VÍDEO-ENTREVISTA

Guille Pelegrín, escalador ciego: «La escalada pueden ser una herramienta súper buena de concienciación, de inclusión social y de reivindicación»

A sus 22 años, Guille tiene muy claro cómo quiere vivir su vida. Este año ya se ha llevado dos medallas de bronce en sendas pruebas de Copa del Mundo (categoría B1, ciego total), producto de su talento y del esfuerzo que le ha puesto. «Escalo porque me encanta, no soy un ejemplo de superación», nos aclara en esta entrevista.


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Conversamos con Guillermo Pelegrín en la reciente inauguración del rocódromo Sputnik la Guindalera, donde ha acudido a ver las nuevas instalaciones y entrenar un poco, como uno más. Porque así es como vive este deportista que nació con una enfermedad visual degenerativa (nació con un 5% de visión, hoy ya es ciego total), una circunstancia que no le ha impedido disfrutar de lo que más le gusta: los deportes.

Primero compitió en esquí, pero después la escalada le enganchó tanto que lo convirtió en su primera pasión, aunque también hace surf, toca la guitarra y sale de fiesta como cualquier chaval de su edad. Es “tu ciego de confianza” en redes sociales (@guille.pelegrín), donde cuenta su día a día y levanta su lanza contra los prejuicios de todo tipo.

Tiene una conciencia social muy interiorizada, en sintonía con sus estudios de Trabajo Social (que finalizó el año pasado) y reivindica la escalada como un espacio más en el que vivir y transmitir valores para la vida. Detrás está el sólido e incondicional apoyo de una familia que le ha permitido ser quien es, pero también un carácter fuerte, inquieto y reflexivo, como nos demuestra en esta entrevista.

Desde los 16 años es miembro del equipo nacional de Paraescalada de la FEDME, con el que se ha subido ya a muchos podios. Esta misma temporada ya se ha traído dos medallas de bronce (en las pruebas de Salt Lake City en mayo y en Innsbruck en junio), que se suman al menos a otra decena que tiene ya en su estante, entre ellas la medalla de oro que se llevó en el Campeonato de Europa de Paraescalada de Villars en 2024. Pero también ha perdido alguna medalla bailando en la fiesta de celebración después de las compes, porque claramente para él eso es lo que importa: luchar a fondo y compartir la experiencia. Y, por supuesto, siempre con humor.

Guillermo Pelegrín. Foto: Carlos Tofiño

¿Cómo descubriste la escalada?

Descubrí la escalada porque mi padre siempre había querido escalar conmigo y cuando me diagnostican la enfermedad visual con tres años, él tenía el sueño de escalar conmigo, de subir montañas. Y claro, cuando le dijeron “Oye, tenemos que hablar…” esas cosas nunca empiezan bien. Total que le dijeron que su hijo era ciego, bueno por entonces tenía un 5% de visión, pero ya le dijeron que la iba a perder, y claro mi padre se derrumbó. Estuvo un año sin hacer deporte, porque para él no tenía sentido hacer deporte si no era conmigo, y entonces descubrió el grupo de montaña de la ONCE. Se apuntó como guía, y allí pensó que simplemente iba a ayudar él, y la verdad que volvió con un montón de personas ciegas de referencia, que habían hecho muchísima montaña. Además allí conoció a Marta, que es su pareja. Y entonces, pues nada, ya como que toda mi familia cambió el chip y dijeron, como Guille no puede ver y no puede estar en casa jugando a videojuegos, pues vamos a hacer que viva experiencias. Entonces empecé a ir con ellos a la montaña. Fuimos a Marruecos a hacer montañas, subimos el Mulhacén…

Luego mi padre aprendió a esquiar y me dijo, «Guille, ¿por qué no te apuntas?». Así que es otro deporte que hacemos en familia en la montaña. Empecé a competir en esquí, y luego mi padre me dijo que hiciera algún deporte que cogiera la rutina de entrenar semanalmente, y ahí vimos varios pero ninguno me convencía. Le dije «yo lo que quiero es escalar» y ahí teníamos un poco el miedo de cómo iba a ser la inclusión, porque siempre había hecho deporte con personas ciegas de referencia y aquí no las teníamos.

