PROPUESTA PARA EL FIN DE SEMANA

Tres senderos para caminar al borde del mar: Coruña, Tarragona y Cádiz

Se acerca el calor, y con él las ganas de estar cerca del agua. Si bien aún no es época de baños sí lo es de pasear por las espectaculares costas que nos ofrece la Península. Para este fin de semana te proponemos tres: La ruta de las Algas, en Ortigueira; el camino de Ronda, en Tarragona; y la ruta del Tajo de Barbate, en Cádiz.

Autor: D. Munilla, R. López Monne, A. Rodríguez Revuelta | 1 comentario |
Comenzando la ruta de las Algas en la Playa de San Antón
Comenzando la ruta de las Algas en la Playa de San Antón

Ruta de las Algas. Ría de Ortigueira, A Coruña

En este lugar nace un océano y muere un mar. Un capricho de los mapas y de los geógrafos, y una excusa perfecta para venir a caminar entre las dos puntas de lanza que marcan el final del norte. Recorrer playas de fina arena blanca al pie de los acantilados; asomarse a miradores desde donde contemplar el arco de tierra entre el cabo Ortegal y el cabo Estaca de Bares y observar como faenan buscadores de algas y arriesgados percebeiros. Esto es lo que te espera en esta excursión.

La recortada costa de Ortigueira es un rincón salvaje que está todavía por descubrir para la mayoría. Saborear un trozo de empanada gallega frente al mar mientras las olas rompen sobre los acantilados inundando el aire de sabor a sal es sólo uno de los pequeños placeres que ofrece este lugar que, poca gente sabe, es la franja de tierra más antigua de la península Ibérica y la cuarta del planeta. Su roca fue la primera en emerger hace 1.150 millones de años; roca vieja que atrae a geólogos de todo el mundo.

Entre el granito negro se juegan la vida los percebeiros cada día saltando entre las agujas de Ortegal; viven de lo que atrapan sus redes pescadores de bajura y subsisten las buscadoras de algas, los naseiros y las redeiras. Aquí el mar da y quita razones, y no el tiempo, porque todo mira aquí al gran horizonte azul.

Aquí se puede pasear por playas de fina arena blanca al pie de los acantilados donde hay rocas que emergen de entre las olas formando agujas y arcos; asomarse a miradores desde donde contemplar todo el golfo entre el cabo Ortegal y el cabo Estaca de Bares ; o sentarse frente a trovadores de música celta que hacen sonar sus gaitas el segundo fin de semana de julio en el mayor de los eventos musicales de esta región, el Festival Internacional del Mundo Celta.

Los caminantes que han venido a buscar naturaleza en estado puro la encontrarán aquí sin aditivos ni edulcorantes artificiales. Ni rastro de hoteles a pie de playa ni de grupos de turistas de todo incluido, solo un lugar para conservar como está, si tú quieres. Os propongo un recorrido único por el noroeste del noroeste, por donde yo vivo.

Itinerario

Catorce kilómetros separan Porto de Espasante de la playa de Esteiro, principio y final, respectivamente, de nuestra excursión. Casi todo el camino está balizado con marcas de sendero de pequeño recorrido. El comienzo es fácil de encontrar: sólo hay que buscar la estatua de Antón. No esperemos encontrar la figura de un santo o un pescador, porque Antón es un cerdo. En todo el país San Antón está relacionado más o menos directamente con animales y, en especial, con cerdos. Pero en Porto de Espasante, la tradición ha llegado más lejos. Aquí, el santo es patrono de los cerdos, y cada año presta su nombre a un cochino que es cuidado y alimentado por los vecinos hasta bien entrado el mes de diciembre, cuando es sorteado coincidiendo con la lotería de navidad. No nos costará mucho encontrar a Antón… todo el mundo lo conoce.

Comenzamos a caminar por su derecha buscando la carretera de la costa que nos lleva directamente a la playa de… San Antón, naturalmente. Después, la siguen otras dos algo menores, Eiron y Bimbieiro, separadas de la primera por un caos de rocas que podemos evitar por tierra o por mar ya que con la marea baja, es posible caminar entre las tres. Las agujas (Aguillós) del Cabo Ortegal parecen surgir de entre las olas justo a nuestro lado.

Al final de la última playa encontraremos unas empinadas escaleras que escalan la ladera y que dan paso a un camino que entra en el monte poblado de pinos y “demasiados” eucaliptos. El camino nos deposita al borde del acantilado de nuevo. A nuestros pies se abre la playa de El Sarridal, a la cual descendemos por un tortuoso y estrecho sendero de hierba y arena. Quizás esta playa sea la más bella de toda la ruta, a pesar de que cuente con mucha y muy buena competencia.

