Madrid es mucho más que una gran capital y también tiene mucho que ofrecer como destino cicloturista. La red CiclaMadrid reúne más de 1.200 kilómetros de recorridos que permiten descubrir sobre dos ruedas la enorme diversidad de una región donde, en distancias relativamente pequeñas, se pasa de las montañas y pinares de la Sierra de Guadarrama a las vegas, olivares, viñedos y paisajes agrícolas del sureste.
A esa variedad paisajística se une una potente oferta cultural, patrimonial, gastronómica y enológica. Palacios y monasterios, castillos, pueblos históricos y tres enclaves incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO conviven con territorios rurales donde siguen teniendo gran protagonismo los productos de proximidad y los Vinos de Madrid.
Todo ello con otra ventaja importante para el cicloturista: la proximidad de Madrid capital, las posibilidades de combinar bicicleta y transporte público y una oferta de alojamientos y servicios que facilita organizar desde una salida de unas horas hasta un viaje de varios días.
Para quienes busquen viajes de mayor recorrido, CiclaMadrid cuenta con dos grandes propuestas. El Gran Tour forma un gran itinerario circular de unos 420 kilómetros dividido en 17 etapas, enlazando paisajes y localidades de toda la Comunidad.
En el extremo más deportivo se sitúa el CiclaMadrid MTB Tour, un anillo señalizado de 213 kilómetros por la Sierra Norte, con 5.946 metros de desnivel acumulado y un 93,8 % de su trazado por caminos de tierra, pistas forestales y caminos rurales y de servicio.
Dos formas muy diferentes de viajar en bicicleta a las que se suma una tercera especialmente atractiva para quienes buscan recorridos más tranquilos: las Vías Verdes.
La Vía Verde del Tajuña
La Vía Verde del Tajuña recupera parte del antiguo trazado ferroviario que recorría este territorio y lo convierte en un itinerario para bicicletas y caminantes. Desde Arganda del Rey hasta Ambite suma aproximadamente 49 kilómetros, atravesando Morata de Tajuña, Perales de Tajuña, Tielmes, Carabaña y Orusco antes de alcanzar su destino. Es una ruta lineal, bien señalizada y de dificultad general media-baja.
Su característico firme asfaltado de color rojo y su perfil predominantemente suave hacen que resulte adecuada para un público muy amplio. De hecho, algunos de sus tramos están específicamente aconsejados para realizar en familia: entre Carabaña y Orusco, por ejemplo, se pueden recorrer unos siete kilómetros prácticamente llanos y muy fáciles de seguir.
El paisaje es muy diferente al de las montañas del norte y oeste de Madrid. Estamos en el sureste de la Comunidad, en el territorio de Las Vegas y la Alcarria de Alcalá, una comarca rural en la que las fértiles vegas fluviales contrastan con páramos, laderas, olivares, viñedos y cultivos de cereal. El propio río Tajuña actúa como hilo conductor, creando un corredor verde que acompaña buena parte del viaje.
La antigua vía ferroviaria aporta además personalidad al recorrido. Trincheras excavadas para permitir el paso de los trenes, antiguos puentes, estaciones y otros elementos recuerdan continuamente el origen de este camino. A ellos se suman pueblos que invitan a abandonar momentáneamente la bicicleta para descubrir iglesias, restos arqueológicos, molinos o fuentes.
Aunque los 49 kilómetros pueden recorrerse en una jornada por ciclistas habituados, dividirlos permite convertir la Vía Verde en un viaje mucho más pausado. Proponemos seis pequeños tramos, pensados para pedalear sin prisas y dedicar tiempo a conocer lo que encontramos alrededor.
En seis etapas para disfrutar
1. De Arganda del Rey a Morata de Tajuña (14 km)
Una de las ventajas de comenzar en Arganda del Rey es que podemos llegar directamente desde Madrid en Metro, por la línea 9. Desde aquí, la Vía Verde abandona progresivamente el casco urbano y avanza entre la zona industrial y suaves laderas donde todavía aparecen algunos olivos.
