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Grandes Espacios nº185

Casi todas las p ginas del número de febrero de Grandes Espacios est n ocupadas por el Vignemale, el monumental macizo pirenaico que comparten España y Francia y que es considerado como el m s alpino de la cordillera por sus extraordinarias paredes y sus glaciares.

Editorial

Recuerdos del Vignemale por Dioni Serrano

ESCALÉ la norte de la Pique Longue hace tanto tiempo que podría tratarse de un recuerdo inventado si no guardara un viejo clavo sacado sin esfuerzo de la pared. No pongo la mano sobre el fuego, pero lo más fácil es que el impulso de escalar el Vignemale se detuviera en seco al ver asomar su gigantesca cara norte en un recodo del camino de Gaube. Sí recuerdo bien que llovió durante la noche, y que es probable que el borde de nuestro coraje rogara para que no se detuviera. Amaneció sin nubes y sin excusas, así que…. Lo bueno, o lo malo de escalar una pared que está rodeada de otras tan altas como ella, es que la vista no se distrae en el horizonte. Es, imagino, como ver una obra de teatro desde dentro del escenario. En la Pique Longue fue así, y hacíamos balance de nuestra progresión no por los largos de cuerda sino por las referencias que iban quedando atrás en la pared de la Punta Chausenque. La Pique Longue reserva una sorpresa para los que la escalan por el norte. Sin previo aviso, la roca compacta desaparece y hay que seguir por un muro psicodélico donde se alterna el gris calizo y el rojo herrumbroso. Sumergido en él no eres consciente de que escalas un oleaje petrificado. Solo desde la cumbre vecina se aprecia el maravilloso mosaico que compone la pirámide cimera de la Pique Longue. Por una de esas culebrillas coloradas escapamos hacia un hombro en el borde derecho de la pared. Teníamos motivos para la huida. Por la chimenea que desemboca en la cima chorreaba el agua y el vértice cimero parecía echársenos encima. Luego vino el descenso hasta el collado de Oulettes por una ladera donde se habían dado cita todos los bloques inestables del mundo y, finalmente, los placenteros prados del circo. Los recuerdos dormidos se desperezan en este frío mes de enero en el que decidimos pasar revista al Vignemale.

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Especial Vignemale

Alpes en los Pirineos

Del trío de ases pirenaicos, Aneto, Monte Perdido y Vignemale, es a éste último al que el grueso de los pirineístas proclaman como el más “alpino” de los macizos. Méritos no le faltan. Su impactante vertiente septentrional, el extenso glaciar que baja desde sus cumbres y los afilados cordales que parecen creados para provocar el vértigo “ponen” un trocito de los Alpes en este rincón del Pirineo. Por lo demás, a los pies de esta montaña fronteriza entre Francia y España, discurren los valles que son las joyas de la corona: Gavarnie, Cauterets y Bujaruelo, que guardan los paisajes más impresionantes y reputados de la cordillera.

La doble conquista. Juego de pillos.

Todas las rutas normales al Vignemale

Por delante y por detrás.

El Vignemale “aplasta” cuando se contempla desde el norte. Las paredes de ochocientos metros cortadas a pico que forman el gigantesco semicirco de Gaube, invitan a creer que las cumbres que lo forman sólo están al alcance de los escaladores más expertos. Una vez más, la perspectiva engaña. Todas las cimas del macizo se pueden conquistar sin usar ni cuerda, ni clavos, ni otros elementos de escalada, al menos en verano. Lo que sí necesitaremos son unas piernas bien entrenadas y un corazón de hierro porque, eso sí, el Vignemale es muy alto y muy lejos.

La vuelta al Vignemale

Tiempo de silencio

Rodear el Vignemale es una de las actividades más “salvajes” que un excursionista puede abordar en Pirineos porque el acercamiento hasta el coloso es largo y, si se hace desde España, solitario como en ninguna otra parte de la cordillera. Jordi Longás nos describe una vuelta minimalista, de sólo tres días, pero que se puede alargar subiendo a más cimas o adaptando la distancia a la capacidad y las expectativas de cada uno. ¡Que aproveche!

Vignemale con esquís

Póquer de descensos

Abordar el macizo de Vignemale con esquís es tan apasionante y seductor como complejo. Al tratarse de una montaña con una vertiente rocosa, a excepción del característico glaciar de la vertiente este, no es posible trazar muchas rutas con esquí de travesía. En cambio ofrece algunos descensos que se cuentan entre los más memorables de Pirineos. Sin duda, los picos Tapou, Cerbillona y Petit Pic deben incluirse en la lista de los Top-Ten de la cordillera. Si añadimos a este podio la Pique Longue obtendremos un brillante póquer de descensos.

La galaxia Vignemale

Una montaña, dos parque y una montaña

El macizo de Vignemale ocupa el cuerno occidental de una media luna de caliza formada además por el Monte Perdido y La Munia. Pero también es el centro de una galaxia cuyos brazos son tres de los más bellos valles del Pirineo, y que luce con el brillo de dos magníficas estrellas: el gran Parque Nacional de los Pirineos y la Reserva de la Biosfera de Ordesa-Viñamala.

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Material: ¿Pluma o fibra?

That’s the question

El pasado invierno, los percheros de algunas tiendas de moda y grandes almacenes se llenaron con chaquetas acolchadas de corte deportivo a precios increíblemente bajos. Naturalmente, eran prendas de dudosa calidad destinadas al uso en la ciudad, pero que ponían de relieve la eficacia que tienen esas prendas cuando se trata de protegernos del frío. Pero ¿qué es mejor para este menester: la fibra o la pluma? Como escribió William: “Éste es el dilema”.

Diez respuestas a diez cuestiones cruciales

 

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