La senda marcada da un rodeo para evitar la arena, pero esto es precisamente lo que nosotros queremos hacer, así que nos despegamos un rato de ella. Esta variante nos permite además contemplar la rareza geológica más interesante de la ruta: Penafurada, un doble arco de granito que surge en el mar hacia el final de la playa, donde ésta se convierte en un caos de grandes rocas y algas. En este lugar, donde es casi imposible continuar, encontraremos a nuestra derecha una cuerda que nos ayudará a remontar un par de metros en los que el camino ha quedado muy averiado, para después ascender por una pendiente que se pierde otra vez en el bosque. De nuevo entramos en los tupidos pinares que dan un ambiente muy especial. Los frutos de los abruños (endrinos) llamarán nuestra atención y si no lo hicieran, ya se encargarán de captarla sus ramas, enganchándose a la ropa o a la mochila.

En menos de un kilómetro el camino nos deposita de nuevo sobre lo alto del acantilado, en el mirador de Penafurada, que nos ofrece otra perspectiva del arco rocoso y, al fondo, la inconfundible silueta del cabo Ortegal. Los siguientes tres o cuatro kilómetros discurren próximos a la costa, pasando por entrañables muestras de arquitectura costera tradicional. De nuevo encontramos un mirador, el de O Coitelo, que toma el nombre de una característica roca que emerge de entre las aguas, varias decenas de metros más abajo, donde los acantilados de Loiba se muestran con todo su esplendor. Aquí hay que hacer parada y fonda y sentarnos en “The best bank in the world”… y quizá lo sea. No te digo más, hay que ir y verlo.

Apenas unos cientos de metros más adelante está el siguiente punto de interés de la excursión: el puerto de O Picón y su playa, donde se necesita echar mano de una grúa para depositar en el agua a las barcas de los pescadores. A todo este tramo se le conoce como Ruta de las Algas, por ser aquí donde las algueras recogen las algas que después transportan para abonar los campos. Esta práctica era mucho más habitual hace unos pocos años. De esta industria, que va camino de la extinción, toma su nombre la playa de Algueros. Para entendernos, es la que está en frente a un modesto y peculiar chiringuito que bien merece una parada después de casi diez kilómetros de continuas subidas y bajadas.

La ruta continúa por caminos que miran al mar y en los que a cada cambio de rasante tendremos la impresión de que la tierra se acaba. Lo predominante son las lomas de monte bajo tan habituales en la Galicia Atlántica, donde el rey es el toxo (tojo), pero también abundan las ericas (brezo) y xestas (retama). Llegando al final, el camino nos devuelve a un eucaliptal y finalmente a la carretera. Pero no hay que preocuparse, pues sólo caminaremos unos pocos cientos de metros por ella ya que rápidamente llegaremos al paseo de madera que cruza hacia la fantástica playa de Esteiro.

Aquí, un pinar y unos mínimos servicios turísticos en época alta nos dan la bienvenida. Nada de nada en cualquier otro momento del año. ¿Acaso no es la soledad, el silencio, el puro mar, el horizonte con la silueta del punto más al norte de la península Ibérica lo que hemos venido a buscar? ¿Acaso no era esa nuestra motivación, ver nacer un océano?

Ficha técnica

Situación: Ría de Ortigueira. Norte de A Coruña.

Partida: Porto de Espasante.

Llegada: Playa de Esteiro.

Distancia: 14 km.

Desnivel: 300 m.

Dificultad: Fácil.

Cartografía: Hoja 2-III del IGN. 1:25.000.

Qué ver: El puerto fenicio de Bares y el Museo Ortegalia. Y no te pierdas los cabos Ortegal y Estaca de Bares. Si tienes más tiempo, visita San Andrés de Teixido y el mirador de A Garita da Erbeira en Cedeira.

Información: Se puede obtener más datos de esta excursión y de otras por la comarca en la web. También en la página del Club excursionista Acivro.

Información turística: Web del Concello de Ortigueira

Logística: La ruta es lineal. Regresar sobre los pasos la convertiría en un poco larga. Se necesita pues combinar dos automóviles o recurrir a un taxi.

