Las joyas naturales valonas

Valonia. El tesoro mejor guardado de Bélgica

Densos bosques, valles fluviales y paisajes únicos nos reciben en la región más meridional del país –y la menos asediada por el turismo– con una red de ciudades y pueblos que conservan orgullosos su riqueza arquitectónica e histórica.

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Valonia. El tesoro mejor guardado de Bélgica
La imprescindible ciudad de Dinant, a orillas del río Mosa. 📷 Anibal Trejo

Ubicada al sur de Bélgica, Valonia es una de las tres regiones que componen el país, junto a Flandes al norte y la región de Bruselas-Capital, esta última inscrita territorialmente en Flandes.

Cada una de estas regiones tiene su propio gobierno y parlamento, con competencias exclusivas en muchas áreas e identidades lingüísticas diferenciadas, si bien integradas en un estado federal y bajo una monarquía constitucional.

Mientras que Valonia es mayoritariamente francófona, Flandes es neerlandófona y Bruselas-Capital es oficialmente bilingüe (francés y neerlandés), aunque el francés es más dominante. Formada por cinco provincias (Brabante Valón, Henao, Lieja, Luxemburgo y Namur), con una población de alrededor de tres millones y medio de habitantes, Valonia es la región belga más amplia y menos densamente poblada, con una fuerte identidad propia que no ha sucumbido al turismo masivo.

Valonia. El tesoro mejor guardado de Bélgica
Atardecer sobre un campo de amapolas, con el habitual paisaje de praderas y bosques de las regiones de Brabante Valón y Henao. 📷 Pixel Komando

Reserva para quien sepa apreciarlo algunos de los tesoros naturales y culturales más valiosos del país. Su diversidad está presente de una forma sobresaliente en sus paisajes –con el macizo de las Ardenas belgas, frondosos bosques, ríos, numerosos parques naturales…–, pero también en su historia y su cultura.

Al pasear por sus ciudades se puede respirar la huella de las muchas civilizaciones que la han habitado, desde los primeros pobladores celtas en tiempos prerrománicos y posteriormente con los romanos. Fue en la Edad Media cuando Valonia vivió una época de especial esplendor, gracias a su ubicación que impulsó el comercio a través de sus ríos, principalmente el Mosa.

La capital de la región, Namur, con su ciudadela amurallada –una de las más grandes de Europa–y su impresionante red de galerías subterráneas, fueron desarrolladas a partir de la Edad Media por las autoridades locales para proteger la ciudad y controlar las vías fluviales estratégicas.

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Panorama de la ciudadela de Namur desde el Pont de Jambes. 📷 Dominik Ketz

Su privilegiada posición motivó los cambios de poder que ha sufrido a lo largo de los siglos: perteneció a los Países Bajos Españoles (en el s. XVI, con los monarcas Carlos V y su hijo Felipe II), también a los Austriacos, a Francia y a Reino Unido, hasta la independencia de Bélgica en 1830.

Durante la Revolución Industrial fue una de las primeras regiones europeas en industrializarse, con sus grandes reservas de hierro y carbón como motor de riqueza, que han dejado un legado en forma de “terriles” y de sitios mineros hoy declarados Patrimonio de la Humanidad.

Orgullosos de sus orígenes y su trayectoria, los valones son gentes solidarias que se distinguen por su resiliencia, su sentido de comunidad y su alto aprecio por su cultura y costumbres locales, que muestran generosamente a los visitantes.

Es fácil sentirse inspirado en estas tierras, lugar de nacimiento del surrealista René Magritte, donde Van Ghogh decidió ser pintor o donde el lutier valón Adolphe Sax dejó para la humanidad su gran creación: el saxofón.

Degustar una cerveza trapense, un buen queso artesanal o un irresistible chocolate no puede faltar en la agenda viajera. La fábrica de crear recuerdos memorables no tiene descanso en esta región.

Joyas naturales valonas

Para disfrutar con los sentidos La diversidad de paisajes que ofrece Valonia se une por un elemento común: la naturaleza, que se manifiesta con viveza en sus masas forestales, landas, valles, praderas, onduladas colinas…

Esta característica le ha valido la denominación de ‘pulmón verde’ de Bélgica, siendo la región con la mayor densidad de naturaleza del país: más del 30% de su territorio está cubierto por bosques. Estos espacios naturales, muchos de ellos protegidos, ofrecen además un escenario perfecto para múltiples aventuras.

