Cingles de Barrots, Tren de la Fregeneda y Canal de Urdón

Tres caminos de vértigo en Tarragona, Salamanca y Cantabria

La mano del hombre y la de la caprichosa Naturaleza han dejado un puñado de caminos que se desenvuelven por lugares insólitos desafiando la sensatez y la ley de la gravedad. Son caminos poco aconsejables para personas con vértigo pero muy recomendables para los amantes de las emociones intensas.

Autor: J. Longás, D. Serrano, A. Rodríguez | 2 comentarios | Compartir:
Puente del Tren de la Fregeneda sobre el arroyo Poyo Rubio. tiene una longitud de 112
Puente del Tren de la Fregeneda sobre el arroyo Poyo Rubio. tiene una longitud de 112

Vista la aceptación de los que publicamos la semana pasada: «Tres senderos colgados del vacío en Granada, Ourense y Asturias», os dejamos otros tres como propuesta para el fin de semana:

Tren de la Fregeneda, aventura en el salvaje y lejano Oeste. Salamanca

Después de un tranquilo fluir por la meseta Castellana, el río Duero tuerce su curso para entrar en un largo y profundo cañón que alcanza en algunos lugares los quinientos metros de profundidad. A un lado y otro, la tierra se abre en profundos barrancos. El resultado es uno de los parajes más salvajes de la península Ibérica. Son Las Arribes del Duero. Por uno de estos barrancos serpentea una increíble vía férrea abandonada que ofrece la oportunidad de hacer una excursión emocionante en todos los sentidos.

El Parque Natural de Las Arribes es un interesante enclave del noroeste provincial, con una sorprendente morfología, microclima, flora y fauna. La arteria principal es el río Duero. Tras un tranquilo discurrir por la meseta castellana, pasado Zamora, el río empieza a encajarse en el cañón más largo y profundo de la península Ibérica. En poco más de cien kilómetros, el Duero pasa de los 630 metros de altitud a los 130 en la frontera. El resultado es una morfología singular, sorprendente, única en nuestra península.

El “gran cañón” recibe por un lado y por otro el tributo de numerosos barrancos más o menos espectaculares. Entre ellos destaca por su grandiosidad el del río Águeda, frontera natural entre España y Portugal. Por la vertiente española de este barranco, se construyó a finales del siglo XIX uno de los ferrocarriles más extraordinarios de todo el país; un ferrocarril que se cerró en 1986 y que, para vergüenza de las administraciones e instituciones responsables, se deteriora a pasos agigantados pese a estar declarado Monumento de Interés Cultural. Es el conocido como Tren de la Fregeneda, un tren con una historia tan intensa y valiosa como la infraestructura que le da forma.

El Tren de la Fregeneda es el tramo final de la línea férrea que unía Fuente de San Esteban con Barca d’ Alva, en el vecino Portugal, donde seguía tierra adentro para conectar con los ferrocarriles que llegaban a Oporto. El ferrocarril comenzó a construirse oficialmente el 31 de agosto de 1883 con capital de la Sociedad Financiera de París. La compañía constructora dio al acontecimiento una importancia extraordinaria e invitó a los principales periódicos de Madrid. Subido en la cima del monte Pingallo, el señor Wesolouski, Ingeniero Jefe de la División Española, y el Señor Rolin, Ingeniero Director de la Compañía, dieron la orden para que explotaran los barrenos. En escasos minutos se produjeron 1.480 explosiones.

Para cubrir el trayecto desde La Fuente de San Esteban hasta la frontera hubo que construir 19 puentes metálicos estilo Eiffel y 20 túneles, uno de ellos de más de un kilómetro y medio de longitud. En la obra llegaron a trabajar hasta dos mil obreros a al vez. Eran obreros venidos de Portugal, Galicia y Extremadura, y no faltaban prófugos y delincuentes perseguidos por la Guardia Civil.

