ENTREVISTA

Consejos de seguridad del GERA para disfrutar de la montaña este verano 

Entrevistamos a Carlos Ortega, jefe de equipo del Grupo Especial de Rescate en Altura (GERA) del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid, que nos aporta unos consejos clave para no bajar la guardia este verano a la hora de hacer actividad en montaña.


Carlos Tofiño | No hay comentarios |

El verano ya llegó, y el calor también. La montaña, en cambio, sigue ahí, donde siempre, bajo sol y atenta a las altas temperaturas. También a los miles de personas que acoge cada temporada en sus valles, cumbres, ríos y laderas por toda nuestra magnífica geografía.

El buen tiempo y los eternos días de luz animan a la práctica de actividades al aire libre, pero esos destellos de entusiasmo veraniego se ensombrecen, a veces, por accidentes inesperados. 

Dejar atrás el invierno no significa que los riesgos desaparezcan: simplemente cambian. Bien lo sabe Carlos Ortega, jefe de equipo del Grupo Especial de Rescate en Altura (GERA) del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid.

Tras 25 años como bombero y 18 formando parte de esta unidad especializada en rescates de montaña, ha visto evolucionar tanto el perfil de los asiduos a la montaña como el tipo de emergencias a las que acuden. 

Carlos Ortega, jefe de equipo del GERA (Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid). Foto: Carlos Tofiño 

Aunque gran parte del trabajo del GERA se desarrolla en la Sierra de Guadarrama, muchos accidentes e imprudencias por las que son requeridos podrían extrapolarse a cualquier rincón de la montaña española: desorientaciones, caídas, golpes de calor, mala planificación o una confianza excesiva en la tecnología siguen siendo la causa de buena parte de los rescates estivales. 

El deshielo 

Cuando el frío se va, la montaña es la misma, pero no es igual que con calor. Tampoco el tipo de accidentes. Según Ortega, durante los meses de invierno, las intervenciones suelen estar más relacionadas con la nieve y el hielo.

La Sierra de Guadarrama, afirma, no es una gran cordillera alpina, pero cuenta con zonas que pueden resultar peligrosas cuando las condiciones invernales se complican: «El problema es subestimar la sierra como un entorno amable y accesible sin ser plenamente conscientes de los riesgos que pueden aparecer en determinadas orientaciones o pendientes”. 

En verano, el escenario se transforma. La nieve y el hielo desaparecen y la montaña se convierte en un entorno mucho más accesible. Mientras que en el invierno hay mayor concentración de  visitantes en puntos concretos, en verano, según la experiencia del GERA, los visitantes aumentan y están mucho más repartidos por toda la sierra.

Esta accesibilidad también favorece el exceso de confianza en excursionistas que inician rutas más largas de lo previsto, con un cálculo errado de agua o con una condición física que sucumbe ante un calor de justicia. 

Tirarse al monte 

Uno de los cambios más evidentes que ha observado el GERA durante los últimos años es el enorme crecimiento del número de personas que practican actividades de montaña. Para Ortega, la pandemia supuso un punto de inflexión. La montaña dejó de ser una actividad relativamente minoritaria para convertirse en una opción de ocio mucho más habitual.

Según el rescatador madrileño, la popularización de las carreras por montaña, la expansión de los rocódromos, la facilidad para acceder a información sobre rutas o la proliferación de cursos han sido un verdadero acicate para este aumento de público. 

Sin embargo, Carlos Ortega evita caer en discursos alarmistas. De hecho, considera positivamente que, en términos generales, los excursionistas hoy son más conscientes de la importancia del material y de la información previa sobre localizaciones y actividades. Pero la estadística es tozuda: si la afluencia aumenta, el número potencial de accidentes también. 

Maniobra de rescate del Gera (CBCM). Foto: Pedro de la Serna 

Más planificación, menos accidentes 

Si Ortega tuviera que señalar una causa recurrente detrás de muchos rescates estivales, probablemente sería la falta de planificación. En realidad, comenta, no se trata de grandes imprudencias, sino de la acumulación de pequeños errores: una ruta que acaba siendo más larga de lo previsto, un desvío inesperado, un horario mal calculado o una reserva de agua insuficiente para las condiciones del día. 

«Es frecuente que las personas salgan con una idea inicial de actividad y, una vez en la montaña, modifican el recorrido o prolongan la excursión». El problema, según el bombero del GERA, es cuando los cambios se producen sin recalcular el tiempo necesario, el desnivel acumulado o las necesidades de hidratación. 

La preparación física también juega un papel importante. Según Ortega, no se trata de alcanzar un nivel deportivo excepcional, sino de ser realistas con las propias capacidades.

Su propia experiencia en rescates le ha mostrado cómo las personas con peor condición física suelen ser más vulnerables a sufrir torceduras, lesiones articulares o problemas derivados del cansancio. 

La planificación, por tanto, sigue siendo la mejor herramienta de seguridad: elegir la ruta adecuada a nuestra experiencia y estado físico es vital para que el espacio idílico de la montaña no se convierta en un territorio hostil. 

