Rutas para el fin de semana

Sendas costeras en primera línea de playa en Almería, Asturias y Castellón

Os proponemos caminar por un acantilado observando cómo agua y cielo se funden para formar la línea del horizonte, una experiencia que se convierte en única. Por fortuna, conservamos muchos tramos libres de urbanizaciones y carreteras en los que podemos comprobar que, en términos de excursionismo, el mar también existe.

Autor: Grandes Espacios | 1 comentario |
La sierra de Irta se hunde en el mar formando vistosos acantilados como este con la Torre Badum al fondo. Recorrido por los acantilados de Irta
La sierra de Irta se hunde en el mar formando vistosos acantilados como este con la Torre Badum al fondo. Recorrido por los acantilados de Irta

Os proponemos una selección de caminos al borde del mar, una pequeña selección de paseos en Asturias, Castellón y Almería como muestra de la variedad que hay en la Península.

Toda la selección de Grandes Espacios está en el número 193 que puedes conseguir en papel en la Librería Desnivel o digital en la web.

La costa de los bufones, Asturias

La costa asturiana tiene su extremo oriental en la ría Tina Mayor, que forma la desembocadura del río Cares-Deva, que hace frontera con Cantabria, y la desembocadura del río Eo, que hace frontera con Galicia. Son unos 345 kilómetros de litoral muy accidentado.

Toda la costa está recorrida por un camino apto también para ciclistas. Lleva el nombre de Senda Costera y forma parte del sendero de gran recorrido europeo E9 que recorre teóricamente toda la costa Atlántica, desde Braniewo, en la frontera de Rusia, hasta Finisterre en Galicia. En los meses de verano la senda es recorrida por cientos de peregrinos, pues por ella transita el Camino de Santiago del Norte.

La Senda Costera ha tenido en Asturias un desarrollo desigual. Mientras en algunas zonas urbanas y semiurbanas se ha reconvertido la línea del acantilado en paseos de hormigón para el gozo de un determinado público, en otras se han aprovechado los viales agrícolas tradicionales, se han desbrozado sendas casi perdidas o se han abierto caminos lo más cerca posible a la línea de la costa pero respetando el entorno natural.

Más allá de estas consideraciones, la realidad es que la Senda Costera permite recorrer playas, cabos y acantilados de una costa rica en paisajes y naturaleza. Por otra parte, la multitud de accesos rodados a pueblos y playas que entroncan con el camino permiten al caminante planificar una ruta a la altura de sus gustos, del tiempo de que disponga y de su capacidad física. A estas ventajas hay que añadir que es ideal para recorrer en cualquier época del año, y en especial cuando el frío y la nieve nos alejan de las cimas y la alta montaña.

Es difícil elegir sólo un tramo de la Senda Costera; todos tienen algo sorprendente que enseñar. Para esta ocasión hemos seleccionado el tramo que recorre la rasa costera llanisca, una estrecha franja de entre cinco y siete kilómetros cerrada al sur por la sierra del Cuera, con un extraordinario paisaje kárstico que ha dado lugar a formaciones geológica muy curiosas y raras.

Itinerario

Nuestro recorrido por esta parte del GR-E9 comienza hacia el este en el pueblo de Buelna. Decimos bien, porque aunque nuestro rumbo marca el oeste, hacemos una pequeña trampa para visitar la playa y la cueva de Cobijeru. El lugar merece este prólogo. La playa interior de Cobijeru, también llamada de las Acacias, es una dolina que se inunda con la marea alta. Pariente geológica de la más famosa playa de Gulpiyuri de Naves, es quizá todavía más bonita que aquella por el pequeño bosque de acacias que la rodea parcialmente, y que en otoño da un aspecto muy particular a este rincón.

Junto a la playa, en dirección al acantilado, se abre la cueva de Cobijeru, de muy fácil acceso. Es una cueva que se puede visitar libremente si se lleva iluminación (atención: la luz de la pantalla del teléfono móvil no es suficiente) y tomando unas precauciones básicas. Después de un corto recorrido nos encontraremos en una sala al borde del acantilado con las olas rompiendo en el interior de la cueva. La visita nunca deja indiferente.

Tras la visita al entorno de Cobijeru retornaremos a la senda en dirección a la playa de Buelna, una cala de arena finísima presidida por un pequeño islote.

Desde allí continuaremos por una cómoda pista de tierra en dirección al pueblo de Pendueles, donde pasaremos junto al palacio Indiano de Santa Engracia, ejemplo de la llamada Arquitectura del Hierro. El palacio albergó un hospital durante la Guerra Civil, siendo abandonado posteriormente, hasta llegar a un estado ruinoso. Actualmente está siendo reconstruido.

