EXPLORANDO

Un pirenaico sin fronteras

Entrevista al desaparecido Rainier Munsch Bunny publicada en Desnivel en junio de 2005

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Rainier Munsch Bunny.- Foto: Darío RodríguezRainier Munsch Bunny.- Foto: Darío Rodríguez

Como «un camino de vida muy completo», define la escalada el francés Rainier Munsch, más conocido como Bunny, y bien reconocido por los destacados vecinos de Pau -capital francesa del pirineísmo- Christian Ravier, Serge Casteran o
Remi Thivel como uno de sus activistas más representativos. Guía de montaña,
autor de un libro mítico sobre la escalada en España como es Verticualidad,
conoce y valora la escalada en nuestro país tanto o mejor que nosotros mismos.

Duda de que los jóvenes quieran algún consejo de los viejos, pero no tendría por qué hacerlo. El «viejo» Bunny predica con el ejemplo. Por ejemplo, su proyecto razonable es escalar su 50ª vía diferente en Montrebei antes de cumplir los 50. Ahora tiene 49. Venir del otro lado del Pirineo no resultará obstáculo para quien lo lleva haciendo ininterrumpidamente desde 1974, seducido entonces por Riglos.

Así lo cuenta en su libro Verticualidad, una pasada estética por 175 vías largas desde el Naranjo al Chorro, pasando por Riglos, Monterrat y Pedriza; y cuatro zonas deportivas. Es, junto con Roca, nieve y hielo en Pirineos -una guía de mochila- su aportación para descubrir mundos que él conoce bien. «Para mí, la escalada de pared, la escalada deportiva, la alta montaña, es una sola cosa, un modo de vida», dice.

Después de iniciarse en la montaña y espeleología entre los 13 y 16 años, el Capéran de Tortes -una pequeña aguja situada en Gourette (valle de Ossau)- marcará el inicio de sus escaladas pirenaicas en 1973. Desde 1977 ya se dedicará por entero a la montaña, gracias -con el tiempo y entre otras cosas- a su «paciente y comprensiva esposa» con quien tiene tres hijos, dos de ellos gemelos. Desde 1980, trabaja además como guía de montaña.

Así, con 30 buenos años dedicado a la montaña, especialmente al pirineísmo, Bunny destaca como codescubridor de Gavarnie, junto con Dominique Julien, y autor de vías como Overdose y Banzayous. En Ordesa, suyas son Chorizo frito y Sol negro, Vía del corb en Montrebei, Eliminator, en el Midi d»Ossau. Como invernales, destaca su primera a la Sureste directa del Pilar de Embarradére. Como guía resume diciendo que ha trabajado desde «Peña Ubiña hasta las Dolomitas». Al final, él siente que tiene más en común con un escalador español que con uno de París.

Por supuesto, también ha viajado y escalado en otros continentes: el nevado peruano Huandoy Sur y el desierto jordano del Wadi Rum han visto rutas suyas. Lo que no le gustan son las expediciones de gran altitud. «Me horrorizan las expediciones pesadas con porteadores, oficiales de enlace… sólo pensar en el campo base me da dolor de cabeza».

Bunny, escalando en Spaghetti, en el Circo de Troumouse (Pirineos), el año pasado. - Foto: Darío RodríguezBunny, escalando en Spaghetti, en el Circo de Troumouse (Pirineos), el año pasado. – Foto: Darío Rodríguez

¿Qué tipo de escalada te apasiona más?
Sin duda el terreno de aventura en gran pared, aunque me gusta todo. Dependiendo del momento del año, practico una u otra modalidad.

¿Cómo ves el mundo de la escalada actualmente?
Creo que los escaladores debemos tener cuidado. Somos un mundillo frágil porque somos pocos. Pienso que la libertad, la autonomía que perseguimos se está buscando demasiado en los caminos que ofrece nuestra sociedad: se quiere un mayor grado de seguridad y eso es algo totalmente opuesto al concepto de escalada. Uno de los pilares de esta actividad es que el escalador tiene su destino en sus manos. Como decimos en Francia, uno escala por su cuenta y riesgo.

¿Hasta dónde hay que ser seguro en la escalada?
No cabe duda de que la seguridad es importante. En alpinismo o en escalada hay que tener cuidado. Precisamente, uno de los atractivos de estas actividades es que se vive en el filo de la navaja. Las evoluciones técnicas aportan más seguridad pero por otra parte también incitan a intentar cosas cada vez más difíciles y por tanto, obligatoriamente, más arriesgadas.
En alpinismo y en escalada en terreno de aventura el riesgo es inseparable. No se pueden conseguir grandes cosas sin asumirlo.