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El 30% del territorio valón está cubierto por bosques, como el de Saint-Hubert. 📷 Ingrid Jusseret/ WBT

Bosque de Saint-Hubert, el corazón verde de las Ardenas Valonia acoge gran parte de la región de las Ardenas –de gran importancia estratégica y escenario de la crucial batalla de la que recibe el nombre, librada a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Gran parte de su paisaje está cubierta por bosques de alto valor ecológico y medioambiental, que constituyen además un importante hábitat para la fauna local.

Bosques como el de Anlier, de Neufchâteau o de Saint-Hubert, despliegan densas masas de hayas, robles, abetos, pinos y otras especies autóctonas que varía según las altitud y condiciones del suelo.

Especialmente emblemático es el último mencionado, el bosque de Saint-Hubert, ubicado en la provincia belga de Luxemburgo, cerca de la ciudad homónima de Saint-Hubert. Es uno de los bosques más grandes del país (cubre más de 70 000 hectáreas) y es considerado el “corazón verde” de las Ardenas no solo por su tamaño, también por su rica biodiversidad y su importancia cultural e histórica.

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El frondoso bosque de Saint-Hubert. 📷 DB Creation

Dispone de una amplia red de rutas bien señalizadas que permiten a los visitantes disfrutar de su vasta extensión. No es difícil que, al caminar entre sus hayas y robles, con el suelo tapizado de helechos y musgos, avistemos algún corzo o algún ciervo, o nos sobrevuele un halcón.

Vinculado desde la época medieval a la caza, es considerada la capital europea de esta actividad. Precisamente recibe su nombre de Saint Hubert, gran cazador del siglo VII que se convirtió al cristianismo tras encontrarse frente a un ciervo rodeado en una aureola de luz y con un crucifijo de en su cornamenta. Hoy es el santo patrón de los cazadores y protector de la naturaleza.

Cada 3 de noviembre, festividad de Saint Hubert, se celebra con los tocadores de trompas de caza (arte musical reconocido como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO) y con la muy esperada bendición de los animales.

La zona tiene también un Parque de Animales, un espacio natural protegido con circuitos a pie, miradores y zonas especialmente destinadas a la contemplación de la fauna, en las que se pueden ver de cerca animales como ciervas o jabalíes en crianza, o escuchar el bramido del ciervo (en los meses de septiembre y octubre).

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Un ciervo en el bosque de Saint-Hubert. 📷 Jean Paul Remi

También nos podemos acercar hasta el aeródromo de Saint Hubert y avistar el bosque desde las nubes.

A solo 13 kilómetros de Saint Hubert, en pleno centro del bosque, se ubica Mirwart, catalogado como «uno de los pueblos más hermosos de Valonia». Su dominio provincial ofrece a los amantes de la naturaleza estanques, una colmena y dos ríos rodeados de sauces y alisos, además de la gran variedad de esencias del bosque.

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Vista aérea del majestuoso castillo de Mirwart. 📷 Lux Visual

Otra de sus principales atracciones es su castillo, que data del siglo X, enclavado en una de las colinas tan características de este entorno y hoy reconvertido en un prestigioso hotel.

Parque Natural de Hautes Fagnes-Eifel, con sus turberas únicas

También en el macizo de las Ardenas, en la zona este, se encuentra el Parque Natural más antiguo del país, que goza de protección desde 1971. Está dividido en seis zonas naturales, cuatro de las cuales pertenecen a Valonia.

Se extiende en el interior de un cuadrado formado por las ciudades de Eupen, Montjoie (en Alemania), Malmedy y Spa. Este parque juega un papel clave en la conservación de ecosistemas únicos de la región, con paisajes en los que predominan las landas –extensas áreas de vegetación baja, como brezales y praderas– en las que se desarrollan las turberas.

Con una apariencia de esponjas gigantes, las turberas están formadas por acumulaciones de material vegetal en descomposición, que crean suelos ácidos y pantanosos.

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Parque Natural de Hautes-Fagnes, con caminos elevados sobre pilones de madera para la protección de sus turberas. 📷 Maxime Du Bus

Las turberas de Hautes Fagnes están entre las más grandes de Europa occidental, llegando a medir hasta ocho metros de espesor.