Después de cruzar bajo la A-3 comienza el tramo más marcado de ascenso de toda la ruta, mediante curvas, trincheras y taludes hasta alcanzar la meseta de El Alto. A partir de ahí se desciende hacia Morata de Tajuña.
El ferrocarril sigue muy presente en esta primera parte del viaje. En La Poveda se encuentra el Museo del Tren de Arganda, vinculado a la historia ferroviaria de la zona. La entrada en Morata supone además el primer encuentro claro con el valle y con el paisaje agrícola que dominará buena parte de las jornadas siguientes.
Merece la pena detenerse en la localidad. Entre sus edificios históricos destaca la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, de comienzos del siglo XVI y todavía con elementos de su traza renacentista. La relación entre Morata y el Tajuña viene de antiguo: durante siglos su vega estuvo salpicada de molinos harineros que utilizaban la fuerza del río.
2. De Morata de Tajuña a Perales de Tajuña (9 km)
A partir de Morata la ruta adquiere definitivamente un carácter rural. La pista roja avanza entre campos y se acerca al lugar donde se encontraba la antigua estación de Tajuña.
Desde aquí partía un ramal ferroviario hacia Chinchón y Colmenar de Oreja, del que todavía puede contemplarse un puente metálico. Antes de alcanzar Perales aparecen algunos badenes breves y de pendiente acusada, las rampas más significativas de este sector.
El gran atractivo patrimonial de Perales de Tajuña es el Risco de las Cuevas, un impresionante paredón sobre la margen derecha del río perforado por 47 cavidades artificiales y declarado Bien de Interés Cultural. Su origen ha generado distintas interpretaciones y el lugar conserva evidencias de ocupación de diferentes épocas.
Quien quiera prolongar la parada puede acercarse también a la iglesia de Santa María del Castillo, levantada sobre una antigua fortaleza medieval y conocida especialmente por el artesonado conservado en su interior.
3. De Perales de Tajuña a Tielmes (4 km)
Es la etapa más corta y una buena oportunidad para bajar el ritmo. Pasado Perales, la Vía Verde continúa por caminos rurales de la margen izquierda del Tajuña. Conviene tener en cuenta que en este sector existe circulación de vehículos rurales.
El río y la agricultura son ya protagonistas absolutos. La vega alterna con los páramos y, alrededor de Tielmes, la vegetación de ribera está formada por especies como álamos, olmos y chopos, mientras en las zonas más elevadas aparecen encinas, robles, cereal y plantas aromáticas.
Tielmes conserva también interesantes testimonios de la cultura tradicional de la comarca. Su Museo Casa y Escuela Rural recupera aspectos de la vida cotidiana del pasado, mientras las casas-cueva excavadas en el terreno calizo constituyen otro de sus elementos más característicos.
Con solo 4 km de pedaleo, es una jornada especialmente adecuada para plantearla sin prisas o integrarla con la etapa siguiente.
4. De Tielmes a Carabaña (8 km)
El recorrido continúa siguiendo la vega por un paisaje agrícola de perfiles amables. Es uno de esos tramos en los que resulta fácil comprender el atractivo de una Vía Verde: basta con seguir la pista, disfrutar del río y observar cómo se alternan cultivos y vegetación de ribera.
Poco antes de Carabaña aparece uno de los grandes recuerdos del antiguo ferrocarril: la estación de Chávarri, donde antiguamente se cargaban las botellas de las famosas Aguas de Carabaña. Un molino junto al río anuncia finalmente la entrada en la localidad.
Carabaña mantiene una estrecha relación histórica con sus aguas minerales, conocidas desde antiguo. Alrededor de su explotación se desarrollaron a finales del siglo XIX y comienzos del XX la fábrica de embotellado, el apeadero de Chávarri y otras instalaciones. En el casco urbano destacan la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el Palacio del Virrey de Indias y el puente de piedra sobre el Tajuña.