Entonces, un día fuimos a un rocódromo que se llamaba King Kong y le dijimos de que si podía escalar. Allí conocí a Toni Curiel que es mi guía, mi entrenador, mi amigo y bueno, pues ahí empezó nuestra aventura. Ya con 16 años empecé a competir en escalada y hasta el día de hoy, que en la última Copa del Mundo de este año hemos hecho bronce.

Guillermo Pelegrín y Toni Curiel. Copa del Mundo de Escalada 2025 en Laval. Foto: World Climbing

¿Cómo se forjó la relación con Toni? Porque entiendo que, antes de conocerte, él no había entrenado a otros ciegos…

Pues esa relación se formó de una manera muy graciosa. El primer día que yo fui a entrenar con Toni, le dijeron que yo no veía. Toni se puso como a estar pendiente de otro chaval y entonces yo llegué arriba y me caí, claro no sabía que estaba Toni debajo así que me caí encima de él. Y siempre decimos que eso fue lo que nos unió.

Pero claro, Toni era un monitor de chavales y de repente le llegan un día y le dicen oye tenemos esta situación, es un chico ciego que quiere escalar, pero Toni no tenía ninguna información de absolutamente nada. Todo lo que ha hecho ha sido autodidacta y a mí me parece que es una labor brutal porque le pone un montón de empeño. Ya no solo conmigo, ahora es el seleccionador del Equipo Madrileño de Paraescalada, y está también en la FEDME. Siempre que llega alguien
con una discapacidad nueva hace el mismo curro, se pone a leer, a investigar cómo se puede entrenar con esa persona… Al final eso es algo que ha ido forjando y se ha vuelto un referente de la paraescalada a nivel nacional.

Es verdad que también hemos hecho mucho ensayo-error, hemos aprendido de otros competidores… Al final él siempre está trabajando, siempre está pendiente y mejorando cosas. Además, hemos hecho un binomio que es muy bonito para mí porque no es solo mi guía, no es solo mi entrenador, es una persona fundamental en mi vida.

Guillermo Pelegrín. Foto: Carlos Tofiño

¿Cómo es en concreto vuestro sistema para “cantarte” los pasos?

Cada persona ciega tiene sus códigos. Nosotros hacemos como si las manos fuesen unas manillas de un reloj, entonces me van indicando, pues a las 12, a la 1, siempre son horas en punto… Y luego distinguimos entre cortas, medias y largas y luego el tipo de agarre. Entonces la indicación que me daría Toni sería por ejemplo: mano izquierda a la 1, larga, bide, y pues ahí voy yo. Y luego los pies, por ejemplo, los hacemos con referencias corporales, que hay gente que también lo hace con las horas, pero es verdad que a nosotros nos parece que es más fácil mover así, diciendo pie derecho, rodilla izquierda…

Ahora estamos trabajando también el tema de rastreos en la pared y que yo sea lo más autónomo posible. Como no veo los pies, cuando tengo un descanso me pongo a rastrear la pared, a tocarla, y digo vale tengo este pie, puedo hacer este pie mano… y así.

En las vías vamos con un intercomunicador y así estamos en constante comunicación para que Toni tampoco se deje la voz. En bloque no usamos el intercomunicador pero a veces lo que hacemos es con referencias sonoras. Toni ideó ponerle a un palo de madera una tuerca de metal y que por el ruido yo lo escuchase, y así es como podemos hacer movimientos más dinámicos que antes.

Por ejemplo en Japón tienen una metodología que es un cordino pegado a la pared y las personas ciegas lo van siguiendo, pero eso al final te quita los movimientos estáticos y bueno pues nosotros hemos encontrado este código que nos sirve y es lo que usamos.

Equipo español de paraescalada (Foto: FEDME).
Equipo español de paraescalada (Foto: FEDME).

¿Qué significó para ti entrar en el equipo nacional de Paraescalada?