Son ecosistemas cruciales para la conservación de la biodiversidad y a la vez son muy frágiles, motivo por el cual el acceso al parque está reglamentado.

Los senderos están balizados y muchos de ellos discurren sobre pilotes de madera que garantizan su protección, guiando al visitante a través de este paisaje tan singular que va transformándose según las estaciones del año, desde la colorida primavera en flor hasta el ambiente siberiano del invierno.

El parque de Hautes-Fagnes contiene también el punto de mayor altitud de Bélgica, la Señal de Botrange, a 694 metros sobre el nivel del mar. Desde aquí se puede contemplar cómo las landas y turberas se extienden por el horizonte e incluso, a lo lejos, en los días claros se divisa Alemania.

En sus inmediaciones encontraremos la Casa Parque Botrange, que recibe a los visitantes en busca de relajación o de información sobre la naturaleza circundante, con una exposición permanente y otras actividades.

Esta “cima de Bélgica” es además el punto de partida de numerosos paseos en plena naturaleza. Entre ellos, los hay hacia puntos de agua y cascadas como la de Bayehon; o hacia el majestuoso castillo de Reinhardstein (que se puede visitar o pasear por sus alrededores, con bonitas vistas al castillo y su pequeña cascada), además de hacia los pintorescos pueblos del entorno.

O incluso podemos regalarnos una escapada romántica al hotel de lujo del Dominio des Hautes Fagnes Hotel & Spa.

Los miradores del río Mosa

El gran río Mosa –que nace en el nordeste de Francia y desemboca 950 kilómetros después en el mar del Norte (Países Bajos)– atraviesa Valonia en dirección noreste, pasando varias ciudades importantes como Dinant, Namur y Lieja, y cortando el macizo de las Ardenas.

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El teleférico sobre la ciudad de Namur, que pasa por encima del río Sambre y sube a la ciudadela. 📷 Denis Closon

Se abre paso por el relieve de la región serpenteando con meandros entre las colinas y los valles. A lo largo de este recorrido se despliegan diversos puntos altos o miradores desde los que disfrutar de sus impactantes vistas.

Entre los más destacados se encuentra el enclave conocido como Les 7 Meuses (con un hotel y un restaurante) situado a medio camino entre Dinant y Namur.

Desde este punto, la vista se extiende hasta 50 kilómetros a la redonda, abarcando todo el valle del Mosa y ofreciendo un panorama inigualable. Es el lugar ideal para disfrutar de uno de esos atardeceres inolvidables que cada día nos regala la naturaleza.

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Vistas al Mosa y al castillo de Freyr desde el mirador de Ansremme. 📷 Bruno D’Alimonte

Otro mirador imprescindible es el de Anseremme, al que se puede acceder fácilmente desde el cercano aparcamiento o bien, para los más deportistas, recorrer a pie el sendero que lleva al mirador, con vistas espectaculares de los acantilados y del Castillo de Freÿr, un testigo del pasado histórico de la región.

El edificio fue construido sobre las ruinas de una antigua fortaleza destruida en 1554. En sus inicios fue una casa solariega de estilo renacentista que posteriormente fue ampliada y remodelada en los siglos XVII y XVIII.

Esta antigua residencia de verano de los duques de Beaufort-Spontin alberga un interior refinado y cosmopolita.

Sus armoniosos salones fueron amueblados y decorados por las veinte generaciones que ocuparon el lugar.

Los jardines clásicos de su exterior, con naranjos tricentenarios y laberintos verdes, han sido declarados patrimonio excepcional «Parques y jardines» de Valonia. Su belleza equilibrada, inspirada en el palacio de Versalles, contrasta con las laderas boscosas y los peñascos de los alrededores.

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La ciudadela de Namur, tan impresionante por fuera como en su interior, con una red de galerías subterráneas que se pueden visitar. 📷 Dominik Ketz / WBT

De regreso al curso del Mosa y sus altivos miradores, no podemos olvidar que se encuentra en lo alto de la ciudadela de Namur. Desde aquí, se pueden disfrutar de paseos por el parque de la ciudadela, que ofrece diferentes perspectivas y vistas fascinantes tanto de la ciudad como de la naturaleza circundante.

