Cumpleaños en la Librería Desnivel

Carlos Soria «Los 87 años están en el DNI no en mi cabeza»

Carlos Soria volvió a celebrar su cumpleaños en la Librería Desnivel, y esta vez con 87 años recién estrenados… y un “sexto” escalado esa misma mañana en el rocódromo. Entre risas y recuerdos, habló de ética y alpinismo, de familia y montañas que dejan huella, de cómo adaptarse a los límites sin dejar de disfrutar, y de una idea que lo resume todo: la edad puede estar en el DNI, pero no tiene por qué estar en la cabeza.


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La Librería Desnivel volvió a ser escenario de un encuentro muy especial: la celebración del 87 cumpleaños de Carlos Soria, una figura imprescindible del alpinismo español. Rodeado de amigos, compañeros de cordada y admiradores, Carlos respondió a preguntas que recorrieron toda una vida dedicada a la montaña, familia, entrenamiento, deporte y, sobre todo, a disfrutar cada momento que le ha dado la vida.

Con su humor habitual, recordó que ese mismo día había celebrado su cumpleaños escalando un 6a en el rocódromo. “Los 87 años están solo en el carnet de identidad; aquí y aquí no están”, dijo señalando la cabeza y el corazón. Y lanzó una de las ideas que vertebraron toda la conversación: vivir más tiempo es un regalo, porque la vida cambia para mejor y hay que aprovecharla.

«Nada es cómo antes, menos mal… «

Carlos hizo memoria de la España que conoció en su juventud: la posguerra, la escasez, la dureza de aquellos años. Frente a la tendencia a idealizar “los tiempos pasados”, defendió que hoy vivimos mejor, con más oportunidades y más medios, también en la montaña.

“Nada es como antes, y menos mal. Hemos mejorado en deporte, en economía, en todo. Hay que estar encantados de vivir el momento que vivimos.”

Su mirada rehúye la nostalgia paralizante: el mundo cambia, la montaña también, y lo importante es adaptarse sin perder valores, disfrutar el momento que te toca vivir.

«Lo único que no soporto es la mentira»

Uno de los momentos más contundentes llegó al hablar de la ética en el alpinismo. Para Carlos Soria, lo verdaderamente intolerable no es el estilo de cada cual, sino la mentira:

“Lo único que no soporto es la mentira: decir que has subido una montaña cuando no es verdad.”

Defendió que cada persona viva la montaña a su manera, siempre con respeto a la naturaleza y a las personas, y recordó que el alpinismo no es solo subir cumbres: es conocer los lugares, convivir con la gente, respetar su cultura. Contó cómo, en sus expediciones, han colaborado en reconstrucciones tras terremotos, apoyado escuelas y creado vínculos reales con las comunidades locales.

«Es posible, si se quiere, compatibilizar familia y montaña»

Carlos Soria desmontó otro mito: que la montaña es incompatible con la familia. Con naturalidad contó cómo conoció a su mujer, Cristina, en La Pedriza y cómo la vida familiar se organizó siempre alrededor del monte, incluso cuando no tenían coche y viajaban en autobús a Gredos con niñas pequeñas, cunas y mochilas.

“No es que no se pueda: se puede, hay que querer.”

Nunca obligaron a sus hijas a escalar; simplemente crecieron en ese ambiente, jugando en el río mientras los mayores escalaban, hasta que un día quisieron probar por sí mismas. Para Carlos, encontrar una pareja que comprenda y acompañe esa forma de vivir ha sido una de las claves de su trayectoria vital.

«El Dru ha sido la montaña que más me ha marcado»

Entre las cumbres que más le han marcado, Carlos recordó el Dru, su primera gran escalada en los Alpes, tres días en la pared con amigos, una experiencia clave. También habló del Dhaulagiri, una montaña con la que mantiene una relación intensa: “se ha portado muy mal conmigo”, confesó, pero sin rencor.

Compartió uno de los momentos más duros de su vida en el Himalaya: la pérdida de Pepe Garcés en la gran travesía del Dhaulagiri, y lo que supuso volver al campo base, recoger sus cosas y comunicar la noticia a la familia. Un relato sobrio, sin épica innecesaria, que recordó la cara más cruda del alpinismo.

«No voy a volver a los ochomiles»

Carlos habló con total naturalidad de su prótesis de rodilla: no es lo mismo que una rodilla sana, pero le permite seguir haciendo montaña con cuidado, usando bastones y adaptando el ritmo. Reconoció que hay cosas que ya no hace (como ciertas bajadas delicadas), pero dejó una idea potente: adaptarse no es rendirse.

Sobre los ochomiles, fue claro: ya no volverá a subir a 8.000 metros. No por miedo, sino por honestidad con el cuerpo y la edad. La montaña no se acaba en los ochomiles: hay infinitas cumbres más bajas donde seguir disfrutando.

La masificación del Himalaya: feo y peligroso, pero comprensible

Carlos abordó uno de los debates más actuales del alpinismo: la masificación en el Everest y el Himalaya. Reconoció que las colas en la cumbre son feas y peligrosas, especialmente si hay un cambio de tiempo, pero pidió una mirada más amplia:

  • Nepal es un país pobre y vive del turismo de montaña.
  • La montaña no se va a “romper” porque vaya mucha gente.
  • El verdadero problema ambiental está en otros lugares, como los mares llenos de plásticos.

Su mensaje no fue complaciente, sino realista: no podemos pedir a otros países que renuncien a vivir mejor cuando nosotros hicimos lo mismo.

Un consejo para los jóvenes: decidir por uno mismo

En uno de los momentos más bonitos del encuentro, un niño de 11 años le preguntó qué montaña subiría primero. Carlos respondió con sencillez: empezar por Peñalara, pero solo si le apetece de verdad.

Y dejó un consejo que vale para la montaña y para la vida:

“Haz lo que te apetezca a ti, no lo que te digan los demás. Y si alguna vez haces una tontería, lo importante es darte cuenta.”

Vivir como se sube: coherencia entre la montaña y la vida

Para Carlos Soria no hay dos mundos separados: lo que hace en la montaña lo aplica a la vida diaria y al revés. Comer bien, descansar, aprovechar el tiempo, disfrutar del camino. Su “deporte favorito”, como bromeó, siempre ha sido aprovechar el tiempo.

Después de 87 años, su mensaje no es de heroicidad, sino de coherencia vital: vivir con intensidad, con respeto, sin mentiras y con gratitud por el momento que nos toca vivir.

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