La mala alimentación, las duras condiciones laborales, la inexistencia de alojamientos adecuados y menos aún de hospitales, junto con el calor del verano y la ausencia de medidas sanitarias, provocó brotes de paludismo y fiebres intestinales que causaron la muerte a muchos trabajadores. Las muertes por accidente también fueron el pan de cada día: durante la construcción del túnel Grande, por ejemplo, en un solo accidente murieron 27 obreros. La mortandad fue tal que hubo que construir un cementerio nuevo.

La línea se inauguró el 8 de diciembre de 1887. Dos trenes, uno de cada país, juntaron sus topes en el puente internacional sobre el río Águeda. En los periódicos de aquellos días se leía: “Este territorio de frontera sueña con salir de la brecha de su aislamiento y traspasar el umbral de la modernidad. (…) Está finalizado el camino que abriga la esperanza que reporte grandes beneficios a dos pueblos hermanos y facilite la prosperidad y el bienestar de las comarcas”.

Y así fue más o menos durante un siglo. El ferrocarril actuó como elemento vertebrador del noroeste de Salamanca, facilitó el intercambio económico y cultural y suavizó en parte, el alejamiento de estas tierras fronterizas de los centros económicos y de poder. Pero el 1 de enero de 1985, debido a su baja rentabilidad económica, se cerró la línea.

El paso del tiempo, y algún que otro acto vandálico, han deteriorado en grado sumo la infraestructura. Los pasillos laterales de los puentes han desaparecido en muchos lugares o están podridos, y también las barandillas; hay desprendimientos de trincheras y la vegetación ha invadido la vía. Los túneles, sin embargo, se mantienen en buen estado.

En el año 2000 el Ministerio de Educación y Cultura declaró a la línea férrea como Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento. Con esta iniciativa, se reconocía esta infraestructura como un elemento de identidad cultural de las comarcas que atraviesa y se pretendía su protección y fomento, pero trece años después el Tren de la Fregeneda sigue su lento proceso de deterioro sin que nadie, ni las administraciones públicas ni Adif, propietaria de la vía y sus instalaciones, haga algo para revivirla y darle uso, bien como tren turístico, bien como sendero cultural, y eso que planes, no faltan.

En la actualidad, y a pesar de un cartel que prohíbe la entrada en la boca del largo túnel cercano a la estación de La Fregeneda (el túnel Grande o de la Carretera), muchos excursionistas se aventuran por la vía. Nunca ha sido mejor utilizado el verbo aventurar, ya que en varios puentes, la madera del piso ha desaparecido completamente o está tan podrida que es muy peligroso caminar por encima. Así que para cruzarlos es necesario hacer un ejercicio de funambulismo por los raíles, algo poco recomendable para aquellos que sufran de vértigo. Según nos contaba un miembro de la asociación Tod@Vía, hay quien llega a montar una línea de vida para atravesarlos asegurados. Hay que tener muy presente, por otra parte, que no hay salidas alternativas de la vía. Una vez que se entra, o se sale por el mismo lugar o se llega al puente internacional sobre el río Águeda, en cuyo caso hay que contar con un vehículo de apoyo, a no ser que uno se sienta con fuerzas para volver a hacer los 23 kilómetros que separan las estaciones de La Fregeneda y de Barca d’Alva.

Asociación Tod@Vía

Un grupo de “enamorados” del Tren de la Fregeneda lleva años luchando para que la línea sea rehabilitada y se convierta en la vía por donde viaje un plan de desarrollo del oeste salmantino.

Recorren la vía a bordo de exóticos vehículos diseñados y construidos por ellos mismos, como la bicloneta o la dresina; redactan sesudos proyectos para rehabilitar la vía; desbrozan de forma altruista la plataforma; sustituyen las maderas podridas de los puentes; protagonizan campañas de información en prensa; celebran fiestas… son ingenieros, empresarios, músicos, abogados, ganaderos, agricultores, jubilados, albañiles, militares, ferroviarios, hosteleros, enfermeras, médicos, investigadores, estudiantes, pintores, escultores, poetas… unidos en un propósito común: reinventar la vía; conseguir que el impresionante patrimonio ferroviario del Tren de la Fregeneda no termine arruinándose del todo. El 15 de diciembre de 2013 instalaron nuevas pasarelas en el puente de las Almas, sin ayuda de nadie, por sus propios medios y con la amenaza de una denuncia por parte de Adif.