También es un buen lugar para hablar de gastronomía. Olivares y viñedos forman parte del paisaje de la comarca, donde el aceite, el vino y la repostería tradicional son algunos de los productos más característicos.
Y para quien se quede con ganas de pedalear más, desde Carabaña parte otra interesante aventura: la Vía Verde del Tren de los 40 Días, que se dirige hacia Estremera siguiendo el trazado de aquel ferrocarril construido durante la Guerra Civil.
5. De Carabaña a Orusco de Tajuña (6 km)
CiclaMadrid recomienda este tramo familiar por su trazado sencillo y separado del tráfico. Aquí la antigua infraestructura ferroviaria vuelve a cobrar protagonismo. El camino avanza entre el paisaje de la vega y los relieves que la rodean, con cortes de roca y pasos que recuerdan el trabajo necesario para abrir el antiguo trazado del tren.
El recorrido permite disfrutar sin grandes esfuerzos del carácter rural del valle. En esta parte de la comarca, la bicicleta se adapta especialmente bien a una forma pausada de viajar: detenerse en los pueblos, probar productos locales y continuar después junto al Tajuña.


6. De Orusco de Tajuña a Ambite (8 km)
Los últimos ocho kilómetros conducen hacia Ambite y ponen un magnífico cierre al recorrido. Es uno de los tramos más agradables de la Vía Verde: aparecen arboledas, pequeños puentes, la vega cultivada y los escarpes que acompañan al río, en un territorio de transición entre la Baja Alcarria madrileña y las Vegas del Tajuña.
El paisaje vuelve a demostrar hasta qué punto el agua ha modelado esta comarca. Cerca del Tajuña se conservan antiguos molinos y el puente de los Cinco Ojos, construido en piedra y terminado en el siglo XVIII. El entorno combina fértiles cultivos de vega con cortados de yesos y espacios apropiados para la observación de aves.
Ambite marca el final madrileño de la Vía Verde. Es el momento de bajarse definitivamente de la bicicleta y dedicar algo de tiempo al pueblo y a su entorno. Entre los atractivos de la localidad figuran su palacio histórico y la iglesia de San Juan Bautista, mientras que el Parque Forestal Daniel Iglesias conecta directamente con la Vía Verde a través de un corredor arbolado.


Mucho más que una Vía Verde
Recorrer el Tajuña permite además asomarse a una comarca que merece seguir explorándose más allá del propio itinerario. Relativamente cerca se encuentran Chinchón y Colmenar de Oreja, dos de las Villas de Madrid, con plazas históricas, iglesias, museos y una importante tradición gastronómica y vinícola. Más al sur, Aranjuez, Patrimonio Mundial de la UNESCO, añade el Palacio Real y sus jardines a la riqueza cultural del territorio.
La gastronomía proporciona otra buena excusa para prolongar la estancia. La comarca cuenta con bodegas vinculadas a la D.O. Vinos de Madrid, además de aceite de oliva, miel y productos de la huerta. Casas rurales y otros alojamientos permiten, además, transformar una salida ciclista en una escapada de varios días y conocer con más calma los pueblos del sureste madrileño.
Pero la Vía Verde tiene una virtud especial: no exige ser un ciclista experimentado para disfrutar del viaje. El trazado ferroviario, el firme acondicionado y un perfil en general suave permiten plantear desde pequeños recorridos familiares hasta los 49 kilómetros completos entre Arganda y Ambite,
siempre teniendo en cuenta los sectores compartidos con vehículos.
Una forma diferente de descubrir Madrid, siguiendo el curso del Tajuña y el camino que un día recorrieron los trenes: pedaleando entre vegas, campos de cultivo y pequeños pueblos, con tiempo para detenerse, conocer su patrimonio y sentarse a la mesa antes de continuar el viaje.
Más información:
- En la web de CiclaMadrid, Vía Verde del Tajuña.
- En la web de turismo de la Comunidad de Madrid.
- En la web MADRURAL
- Sobre la comarca de las Vegas y la Alcarria Madrileña en aracove.com.

















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