La Senda Costera abandona Pendueles en dirección a la playa de Vidiago o de los Bretones, a la que llegaremos tras un kilómetro de cómoda pista accediendo por la pasarela sobre la riega de Nogales. La playa, de arena muy fina, presenta su mejor cara durante la marea baja, quedando reducida a una pequeña franja en la pleamar.

Desde aquí la senda nos acerca al pueblo de Vidiago pero no entra en él. Al caminante no le quedará más remedio que desviarse si desea probar el famoso queso cuadrado de Vidiago. El queso de Vidiago pesa alrededor de un kilo por pieza. Es un queso de elaboración artesanal que ha ido ganando prestigio con los años. Tiene un sabor suave, típico de los quesos de nata, y cremoso al paladar, con cierto regusto y aroma a mantequilla. En fin, que es mucha recompensa para el poco esfuerzo que exige el desvío.

Continúa la senda perfectamente señalizada apartada unos cientos de metros de la línea del acantilado, permitiéndonos en nuestro recorrido disfrutar del paisaje kárstico de la rasa costera llanisca y de la línea de cimas que la sierra del Cuera dibuja a nuestra izquierda.

Nuestro destino, el campo de bufones de Arenillas, se aproxima. Los bufones son sin duda los elementos más interesantes y atractivos de los que componen el paisaje kárstico de la rasa costera llanisca. Son túneles que se forman en los acantilados por la disolución de la roca caliza a través de los cuales penetra el oleaje. Si éste es muy fuerte, el agua sale en forma de surtidor por encima de los acantilados formando penachos parecidos a los geíseres. Los vecinos de Llanes los llaman resollo o soplaos, si a través de ellos sólo sale el aire emitiendo fuertes sonidos; borbollos cuando se puede oir el agua “hirviendo” y bufones cuando sale un surtidor de agua al exterior. Tradicionalmente se ha utilizado el sonido de los bufones como indicador metereológico, y un refrán dice que “Cuando sientas sonar el pozo Pría, coge leña para otro día”. Naturalmente, es durante los temporales cuando los bufones alcanzan su mayor espectacularidad, escupiendo chorros de agua a decenas de metros de altura acompañados de un tremendo bufido.

Los mejores bufones de la costa asturiana están en Pría, Santiustre y, sobre todo, en Arenillas, donde está una de las mayores concentraciones de bufones de la costa cantábrica. Por este motivo la zona fue declarada en el año 2001 monumento natural dentro de la red de espacios protegidos del Principado de Asturias. Sólo nos queda apelar a la suerte y que el oleaje nos permita disfrutar de este espectáculo de la naturaleza. Eso sí, siempre tomando unas mínimas precauciones.

Ficha técnica

Situación. Oriente asturiano

Comienzo. Localidad de Buelna.

Llegada. Bufones de Arenillas.

Longitud. 16 km.

Desnivel. Inapreciable.

Tiempo. 4 a 5 h. 

Cartografía. Hojas 32-III y IV del IGN. 1:25.000. 

Información. En la guía Costa Oriental de Asturias: 11 excursiones geológicas por sus playas,acantilados, cuevas y bufones de Luna Adrados.

Información turística. Oficina de turismo de Llanes. Tel: 985 400 164

Retorno. Es necesario combinar coches. Aunque el FEVE va casi paralelo a la ruta, no hay estaciones ni en Buelna ni en Puertas, la localidad más cercana a los bufones de Arenillas. Los ciclistas no tienen ese problema pues pueden regresar por el mismo camino completando una ruta de algo más de 32 km. 

Observaciones. En caso de marejada hay que presenciar el espectácuo de los bufones a cierta distancia, ya que los surtidores de agua arrastran arena y piedras. Además, por la zona hay que transitar con precaución ya que el terreno está lleno de grietas y agujeros, algunos de ellos cubiertos por la vegetación.

Acantilados de Irta, Castellón

El último tramo de costa sin edificar desde Francia hasta Almería. Así se presenta en muchos textos al Parque Natural de la Sierra de Irta, una sierra situada en la comarca castellonense del Baix Maestrat que conserva un paisaje mediterráneo prácticamente virgen.