¿Y escalando en hielo?
La escalada en hielo es muy estética y atrae a mucha gente porque los movimientos son, en apariencia, sencillos. El problema es que entraña riesgos como la caída de hielo, su estado, etcétera, y la masificación de las zonas de hielo es contraria a la seguridad. No hay que olvidar que en hielo, exceptuando algunas vías de dry tooling bien equipadas, la caída -con piolets y crampones- no es una opción. Por otra parte, la evolución ha permitido que se escale sobre estructuras cada vez más frágiles con lo que existe un riesgo ligado a la fragilidad de estas estructuras. Por ello, se puede decir que es una escalada muy estética en su conjunto, pero con sus inevitables riesgos, y tan comprometida como el terreno de aventura. A veces más.

¿Qué piensas de equipar con buriles cascadas o vías en terreno de aventura?
Creo que el uso de parabolts o de seguros de expansión ha ampliado los horizontes del alpinismo, eso es evidente. También pienso que la regla es que no hay reglas, salvo que hay que respetar al aperturista. Creo también que con el tiempo y debido a la evolución de ciertos itinerarios, se puede equipar o reequipar un trazado.
Me explico. No existe una regla definida, siempre y cuando se respete al aperturista. Por ejemplo, hace poco, quité unos parabolts en una cascada clásica porque un escalador la había equipado para poder rapelarla. A veces, rapelar las cascadas es algo inevitable, pero es conveniente evitarlo ya que puede resultar peligroso para los escaladores que están en la vía. A mi entender, el uso del parabolt para rapelar en esta cascada de escasa dificultad no estaba en absoluto justificada. Sin embargo, en la cima, sí que se justificaba colocar dos parabolts pues es la única manera de tener una reunión en condiciones. En estos casos, es imprescindible actuar con cierta lógica.

Bunny en Circo de Troumouse (Pirineos), el año pasado.- Foto: Darío RodríguezBunny en Circo de Troumouse (Pirineos), el año pasado.- Foto: Darío Rodríguez

¿Qué piensas sobre el «dry tooling»?
Creo que es una evolución lógica de la escalada mixta, porque en realidad el dry tooling es mixto extremo. Es lógica porque las nuevas generaciones deben buscar nuevos caminos, nuevos retos. Sobre todo, no hay que limitar el alpinismo o la escalada a su propia práctica, eso sería pecar de orgullo. El dry tooling es una evolución atractiva para los jóvenes, y también puede hacer evolucionar la dificultad de los grandes itinerarios. De hecho en la cara norte del Eiger o en ciertas paredes de los Alpes, se han abierto trazados mixtos con tramos, digamos, en libre. Esto es bueno porque hace evolucionar el alpinismo.

¿Es importante para un alpinista tener un nivel alto en escalada deportiva?
Tener un buen nivel en escalada deportiva es algo imprescindible para todo aquel que aspire a practicar alpinismo de alto nivel hoy en día. Si alguien capaz de hacer octavo añade la dimensión psicológica, aún le faltaría algo: la experiencia. Pero si tiene la paciencia de ir sumando esa experiencia, las puertas de la alta dificultad se le abrirán de par en par.

¿Practicas la escalada deportiva?
Sí, un poco. No soy un fanático de la escalada deportiva porque de entrada exige mucho tiempo para ir subiendo de nivel, pero sí que me gusta escalar vías de escuela a mi nivel, un grado bastante medio. Es la base para poder seguir haciendo alpinismo de dificultad con el mayor grado de seguridad posible. Este «mayor grado de seguridad posible» viene dado por el hecho de saber «quedarse» de las presas. Quien tenga la capacidad de agarrar cualquier canto tiene menos probabilidades de caerse, y la escalada deportiva permite conseguirlo.


 

¿Qué son para ti los Pirineos?
Los Pirineos son las montañas a las que más unido me siento. Nací en Pau. Pese a mi apellido de origen alsaciano, me siento más del sur de Francia. Me siento más identificado con la mentalidad del sur de Francia. Como he escalado mucho en España, me siento más identificado con los escaladores catalanes o aragoneses que, por ejemplo, con los parisinos o los de Grenoble.

Bunny y Carles Gusi en 2005, en el Circo de Troumouse.- Foto: Darío RodríguezBunny y Carles Gusi en 2005, en el Circo de Troumouse.- Foto: Darío Rodríguez

¿Qué cosas buenas y malas ves en la escalada en España?
Hay muchas cosas buenas. En primer lugar, existe una buena convivencia entre los escaladores. Los escaladores de alto nivel son mucho más asequibles, y eso es muy bueno. Creo también que el alpinismo español está mucho más abierto al mundo. En cambio, el alpinismo francés es más egocéntrico, se encierra en un pequeño mundillo, que sin duda ha enraizado en Chamonix.
En cuanto a lo negativo, quizás porque tenga muchos amigos españoles, no se me ocurren muchas cosas. Creo que es un alpinismo muy dinámico, muy variado, en el que todos tienen su sitio: hay escaladores deportivos de muy alto nivel, muy buenos escaladores de artificial, de hielo, de gran altitud. Es un mundillo extremadamente rico.