Fue una experiencia brutal y a día de hoy lo sigue siendo. Es verdad que yo tenía ya experiencia de competir en esquí, que empecé con 11 años y ya me iba solo a las competiciones. Ahí ya aprendí muchas cosas de organizarme y demás.

Pero bueno, es que para mí el equipo de Paraescalada es una familia, o sea, es un espacio seguro. Yo les estoy eternamente agradecido porque es el espacio donde yo he interiorizado mi discapacidad y he aprendido a reírme de ella, que es lo que hago un poco en mi vida diaria en redes sociales.
Muchas de las personas que cuando yo entré eran mis ídolos, ahora son mis amigos. Por ejemplo tengo un póster que Urko Carmona me firmó cuando yo estaba empezando, que aún no nos conocíamos, y ahora me voy de viaje con él, somos amigos… O por ejemplo con Iván Germán pues lo mismo. Iván a mí me esconde el bastón, yo le escondo la prótesis y se genera como esa sinergia que a mí me encanta.

Es verdad que en Paraescalada competimos por discapacidad, no por edad. Entonces, claro, yo entré con 16 años en un grupo de personas que eran bastante mayores y a día de hoy sigo siendo el bebé del grupo. Así que les dije el otro día que qué vamos a hacer dentro de 20 años cuando yo tenga vuestra edad y vosotros estéis en un asilo (risas). Pero al final es que a mí me parece que no se nota nada la diferencia de edad y es que es brutal. Yo es lo que me llevo cuando voy a una competición, porque luego las medallas las consigues o no las consigues, a veces hasta las pierdes, pero el ambiente que tenemos es lo que de verdad me hace que merezca la pena competir.

Guillermo Pelegrín. Foto: Eva Martos

¿Cómo es la reacción de las personas que te ven en un rocódromo y cómo te gustaría que nos comportáramos contigo?

Normalmente cuando te ve la gente escalando en el roco pueden pasar dos cosas. La primera es que se sorprende muchísimo y entonces te convierten en un héroe, en un ejemplo de superación, y a veces hasta se vuelven muy paternalistas. O sea, yo estoy calentando y vienen como «jolín, es que madre mía, ¡es una obra de magia que puedes escalar!». Y a ver, no es así, es simplemente una cuestión de casualidad, que yo me mato a entrenar como cualquier otro deportista y aquí estamos, ¿no?

Pero luego está como la cara contraria que es la de «ah, no, es que los ciegos no pueden escalar, es que no vas a poder hacer esto…». Entonces, bueno, al final yo creo que lo guay es que se nos trate como personas normales y corrientes, que es lo que somos. Yo siempre digo que a una persona que por ejemplo es un poco más bajita, no le hablamos con condescendencia, no le decimos, «ay, pues es que esto no lo vas a poder hacer». Entonces, yo creo que lo mejor es que se nos dé nuestra autonomía y que también se nos dé esa seguridad.

Si nosotros en algún momento necesitamos algo, pues, por ejemplo, mucha gente me dice, «Guille, ¿tú prefieres que te preguntemos si necesitas ayuda?». Yo siempre digo que sí, que a mí no me molesta nada que me pregunten. Habrá veces que diré que sí, habrá veces que diré que no… Pero hay veces que hay gente súper invasiva, que directamente te cogen, te llevan y te dicen «aquí está la zona de niños». Y es como, ah, vale, es que yo iba a entrenar en la kilter donde está toda la gente de competición… Esto se puede aplicar a la vida del día a día, es que me pasa en un montón de sitios… que me cogen y me llevan al ascensor y yo vale gracias pero es que yo no quería coger el ascensor…

Pues eso, si alguien ve a una persona ciega en la calle, está genial que nos preguntéis si necesitamos ayuda, pero que al final la autonomía la tenemos nosotros.

¿Escalas también en roca? ¿Qué te gusta más?

Ahora me estoy centrando más en roco, porque estoy en temporada de competición, pero a mí me gusta muchísimo hacer escalada en roca. Y me gustan todas las modalidades, hago bloque por ejemplo en Albarracín que me encanta, también vías, tanto de segundo como de primero. Aquí hemos tenido alguna experiencia graciosa, por ejemplo que estaba Toni debajo y me decía «Guille, tienes que encontrar la chapa», y yo rastreando toda la pared, tocándola, y nada, no encontraba ninguna chapa, y resulta que luego me salté dos chapas.