La alineación montañosa discurre de norte a sur paralela al Mediterráneo, alcanzando una altura máxima de 572 metros en el pico Campanilles. Desde esta atalaya se ven en días claros el delta del Ebro, las islas Columbretes e incluso el golfo de Valencia y el cabo de San Antonio. Las laderas descienden de forma suave hacia el mar, y durante unos trece kilómetros de costa prácticamente inalterada se suceden acantilados, pequeñas calas, y playas de cantos o de arena. Todo ello sin encontrar apenas construcciones, a pesar de la presión urbanística ejercida durante años tanto desde el extremo norte del parque en Peñíscola como desde el extremo sur en Alcossebre.

La vegetación del parque es típicamente mediterránea, con un estrato arbustivo en el que abunda el palmito, única palmera autóctona europea, la coscoja, las jaras o el lentisco, y plantas aromáticas como el romero o el tomillo. Junto al mar encontramos especies más adaptadas a este ambiente como el hinojo de mar o la saladilla, endemismo exclusivo de la sierra de Irta, conservada en una de las dos microrreservas del parque, cerca de la Torre Badum. En cuanto al arbolado, hay importantes manchas de pino carrasco que van sustituyendo a la carrasca y que poco a poco van colonizando antiguas zonas cultivadas.

En cuanto al patrimonio histórico, se pueden visitar en el parque los castillos de Pulpis y de Xivert, ambos con origen en los siglos X-XI, en un aceptable estado de conservación, y las torres vigía de Badum y de Ebrí. Al norte y sur respectivamente, en ambos extremos de la sierra, las ermitas de Sant Antoni, y la de Santa Llúcia y Sant Benet permiten disfrutar de unas vistas privilegiadas. Además encontraremos construcciones de piedra en seco como bancales, casetas, pozos o fuentes, y restos de corrales que nos hablan de la visita de ganado trashumante hasta no hace demasiados años.

Por último, cabe destacar un fenómeno curioso que se da en el parque: debido a la naturaleza caliza de las rocas de la sierra y a su cercanía a la costa, no aparecen aguas superficiales en el interior, salvo alguna pequeña fuente o manantial. Sin embargo, el agua infiltrada de las precipitaciones brota en surgencias o manantiales de agua dulce en la orilla del mar en varios lugares del parque: la base de los acantilados de Torre Badum, la playa del Pebret o la zona de Las Fuentes.

Itinerario

La excursión que proponemos recorre toda la costa desde la cala Volante en Peñíscola hasta el faro de Alcossebre. Para encontrar el punto de partida iremos hacia el Parque Natural de la Sierra de Irta, y a unos 3,5 kilómetro aparcaremos el coche en la entrada de la pista que va a la Torre Badum y la playa del Pebret.

En pocos minutos, tras dejar atrás las últimas construcciones, avistamos las primeras calas y la pista comienza a elevarse en el único tramo de subida de toda la ruta. No tardamos mucho en distinguir la silueta de la Torre Badum, situada estratégicamente en lo alto de unos acantilados que tienen una altura de unos cuarenta metros, lo que los convierten en los segundos más altos de la Comunidad Valenciana. De origen árabe aunque reedificada en el siglo XVI, esta torre formaba parte del sistema de torres litorales que se ocupaban de vigilar y defender la costa de las constantes incursiones de piratas berberiscos. El contacto visual con el castillo de Peñíscola y con la otra torre vigía del parque, la Torre Ebrí, facilitaba estas funciones.

Tras un pequeño zig zag en bajada, y un corto recorrido en el que es recomendable acercarse de vez en cuando a los acantilados para ver las cuevas formadas por la erosión, llegaremos a los dos únicas playas de arena con cierta entidad del parque: la playa del Russo y la playa del Pebret. Junto a esta última encontramos los restos de un cuartel de carabineros, que hasta mediados del siglo XX controló el contrabando en la zona.

En la playa del Pebret abandonaremos la pista y continuaremos el recorrido durante aproximadamente un kilómetro junto al mar, en un tramo en el que encontramos una de las pocas zonas de dunas de la provincia.

De nuevo en la pista, en pocos minutos llegaremos a la playa de Irta. En ella, los cantos redondeados de diverso tamaño y los restos de conchas marinas sustituyen a la arena.

A partir de aquí la costa dibuja un suave arco hasta la playa de la Basseta, y tras un pequeño tramo en el que la pista se separa un poco de la costa, llegamos a la cala Argilaga, zona adaptada para la visita, y en cuyas inmediaciones se encuentra la segunda microrreserva de flora del parque.

