La Serranía de Cuenca reserva muchas sorpresas al caminante que se echa al monte por cualquiera de sus caminos y encuentra un paisaje singular, en el que abundan formas geológicas fantásticas que dan lugar a parajes de belleza enigmática.
La Serranía forma parte del sistema Ibérico y no constituye una zona de alta montaña, sino que está formada por varias sierras de pequeño tamaño pero con nombre propio, como las de Valdemeca, Valdecabras, de la Madera, del Agua, de Las Majadas y de Tragacete, entre otras.
Cada una de ellas tiene sus características propias pero forman un conjunto homogéneo con aspectos comunes. La mayoría de ellas están constituidas casi exclusivamente por rocas calcáreas, si bien en algunas, como la Sierra de Valdemeca, hay pizarras, areniscas y conglomerados. Casi todas estas rocas se formaron en la era de los dinosaurios —el Mesozoico— y se levantaron y plegaron durante la Orogenia Alpina, la misma que formó los Alpes y Pirineos.
Después, la incansable labor del agua sobre las rocas calcáreas esculpió el paisaje que hoy vemos, sumamente rico en hoces, torcas, arcos, callejones, simas, cuchillos, escarpes, torres, y otras formaciones que convierten a este lugar en un auténtico museo de arte abstracto al aire libre. Muchos de estos elementos geológicos de interés están contemplados en la Ley de Conservación de la Naturaleza de Castilla-La Mancha como elementos geológicos de protección especial. Es esta singularidad la que también dio lugar a que la Ciudad Encantada de Cuenca —probablemente el lugar más famoso de la serranía y uno de los monumentos naturales más conocidos del país— fuera declarada Sitio Natural de Interés Nacional en el lejano 1927.
Te proponemos sumergirte en este mundo lleno de vida, contrastes y paisaje faublosos con los siguientes excursiones
HOZ DE BETETA
La hoz de Beteta es uno de los cañones más espectaculares de la Serranía de Cuenca. Seis kilómetros de desfiladero con paredes de más de 80 metros de altura. Una senda que transita por la ribera izquierda del río Guadiela da la oportunidad de zambullirse en un maravilloso universo vegetal y mineral con más de una sorpresa.
CERRO MOGORRITA
El punto de mayor altitud, no sólo de la Serranía de Cuenca sino también de la provincia conquense, se encuentra en la Sierra de Valdeminguete, en el Cerro Mogorrita —o La Mogorrita a secas, como la llaman los vecinos de Tragacete—, cuyo vértice geodésico se alza a 1864 metros de altitud. La excursión que proponemos nos llevará hasta el techo conquense atravesando frondosos bosques de robles y pinos, y venciendo empinadas laderas con cinturones calcáreos. En el regreso acompañaremos al río Júcar en sus primeros pasos.
LOS CALLEJONES DE LAS MAJADAS
A los Callejones de las Majadas se les ha dado el sobrenombre de Pequeña Ciudad Encantada por su parecido al famoso paraje conquense. Como aquél, los Callejones son un laberinto de canales y rocas de caprichosas formas que forman un paisaje casi mágico al que contribuye las pocas visitas que recibe.
EL ESCALERÓN Y LA RAYA
El entorno del pueblo de Uña es un compendio de todos los elementos paisajísticos que uno puede encontrar en la Serranía de Cuenca: mesetas aisladas, acantilados desplomados, peñas de fantásticas formas, precipicios de vértigo, frondosos pinares, barrancos laberínticos, vegetación con vocación atlántica… y algo más, una laguna que es una excepción en un territorio modelado por la erosión kárstica.
HOCES DE PALOMERA
El río Huécar nace en un amplio valle de la Sierra de Pila a unos tres kilómetros al este del pueblo de Palomera. Después de atravesar la localidad, el río se encajona en una profunda hoz que lo conduce hasta la capital conquense donde tributa al Júcar. La excursión a sus fuentes es poco más que un paseo que sugerimos ampliar visitando otras dos hoces que rodean a Palomera.
HOZ DE VALDECABRAS
Valdecabras es un pueblo tranquilo ideal para desintoxicarse del ruido y el alboroto urbano situado en el interior mismo de la serranía conquense, al final de la hoz del río del mismo nombre. Su origen es medieval y conserva algunos retazos de arquitectura rural de entre la que sobresale su austera y hermosa iglesia.
RUTA URBANA POR LAS HOCES DE CUENCA
Se lee en los folletos turísticos y todo el que visita la ciudad lo corrobora: Cuenca es la capital de provincia más integrada en el paisaje que la rodea, o dicho con algo más de poesía, la naturaleza abraza a Cuenca y se funde con ella. No es estrictamente necesario internarse en las profundidades de la serranía para encontrar lugares fantásticos; toparemos con ellos caminando sin perder de vista la ciudad.
TORCAS DE PALANCARES
Es fácil imaginar la cara de asombro que se les quedaría a los primeros aviadores que sobrevolaron las Torcas de Palancares al ver ese apelotonamiento de agujeros enormes en el terreno que parecen haber sido provocados por una concentrada lluvia de meteoritos. A pie de tierra, las Torcas no producen un impacto visual tan potente pero siguen siendo espectaculares y conservan un punto de misterio.
EL CASTILLO Y LOS CORBETEROS
El agua, la roca y el tiempo se pusieron de acuerdo para esculpir en la Serranía de Cuenca algunos de los paisajes más oníricos de la península ibérica. La Ciudad Encantada es el ejemplo más famoso y el más visitado. Si te atraen los lugares con aspectos surrealistas pero sientes rechazo por las multitudes, apunta estos nombres: El Castillo de Saladar y Los Corbeteros.
HOZ DEL RÍO GRITOS
El río Gritos se abre paso entre los áridos páramos de Las Valeras, en la Serranía Media conquense, originando una espectacular hoz a lo largo de seis kilómetros que tiene en uno de sus extremos una joya arqueológica de extraordinario interés: la ciudad romana de Valeria. Naturaleza e Historia se dan la mano es esta sencilla excursión que deja un estupendo sabor de boca.
CHORRERAS DEL CABRIEL
Entre el embalse de Víllora y el pueblo de Enguídanos, las aguas del río Cabriel, en complicidad con la roca, ha modelado un paisaje único que se conoce como Las Chorreras. En un corto espacio, se concentran varias cascadas, rápidos, pozas y meandros encajados entre acantilados. El valor natural y geológico de este paraje condujo a declararlo Monumento Natural, y, más recientemente, a limitar las visitas.
HOCES DEL RÍO MIRA
El río Mira nace llamándose Ojos de Moya y al cruzar la población de Mira toma su nombre para seguir su viaje hasta desembocar en el embalse de Contreras. Poco después de dejar atrás el pueblo, el río se retuerce formando unas bonitas hoces que se pueden visitar combinando varios senderos marcados.






