Guía práctica

Situación: comarca de Las Arribes. Noroeste de la provincia de Salamanca.

Localidad de referencia: Hinojosa del Duero.

Comienzo: estación de La Fregeneda.

Final: Barca d’Alva.

Distancia: 23 km.

Desnivel: 300 m en bajada.

Tiempo: 3h 30 min.

Dificultad: alta. Pasajes muy aéreos y expuestos.

Cartografía: hoja 474- 475-I del IGN. 1:25.000.

Información: la Asociación Tod@Vía conserva el proyecto Propuesta de futuro de aprovechamiento y rehabilitación de la línea La Fuente de San Esteban- Barca d’Alva, un interesantísimo documento que revela todos los secretos de esta inemsa obra de ingeniería ferroviaria.

TurismoAsociación Arribes salmantinos de Turismo Rural. Tel: 923 521 757.

Cingles de Barrots, los abismos del Montsant. Tarragona

De los muchos caminos con tramos aéreos que llevan a lo alto del Montsant, el del Grau de Barrots es el más espectacular y sostenido. Un pequeño tramo equipado con barras de hierro, el paso por una cueva y la larga faja suspendida por la que se transita conducen al excursionista a lo alto de esta sierra de aspecto más cercano al mundo mágico de la ilustración que al de la lógica geológica.

La Sierra del Montsant forma parte del Cordillera Prelitoral. Aunque ocupa una extensión relativamente pequeña, aproximadamente 135 kilómetros cuadrados, y su altura es modesta, tiene una marcada personalidad y es un destino muy querido por los excursionistas tarraconenses. Se alza elegante sobre los viñedos del Priorato, tierra de vinos excelentes, mostrando una larga sucesión de paredes de conglomerado que se alinean con cierta uniformidad desde poniente hasta levante.

En la distancia la sierra parece un inmenso buque, de colores ocre y azul, navegando por encima de un mar fósil, ilusión creada por esta tierra áspera en la que se suceden colinas y quebradas. Sus cimas principales son la Roca Corbatera (1.162,8 m), el Piló de Senyalets (1.107 m) y la Cogulla (1.062 m). A todas ellas se llega por diferentes caminos que tienen en común su carácter aéreo y, por lo general, la brusquedad de su recorrido.

La sierra está rodeada por un rosario de pueblos encantadores. La Morera de Montsant, Cabacés, Ulldemolins, Cornudella, Vilella Alta, Vilella Baja, La Bisbal de Falset, La Figuera y Margalef de Montsant, cuentan hoy con acogedores albergues y restaurantes, pero hasta bien entrado el siglo XX fue un territorio aislado y deprimido, duro para la subsistencia y especialmente castigado por la gran plaga de filoxera que arrasó las viñas en todo el país.

Por este aislamiento secular y por las características geológicas de la montaña, plagada de cuevas y gigantescos extraplomos, ésta ha sido tierra de ermitas. He aquí el origen de su nombre. Las ermitas de más larga tradición son las de la Mare de Déu del Montsant, Santa Magdalena, San Bartomeu y San Juan del Codolar, además de la Cartuja de Escaladei, fundada en el siglo XII, en estado precario de conservación pero de obligada visita tanto por su historia como por el espléndido enclave que ocupa.

La mayoría de caminos de la sierra deben su origen justamente al uso que hacían de ellos los ermitaños, pero también los cazadores, pastores y leñadores. Con la despoblación del campo se fueron perdiendo muchos de ellos y ha sido en las últimas décadas que el mundo excursionista los ha recuperado, contando hoy en día con buena señalización y mantenimiento. También ha contribuido a ello la declaración de este lugar como Espacio Natural dentro del plan de la Generalitat de Cataluña para proteger espacios de valor natural y paisajístico; un reconocimiento que acaba siendo un reclamo para los aficionados de las provincias limítrofes.