Maniobra de rescate del Gera (CBCM). Foto: Pedro de la Serna 

El sol agrada, el calor aprieta 

Aunque la temperatura del planeta haya subido, España ha sido siempre calurosa. Cada año, el GERA interviene en situaciones relacionadas con la deshidratación, el agotamiento y golpes de calor.

En muchos casos, un pequeño imprevisto progresa imperceptiblemente hacia un gran problema: la ruta se alarga más de lo esperado, las fuentes disponibles están secas y el calor va minando la resistencia del excursionista. 

Uno de los episodios que recuerda Ortega tuvo como protagonistas a un grupo de jóvenes que participaban en un campamento.

En el transcurso de la ruta, el grupo se quedó sin agua durante una actividad más larga de lo previsto y fue necesario activar un helicóptero para suministrarles agua en garrafas y asistir a varios menores afectados por deshidratación. 

La experiencia acumulada en rescates sirve para recordar una realidad que muchos excursionistas olvidan: las fuentes de agua que aparecen en aplicaciones o en cartografías no siempre garantizan disponibilidad de agua durante los meses más secos del verano.

Por eso, una de las recomendaciones más insistentes del GERA es adaptar la cantidad de agua transportada a las condiciones reales de la jornada y no confiar exclusivamente en los puntos de abastecimiento que figuran en los mapas. 

Maniobra de rescate del Gera (CBCM). Foto: Pedro de la Serna 

App sí, cerebro también 

Los dispositivos de navegación han transformado la manera de movernos por la montaña. Aplicaciones móviles, relojes GPS y mapas digitales ofrecen hoy herramientas muy útiles e impensables hace apenas unos años. Ortega reconoce que han supuesto un avance enorme para la seguridad y la orientación. 

Sin embargo, también observa un problema cada vez más frecuente: la tendencia a delegar completamente la planificación y la navegación en la tecnología. Carlos advierte que la cobertura no siempre está garantizada, ni tampoco la duración de las baterías. Por eso insiste en que la tecnología debe entenderse como una ayuda, no como un sustituto del conocimiento básico de la actividad. 

Las medidas recomendadas por el GERA son: descargar previamente las rutas y mapas necesarios, activar el modo avión para ahorrar batería, hacer uso de la geolocalización y llevar una batería externa para prolongar la autonomía del teléfono. Con estas precauciones, las aplicaciones de navegación pueden seguir funcionando, incluso en zonas sin cobertura. 

112, por si algo sale mal 

Cuando el accidente ocurre, la forma de comunicar la emergencia puede marcar una diferencia importante en la rapidez y eficacia de un rescate. Carlos Ortega nos explica a continuación los pasos a seguir cuando se contacta con el 112. 

El primero y fundamental es indicar la ubicación y el estado de la persona accidentada. La propia llamada al 112 transmite por defecto las coordenadas del lugar desde donde se realiza la llamada.

Para evitar posibles errores, el GERA confirmará la localización exacta a través de aplicaciones de mensajería, un canal abierto que sirve, a su vez, para mantener una comunicación continua con los afectados.

Saber trasladar a los servicios de emergencia si se trata de una zona montañosa o inaccesible será clave para el acceso mediante vehículos terrestres o medios aéreos. 

My112: app gratuita para contactar con los servicios de emergencia.

El siguiente paso es explicar lo que está ocurriendo: si es una desorientación, un golpe de calor o una caída que requiera asistencia médica. Si se trata de un grupo grande, Ortega recalca la necesidad de informar acerca del número de personas implicadas, mantener la calma y seguir las instrucciones que proporcionen los servicios de emergencia. 

En caso de no disponer de cobertura, la estrategia cambia. Si el accidentado no puede moverse, alguien del grupo deberá desplazarse hasta una zona donde exista señal para realizar el aviso, mientras, otra persona deberá permanecer acompañando al herido. Cuando el número del grupo lo permita, es muy recomendable ejecutar estas tareas por parejas. 

Para excursionistas en solitario, la precaución de haber comunicado previamente a un tercero la actividad y ruta a realizar se revelará crucial para cuando el accidente ocurra. Y, en cualquier caso, como recuerda Ortega, llevar un pequeño silbato te puede sacar de un gran apuro. 

Montaña for ever… 

La montaña es bella y divertida, pero también puede ser traicionera. El riesgo cero no existe, por eso es aconsejable escuchar a voces autorizadas como la del GERA, referencia nacional en rescates de montaña. Responsabilizarnos en los pequeños detalles de planificar la actividad, adaptar la ruta a nuestras capacidades, llevar agua y abrigo, conocer las limitaciones de la tecnología y saber cómo actuar si algo sale mal contribuirá decisivamente a que la eventual anécdota no se convierta en un potencial disgusto. 

Los servicios de emergencia siempre estarán ahí para ayudarnos, pero cuanto menos suenen las sirenas, mejor para todos. 

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