A sus 90 años, José Antonio Regil sigue acudiendo fiel a su cita con la Travesía Andrés de Regil en los Picos de Europa. “Mientras pueda, seguiré viniendo. No me lo perderé”, afirma con una pasión que resume toda una vida ligada a la montaña.
Los orígenes de la Travesía Andrés de Regil
La historia de la Travesía Andrés de Regil, que este año celebraba su 57ª edición, nace a finales de los años 60, impulsada por su hermano Andrés. Aquella idea pionera en el esquí de montaña español quedó marcada por un golpe durísimo: en 1970, Andrés fallecía en accidente en un día de niebla, “muy traicionera al esquiar”, recuerda.
Lejos de detenerse, la familia decidió continuar. “Había que seguir con lo que empezó”, explica Regil. Así, en 1971 se celebró la primera edición de la Copa Andrés de Regil, una prueba que con el tiempo se convertiría en un referente.
Una travesía muy diferente a la actual
Las primeras travesías poco tenían que ver con el formato actual. Eran recorridos de varios días, con vivacs en la montaña, navegación con mapa y etapas muy exigentes. No había podios como hoy, sino medallas en función del recorrido completado.
“Era más una prueba de resistencia que de velocidad”, recuerda. “Ahora importa el tiempo, hay que correr. Antes era disfrutar: del paisaje, de la subida… y, sobre todo, de la bajada”.
También había espacio para la técnica pura. Se realizaban descensos encordados, heredados del esquí en glaciar, y los participantes debían resolver situaciones complejas en alta montaña. “Eso es el esquí de montaña: tener la capacidad de solucionar los problemas que te presenta la montaña”.
Tragedias y continuidad
No todo fueron buenos momentos. La travesía también vivió otra tragedia en sus primeras ediciones, con la muerte de un participante. “Al día siguiente se suspendió la carrera”, recuerda. Aun así, el espíritu del proyecto se mantuvo firme.
Con los años, la organización ha pasado a nuevas generaciones. Toñín lo tiene claro: “Los jóvenes lo están haciendo mejor”, incorporando tecnología y nuevos medios, pero manteniendo la esencia.
Un referente del esquí de montaña
Por la travesía han pasado algunos de los grandes nombres del alpinismo y el esquí de montaña. Entre ellos, Joan Cardona —padre de Oriol Cardona (medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026)— y Gerardo Alonso —padre de Ana Alonso (que obtuvo dos medallas de bronce)—, lo que muestra el valor de esta cita.
Pero, más allá de la competición, Regil insiste en una idea: el esquí de montaña no debería perder su esencia. “Ningún montañero puede dejar de hacer las rutas tradicionales, sin prisas, disfrutando del paisaje”.
A los 90 años, la misma pasión
Su vitalidad sigue sorprendiendo. Monta en bicicleta, entrena varios días a la semana y continúa esquiando. “La vida a los 90 es como a los 60, pero un poco más lento”, dice con humor.
Y sobre el futuro no hace grandes promesas, pero sí deja una frase que resume todo:
“No tengo prisa por llegar a los 100… pero, si puedo, allí estaré también”.