Antonio Rodríguez Revuelta

Camino de Ronda. Tarragona

De forma casi milagrosa, un tramo de la costa al norte de la ciudad de Tarragona se ha salvado de la urbanización. Son un puñado de kilómetros con bosques y playas que se han conservado más o menos tal y como los conocieron nuestros antepasados romanos que escogieron este lugar para fundar su primera ciudad en Hispania. Y para mayor regocijo, podemos disfrutar de este oasis caminando por el tradicional camino de ronda, escenario de historias de contrabandistas, piratas y pescadores. ¿Se puede pedir más?

En tiempos del poeta romano Lucio Floro, que vivió una larga temporada en Tárraco y la puso por las nubes en algunos de sus escritos, ésta era una de las ciudades romanas más importantes del Mediterráneo. Una alta consideración que debe agradecerse al mismo Julio César y a su hijo adoptivo, el emperador Augusto, que gobernó desde aquí el imperio, y también a Adriano, que casi un siglo después, en los años 122 y 123, residió también en la ciudad, probablemente en la lujosa villa de Els Munts de Altafulla, donde termina la excursión propuesta y que recorrer la costa desde el mismo corazón de Tarragona.

El itinerario pude empezarse en barrio marinero de Tarragona, el Serrallo, o bien, en la playa del Miracle, concretamente frente al fortín de la Reina. Desde aquí Floro contemplaba, probablemente, la actividad de los antiguos pescadores Tárraco. Detrás se levantaba la ciudad, con el templo de Augusto sobresaliendo por encima de la robusta muralla. Y enfrente, el mar Mediterráneo que posibilitaba un acceso relativamente rápido hacia Roma y el resto del Mare Nostrum. La ubicación privilegiada de Tárraco facilitaba la exportación de sus vinos y otros productos, y, en sentido inverso, la llegada de mercancías. Y sobre todo, el trasiego de legionarios, funcionarios, comerciantes, artesanos…

Itinerario

Desde el fortín de la Reina se sigue el muro de levante hasta llegar a la primera línea del mar, justo en el punto donde la erosión ha creado un agujero y un puente de roca espectacular. Se gira a la izquierda, por debajo de un antiguo muro, buscando el mejor paso sobre las rocas, en dirección a la pequeña cala situado debajo del gran chalet de Mas Bonet. Se cruza la cala y se continúa por el sendero de ronda que recorre el perímetro de la propiedad para llegar ante una estatua de san Pablo. El camino más cómodo es el de la izquierda, se cruza un pequeño parque hasta llegar a la acera de la calle que haba en dirección a la playa de la Arrabassada.

En las rocas del extremo sur de la playa se encuentran indicios de una pequeña cantera romana. Se puede optar por cruzar la playa siguiendo el paseo o bien hacerlo por la arena. En el extremo norte se encuentra la valla del antiguo sanatorio de tuberculosos de la Savinosa. Hay que rodearlo hasta la vecina playa del mismo nombre. Aquí también se puede optar por caminar por la arena o ir por detrás de la playa. Un camino abierto recientemente arranca de media playa y lleva a la zona de los Morrots de la Savinosa.

Se puede cruzar este tramo rocoso por la primera línea de mar o por senderos interiores que confluyen en la pequeña y agradable playa de los Capellans. Se cruza y se continúa por el camino de ronda hasta la playa Llarga. Son casi tres kilómetros los que se deben recorrer por la arena hasta el extremo norte, la punta de la Creueta.

Un corto –pero interesante– tramo de camino empedrado, de construcción moderna, conduce a la punta donde se encuentra la cantera romana que muy probablemente abasteció la construcción de la tumba conocida ahora como la torre dels Escipions, junto a la antigua via Augusta.

Se deja atrás la cantera y se continúa por un sendero que sube entre los pinos hasta llegar al camino más marcado que transcurre por la costa. El camino de ronda del bosque de la Marquesa es público, pero el bosque y el resto de la finca pertenece todavía a la familia de la marquesa, que no cedió a las tentadoras ofertas que le hicieron para urbanizar este tramo de la costa. Se cuenta que frente a la sustanciosa oferta ella respondió que, si tuviera ese dinero, se compraría una finca como la que ya tenía.

Se pasa por la parte alta de la espectacular cala Fonda o cala del Arborçar (madroñal) encajonada entre los acantilados de arenisca, y se llega a un punto donde el bosque se estrecha y los algarrobos casi llegan a los acantilados. No muy lejos de aquí se encuentran las ruinas de Mas Grimau, con una interesante torre de protección contra los ataques piratas que durante siglos asolaron esta costas. Se deja el camino ancho y se continúa a la derecha por un sendero que lleva a la playa de Calabeig o de la Roca Plana. Los arqueólogos piensan que esta roca, que está a poniente de la playa, podría haber sido un embarcadero romano al servicio de la cantera del Médol.

