Senda de las Estatuas de Condemios

En Guadalajara hay lugares que son auténticas obras de arte de la naturaleza creadas por el viento, el agua y la erosión como el barranco del Río Dulce o el Valle de los Milagros, pero también hay otras obras de arte “natural” en las que ha intervenido la mano del hombre.

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EL INDIO. Ruta de Las Esculturas de Condemios 📷 Víctor Pascual
EL INDIO. Ruta de Las Esculturas de Condemios 📷 Víctor Pascual

El mejor ejemplo son las tallas de madera realizadas en un pinar del municipio de Condemios de Arriba, que han dado forma a una excursión que se llama, como no podía ser de otro modo, Senda de las Esculturas de Condemios.

Condemios de Arriba es un pueblo incluido en la ruta de la Arquitectura negra. Está situado entre la meseta de los Llanos y la sierra del Poyato, teniendo como fondo el Alto Rey, que domina toda la comarca.

Al sur de Condemios se encuentra un pinar muy reconocido por su producción en níscalos. En varios tocones del pinar, unos escultores arriacenses agrupados bajo el nombre de Proyecto 3, tallaron en la primavera del 2014 una decena de esculturas de gran tamaño y de diferentes motivos: Eva Desnuda, el Indio, la Pagoda, la Parca…

Más tarde se señalizó un itinerario que las une. El resultado es una corta excursión sin apenas desnivel, en medio de un precioso y sombreado pinar. Ideal para hacerla con niños pues aparte del mínimo esfuerzo que supone, se sentirán fascinados por estos habitantes fantásticos del bosque, cuya localización puede convertirse en un juego.

La ruta

La excursión comienza en un pequeño aparcamiento que hay a la entrada de la pista forestal que comienza en la carretera que va de Condemios de Arriba a Galve de Sorbe, a un kilómetro, aproximadamente, del primero.

La entrada a la dehesa no esta marcada. Nada más bajarnos del coche vemos la primera de las estatuas: el Indio. Para ir a la siguiente hay que caminar por la pista hasta encontrar un poste con varias direcciones. Es momento de salirse de la pista y continuar el rastreo de esculturas por el camino de la izquierda.

El entorno es de una gran belleza que destila tranquilidad: una pradera verde escoltada por enormes pinos silvestres de hasta veinte metros de altura, que proyectan sus sombras sobre el suelo.

Mientras paseamos llegaremos casi sin enterarnos a la segunda de las estatuas, la Pagoda. No hace falta describirla, su nombre lo dice todo.

Dejamos atrás la Pagoda y continuamos andando por la pradera hasta llegar a Eva Desnuda, la siguiente de las estatuas. A la izquierda de Eva hay otras dos tallas algo escondidas junto al arroyo llamadas Cara del Árbol y Guerrero Celtíbero.

Una vez vistas hay que regresar al poste que se encuentra cerca de Eva Desnuda donde viene indicada la dirección a seguir para subir a la zona alta donde están el resto de las estatuas.

Muy pronto veremos en el alto de una ladera otro grupo de estatuas que reúnen a Pegaso, Abrazo (curioso nombre, porque se trata de una mujer boca abajo), Cremallera y La Parca, la última y más “siniestra” de todas quizá puesta ahí para advertirnos que ya hemos terminado.

Toca regresar al aparcamiento –a no ser que uno prefiera vagar por el pinar–, y en lugar de hacerlo sobre los pasos dados vamos a caminar hacia el noroeste hasta llegar a la pista que ha de devolvernos al aparcamiento.

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