Este es el relato que nos envía el equipo de Carlos Soria sobre su ascensión al Manaslu. Una ascensión que, en realidad comenzó en el campo II, a 6400 metros, pues en el campo III (6800 m) pararon unas pocas horas para, en un larga jornada de 12 horas, superar los aproximadamente 1400 metros de desnivel que les separaban de la cima.
En el tramo más vertical del descenso, entre el campo III y campo IV (que no habían utilizado en el ascenso) Carlos se golpeó varias veces las piernas castigadas por sus fracturas de tibia y peroné en el Dhaulagiri y su prótesis de rodilla, lo que le provocó fuertes dolores y supuso una dura prueba de sacrificio y resistencia, por lo que, al llegar al campo III, tomó la mejor decisión para no poner en riesgo su integridad ni la de sus compañeros: descender en helicóptero. Carlos nos ha mostrado una vez que sabe tomar las decisiones más inteligentes, como ha sido en este caso terminar el descenso en helicóptero.
Lo que ha hecho, a sus 86 años y con la prótesis de rodilla es increíble: partir del campo II (6400 m) por la mañana, descansar unas horas en el campo III (6800 m), partir -sin dormir- a las 16h30 para -saltándose el campo IV- alcanzar la cima del Manaslu (8163 m) a las 5 de la madrugada en una larga jornada de 12 horas.
Esta ascensión al Manaslu de Carlos Soria, con 86 años y una prótesis de rodilla, representa una aventura humana increíble que tardará con seguridad años en repetirse.
No es sólo la persona de más edad que ha alcanzado la cima de un ochomil, es también la primera vez en la historia que un alpinista regresa 50 años después a una de las Catorce cimas más altas del mundo.
Una cumbre que Carlos ha alcanzado por sus propios medios (lógicamente utilizando oxígeno, a partir del campo III), mostrando estar a su edad en una gran forma física y, sobre todo, tener una gran motivación y fuerza psicológica para superar todos los problemas previos a una expedición complicada que ha tenido que afrontar con muy poco apoyo económico, pagándola con su dinero.
Este es el relato que nos envía el equipo de Carlos Soria:
En la cima del Manaslu (8163 m) «El sueño se hizo realidad»
El pasado 26 de septiembre, sobre las cinco de la madrugada, con las primeras luces del alba, Carlos Soria, acompañando de Mikel Sherpa, Nima Sherpa, Phurba Sherpa, el cámara Luis Miguel Soriano y apoyados desde el campo base por Pedro Mateo, alcanzaban los 8163 metros del Manaslu.
El día de cima fue una jornada muy larga y exigente que comenzó realmente en el campo II, a 6400 metros de altura. Desde aquí el equipo partió hacia el campo III, a 6800 metros. En este punto permanecieron unas horas descansando para continuar la ascensión, sobre las 4:30 pm.
Por delante se presentaba una etapa muy exigente de doce horas hasta la cima, desarrollada principalmente durante la noche.
Con las primeras luces del amanecer, todo el equipo llegaba a la cima.
50 años después de la primera ascensión española a un ochomil, Carlos Soria, con 86 años de edad, participante de esta primera expedición, rendía su personal y emocionante homenaje a todos los compañeros del Manaslu 1975.
El descenso fue tremendamente duro y extenuante. En el tramo más técnico y vertical, entre el campo IV y campo III Carlos se golpeó varias veces las piernas, castigadas por sus fracturas de tibia y peroné, en el Dhaulagiri y su prótesis de rodilla, lo que convirtió el resto de la bajada al campo III en una auténtica prueba de sacrificio y resistencia.
Al completar el descenso al campo de altura, se puso a disposición de Carlos Soria un helicóptero, para evitar que las lesiones pudieran convertirse en un grave incidente que pusiera en riesgo su integridad y la de sus compañeros.
El 27 de septiembre todo el equipo se encontraba a los pies de la montaña.
Esta expedición, más allá de los retos deportivos obtenidos, ascendiendo a la cima de la octava montaña más alta del mundo, ha supuesto una apasionante vivencia con un gran valor humano y emocional.
Queremos agradeceros, muy sinceramente, a todos los que habéis estado ahí, apoyándonos con vuestro ánimo. Esa fuerza y energía, que nos habéis transmitido, ha sido clave para poder dar cada uno de los pasos que nos han llevado hasta la cima del Manaslu.
¡Muchísimas gracias amigos!