Se continúa siguiendo el camino que desciende por el bosque. La referencia principal es la torre de la Móra. El camino de ronda tradicional que llegaba y salía de la torre pasa por el interior del actual camping. Un reciente acuerdo entre el Ayuntamiento y los propietarios permite cruzar el camping y acceder directamente a la playa de la Móra (el edificio que está junto a la torre fue en su día la casa de los carabineros encargados de la vigilancia de la costa).

En el otro extremo de la playa hay unas escaleras que suben hasta el paseo de ronda, construido cuando se urbanizó esta parte de la montaña de Sant Joan. Poco antes de llegar al final se deja el paseo y se continúa a la derecha por un sendero que baja en dirección a los acantilados y se bordean éstos hasta llegar a la pequeña y encantadora cala Jovera, con su islote, frente al antiguo y llamativo pueblo fortaleza de Tamarit. La cala Jovera fue en su día el pequeño puerto pesquero de la población y todavía se ven restos de los antigos almacenes.

Se rodea Tamarit por el interior y se baja a la playa homónima. Se cruza la playa por la arena, junto al camping, y mas adelante se encuentra la desembocadura del río Gaià. Se sigue por la playa en dirección a un montículo donde se hallan los restos de un bunker de la Guerra Civil. Enseguida se llega a las que fueron las casa de los pescadores de Altafulla.

Al final de la playa, poco antes de llegar a los restos de las termas romanas marítimas, un callejón a mano izquierda lleva directamente a la puerta del reciento arqueológico de la villa de Els Munts. Esta villa debió de edificarse durante el siglo I y se cree que estuvo ocupada hasta los siglos VI o VII. La riqueza de las estatuas, pavimentos, pinturas murales, mosaico y columnas que se han encontrado no dejan ninguna duda de que su propietario debía de ser muy importante. Se puede visitar (tel: 977 652 806).

Ficha técnica

Situación: Tarragona

Comienzo: Tarragona.

Llegada: Altafulla.

Longitud: 13 km.

Desnivel: Inapreciable.

Tiempo: 3 h 30 min.

Información: En la guía A pie por Tárraco. 10 paseos excursionistas, de varios autores, entre ellos, Rafael López Monne, se describe esta excursusión con mucha y muy interesante información histórica.

Cartografía: Camins del Camp-Costa Nord. 1:25.000. Ed. Piolet.

Retorno: Se puede retornar a Tarragona en tren.

Observaciones: Este es un recorrido muy indicado para hacerlo en invierno, en primavera y en otoño. En verano, las playas están llenas de bañistas y puede resultar muy caluroso.

Información turística: Oficina de turismo de Tarragona. Carrer Major, 39. Tel:977 250 795.

Rafael López Monné

Tajo de Barbate. Cádiz

Los acantilados de Barbate son los mayores de Andalucía occidental. Parapetados entre una masa compacta y fluorescente de pinos piñoneros, domados por los vientos de levante y poniente, y las cristalinas aguas del Atlántico, se levantan a pico 100 metros desde las mismas orillas de dos de las playas con más renombre de la costa gaditana: la playa de Yerbabuena y la mítica Caños de Meca.

Desde los alrededores de Barbate hasta Caños de Meca y tierra adentro hasta Vejer de la Frontera se extiende uno de los parques naturales menos extensos de Andalucía, el de la Breña y Marismas del Barbate. Es pequeño, sí, pero reúne hasta cinco ecosistemas diferentes: marino, acantilado, pinar, marismas y dunas. Pero si hubiera que destacar una de sus particularidades, ésta sería el impresionante Tajo de Barbate que, con más de 100 metros de altura, constituye el acantilado más notorio del Atlántico andaluz. En estos acantilados nacen manantiales de agua potable que vierten en pequeñas caletas. Son los conocidos caños.

Otro lugar característico del parque es el pinar de La Breña, un bosque plantado para frenar las dunas móviles que se ha convertido en el mayor pinar de Cádiz. El pinar se extiende hasta bordear el acantilado, donde el pino carrasco convive con bosquetes de sabinas y abundantes enebros.

Para conseguir una visión particularmente bonita de estos acantilados lo más adecuado es realizar un paseo en barco desde el puerto de Barbate, pero si uno tiene problemas con el mareo o sencillamente prefiere la tierra firme, entonces, lo mejor es conocerlo desde arriba, siguiendo el sendero de la Torre del Tajo.

