El origen del sobrenombre de “Hippie” de Juan José Andújar simboliza su forma de afrontar las dificultades: transformó un mote que utilizaban para atacarle y menospreciarle en un término poderoso con la que sentirse identificado.
Sobre su “método actitud”, que expuso en su primer libro Actitud, el arte de escalar, reconoce que es poco metodológico. Su origen fue más bien una catarsis tras una etapa de crisis personal en la que comienza con las prácticas de las artes marciales, cuya filosofía aplicó al mundo de la escalada. «Empecé a escribir lo que a mí me gustaría leer, que no encontraba en otra parte», explica.
Aquel primer libro, que realizó con la imprescindible colaboración de su amiga Elena Romero –Hippie es muy consciente de que todo es producto del esfuerzo colaborativo– tuvo muy buena acogida. La gente le abordó con nuevas cuestiones que le había suscitado su lectura y esta responsabilidad le llevó a afrontar su segundo trabajo: Máxima Actitud.
Para su segundo libro profundizó en temáticas relacionadas con la neurociencia, el miedo y otros aspectos que pudieran servirle para dar respuestas a las muchas preguntas que le fueron surgiendo. Acudió a escaladores reconocidos para explicarles sus ideas y se encontró con que muchos de ellos estaban en sintonía con su pensamiento y accedieron a colaborar. Así, en este segundo libro participaron voces muy reconocidas en el mundo de la escalada como Adam Ondra, Alex Honnold, los hermanos Pou, Carlos Suárez o Marta Jiménez, entre otras.
De nuevo transcurrió otra etapa vital, esta vez sufrió una crisis generada principalmente por la violencia sufrida por la comunidad escaladora de su entorno, a raíz de distintas experiencias. También tuvo un accidente de escalada que le llevó a estar parado unos meses, un periodo que le llevó al descanso obligado y con ello a la reflexión: «Mi trabajo se había centrado hasta ahora en cómo mejorar uno mismo, en cómo ser mejor en mi escalada, que no dejaba de ser algo egoísta». Se puso a pensar entonces en cómo aportar algo no tanto a nivel personal sino a la comunidad escaladora.
En este nuevo proceso le influyó mucho la editora y escaladora Pati Blasco, responsable de revisar sus manuscritos, que también es instructora de los talleres «comunicación no violenta». De aquí surgió la idea de escritura de Samuráis de la escalada, con la figura arquetípica del samurái que simbólicamente le conecta con los valores de sinceridad, justicia, valor… Su intención es más dar un mensaje de esperanza y no tanto como una propuesta metodológica para mejorar en la escalada.
«Seguro que hay cosas que puedes hacer para mejorar en tu escalada, pero sin duda lo que seguro que puedes hacer es ser más empático, más generoso, tener una comunicación más asertiva, recibir las cosas que llegan con otra disposición… y en eso es lo que estamos ahora».
Hippie reconoce a Arno Ilgner y su Guerreros de la roca como una de sus fuentes de inspiración inicial, que con los años sin embargo fue transformando, adaptando los conceptos de ese libro, que en su opinión son demasiado occidentalistas, a una visión más vinculada a las artes marciales: «La figura de samurái que yo defiendo, la que recibo de mis maestros, es muy distinta a la del guerrero que tiene que “combatir” el miedo. El samurái que yo aspiro a ser es un hombre sensible, que acoge sus emociones, que las transita, que necesita acompañamiento…».
Según explica, es precisamente esto lo que él ha buscado con su último trabajo: «Crear modelos socialmente funcionales para que tanto a pide de vía como en el bar o en cualquier lado… puedas aportar a los demás».
«Uno de los conceptos que abordo en Samuráis de la escalada es e “ukemi”, que traducido literalmente sería “recibir con el cuerpo” pero yo lo trasladado a tres palabras, que son recibir, aceptar y transformar. También diferencio entre la agresividad y la violencia. Lo primero es un instinto primario que todos necesitamos, pero la violencia es una decisión consciente que tomamos, y hay muchos tipos, por desgracia muchas están tan normalizadas que cuesta reconocerlas, pero creo que hay que empezar a visibilizarlas, a combatirlas de una forma amable, asertiva, pero agresiva.
Y esto es algo que nos enseña “ukemi”: cuando te llega algo que no te gusta, la recepción es inevitable, pero tienes que hacer el trabajo de aceptar y luego de transformar. Por ejemplo, cómo puedo transformar yo un intento de agresión, a través de la creatividad, en algo que quizá pueda hacerle sonreír, o pueda abrir un debate, o pueda hacer que aprendamos algo… al final es convivir. Esto me conecta con la anécdota de mi nombre de la que hablaba al principio de todo. Esta es la gran lección que yo trato de aportar, esa transformación que creo que es necesaria».