Además, el restaurante bistronómico Panorama, situado en la cima de la ciudadela, ofrece una excelente comida acompañada de vistas panorámicas. Tanto de día como de noche, una vistia a este lugar resulta imprescindible.

La esencia de sus campos y praderas

En contraste con el relieve de las Ardenas, al descender el paisaje se suaviza en amplios campos y praderas, con tierras fértiles y zonas de cultivo, con el encanto añadido de las granjas de estilo brabançonne – tradicional de la región de Brabante–que se encuentran por estas zonas.

Uno de estos parajes, hoy idílico, fue testigo de uno de los episodios más decisivos de la historia europea: el campo de batalla de Waterloo. Aquí, donde Napoleón Bonaparte enfrentó su derrota final en 1815 a manos de las fuerzas aliadas, la naturaleza preserva una atmósfera de solemnidad.

Los campos que una vez fueron escenario de feroces combates, con más de 20 000 muertos en el que fue el episodio más sangriento de las Guerras Napoleónicas, hoy son vastas praderas tranquilas, salpicadas de monumentos y memoriales que recuerdan el pasado, invitando a la reflexión mientras se disfruta de la serenidad del entorno.

El conjunto de Waterloo incluye un museo interactivo, la Colina del León con sus 226 peldaños que ofrece unas vistas de 360º del campo, el edificio del Panorama con su enorme lienzo que reconstruye varias escenas del combate y la Granja de Hougoumont, con un espectáculo multimedia.

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Animación de tiro con cañón en Waterloo. 📷 © Domaine Bataille De Waterloo

En temporada alta (de abril a octubre), unos soldados con uniformes ofrecen animaciones al pie de la colina, usando el tiro con fusil, el tiro con cañón, mostrando la escuela del soldado y organizando visitas guiadas del campo de batalla. Y, cada mes de junio, se celebra el evento emblemático de la reconstrucción de la batalla de Waterloo.

No muy lejos de este histórico campo se encuentra Mélin, reconocido como uno de los pueblos más bellos de Valonia. Enclavado en un entorno rural idílico, es un ejemplo perfecto de la arquitectura tradicional de la región, con sus tradicionales casas de piedra blanca, llamada piedra de Gobertange (nombre del valle en el que se ubica), que se combina armoniosamente con el ladrillo y contrasta con el verdor de los campos y praderas que lo rodean.

Pasear por sus calles empedradas es como retroceder en el tiempo, mientras el aroma a flores silvestres y el canto de los pájaros acompañan al visitante en su recorrido. El encanto de Mélin reside no solo en su belleza natural, sino también en la tranquilidad que ofrece, un verdadero oasis de paz para el viajero.

Otros sitios naturales excepcionales

La riqueza natural de Valonia se diversifica en muchos más ámbitos y espacios, muchos de ellos con un reconocimiento especial.

En la región de Famenne-Ardenne encontramos el primer geoparque mundial UNESCO en Bélgica, un territorio de gran valor geológico, natural y cultural.

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lnterior de estas cuevas de Han, con espectaculares formaciones de cortinas. 📷 Domaine Des Grottes De Han

Reconocido en 2018, este geoparque se distingue por su geología cárstica, con cuevas, ríos subterráneos y formaciones de caliza de más de 300 millones de años, destacando las Cuevas de Han, que ofrecen un recorrido subterráneo lleno de estalactitas, estalagmitas y vastas cámaras naturales, junto al espectáculo de sonido e iluminación subterráneo más grandioso del mundo.

Las cuevas se inscriben en el más amplio Domaine des Grottes de Han, que incluye también un parque de vida silvestre (Parc Animalier) y diversas atracciones naturales y culturales.

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Observando la fauna en libertad en el dominio de las Grottes de Han. 📷 Domaine Des Grottes De Han

El parque alberga especies europeas como lobos, bisontes y osos, y ofrece un entorno natural para la educación ambiental y el disfrute de la naturaleza.

El geoparque también engloba algunos de los pueblos catalogados como «los más bonitos de Valonia», como los de Wéris y Ny; en el primero se encuentra el sitio megalítico mejor conservado de Valonia; y en el tranquilo Ny podemos visitar su iglesia neogótica y su imponente castillo-granja construido en el s. XVII.