Llevamos recorridos aproximadamente unos nueve kilómetros, y hasta este punto la excursión la hemos podido realizar andando o en bicicleta de montaña (salvo la zona de dunas del Pebret). A partir de aquí, la pista se separa de la costa y discurre entre pinares hasta el faro de Alcossebre. Si vamos a pie, nuestra propuesta es continuar el trayecto pegados a la costa. Para ello, recorreremos la pequeña cala Argilaga hasta su extremo sur, y en el punto donde acaba la playa de cantos buscaremos una subida al pequeño acantilado. Una vez arriba, encontraremos una senda que, pegada al mar, pasará en pocos metros junto a un vértice geodésico.

Después de dejar atrás la pequeña cala Cubanita llegaremos a los dos únicos bloques de apartamentos que “rompen” el paisaje en toda la excursión. Siguiendo la senda, en poco más de media hora llegaremos al faro de Alcossebre. Si esperamos encontrar el típico faro cilíndrico nos llevaremos un chasco, pues se trata de una torre de formas futuristas. En este último tramo podremos comprobar como el viento marino ha dado a los pinos forma de bandera. Antes de llegar al faro, sólo nos quedará disfrutar de los pequeños acantilados y de la pequeña y preciosa playa de cantos del Serradal.

Ficha técnica

Situación. Confluencia de los municipios de Peñíscola, Santa Magdalena de Pulpis y Alcalá de Xivert. Comarca de El Baix Maestrat. Provincia de Castellón.

Partida. Urbanización Font Nova (a 3,5 km al sur de Peñíscola)

Llegada. Alcossebre.

Longitud. 13 km.

Desnivel. 70 m. 

Tiempo. 4 h.

Observaciones. Todo el recorrido se puede hacer en bicicleta por la pista que recorre la costa y que se utiliza en gran parte por el itinerario a pie descrito aquí. Si se hace en bici el retorno no es un problema, pero caminando, se puede hacer un poco largo por lo que habrá que contar con el apoyo de un vehículo en Alcossebre o recurrir a un taxi.

Cartografía. Hojas 571-IV y 594-II del IGN. 1:25.000

Información. Centro de visitantes del Parque Natural (avda. de la Estación km 1,5. Peñíscola). Tel: 964 467 596; serra_irta@gva.es; www.parquesnaturales.gva.es (el parque natural de la Serra de Irta es el punto situado en la costa más al norte).

Información turística. La web de turismo de Peñíscola tiene un práctico buscador de alojamientos e información sobre muchos aspectos de esta bella ciudad mediterránea. También resultará útil la web de Alcossebre.

Calas y arrecifes del cabo de Gata, Almería

En el entorno del Cabo de Gata se han rodado infinidad de películas, cortos y anuncios publicitarios. ¿Será porque es el lugar de Europa con mayor número de horas de sol al día? ¿Será porque es uno de los territorios más fotogénicos de España? ¿Será por su privilegiados 18 grados de temperatura media anual? Será…

En lo que hay consenso es en que el Parque Natural Marítimo Terrestre del Cabo de Gata reúne méritos para ser uno de los espacios naturales españoles con mayor número de figuras de protección, tanto de carácter natural como cultural: además de parque natural, es reserva de la biosfera, geoparque, está incluido en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, está en la Red Natura 2000, es Zona de Especial Importancia para el Mediterráneo

El caso es que el parque del Cabo de Gata es un territorio único en Europa, con un aspecto que mezcla la aridez de los desiertos africanos, con la naturaleza volcánica de las Canarias y los acantilados de las Azores. Son precisamente esos acantilados el objetivo de la ruta que proponemos entre la población de San José y el cabo que da nombre al parque. Es una excursión de 17 kilómetros que pasa por las calas y los cantiles más interesantes del espacio protegido. La elección del sentido de la marcha no es casual. La orientamos hacia el oeste para llegar al cabo de Gata cuando el sol se está poniendo. Ver el crepúsculo desde allí es casi un rito, ya que es uno de los pocos lugares del parque donde puede verse el sol sumergiéndose en el mar.

Itinerario

Nos dirigimos al mirador Josefina Huertas de San José, localidad costera que se encuentra a unos 40 minutos de la capital almeriense. El mirador está pasado el cuartel de la Guardia Civil. Allí comienza un sendero que va paralelo a la costa hasta la gran playa de Genoveses. Al final de la playa se levanta el Morrón de Genoveses de modo que hay que abandonar la arena para subir por un sendero hasta el collado de Genoveses y de allí al Morrón, un estupendo mirador para tomar medidas a la bahía. Regresamos al sendero para continuar hacia el sur. En breve llegaremos a un cruce. Tomamos el camino de la izquierda para descender hacia las calas del Barronal, donde la morfología volcánica se muestra en todo su esplendor. El camino baja directamente a la segunda cala. Hasta la cuarta se puede ir por la orilla pero después hay que abandonarla y subir para seguir por un sendero muy aéreo. Después podremos bajar a la séptima cala por una duna. Esta cala tiene abundante barrón, la planta que da nombre al cerro y las calas.