Dado el relieve abrupto y aparentemente inaccesible de la sierra del Montsant, se explica que la mayoría de los accesos a la Sierra Major se realicen a través de pasos abruptos y a primera vista impracticables, que reciben el nombre de “graus”. Generalmente se trata de pequeñas canales o grietas, a veces equipadas con cables, clavos o peldaños metálicos, cada una con su nombre, que han acabado por bautizar las rutas. Su dificultad, atendiendo a la exigencia física y a la exposición varía, de modo que algunos graus, siendo espectaculares, son transitables por cualquier excursionista mientras que otros ponen etiquetas de dificultad a algunas rutas y disuaden a los menos atrevidos.

La Sierra de Montsant es rica en graus. De todos ellos creemos que el camino del Grau de Barrots es el más áereo porque a media pared, se camina “suspendido” en el aire varios centenares de metros, atravesando la Roca de les Onze. Algunas sirgas (cables de acero) protejen los pasos más angostos, y sin peligro, aunque con el corazón en un puño, se ganan los espacios abiertos y amables de la Serra Major. Paisaje, acción y emoción. Por todo ello hemos seleccionado esta ruta que toma el nombre del paso que en su día estuvo equipado con “barrotes” de madera que fueron sustituidos por barras de hierro en 1962 por la Sección Excursionista del Reus Deportivo.

Itinerario

Salir de lo alto del pueblo de la Morera por el camino de la Grallera (sendero GR 171), pasando por los depósitos de agua. Al poco un poste indicador señala el desvío que debemos seguir a la derecha. Avanzando hacia el este, en dirección a las paredes del Montsant, pasaremos bajo la Roca Falconera de Dalt. La senda bien trazada asciende entre los márgenes de antiguos campos de cultivo y por terreno pedregoso.

Tras aproximadamente media hora de camino nos adentramos en los primeros estratos rocosos, con pendientes más pronunciadas. Se alcanza una grieta de la roca, algo escondida pero con indicaciones, que señala el inicio del Grau de Barrots. Mediante la ayuda de unos clavos de hierro se supera un primer tramo de roca vertical, accediendo a una profunda hendidura, pequeña cueva fangosa, y tras ascender un resalte se llega a una repisa a la izquierda que nos devuelve a la luz. Se gira para pasar por encima del gran bloque equipado con clavos y así alcanzar la cornisa suspendida a media pared. La faja se estrecha notablemente en algunos tramos, pero la presencia de un cable de acero da confianza y ayuda a pasar el trago.

En ligero descenso se alcanza una gran plaza entre paredes, sin salida aparente. Hasta allí llega el Grau de Carrasclet, otro paso para acceder a lo alto de la sierra. Acercándonos al fondo de la plaza, protegida por un desplome, se accede al paso rocoso que sin dificultad permite saltar el siguiente escalón. Ya en terreno abierto y más llano, el Comellar del Figueres, una senda permite ganar la cabecera de la sierra. Se debe cruzar la vaguada hasta alcanzar el filo de la cadena, por donde discurre el camino de la Serra Major del Montsant. A la derecha (este) el camino lleva al pueblo de La Albarca. Debemos seguir hacia la izquierda, por el camino que nos permite retornar hacia La Morera. Para ello se continúa por la sierra y, tras una corta caminata, abandonamos la senda principal girando a la izquierda para descender por el sencillo Grau de l’Agnet al punto de partida. También se puede alargar algo la marcha ascendiendo el Piló dels Senyalets, una de las tres cimas principales. Para ello sólo hay que seguir por la cadena hasta la cima, bien reconocible por un prominente y feo pilón de hormigón que la adorna.

Ficha práctica

Situación: comarca del Priorat. Entre la Sierra de Prades y los Puertos de Beceite.

Partida y llegada: La Morera de Montsant. Distancia: 5,5 km.

Desnivel: 340 m.

Tiempo: 3h.

Dificultad: media alta. Buen camino pero con algunos pasos equipados con escalones metálicos y cadenas, y tramos aéreos no aptos para personas con aprensión a la altura.