En este campo también destaca el Anticlinal de la encantadora ciudad de Durbuy, la «ciudad más pequeña del mundo»: una formación geológica con una estructura plegada en forma de arco o bóveda, característica de los anticlinales, formada hace cientos de millones de años.

Se trata del único sitio belga reconocido en el «Top 100» del patrimonio geológico mundial establecido por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.

Otro de los lugares únicos que gozan de protección en Valonia es Le Fondry des Chiens, una sima natural de 20 metros de profundidad, hábitat de una enorme y sorprendente biodiversidad, ubicada en el Parque Natural de ViroinHermeton, en la provincia de Namur.

Los muchos lugares mencionados hasta ahora son solo algunas muestras de la enorme variedad paisajística y medioambiental de Valonia.

Su riqueza natural hace que esta región sea especialmente propicia para actividades al aire libre, como el senderismo, la bicicleta de montaña o los deportes acuáticos.

La profunda huella minera

La intensa actividad minera que tuvo lugar en la región durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, respondiendo a la alta demanda de la Revolución Industrial, dejó una huella profunda que aún es visible hoy en día.

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Uno de los emblemáticos terriles de Charleroi. 📷 Christophe Vandercam/ WBT

Uno de estos legados son los terriles, que son montículos formados principalmente por rocas y tierra que fueron removidas durante la extracción de carbón y otros minerales.

Se formaron a lo largo de décadas de actividad minera, cuando los residuos no útiles se depositaban en montones cerca de las minas. Con el cese de la actividad y el paso del tiempo, muchos de estos terriles se han cubierto de vegetación, e incluso han desarrollado microclimas y ecosistemas únicos.

Son considerados parte del patrimonio de la región por su importancia natural, cultural e histórica, y algunos se han reconvertido en lugares de recreación, acondicionados para el turismo.

Una de las ciudades más profundamente marcadas por su pasado industrial es Charleroi, cuna del Pays Noir, con huellas como sus altas chimeneas, sus fábricas junto a las casas obreras en una desenfada anarquía o sus característicos terriles.

Ofrece una serie de actividades y recorridos señalizados que, desde las alturas, permiten disfrutar de vistas únicas de la ciudad y sus instalaciones siderúrgicas .

Cerca de Charleroi se encuentra el antiguo sitio minero de Bois du Cazier, que fue una de las principales explotaciones hulleras de Bélgica, tristemente vinculada al incendio accidental que tuvo lugar en 1956, que causó la muerte de 262 mineros.

Hoy el lugar está reconvertido en un museo que guarda la memoria de aquella tragedia, junto a otras propuestas que profundizan en el conocimiento de su pasado minero.

También se puede recorrer su terril o escorial, con un biotopo particular, así como pasear por su dominio boscoso de 25 hectáreas, acondicionado en parque seminatural.

Otro terril que destaca por su singularidad es el Terril de l’Héribus, pues todavía presenta combustión interna en algunas partes, con puntos calientes y emanación de gases, lo que se explica por la oxidación y quema lenta de los residuos carboníferos que quedaron atrapados en el terril.

Cubierto después por la vegetación, desarrolló su propio ecosistema, con bosques de abedules, cañaverales, tritones y otras especies adaptadas a las condiciones específicas del terreno.

Y, tras la grimpette,o pequeña trepada hasta su cima, se abren ante nuestra mirada las impresionantes vistas panorámicas de la ciudad de Mons y sus alrededores.

Prueba evidente del pasado minero de la región es Blegny-Mine, ubicada al Este de Lieja, una de las pocas minas de carbón de Europa cuyas galerías subterráneas son todavía accesibles al público a través de los pozos de origen.

El visitante puede descender hasta 30 y 60 metros de profundidad para descubrir cómo era el trabajo cotidiano de los «caras negras», además de seguir el recorrido del carbón desde su extracción a su expedición.

Su terril o escorial es un enorme montículo tomado por la naturaleza que ha desarrollado un biotopo único.

Tanto Bois du Cazier en Charleroi, como Blegny-Mine en LIeja han sido declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO, un reconocimiento del que también gozan Bois-du-Luc en La Louvière y el antiguo sitio minero GrandHornu, cerca de Mons.

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