudé a soltarlo y continué bajando. Me crucé con su sherpa y le avisé de que tuviera cuidado con él. Al poco, me volví a cruzar con el mismo sherpa y me dijo que esta persona había caído y había muerto. Luego tuve que hablar con su mujer, que vino a Kathmandú a verme ya que yo había sido la última persona en estar con él. Fue realmente duro.

¿Esta tragedia te marcó?
Sí, empiezas a pensar que la próxima vez te puede pasar a ti. Aunque el hecho de no conocer a la persona hace que lo veas como algo lejano. Cuando es alguien cercano a ti, como ocurrió en 2001 con el accidente de Pepe Garcés en el Dhaulagiri, sí que es realmente complicado. Cuando recoges todas las cosas en el campo base para regresar a casa y sabes que dejas a alguien en la montaña, es duro, muy duro

¿La experiencia más dramática que has vivido fue en el Kanchenjunga?
Fue muy dura; al igual que el K2, donde me quedé sola por encima del Cuello de Botella, debajo del Gran Serac. Había perdido el frontal en un cambio de cuerdas que habíamos hecho justo allí. Estaba sola, sentada, esperando a Juan Vallejo y Juanito Oiarzábal, que venían por detrás. En esos momentos sé que me dormí, a 8.400 metros. Creo que es el momento de mi vida en el que he estado más cerca de morir, lo que hubiera ocurrido si mis compañeros no me hubieran ayudado. Habría sido la típica muerte dulce que todo el mundo hemos escuchado que ha sufrido algún alpinista.

El descenso del K2 fue para ti muy complicado.
Sin duda. Gracias a Juan Vallejo pude bajar; me llevó a rastras. La verdad es que no recuerdo mucho, sólo que me intentaban animar y que tenía mucho frío. Juanito venía por detrás; iba también medio perdido. Al final Ferrán Latorre lo encontró después de buscarlo más de una hora, a la deriva, en una “esquina”. Fue un descenso dramático. Si el K2 no nos hubiera respetado con el tiempo no sé que hubiera pasado, porque en el Karakorum el tiempo cambia de repente, y si te pilla a ochomil metro se acabó  Tuvimos suerte.

Y una vez recuperada de las congelaciones del K2 marchaste al Nanga Parbat….
Sí. Era una prueba tras las congelaciones. Tras algo así, nunca sabes cómo vas a funcionar, pero no hubo problemas. Messner sufrió amputaciones en su primer ochomil… y los acabó de la manera que lo hizo.

¿Qué te pasó en el Kanchenjunga?
Allí llegué a la cima perfectamente y bajé al campo 4 muy bien. En la tienda discutí con Asier sobre si hacíamos agua. Por vagos, no lo hicimos y, yendo al campo 3, nos quedamos sin bebida ni comida, y encima hacía muchísimo calor. Entonces mi cuerpo dijo “¡basta!”, porque llevábamos 48 horas sin comer ni beber. Me dio una bajada de potasio; el cuerpo no te funciona, pero tu cabeza sí que lo hace.  Por eso dice Messner que es una de las experiencias más duras que puedes tener en la montaña, porque eres totalmente consciente de lo que te está pasando, y de que no puedes seguir. Intentaba gatear, pero tampoco podía. Les decía a mis compañeros que me dejaran, pero sabía que ni Ferrán ni Álex me iban a dejar nunca allí. Te sientes muy poca cosa. Creo que lo que le pasó a Tolo en el Annapurna es algo parecido, pero al lado no tenía a nadie que le pudiera arrastrar.

¿Fue la primera vez que coincidías con Miss Oh?
No. La primera vez que coincidimos fue en el 2006, en el Shisha Pangma. Llegamos al campo base y nos encontramos su expedición. La relación fue perfecta, pero nos dimos cuenta de que los coreanos habían equipado los últimos dos mil metros de la vía británica de la ruta sur con cuerdas.


 

En el Kanchenjunga ya empezaba a sonar su nombre, pero yo no la identificaba con la chica de la expedición del Shisha. Cuando llegamos allí, en el campo base, donde no hay mucho sitio, necesitábamos montar dos tiendas grandes. Ellos tenían una tienda muy pequeña ocupando un espacio bastante grande y les pedimos si podían cambiar de sitio. Nos dijeron que no y tuvimos que mover piedras pesadísimas a más de cinco mil metros de altura mientras los coreanos nos miraban. Aún recuerdo la bronca que les echó Juanito Oiarzábal porque creía que nos estaban tomando el pelo. Aún así, la relación fue buena, incluso solíamos invitarlos a comer. Además conocíamos a sus sherpas.

¿Y qué ocurrió cuando ellos bajaron de la cima del Kangchenjunga?
Pues les felicitamos. Me acuerdo que el día de cumbre estaba en el campo base. Por la mañana podíamos ver por dónde subían. Iban muy despacio y a esa hora entró tormenta. Nos acordamos de ellos porque la situación había empeorado mucho.

Entonces, horas después, alguien dice que habían llegado a la cumbre. Cuando llegaron al campo base les felicitamos. Estuve tomando té con Miss Oh y con la otra chica coreana, Miss Go. Incluso uno de sus sherpas fue atendido por nuestro médico, Jorge Egocheaga, y ahí quedó todo.