Cartografía: Priorato (Institut Cartogràfic de Catalunya 1:50.000), Montsant (Ed. Montblanc. 1:25.000).

Información: Oficina de Información del Parque Natural de la Serra de Montsant (Morera de Montsant). Tel: 977 827 310.

Alojamiento: la comarca del Priorat es famosa por la calidad de sus alojamientos rurales. Asociación de Alojamientos Rurales del Priorat.

Jordi Longás

Canal de Urdón, un recorrido casi circense en Cantabria

Por la vertical canal de Reñinuevo se construyó a principios del siglo pasado un canal para abastecer de agua las turbinas de la estación hidroeléctrica de Urdón. Esta insólita obra da la posibilidad a los excursionistas más bragados de realizar una de las rutas más audaces de cuanta hay en Picos de Europa. A su lado, la Senda del Cares puede parecer un sencillo y “aburrido” paseo.

Los inicios de la industrialización en el Norte de España trajeron consigo la necesidad de energía eléctrica. Los ingenieros se percataron muy pronto de las posibilidades que tenían los Picos de Europa para producir electricidad por medio de saltos de agua que aprovecharan sus grandes deniveles. Nacieron así asombrosos y osados proyectos que todavía hoy parecen inverosímiles, como el famoso canal del Cares, la fallida central del río Casaño o la central del Urdón que es la que hoy nos ocupa. Esta increíble obra que recibe el agua del macizo Oriental de los Picos de Europa se terminó en 1912. Fue construida por Hidroeléctrica Ibérica y un año más tarde fue adquirida por Electra del Viesgo. Es decir, que lleva más de un siglo funcionando. La central propiamente dicha fue reconstruida en 1952 después de sufrir un aparatoso incendio.

La senda de la canal de Reñinuevo acompaña las aguas del río Urdón y del arroyo de Reñinuevo desde su inicio en la Bardina del Nacimiento hasta la central eléctrica de Urdón, en el desfiladero de La Hermida. Es un recorrido aéreo y complicado no apto para personas aprensivas o que sufran de vértigo. Tramos volados sobre el vacío, o excavados a mitad de pared, se combinan con estrechos pasos sobre roca apenas protegidos en alguna ocasión. El resto del tiempo cuando el caminante no está con medio cuerpo sobre el vacío, se recorre “cómodamente” por encima del muro del canal.

Itinerario

La ruta parte del pueblo cántabro de Tresviso, una de las localidades más aisladas de los Picos de Europa. De hecho, hasta Tresviso sólo se puede llegar tras dar un largo rodeo desde Sotres por la carretera AS-264 Arenas-Tresviso, o caminando desde La Hermida por al famoso camino minero de La Providencia, que es una de las excursiones con más solera de Picos. Si se elige esta opción hay que tener presente que son 900 metros de desnivel lo que hay que meterse entre pecho y espalda y que el esfuerzo pasará factura en la bajada. Si se opta por la alternativa menos sacrificada es preciso prever un coche en La Hermida. También se puede recurrir a un taxi, pero el viaje es largo (63 km) y eso se notará en el bolsillo.

Tras probar en Tresviso un buen queso Picón, que con el Cabrales y el Gamonedo forman la primera división de los quesos azules españoles, partimos del pueblo por su parte superior junto a unas modernas cuadras, para descender primero por praderías, luego atravesando un bosquecillo de hayas y robles, y finalmente por unas vertiginosas escaleras talladas en la roca hasta llegar a las trasparentes aguas del río Urdón y la surgencia de la Bardina del Nacimiento donde tiene lugar la captación de aguas del Canal.

El lugar donde se inicia el trayecto del agua hacia la Central se denomina la Cueva del Agua y los espeleólogos están inentando encontrar continuidad entre este rincón y una sima del macizo de Andara. Si se llegara a demostrar que ambos lugares están conectados, nos hallaríamos ante una de las mayores simas del mundo.