También he hecho vías de largos. Hace dos años fuimos la primera cordada que subió el Torreón “a ciegas” (con Toni y Pablo), y la verdad que estuvo muy guay. A mí me gusta mucho hacer escalada en roca porque si ya la escalada en roco me parece que es un deporte que es súper autónomo, en roca lo es aún más. No tienes que estar «ese color no te vale, ese pie no es de ese color…». Allí al final vale todo y sí, me gusta muchísimo hacer escalada en roca.

Guillermo Pelegrín en el Torreón de los Galayos. Foto de su colección.

¿Qué sensaciones tienes cuando llegas a una cumbre? Por ejemplo cuando estuviste ahí en el Torreón de Galayos, con lo estrecha que es esa cumbre…

Es una sensación rara porque, claro, yo desde abajo no sé cómo es la cumbre. Entonces vas con esa incertidumbre de decir, ¿cómo será? ¿Qué se sentirá? La gente piensa, ah, pero es que como no lo ve, no sube. Me parece que es de los prejuicios que más se dan aquí en la escalada. Lo de pensar ¿pero para qué va a ir un ciego a escalar en roca o para subir montañas si no lo ve? Pero, entonces, los días que haya niebla, que esté nublado… no tendría ningún sentido que nadie saliese a escalar y la gente sigue yendo, ¿no?

Entonces, a mí como que me gusta el decir, ostras, ¿cómo será la cumbre? Y luego, pues es verdad que hay muchas veces que yo tengo lo que yo llamo el “contravértigo”, es decir, que vosotros tenéis más vértigo cuanto más altos estáis, pues a mí me pasa al revés, yo tengo más vértigo cuando estoy más cerca del suelo, porque es cuando más cerca tengo la referencia y es cuando pienso que si me caigo, me puedo romper algo. Pero cuando ya estoy a 200 metros en la cumbre del Torreón, con todos esos metros de caída, pues ya es que me da igual. También me puedo sugestionar en función de lo que diga la gente, por ejemplo una vez Toni me dijo «oye cuidado que es que como te caigas te quedas encajado», y en realidad era un broma, pero claro, no se dio cuenta que yo, al no ver, pues me puedo rayar.

Total, que lo de la cumbre es una sensación que a mí me gusta mucho pero tampoco sé compararla con lo que sentís vosotros. También me encanta que me cuenten desde una cumbre lo que se ve, porque me alucina hasta dónde puede llegar la vista humana.

Otros ciegos, como Javier Aguilar, llevan un perro guía, ¿por qué no lo llevas tú?

La verdad es que yo no llevo perro porque me dan miedo los perros. Es verdad que un perro te da una autonomía brutal porque te avisa de muchas cosas que el bastón no te avisa. Por ejemplo, el perro está educado para que si hay una rama a la altura de la cara o una farola inclinada con la que te puedes dar, pues el perro no te lleva por ahí y yo, como el bastón pasa por esos sitios, pues al final me acabo abriendo la ceja…

Por ejemplo con Javi Aguilar nos hemos ido de ruta de montaña los dos solos por Innsbruck y nos ha guiado su perro Jack y hemos estado andando dos horas por allí por la montaña y luego le decimos «Jack, find house» y nos ha llevado a casa. Todo eso el bastón no lo hace… pero bueno, como me dan miedo los perros, hasta que no salgan periquitos que te pongas en el hombro y te vayan guiando… (risas)

Guillermo Pelegrín. Foto: Eva Martos

Sobre temas de fuera de la escalada, te hemos visto muy activo en las protestas contra la participación de Israel en la última Copa del Mundo de escalada celebrada en Madrid, ¿por qué has decidido posicionarte?

A mí me parece que la escalada es un entorno genial para reivindicar, bueno, me parece que todos los espacios son buenos para reivindicar y la escalada no es un espacio aislado. La escalada a mí me ha enseñado a ser la persona que soy y a respetar, a tener los valores que tengo.