Para continuar hacia Mónsul hay que ir por el sendero rodeado de pitas que nos llevará directos a la Duna Rampante de Mónsul, y de ahí a la playa del mismo nombre. Es fácil visitar las calas intermedias que hemos ido saltando en el camino, pero es el tiempo que queda hasta el ocaso el que marca el ritmo.

Desde Mónsul, nos quedan por visitar tres calas importantes antes de empezar la subida hacia la torre de la Vela Blanca. La primera es la preciosa ensenada de La Media Luna, a la que llegamos bordeando la montaña desde Mónsul por el interior. Al final de ésta es preciso salvar un tramo por la roca y, después, por una bonita vereda un poco elevada, para llegar a una cala sin nombre conocida por muchos como Cala Escondida. Desde este recóndito rincón, saltaremos a la cala Carbón.

Comienza la parte más esforzada de la ruta; la que nos conducirá a la torre vigía de la Vela Blanca. Para ello, o bien vamos por la pista de la cala Carbón retrocediendo hasta el camino principal de San José, o subimos directamente por el sendero de la Vela Blanca, un sendero botánico de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía. La subida es larga pero merece la pena ya que desde la torre veremos todo el recorrido que hemos dejado atrás y lo que aún nos queda hasta el faro del Cabo de Gata.

Comenzamos el descenso por el camino asfaltado. Después de muchas curvas, encontramos una barrera abierta, y a su izquierda un camino que baja a cala Rajá. Si en este punto nos desviamos a la izquierda, podremos ver de cerca el arrecife del Dedo, y andando un poquito más la espectacular mole de bentonita conocida como Vela Blanca.

Regresamos al camino asfaltado en dirección al faro, pero antes de llegar hay que desviarse para conocer un lugar salvaje y excitante: la Punta Baja. Si en Irlanda del Norte tienen la Calzada de los Gigantes, en Cabo de Gata tenemos el domo volcánico de Punta Baja, con sus espectaculares columnas de basalto de las que se extrajeron muchos adoquines que cubren las calles de ciudades andaluzas.

Nos quedan menos de 500 metros para llegar al faro del cabo de Gata, donde está el mirador del arrecife de Las Sirenas. El arrecife esta formado por numerosos escollos volcánicos que sobresalen del mar como colmillos y que en el pasado albergaron una colonia de focas monje. Sus vocalizaciones, convertidas en cantos de sirena por la imaginación popular, dieron nombre a los arrecifes. El faro, construido sobre la plataforma del antiguo fuerte de San Francisco de Paula, está vallado y sólo se puede visitar con un permiso que se consigue en el puerto de Almería. A su derecha, está la cala más grande de la zona, la cala del Corralete.

Ficha técnica

Situación. Parque Natural del Cabo de Gata- Níjar. Sur de la provincia de Almería

Inicio. San José.

Final. Cabo de Gata Distancia. 17 km (sólo ida).

Desnivel acumulado. 450 m de subida y 170 de bajada.

Dificultad. Media-alta. Tiempo. 6 h.

Observaciones. Antes de hacer esta excursión es muy conveniente consultar el parte meteorológico, en particular la dirección y fuerza del viento que puede llegar a ser muy molesto.

Cartografía. Hojas 1.059-IV y 1.060-II del IGN. 1:25

Alojamientos. La página no oficial tiene un buen buscador de alojamientos, así como información ambiental, histórica, etcétera. También aconsejamos usar la web de turismo de Almenara.

Información. Centro de visitantes Las Amoladeras (Ctra. AL-3115, Tramo Retamar-Pujaire Km. 7). Tel: 950 160 435. Centro de información del Parque en San José (oficina de turismo). Tel: 950 380 299.

Qué ver. Paisaje estepario de Las Amoladeras, Salinas del Cabo de Gata, gran guna fósil de Los Escullos y caldera Volcánica de Majada Redonda.

Más. El Parque natural tiene una red de senderos señalizados compuesta por trece itinerarios. Se pueden consultar en la página (ruta: Ventana del Visitante de Espacios Naturales- Guía para la visita).

Comentarios
1 comentario
  1. La desembocadura en Tina Mayor es la del río DEVA, ya que el río Cares es su afluente. Conviene corregirlo. Fmdo: Un Cantabro.

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