Tras cruzar un doble puente junto a una vistosa cascada de agua tomamos el primer contacto con el muro del canal por el que tendremos que avanzar gran parte de nuestra ruta. El muro tiene unos 40 centímetros de ancho. Se recorre con facilidad y dispone en algunas ocasiones de un pasamanos, si bien deberemos tomar precauciones en zonas musgosas que pueden ser muy resbaladizas en épocas húmedas.

En aquellas ocasiones en que el canal atraviesa mediante túneles los contrafuertes rocosos que descienden de la Sierra de Bejes, deberemos abandonar el muro para sortear por zonas más propicias el obstáculo natural.

Nos encontraremos el primero de estos inconvenientes a los pocos minutos de recorrer el canal, teniendo que descender en busca de la caseta de Reñinuevo para retomar posteriormente el canal. Proseguiremos llegando al puente colgado sobre el arroyo del río Chico, con magníficas vistas sobre los precipicios del valle. La prudencia recomienda atravesarlo de uno en uno. Aquí comienza la Media Galería, un tramo tallado en la roca similar a la vecina senda del Cares pero más angosto. Continuaremos por él sin más dificultades que la posibilidad de mojarnos con las abundantes goteras que caen del techo hasta llegar a la canal de Aguas Negras.

Hace unos años un argayo se llevó parte del camino en este punto, y es necesario descender por una zona lavada de rocas para flanquear el tramo derruido y retornar al canal, que recorreremos bien por el muro del canal o bien por tramos de media galería hasta llegar al impresionante Corredor de Matallana. El Corredor es una larga pasarela de hormigón totalmente colgada en el vacío que intimida hasta a aquellos que no sufren de vértigo. Impresiona imaginar cómo se construiría con los medios de la época.

Nuestro siguiente obstáculo natural lo sobrepasamos en esta ocasión por su parte superior, ascendiendo hasta la cercana collada de Matallana, desde donde descenderemos para recuperar un largo tramo por el muro del canal hasta el túnel del Candilluco en el que nos adentraremos.

Si hasta el momento eran el vértigo y el vacío nuestra principal preocupación, ahora es la claustrofobia que causa circular por el interior de un oscuro túnel caminando encima de una estrecha plancha de acero sintiendo bajo nuestros pies correr el agua a gran velocidad.

Llegamos el casetón de Electra del Viesgo. Es un pequeño edificio construido en una pequeña repisa colgada del vacío con unas vistas espectaculares sobre los contrafuertes de Cuetodave y en un escenario digno de película. A ningún lugar le viene más ajustado el apelativo de nido de águila.

Unas estrechas escaleras dotadas de un socorrido pasamanos descienden vertiginosamente junto al tubo casi vertical por la que descienden las aguas del canal que nos han acompañado en todo nuestro recorrido para la generación de electricidad en la central de Urdón.

Tras un fuerte descenso en el que tendremos que atravesar algún pequeño túnel llegaremos a un camino que después de todo lo que hemos dejado atrás nos parecerá una auténtica autopista. Sin mayores contratiempos el camino nos conducirá hasta nuestra meta en la central de Urdón y la cercana carretera de la Hermida, punto final de la ruta.

Guía práctica

Situación: desfiladero de La Hermida. Municipio de Peñarrubia. Cantabria.

Partida: Tresviso.

Llegada: km 166 de la carretera del desfiladero de La Hermida.

Dificultad: alta.

Distancia: 14,5 km.

Desnivel: 900 metros (en descenso).

Tiempo: 5h.

Cartografía: hojas 56- II y IV del IGN. 1:25.000

Observaciones: si el día es lluvioso es mejor dejar la excursión para otra ocasión.

Información de turismo: Oficina de Turismo de Peñarrubia. Tel: 942 733 554. Web de turismo de Cantabria.

Antonio Rodríguez

Comentarios
2 comentarios
  1. En la ruta de la Fregeneda la localidad de referencia no es Hinojosa de Duero, sino La Fregeneda.

  2. Al que le interesen estas rutas de vertigo que eche un vistazo también a la ruta «La fregeneda» por los Arribes del Duero en Zamora. La ruta esta muy peligrosa por el mal estado de conservación, pero es un buen lugar para poner a prueba nuestro vertigo.

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