Sé que hay muchos deportistas que no opinan igual, pero yo creo que el deporte sí que es política. ¿Cómo hacemos deporte? ¿Cómo vivimos el deporte? Y los valores que transmitimos como deportistas y como sociedad son totalmente políticos. Para mí la escalada que es mi pasión, es algo que amo, y creo que no debería ser un espacio donde normalicemos que haya estados o representantes de estados que genocidan a pueblos enteros.

El otro día en la competición mucha gente me decía «es que tú no sabes lo que ha entrenado esta gente, tú no sabes lo que es el deporte». Pero es que precisamente porque yo amo la escalada y la escalada es mi vida, no quiero que se convierta en un patio de recreo en el que todo valga… Además, como trabajador social que soy, creo que hay que reivindicar estos temas y ahí estamos en la lucha.

En realidad la escalada es un deporte bastante egoísta, escalamos por nuestro propio placer y aportamos poco al mundo… ¿Tú crees que la escalada puede contribuir a mejorar el mundo de alguna forma?

Sí, yo creo que la escalada puede contribuir muy fuertemente a mejorar el mundo porque tenemos un sentimiento de pertenencia y un sentimiento de comunidad que no veo en otros sitios. Comparto la reflexión de que la escalada es un deporte privilegiado y soy consciente de los privilegios que supone ser escalador de la selección nacional. Yo, por ejemplo, no tengo el rechazo social que tienen muchos compañeros míos que están empezando, porque a mí se me conoce y cuando tú llevas una camiseta de la selección española y dices que eres campeón de Europa, no vas a molestar a nadie. Lo que molesta es un poco el deporte de base, pero creo que precisamente por eso el deporte y la escalada pueden ser una herramienta súper buena de concienciación, de inclusión social y también de reivindicación y de lucha.

El sentimiento de hermandad que yo he visto en la escalada, lo he visto en pocos deportes, y creo que ese sentimiento nos tiene que hacer empatizar con los demás y darnos cuenta de nuestros privilegios.
Por ejemplo, con la cuestión palestina, es que las escaladoras palestinas no pueden escalar en sus sectores de escalada porque son tiroteadas, porque son bombardeadas, porque son encarceladas… Pues creo que nosotros, desde nuestra posición de privilegio, tenemos que luchar por otras personas. Yo, por ejemplo, también lucho porque no se discrimine a personas con discapacidad.

¿Ahora te dedicas exclusivamente a la escalada o también ejerces como trabajador social?

El año pasado terminé la carrera de trabajo social y ahora estoy cursando un máster, de hecho defiendo el TFM (Trabajo de Fin de Master) la semana que viene, que es sobre educación para la ciudadanía y justicia social. Entonces, bueno, no vivo solo de la escalada. Es más, de la escalada no vivo nada, porque nosotros no ganamos dinero en una competición. Yo por ejemplo he ido a una Copa del Mundo, he ganado medalla de bronce y lo que he ganado en ese viaje fueron los 250 euros que me dio la compañía aérea porque había overbooking en el avión. Es decir, claramente yo hago esto porque me gusta y ya está. Tengo claro que mi vida profesional o mi sustento profesional no es la escalada, aunque me encantaría poder compaginarlo de alguna forma.

Guille Pelegrín en World Climbing Para Series 2026. Foto: Dimitris Tosidis/World Climbing

En las próximas paraolimpiadas (Los Ángeles 2028) la Paraescalada se estrenará como deporte olímpico, ¿qué te parece esto? ¿Sueñas con ir?