Itinerario

El sendero comienza a los pies de la playa de Yerbabuena, desde un aparcamiento que hay junto a la carretera. Con barandas de madera y buen firme en su inicio, el camino va tomando altura hasta llegar a los pinares del Parque Natural de la Breña y Marismas de Barbate. El sendero pasa cerca de un antiguo molino que aprovechaba el agua dulce que discurre por el interior de los acantilados y que forman los caños. Las vistas en esta primera parte son abiertas y acompañan toda la subida -el desnivel más acusado de la ruta- hasta que se van cerrando por el bosque y concluye el ascenso. El pinar se hace denso y el sendero se torna arenoso, desvelando el origen dunar de la zona.

Al poco tiempo desembocamos en un amplio claro donde se encuentra la Torre del Tajo, una atalaya de vigilancia marítima construida en el siglo XVI por Felipe II para prevenir la llegada de corsarios berberiscos. También conocida como Torre de la Tembladera, es, con sus 14 metros de altura, la segunda más alta de la provincia de Cádiz y testigo del fatal desenlace de la Batalla de Trafalgar, cuyo escenario marítimo puede contemplarse asomándonos en los miradores a escasos metros de la torre. Aquí el acantilado es impresionante y su centenar de metros verticales provoca vértigo. Abajo las olas baten la base del tajo y los islotes de Piedra Aislá y la Roca de las Viudas. Hacia levante puede verse Barbate y su puerto, al frente la costa africana y a nuestra derecha Zahara de los Atunes y el mítico faro de Trafalgar.

El sendero vuelve al interior del pinar y tras llanear un rato comienza a descender progresivamente. La arena de la senda frena las piernas y el peor tramo llega en la bajada que comienza tras un cartel informativo de la recolección de piñas. En él averiguaremos que el bosque fue plantado a principios del siglo XX por los vecinos de la comarca, con el fin de poner freno al avance de la arena. Las ventanas al Atlántico se suceden a medida que descendemos. Una de las más vistosas es en la que se contempla desde una loma repleta de enebros marítimos -los mejores conservados del litoral de Cádiz. La senda desciende por los acantilados rojizos hacia la playa de Caños de Meca. La primera cala es accesible con cualquier marea, pero para acceder a la famosa Cala de las Cortinas, donde se forman pequeñas cascadas de agua dulce que caen desde el acantilado, tendremos que esperar a la marea baja. Otras calas como la Cueva del Cristo son accesibles desde la playa de Yerbabuena, también con marea baja.

Caños de Meca es famosa por estas calas y por el asentamiento de comunas hippies a final de los años sesenta que la han convertido en un icono, aunque es quizá más famosa por ser una playa nudista. El pueblo no es más que una hilera de chalets, restaurantes y pequeños hoteles que cierran después del verano.

Regreso

Para regresar al punto de partida podemos desandar el camino o tomar una ancha pista de tierra que parte de las últimas casas y subir por la amplia raya de arena que se interna en el interior del bosque. En la primera bifurcación hay que seguir a la derecha, y en la tercera a la izquierda para llegar a un aparcamiento desde el que parte el sendero que va directo a la Torre del Tajo. Descendiendo algo más de un kilometro por la carretera llegaremos a nuestro punto de partida. Si tomamos esta opción deberemos añadir algo más distancia a la ruta planteada, pero no mucho.

Ficha técnica

Situación. Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate. Costa atlántica de la provincia de Cádiz.

Punto de partida y llegada. aparcamiento en el límite este del parque.

Cómo llegar. Tomar la carretera A-2233, desde Barbate en dirección Los Caños. A unos 2,5 km del puerto de Barbate, en el punto kilométrico 19,5, se encuentra a nuestra izquierda una zona de aparcamiento, punto de inicio del sendero.

Población de referencia. Barbate.

Recorrido. 12 km ida y vuelta (un poco más si se opta por regresar por el interior).

Desnivel. 180 m.

Tiempo. 3 horas

Dificultad. Baja

Cartografía. hoja 1.073-IV del IGN. 1:25.000.

Alojamiento. hay numerosos hoteles, hostales y campings en Barbate, Caños y Zahara de los Atunes. Consultar: Tocamos puerto

David Munilla

Comentarios
1 comentario
  1. En Alicante, a pesar de la sobrexplotación urbanística, también tenemos unas cuantas excursiones interesantes por la costa. Por ejemplo esta: http://www.panoramicas360.net/senderismo -con-ninos-en-las-calas-de-benitachell-a licante/

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