Al día siguiente, los sherpas de Miss Oh nos dijeron que iban al Dhaulagiri, cuando ella nos había dicho que regresaba a casa, a descansar.

El siguiente encuentro fue en el Annapurna.
Sí. Cuando ella llegó, nosotros llevábamos unas semanas allí. La llegada fue impresionante; me recordó a cuando el circo llega al pueblo. Primero llegaron casi cuarenta personas de una televisión coreana, luego siguieron llegando helicópteros y más gente, hasta que llegó ella.

Al día siguiente vino un emisario a decirnos que Miss Oh vendría al día siguiente a tomar un té, lo cual nos hizo reír un buen rato. Recuerdo que jugamos al voleibol con los coreanos.

¿Cómo definirías a Miss Oh?
Pues no la conozco muy bien. Las veces que la he visto me ha parecido una chica un poco perdida. Le preguntamos por la parte final del Annapurna, para estar más preparados, pero no supo decirnos nada claro. No tenía ninguna seguridad, y eso que había estado el año antes en aquel tramo. Nosotros le damos infinidad de vueltas a la ruta a seguir, pero me parece que ella no se preocupa por donde sube, sino que lo hace su equipo. Ella va por donde le dicen que vaya.

¿La situación era tensa con ella?
Tensa no, pero si algo extraña. Cada vez que yo salía de la tienda tenía a un montón de coreanos detrás de mí, filmándome. Mis compañeros se morían de la risa, porque parecían paparazzis. Tampoco es que tuviéramos mucha relación.

Y luego vino la polémica cuando hablaste con una periodista conocida y le contaste lo que decían los sherpas sobre la ascensión de Miss Oh al Kangchenjunga. ¿Te arrepientes?
Sí. Aunque me pregunto si toda esta historia hubiera salido si no hubiésemos hablado. Yo creo que sí. Aún así me arrepiento y fue mi culpa el haber confiado en un amigo, pero que era periodista. Fui demasiado inocente.

Un problema que sufristeis en el campo base del Annapurna y Shisha Pangma fueron los comentarios anónimos que volcaba la gente sobre ti en Internet. Vosotros teniais conexión, los leíais y, lógicamente,  os causaba malestar.
Hoy en día, con la tecnología, se lee todo estés donde estés. La gente habla mucho, escondiéndose en el anonimato. Se centra en lo malo y eso hace daño. El tiempo que estuvimos en el Shisha Pangma fue difícil: entre lo que la gente comentaba por Internet, lo de Tolo, etc. Tienes que abstraerte de todos los comentarios negativos que te llegan porque si no es imposible concentrarte, y, además, te hace daño.

Y todo esto se complica este año. En el Everest ya hay cobertura de móvil, y aquello se puede transformar en un “Gran Hermano”.
Nosotros queremos contar el Everest en directo cuando vayamos. Nos gusta estar en las redes sociales, pero tienes que darte cuenta de que si entras en ellas lo haces para lo bueno y para lo malo. Será complicado, pero lo vamos a afrontar en positivo.

Hay algunos compañeros de los que te has distanciado, como Juanito Oiarzábal o  Sebastián Álvaro entre otros.
A ellos y a muchos otros les tengo que agradecer muchísimas cosas. Ellos me han echado una mano cuando lo he necesitado. Cuando te haces “mayor”, vas cambiando las amistades. Pasa lo mismo en la montaña. Aunque no tengas el mismo contacto, los sigues queriendo igual. Han sido muy importantes en mi vida, pero cada uno ha cogido su camino y por ello no dejo de quererles.

¿Algún personaje clave en estos años?
Hay mucha gente clave. Silvio Mondinelli tuvo una gran importancia en mis comienzos. Él me impulsa a hacer el Everest. La relación se enfría y aparece Juanito Oiarzábal, Iván Vallejo, Sebastián Álvaro y el equipo de “Al filo”. En la recta final, he hecho mi propio equipo y tengo mi gente. Pero hay mucha gente importante para mí.

¿Cuál es la pregunta que más te hacemos los periodistas?
Pues todo lo relacionado con Miss Oh, sin duda. Todo el mundo me pregunta por la coreana. Hasta Antonio Banderas me preguntó por ella.

¿Y que les contestas?
Pues que yo no se mucho del tema, que es un rollo complicado, y que no sé mucho más de lo que se lee por ahí.

¿Ha ensombrecido este debate la gesta de ser la primera mujer en acabar los ochomiles?
Depende de cómo lo mires. Yo lo miro positivamente, porque nunca pensé que terminaría los catorce ochomiles. Si alguien me dice que me iba a pasar todo esto no me lo creo.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención sobre este tema de Miss Oh al acabar los catorce ochomiles?
Que hasta que no se ha hecho periodismo real de investigación por parte de medios como el vuestro, no se ha aclarado la situación. Me llama la atención el hecho de que ninguna entidad haya cogido el toro por los cuernos para tomar una decisión. Estas dudas no favorecen al mundo de la montaña.

 


 
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