A mí me parece algo muy bueno. Es verdad que tampoco me gustaría que se nos subiese a la cabeza y que de repente toda esta comunidad, toda esta hermandad se rompa, porque al final cuando hay dinero de por medio… como que me da miedo que se corrompa, pero por ahora no creo que esté pasando. Entonces, bueno, a mí me parece brutal que haya paraolimpiadas en 2028. Y a mí personalmente me ha afectado porque yo al al principio estaba en una categoría que no era paraolímpica y hace justo un mes, como mi enfermedad es degenerativa, me cambiaron de categoría. Ahora estoy en B1, que es ciegos totales o solo percepción de luz que es lo que tengo yo, entonces ahora de repente me ha cambiado la percepción porque lo que antes era un sueño pero no iba a ser posible, ahora puede ser posible… Así que nos dejaremos la piel y entrenaremos al máximo para ir. Pero bueno, igual que hacemos con cada competición, o sea, es que también a mí me da un poco de rabia que mucha gente dice, ah, bueno, pues ahora ya a las Paraolimpiadas. Pero es que tenemos muchísimas competiciones más. Este año, por ejemplo, tenemos Copas del Mundo, Campeonatos de Europa, Campeonatos de España…

Entonces, yo me voy a seguir esforzando igual para unas pruebas que para otras, porque sé lo que es no tener categoría olímpica y seguir queriendo competir y sé lo que es tener categoría olímpica y tener ese sueño. Es verdad que para mí sería una pasada estar en las Paraolimpiadas y sobre todo llegar en muy buena forma y hacer un buen un papel allí.

¿Cómo crees que está el nivel internacional en tu categoría, similar al vuestro?

Los noto bastante parecidos… Y creo que la paraescalada tiene algo muy positivo y es que nosotros muchas veces estamos compitiendo contra nuestros amigos y a lo mejor pierde un amigo y es él quien viene a animarte, y me parece que esto, en la escalada sin discapacidad, cada vez pasa menos.

Es decir, yo me fijaba cuando empecé a competir en los campeonatos de España y la gente sin discapacidad ganaba una medalla, se hacía la foto y se la quitaba. Nosotros nos quedábamos toda la tarde con la medalla. Ha habido Copas del Mundo en las que hemos acabado de competir y nos hemos abrazado todos los competidores, independientemente del resultado, hasta nos hemos puesto a bailar y yo he perdido la medalla.

A mí esto me gusta mucho porque creo que nosotros a lo mejor entendemos que nuestra lucha no es ganar una medalla, sino el haber superado, bueno no superado porque no me gustaba superar, sino haber podido afrontar un montón de barreras estructurales, físicas y sociales que nos han llevado hasta allí. Además, entendemos que cada uno tiene su discapacidad, todos somos conocedores de esas diferencias, así que la alegría es colectiva y yo creo que eso lo vivimos muchísimo y es lo que te decía, que yo es lo que llevo a mi casa. La experiencia y el darlo todo y que todo el mundo se esfuerza un montón.

Guille Pelegrín entrenando en Sputnik. Foto: Carlos Tofiño

¿Y por qué no te gusta la palabra superación?

No me gusta porque al final es como que hemos interiorizado que socialmente yo soy un ejemplo de superación por escalar, ¿no? y creo que el enfoque es otro. O sea, yo entiendo que para las personas que no tenéis ninguna discapacidad, muchas veces las personas con discapacidad seamos como ejemplo de inspiración. Eso lo puedo entender y me parece bien. Por ejemplo que hay alguien que a lo mejor se está quejando porque no llega un paso y luego llego yo, lo pruebo a ciegas, llega Iván Germán, lo prueba amputado de la pierna…. Pero lo que creo que hay que cambiar de enfoque es que yo no escalo para superarme. Es decir, es como toda la gente que está aquí, escalamos porque nos gusta, porque es lo que nos apasiona.

Entonces, yo no soy más por ser ciego. O sea, yo no me levanto por la mañana y digo qué ganas tengo de superarme y de ser un ejemplo de superación para el mundo. No es así. Yo voy, escalo, es lo que me apasiona y entonces lo que hago es adaptarlo para poder hacerlo. Pero, en el mismo ejemplo que antes, a una persona que es bajita, no le decimos «tía, eres un ejemplo de superación, ¿por qué has venido? ¿Y te has puesto a hacer estos pasos que casi no llegas cuando todo el mundo llega?».

