ENTREVISTA

Eduardo Strauch: «Vencer el tabú de comer carne humana fue una de las decisiones más difíciles de mi vida: era vivir o morir»

Eduardo Strauch, superviviente del accidente aéreo de los Andes (1972), nos transmite en esta entrevista sus vivencias de aquellos terribles días. También, lo mucho que aprendió a lo largo de aquellas jornadas en que su «cuerpo estaba totalmente preso, mientras su mente se sentía libre».


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Esta conversación la mantuvimos con Eduardo Strauch antes del acto que tuvo lugar en la Librería Desnivel en el que firmó ejemplares de su libro Desde el silencio a cientos de admiradores llegados desde los puntos más diversos (y lejanos) de nuestra geografía. Imposible describir la admiración y el interés que despierta Eduardo entre tantas personas que han encontrado en él, y la historia de los supervivientes del accidente de los Andes de 1972, muchos elementos de motivación e inspiración.

Este sábado 26 octubre dará una conferencia en Potes (valle de Liébana, Cantabria). La entrada es libre hasta completar el aforo. El domingo 27 mantendrá, en la Posada de Cabañes (también en el valle de Liébana), un encuentro reservado a un pequeño grupo de personas en el que aún quedan unas pocas plazas disponibles.

En esta entrevista con Darío Rodríguez —director de Desnivel—, Eduardo Strauch relata cómo fue el accidente y aquellos 72 días que siguieron. También profundiza y reflexiona en las duras decisiones que tuvieron que tomar para sobrevivir.

La historia es bien conocida: un grupo de jóvenes uruguayos, alegres, deportistas (la mayoría formaban parte de un equipo de rugby) sufren un accidente aéreo en el que logran sobrevivir, tras 72 días a casi cuatro mil metros y teniendo que tomar decisiones muy duras, 16 personas.

«¿Cómo pudimos sobrevivir a esas temperaturas tan brutales?»

Estas son algunas de las ideas que Eduardo nos transmite en la entrevista:

«Hasta el día de hoy no sabemos por qué tuvo lugar el accidente. Todo lo que ocurrió lo recuerdo como si fuera hoy…»

«¿Cómo pudimos sobrevivir a esas temperaturas tan brutales? Pasamos aquella primera noche casi en mangas de camisa… Muchos médicos y científicos no encuentran explicación al porqué sobrevivimos».

«A lo largo de los 72 días hubo momentos espantosos… Aquellas primeras horas fueron las peores… oyendo los gemidos de los heridos y moribundos…»

«Soportamos esa primera noche, esos primeros días, pensando que serían dos o tres, que nos vendrían a rescatar… Día a día fuimos inventando cosas para sobrevivir. Con las chapas de aluminio que poníamos al sol conseguimos hacer agua…»

«Fuimos desconectando de la civilización, adaptándonos a vivir de una manera distinta…»

«Al décimo día nos enteramos de que habían suspendido la búsqueda. Aquello fue un tremendo mazazo. Supimos que estábamos solos, olvidados, y empezamos a desconectar con la realidad de la civilización esperando el momento adecuado para intentar salir…»

«Nos dimos cuenta de que los conflictos entre nosotros —que los hubo al principio— eran muy peligrosos. Sin que nadie lo indicara, todos nos fuimos dando cuenta de que un conflicto era malgastar energía y podía ser un caos para todos…»

«No podíamos entristecernos cuando perdíamos a un amigo, pues si caías por la pendiente de la depresión, de la desesperanza, podías morir… lo que le pasó a más de uno».

«Día a día notamos que nuestras mentes comenzaban a funcionar más lentamente, que no estábamos al 100%».

«Vencer el tabú de comer carne humana fue de las decisiones más difíciles de mi vida y a la vez de las más fáciles: era vivir o morir…»

«Varios empezamos a pensar de dónde podíamos sacar proteínas… intentamos con los cinturones, del cuero… Poco a poco varios llegamos a la conclusión de que la única manera posible era del cuerpo de los muertos lo que fue una idea al principio horrorosa. Tu mente la rechazaba. Ese tabú, que hubo que vencer, fue todo un proceso que a algunos les costó más que a otros…»

«A mi me costó pero, una vez que vencí el tabú, me sentí hasta orgulloso de haberlo vencido. Fue de las decisiones más difíciles de mi vida y a la vez de las más fáciles: era vivir o morir…»

«Nos ofrecimos unos a otros como alimento. Fue un momento de gran emoción y solidaridad».

«Había que tomar la decisión rápido. Hicimos un conciliábulo dentro del fuselaje y nos ofrecimos unos a otros como alimento. Fue uno de los momentos más emocionantes y de más solidaridad de mi vida. Casi todos se convencieron con ese argumento… aunque hubo dos o tres que no se convencieron nunca… Quienes no lo aceptaron se fueron debilitando y muriendo».

«Nadie sabía quién iba a ser el alimento de quién. Así empezamos a vivir de esa manera… Los que quedamos vivos —luego murieron muchos más— nos ofrecimos unos a otros. Seguramente los que habían muerto antes también habrían hecho lo mismo».

«Mi cuerpo estaba totalmente preso y mi mente totalmente libre…»

«Viví un contraste brutal. En esos momentos de ese horror y sufrimiento físico viví, sin buscarlo, algunos de los momentos más placenteros y de mayor plenitud de mi vida. La mente se quedaba en silencio, sentía que se conectaba con el cosmos, con las montañas, que formaba parte de él. Sentía una tremenda paz que me cargaba de energía y de ganas de seguir».

«Es muy curioso vivir estas dos experiencias tan contrapuestas. Mi mente nunca fue tan libre y mi cuerpo nunca estuvo tan preso como en aquellos momentos en que no me podía mover más de 200 metros porque sufrí mal de altura».

Comentarios
2 comentarios
  1. Dicen los que han probado la carne humana, que sabe a pollo.

    Me gusta más la ternera, pero si no hay otra cosa, comería pollo.

  2. Difícil decisión al principio, pero fácil solución, que no tenían otra. Yo hubiera hecho lo mismo.
    Todo mi apoyo en esta cuestión a los supervivientes.
    Los pasajeros llevaban manga corta o camisa de manga larga, y muy poco abrigo, ya que venían de un sitio cálido.
    ¿Como vivieron a temperaturas bajo cero a cuatro mil metros, con menos oxigeno y sin ropa de abrigo? Esa respuesta me gustaría saberla. Una hazaña, sin duda, porque los milagros no existen.

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