Desde hace unos días los Galayos, y todo Gredos, han amanecido con una neblina gris, quizá invisible para los ojos pero pesada y triste para los muchísimos amigos que deja detrás Ángel Rituerto Marrupe, fallecido el pasado viernes 14 de agosto.
Nos deja a los 76 años, tras una larga enfermedad, en la localidad abulense de Arenas de San Pedro, la misma que lo vio nacer un 5 de noviembre de 1949. Su sonrisa —tan habitual en su rostro— iluminaba esos riscos por los que no dejó de subirse desde que era un niño hasta hace bien poco, con una motivación con la que no pudo el paso del tiempo.
«El vínculo con la montaña y los escaladores de Arenas era muy grande, pero no teníamos los medios de los escaladores que venían de fuera», nos contaba Ángel en una entrevista que le hicimos para el Especial Galayos de la revista Desnivel nº 430, en junio de 2023.


Quizá no tenían los medios, pero nadie les rivalizaba en motivación, a él y a otros tantos jóvenes de la zona que, desoyendo las advertencias de sus padres, salían casi a escondidas de sus casas con las mochilas, los pantalones de pana recortados (imitando los bávaros de la época) y las botas de la mili a emular las hazañas de los grandes alpinistas que venían de Madrid.
Escaladores como Pedro Acuña, Francisco Brasas, Salvador Rivas, Antonio Pérez Ayuso o Carlos Soria, que al ver el tesón y arrojo de aquellos jóvenes, cariñosamente les apodaron «las arañas de San Pedro».
Ángel fue uno de los fundadores del Grupo Gredos en 1969, junto a compañeros como Tomás Mesón Juan Andrés Feliu, Manuel Burgos, Fernando Blázquez, Sebastián Alegría y otros, herederos de la anterior Sociedad Arenas de Gredos (1912) que demostraba el fuerte vínculo de los locales con sus montañas. Ángel ejerció además como presidente del Grupo desde 1985 hasta el año 2000, impulsando numerosas iniciativas y actividades.
Desde aquí siguieron protagonizando no solo sus propias escaladas, también la transmisión de la cultura y la pasión montañera a las nuevas generaciones. Especialmente Ángel fue el mentor de muchos jóvenes que se han sentido inspirados por su figura.
En el ámbito laboral, Ángel heredó de su familia la profesión de cantero, y siempre contaba orgulloso que su abuelo y su bisabuelo habían participado en la construcción del antiguo refugio del Rey, en Gredos, en tiempos de Alfonso XIII (que lo usaba para sus cacerías) y él mismo trabajó en la construcción del refugio Elola. También debemos a las curtidas manos de Ángel la placa bajo la estatua de la cabra en el Nogal del Barranco, así como tantos otros bellos trabajos realizados con el noble granito que tanto amaba.
Además de talentoso escalador, Ángel fue también un apasionado divulgador, plasmando las andanzas de su grupo de escaladores en libros como Crónicas de Gredos, que escribió junto a Juan Andrés Feliu, y participó también en la obra de este último: Arenas y Gredos (1913-2000). Volcó igualmente su enorme sensibilidad en el libro de poemas Soy de mi pueblo el paisaje.
De todos los de aquel grupo de jóvenes, quien más siguió escalando de forma incombustible durante toda su vida fue Ángel, gran conocedor de todos los rincones de Gredos y aperturista de incontables itinerarios, especialmente en riscos poco conocidos, muchos de ellos en los últimos años con su compañero Juan Pietro Castrejón. Y ha subido tantas veces al Torreón que, cuando iba por la número cien, dejó de contarlas.
Fue también monitor de la escuela castellanoleonesa de Alta Montaña y socio de honor de la RSEA (Real Sociedad Española de Alpinismo), a petición del GAM (Grupo de Alta Montaña). Allí donde lo llamaban, Ángel siempre estaba dispuesto a compartir su conocimiento a través de charlas y proyecciones de sus escaladas y filosofía.

Además de recorrer las principales cordilleras españolas, Ángel participó en expediciones más allá de nuestras fronteras, escalando en los Alpes, en Marruecos, en los Andes, en el Cáucaso el Himalaya o en el Pamir, entre muchas otras montañas a las que siempre acudió representando los valores más sólidos del montañismo, como el compañerismo y la honestidad.
Entre otros reconocimientos, recibió en 2018 el merecido galardón «Galayos Superación» en los Premios de Montaña Nogal del Barranco celebrados en Guisando. También en el año 2023 tuvo un reconocimiento especial por su trayectoria deportiva en la Gala anual de la Federación Castellano y Leonesa de los Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León. Y al año siguiente aceptó ser el pregonero en las fiestas de San Miguel, en Guisando.


Activo hasta que le quedaron fuerzas, el año pasado participó en el debate sobre los equipamientos de Galayos, compartiendo su tremendo conocimiento sobre la zona y su ética en defensa de la escalada limpia. Siempre participativo, él mismo quedó integrado en el Comité de Seguridad que se creó tras aquella reunión.
Pero el premio más grande que Ángel se lleva consigo es el del respeto, cariño y cercanía que recibió en vida de todo el que se cruzó en su camino y que no es más que la cosecha de lo que él mismo sembró. Las montañas de Gredos guardarán por siempre su memoria.












Una pena que se haya ido sin conocerle personalmente, aunque contacté con Ángel a finales del año pasado para pedirle información sobre el libro que acabo de publicar de la sierra de Gredos. Todo fueron facilidades y prometimos vernos cuando el libro viera la luz, o quizás antes si se animaba a acompañarnos en alguna de las cumbres que me faltaban por subir aún. En eso quedamos. Unos días antes del triste fallecimiento, un amigo común, Pepe Cordón, le escribió para ver si le venía bien quedar con nosotros para hacerle entrega del libro prometido en señal de agradecimiento. No recibió contestación y nos extrañó. Ahora sabemos el motivo. La idea era habernos visto el lunes, pero nos temimos lo peor cuando el viernes empezamos a ver noticias en las redes sociales. Fue un mazazo para nosotros, perdimos la oportunidad, teníamos muchas cosas en común y seguramente habríamos estado hablando durante horas sobre esa pasión compartida. Era un hombre querido al que sin conocerle voy a echar de menos.
Un gran tipo. Compartí con el y con su hermano Mariano varias escaladas en Galayos en los 80 y me reencontré con 35 años después. Sería igual de buena persona y enamorado de las montañas. Insustituible. Un gran abrazo a su familia.