Sus ciudades y paisajes también brillan en Navidad, con el popular mercado de Lieja, y sorprenden con sabores locales como las couques de Dinant. Museos únicos como la Fundación Folon y joyas paisajísticas como los Jardines de Annevoie o los Jardines colgantes de Thuin completan una región rica en historia, arte y tradición.

El carnaval Binche y sus Gilles
Cada año, durante los tres días que preceden a la Cuaresma, se celebra en la ciudad de Binche, provincia de Henao, un carnaval con una larga tradición, reconocido como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2003.
Reúne cada año a medio millón de personas, de las que casi mil son Gilles. Ataviados con sus sombreros de plumas de avestruz, cumplen con la tradición de lanzar naranjas a los espectadores durante el desfile, un gesto que simboliza abundancia y buena fortuna.
Es una de las más antiguas celebraciones de este tipo que sobreviven en Europa, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Los habitantes de la ciudad están muy orgullosos de esta celebración y tratan de preservar las técnicas artesanales asociadas a los trajes, accesorios, bailes y músicas tradicionales del Carnaval.

Quesos y cervezas en la abadía de Maredsous
Fundada en 1872 por los monjes benedictinos en un estilo neogótico, la Abadía de Maredsous ofrece a los peregrinos y turistas un conjunto arquitectónico de gran belleza.
Organizan visitas guiadas que te permitirán explorar la abadía, el cementerio y el jardín de los monjes, que siguen habitando el lugar siguiendo el lema Ora y labora (reza y trabaja) de la orden benedictina.
Ofrecen talleres de cerámica y cuentan con un «Pequeño Museo de la quesería», en el que descubrirás los secretos de maduración del delicioso queso que elaboran los monjes.
Tampoco puedes dejar de probar su reconocida cerveza de Maredsous, de elaboración artesanal. Ubicado en el Valle de Molignée, en la provincia de Namur, todo el lugar desprende una sensación de quietud y de intimidad que no te deja indiferente. En la misma hostelería de la Abadía de Maredsous ofrecen alojamiento, especialmente recomendable para quienes busquen un tiempo de relajación y tranquilidad.

El Dominio de la batalla de Waterloo
Se pueden subir, uno a uno, los 226 peldaños que llevan a la Colina del León, erigida en 1826, que conmemora la localización en el campo de batalla de Waterloo en el que una bala alcanzó a Guillermo II de los Países Bajos (príncipe de Orange, quien dirigía el primer regimiento del ejército de Wellington), derribándolo de su caballo.
Desde lo alto se puede apreciar el amplio escenario de esta batalla que se saldó con la derrota definitiva de las fuerzas napoleónicas, determinando el final del primer Imperio francés y la prisión de Napoleón en la distante isla de santa Elena hasta su muerte.
En el dominio también se puede visitar un museo que ayuda a comprender la historia, o entrar en el Panorama, un edificio circular que alberga un lienzo inmenso, de 110 metros de largo y de 12 metros de alto, que reconstruye varias escenas de los combates de 1815.
Durante la temporada, de abril a octubre, unos soldados con uniformes ofrecen animaciones al pie de la colina, usando el tiro con fusil, el tiro con cañón, mostrando la escuela del soldado y organizando visitas guiadas del campo de batalla. Además, todos los 18 de junio, cientos de actores escenifican los combates que tuvieron lugar durante este memorable episodio histórico.

Mercado de Navidad de Lieja
El mercado de Navidad de la ciudad de Lieja es el más antiguo. En la Place St Lambert y en la Place du Marché, más de 200 casetas atraen cada invierno a millones de visitantes a la llamada «Ciudad de Ardiente», en un evento en el que no solo brillan sus luces y adornos, también está presente el auténtico espíritu navideño y la magia de estas fechas.
A su alrededor se organizan muchas otras actividades, como una pista de patinaje de hielo, un festival de circo, conciertos y hasta un festival de esculturas de hielo. Todo ambientado con las decoraciones tradicionales de Navidad, iluminación de colores y animaciones musicales, y envuelto en el irresistible olor a las delicias culinarias que ofrecen, como mazapán, pan de jengibre, gofres… y bebidas imprescindibles como pékèt, vino molido o cerveza de Navidad.
Se pronlonga durante cinco semanas, desde finales de noviembre hasta finales de diciembre, siendo una cita ineludible para los amantes de las fiestas navideñas.

Las couques de Dinant
Las galletas «couques» que fabrican en la pastelería Jacobs, son toda una tradición familiar. Como únicos ingredientes llevan harina de trigo, miel pura y azúcar. Su cocción, a altas temperaturas, permite alcanzar la caramelización de la miel, resultando en una textura particularmente dura y un sabor muy dulce.
Un consejo práctico para su degustación: ¡No intentes morderla o te romperás los dientes! Se tiene que chupar, o partir en pedacitos que se van disolviendo en la boca.
Se fabrican con distintos moldes y una gran variedad de formas y diseños, como animales, plantas, paisajes… Como el de la tradicional bonita vista de la ciudad (con la colegiata y la ciudadela) o la que lleva un saxofón, en referencia a Adolph Sax, inventor de este instrumento que nació en Dinant.

Fundación Folon
La Granja del Castillo de La Hulpe, a 20 minutos de Bruselas, acoge la Fundación Folon, que cuenta con más de seis mil obras del polifacético y reconocido artista belga Jean Michel Folon.
Un total de 15 salas de exposiciones presentan sus acuarelas, pinturas, grabados, objetos, esculturas, carteles, ilustraciones… Todo presentado con una museografía original e interactiva imaginada por el artista, que lleva al visitante a descubrir las múltiples facetas de su arte y de su universo.
Se encuentra ubicado en el Dominio regional de Solvay, con numerosos senderos que recorren las colinas del bosque de Soignes. El Castillo de La Hulpe fue construido en 1842 siguiendo el modelo de los castillos de La Loire. Su interior no se puede visitar, pero sí sus suntuosos jardines, que forman parte del patrimonio excepcional de Parques y Jardines de Valonia, albergando más de 450 especies.

Jardines de agua de Annevoie
Acondicionados en el siglo XVIII, los Jardines de Annevoie son los únicos jardines de agua de Bélgica y figuran entre los más hermosos de Europa. El agua fluye entre los canales del jardín gracias a los desniveles naturales.
En ellos se mezclan distintos estilos: en cada recodo puedes descubrir una perspectiva de estilo francés, fantasía de estilo inglés o el encanto intimista de estilo italiano. Curvas, contrastes niveles y efectos sorpresa: la alianza entre los estilos crea toda la belleza de estos jardines en los que se respira tranquilidad.
Propiedad de las familias de Halloy y Montpellier, se encuentran alrededor de un espléndido castillo, cuyo interior no está abierto a las visitas. Los jardines están declarados patrimonio de Valonia y constituyen una etapa imprescindible en la provincia de Namur, cerca de la ciudad de Dinant.

Jardines colgantes de Thuin
Ubicados en la vertiente sur del valle de Biesmelle, los Jardines colgantes de Thuin (declarados patrimonio de Valonia) ofrecen un paseo original por la parte alta de la ciudad. Serpenteando por las calles adoquinadas, puedes descubrir hasta 200 jardines en terrazas, en las que también se cultivan viñedos.
Fueron acondicionadas durante las diferentes fases de fortificación de la ciudad. En este entorno también se encuentra la iniciativa Fluide, con 18 obras de arte diseminadas por los jardines y por el centro de la ciudad histórica.