Yo creo en la normalización, en que no se nos vea como superhéroes y creo que el hablar de superación se nos tiende a elevar a un nivel de héroes que no somos. Somos deportistas normales y corrientes y ya está, y queremos que se nos trate exactamente igual, ni más ni menos. Es verdad que ahora se nos tiende a tratar menos, pero también me gusta ver esa parte crítica y decir que yo no soy más que esta gente que está aquí por ser ciego. Entrenamos las mismas horas, los mismos días, cada uno con su disciplina y cada uno con lo que tiene.

¿Hay alguna persona en concreto que te inspira especialmente?

Mucha gente de paraescalada han sido ejemplos de inspiración para mí y lo siguen siendo, como Iván Germán, Urko Carmona, Raúl Simón, Javier Aguilar…

Y luego, por ejemplo, Ichi, que es amiga mía y me parece que es una escaladora brutal, y otras como Ana Belén Argudo, Jorge Díaz-Rullo… Todas son personas que en cierto modo me inspiran porque al final están ahí luchando dándolo todo.

Muchas veces cuando yo a lo mejor tengo bajón, pues sí que pienso, ostras, estas personas también tienen bajones. Entonces, bueno, de la misma manera que yo a lo mejor soy ejemplo de inspiración para otras personas, pues yo también tengo mis ejemplos que me inspiran.

Toni Curiel visualizando la vía con Guillermo Pelegrín. Campeonato Paraescalada 2022. Foto: E. Martos.
Toni Curiel visualizando la vía con Guillermo Pelegrín. Campeonato Paraescalada 2022. Foto: E. Martos.

Además de escalar y esquiar, ¿qué otras cosas te gusta hacer?

A mí me gusta mucho todo lo que es el deporte. Por emplo llevo bastantes años ya haciendo surf en Galicia, y en general me encanta probar todos los deportes, como kayak o lo que sea, la verdad.

Y luego la música también me gusta mucho. Toco el piano y la guitarra y también he hecho percusión. También me gusta mucho viajar, y a ver, tengo 22 años, así que también me gusta salir de fiesta, estar con mis amigos….

Todo esto es un poco lo que yo intento visibilizar en redes sociales, que yo soy un chaval ciego pero que eso no me hace tener una vida diferente. Yo me dedico a entrenar, luego voy con mis amigos, toco la guitarra en un bar, luego me voy de viaje y así…

¿Qué objetivos tienes para el futuro?

Así a largo plazo mis objetivos son seguir disfrutando del deporte, seguir escalando, seguir dándolo todo. No me veo no escalando, eso sería para mí como un fracaso.

Esto por ejemplo Toni me lo ha explicado muy bien, porque yo a lo mejor en una competición me pongo súper nervioso y pienso que si pierdo me va a dejar de entrenar y va a cambiar nuestra relación. Pero él me lo ha dicho claro: «Guille, yo no quiero que tú ganes el Campeonato del Mundo, que si ganas muy bien, pero si no lo ganas no pasa nada». Y con mi familia es lo mismo, me dicen que lo que les fastidiaría sería que dentro de 5 o 10 años no me guste la escalada y acabe quemado. Entonces, si en algún momento llega la situación de que yo no quiero competir más, que por lo menos siga disfrutando de la escalada como lo estoy haciendo.

Entonces, bueno, ahora estamos un poco al inicio de temporada, el sábado justo me voy a una Copa del Mundo y después tenemos Campeonato de Europa, más Copas del Mundo, el Campeonato de España… Así que a seguir entrenando y a darlo todo, porque mí no me gusta centrarlo en resultados como tal, porque creo que no depende de mí. O sea, yo puedo llegar a un campeonato súper fuerte y que haya gente que esté mucho más fuerte y ya está, la competición consiste en eso.

Una frase que me gusta mucho de Alberto Ginés es que cuando ganamos no somos tan buenos y cuando perdemos no somos tan malos.

Total, que mis objetivos son seguir mejorando, seguir trabajando la técnica, tener más autonomía escalando, seguir ganando fuerza, resistencia… Y luego pues ya se verá, si hay paraolimpiadas, si soy campeón del mundo o si soy campeón de mi casa, pero súper orgulloso.

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