Fallo del Premio Desnivel de Literatura 2025

Declarado desierto el Premio Desnivel de Literatura en su XXVII edición

Con 90 manuscritos en nuestras manos, la tarea privilegiada y comprometida de buscar aquel que cumpliera con los requisitos del Premio Desnivel, tanto objetivos como con los más sutiles o subjetivos. El resultado: la decisión unánime del jurado de declarar desierto el Premio este año 2025.

Premio Desnivel de Literatura 2025
Premio Desnivel de Literatura 2025. XXVII Edición
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Escribir y presentarse a un premio literario es un acto de valentía. Cada uno de los 90 manuscritos recibidos en esta edición lleva detrás trabajo, ilusiones, tiempo, oficio, esperanza, miedos, atrevimiento… y es una situación de tremenda exposición enfrentarse a la mirada y valoración de los otros. Por eso, desde Desnivel siempre hemos querido enfocar la resolución del Premio como la última fase de un bello proceso que tiene que ver con el camino que nos lleva a buscar aquello que nos apasiona y por lo que estamos dispuestos a apostar completamente. Ese camino es el que nos motiva.

Este año el jurado estaba compuesto por Ramón Portilla, Carlos Beltrán ‒ganador de la pasada edición con su maravilloso Caminando por el hielo con los pies descalzos‒ y yo misma.

«Participar como jurado ha sido una experiencia interesantísima, una responsabilidad grande, leer con otros objetivos, leer afinando mis criterios literarios, tratando de sacar lo bueno de cada texto», comenta Carlos, «hay quien dice que la literatura la hacen sobre todo quienes leen, y estoy bastante de acuerdo. Sin embargo, en este caso, las propuestas de quienes escriben son el centro del asunto, son lo que se valora; si transmiten, si pasan el umbral de lo correcto para incorporarse a lo singular, si traspasan la línea de lo entretenido para alcanzar lo emocionante». 

Para Ramón, la literatura de montaña, viajes y aventuras es su gran pasión. Ya hemos dicho en otras ocasiones que tiene una biblioteca inmensa dedicada a este fin, y lleva formando parte del jurado del Premio Desnivel muchas ediciones, lo que es un gran regalo por el conocimiento que aporta de la literatura de montaña en general y por su pasión por la montaña en particular.

Este año «cargó» los libros del Premio en su moto para recorrer China. En Kirguistán sufrió un accidente y tuvo que permanecer quince días allí recuperándose. Solo en un país extraño, la lectura le ayudó mucho.

«Para mí el Premio Desnivel es un momento especial del año, espero con ilusión recibir a los finalistas y suele coincidir que casi todos los años me pilla en algún viaje. Ya es parte del viaje llevar impresos en papel los libros del Premio ‒solo leo en papel‒, y no me importa cargar con el peso, esté escalando una pared, en una expedición o recorriendo el mundo en bicicleta, en moto o en piragua… El año pasado, que me llovía todas las tardes, cuando conseguía meterme en la tienda con el papel mojado, calentito dentro del saco, era un momento muy especial. Porque para mí la montaña no es un deporte, es mucho más: tiene una cultura, tiene música, pintura y sobre todo poesía y literatura».

Ambos, igual que el comité editorial, hemos estado muy comprometidos en la lectura, y la decisión tomada no va en consonancia con las ganas y deseos que teníamos de otorgar el premio. La decisión unánime de declarar el Premio desierto en este año 2025 no es fácil, es la decisión incómoda. Resulta mucho más «agradable» llamar a alguien para darle la buena noticia de que su manuscrito ha sido el ganador del Premio, y celebrar ese encuentro misterioso, de una ventana a otra: tarea preciosa. A veces, la incomodidad encierra una respuesta positiva que tiene que ver con la reflexión, con el compromiso y la esperanza y, sobre todo, con resignificar las experiencias: como lo que es una cumbre, un encadene, un final de viaje… y lo que es el camino, el proceso, el bajar, el volver… una y otra vez.

Como apunta con claridad Carlos Beltrán: «La necesidad de que las obras presentadas sean completas, que transmitan un todo, que no dejen espacio a detalles que desfiguran la realidad, que presenten las motivaciones de sus personajes, que definan las intenciones de quienes los escriben, dejaba a algunas propuestas literarias a las puertas de ser redondas, a algunas muy cerca de la puerta… Y eso ha sido algo que ha unido las opiniones del jurado, la sensación de que aún había que darle algo más a las obras. Para mí ha sido una experiencia gratísima, sumergirme en los diferentes mundos sugeridos, tratar de incorporarme a los ambientes y a las fórmulas literarias. Más allá del resultado final, toda una experiencia que repetiría, sin matices».

Nos gustaría transmitir que para nosotros es un privilegio leer cada manuscrito que llega y que la decisión es fruto de una búsqueda fina y delicada de aquello que nos apasiona, y que va en consonancia con la trayectoria del Premio y con la esencia que queremos seguir impulsando. No es algo fácil que suceda, de hecho, cuando sucede, te pilla con la misma certeza y sorpresa que las flores cada primavera: algo milagroso que a la vez se vuelve cotidiano, pero no lo es. No es nada fácil, en 27 ediciones de Premio, que se den todos los ingredientes para que un texto resulte ganador, y lo que es un milagro para mí es que solo haya quedado desierto en tres ocasiones anteriormente (2000, 2008 y 2019). Esto me llena de esperanza en las palabras, en vuestro esfuerzo y el nuestro… una y otra vez.

Como dice Ramón: «Cuando nos reunimos todos los años es un momento muy bonito donde se habla de literatura de montaña, de viajes, de aventuras, me hace mucha ilusión también contribuir a sacar adelante un proyecto tan bello como es el Premio Desnivel de Literatura. En esta ocasión no hemos dado un premio a un finalista pero creo que hemos honrado el espíritu del Premio y el cuidado que la gente pone en sus historias. Y seguimos ilusionados con este proyecto y deseando que la gente continúe escribiendo, que no pare de escribir».

Desierto, además del sentido que tiene en un certamen, es un adjetivo que inevitablemente nos conduce a un territorio inhabitado, árido, que recibe muy poca lluvia, lo que resulta en una escasez de vida. Y no es esta la experiencia que hemos tenido de esta edición del Premio Desnivel, en este proceso de búsqueda, apertura y sorpresa. Por el contrario, nos ha parecido que estaba lleno de vida, que las historias tenían mucho que contar: textos poéticos, simbólicos, con algunas propuestas muy bellas, otras más descriptivas y apegadas al terreno, y también momentos en los que las aventuras se transforman en historias sobre la complejidad de los seres humanos y sus conflictos internos y externos. Lo que sí podemos asegurar es que lo hemos vivido como un vergel de palabras que son frutos y semillas, y hojas y flores, y finalmente tierra. Tierra fértil. Tierra hermosa. Tierra de posibilidades. Porque si algo tienen los desiertos, es la posibilidad de que todo suceda, de que todo se imagine, en esa amplitud, una y otra vez.

Por eso os agradecemos tanto la participación, y os damos la enhorabuena por el acto de valentía que supone escribir y compartir. Os animamos a seguir escribiendo y compartiendo, una y otra vez, para seguir regando el desierto de flores.

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