¿Qué opinas del equipamiento de las rutas en España?
Creo que en España con las nuevas generaciones y el uso generalizado del taladro, hay una tendencia a equipar vías muy seguras. No obstante, existe cierto respeto. Visito Riglos desde hace treinta años, he conocido las primeras vías de la generación de Rabadá. Después, la escalada de la generación de Cobo, y finalmente la llegada de la deportiva. A pesar de todas estas evoluciones, la escalada conserva su carácter.
Cabe esperar que las nuevas generaciones lo sigan manteniendo. Esto no quiere decir que no haya que cambiar los seguros que están en mal estado. Es evidente que si se colocasen 70 parabolts en el Fire, se destruiría ese carácter. Sin embargo, limitarse a cambiar los seguros viejos por otros nuevos en los tramos claves, permite mantener ese espíritu.
Creo que una de las riquezas de la escalada, no sólo en España, es la variedad. Hay días que preferiremos hacer vías bien equipadas porque nos falta algo de coco. Otros, nos sentiremos fuertes mentalmente y probaremos vías con pocos seguros. Hay sitio para ambos tipos de vías.
Uno de los problemas grandes no es exclusivo de la escalada en España, es la locura aperturista que consiste en abrir vías pegadas unas a otras. Todo el mundo quiere abrir en las paredes prestigiosas, la gente no sabe parar. Si hay sitio para cuatro vías, se abren ocho, hay que tener cuidado con eso, pues puede alterar el carácter de las vías ya abiertas.

Hay un momento en el que hay que dejar de abrir vías en una pared conocida…
Sí, hay paredes que gozan de mucha fama, como por ejemplo la Oeste del Naranjo, y es verdad que los fanáticos de la apertura quieren dejar su impronta en esas paredes míticas. Si fueran líneas de fisura, no supondría ningún problema ya que son líneas naturales. Pero si la pared es muy compacta acaba siendo equipada con muchas chapas, y las vías se mezclan, es difícil saber en qué vía estás escalando.

Escalando el Spaghetti, en el Circo de Troumouse en 2005.- Foto: Darío RodríguezEscalando el Spaghetti, en el Circo de Troumouse en 2005.- Foto: Darío Rodríguez

Pasa algo parecido cuando una vía clásica y otra deportiva comparten pared….
Es un problema de lógica: si hay una vía equipada, no pasa nada. Si hay dos o tres, y en medio una clásica, es un problema. Pero no es un problema típicamente español. Por ejemplo, los hermanos Rémy abrieron muchas vías equipadas en los Alpes al lado de vías clásicas, lo que causa confusión y eso no es bueno. Pero claro, es sólo mi opinión.

Parece que el terreno de aventura está un poco olvidado, hay mucha afición por las cascadas pero no tanta por las vías en terreno de aventura.
Hay más afición por la deportiva, las cascadas, etcétera, pero no tanta por las vías clásicas como las del Midi o las de Ordesa. Creo que existe una especie de fantasma… Antes había mucha gente en ese tipo de vías… Yo escalo desde el 78 en Montrebei, y desde siempre ha habido pocos escaladores. Los escaladores españoles y franceses que escalan allí nos conocemos todos. Hay dos o tres vías muy frecuentadas, como la Rabadá, la Ravier, la Franco-española, pero los itinerarios de aventura son menos visitados. Pero es algo que existe desde siempre. La escalada en terreno de aventura es una actividad que requiere mucha autonomía, mucha disponibilidad y mucha experiencia. El camino de vida elegido por los escaladores, ya sea en Francia o en España, no permite dedicarse completamente a esta actividad.

¿Qué piensas de las prohibiciones por problemas ecológicos?
Podría hablar durante horas sobre esto. Creo que es un reflejo de la hipocresía de la sociedad en la que vivimos. Sin duda, estamos destruyendo el planeta y creo que los occidentales tenemos gran parte de responsabilidad. También es cierto que existen ciertas formas de turismo que habría que limitar, pienso sobre todo en las inmensas instalaciones para la práctica del esquí. Habría que ser coherente y no sacrificar macizos enteros en nombre de esa forma de ocio.
En cuanto a lo que nos concierne, hablar de degradación ecológica como consecuencia de la práctica de la escalada o del alpinismo es un engaño, una tontería. En Francia sucede lo mismo, pero me centraré en lo que ocurre en España. En Aigües Tortes tenemos por un lado el tráfico de taxis para subir al refugio de Amitges durante todo el verano, mientras se obliga a los escaladores a pedir un permiso para abrir una vía. En invierno, la práctica del snow está prohibida pero no la del esquí de montaña. Si el futuro de un macizo depende de la anchura de una tabla, creo que debemos salir de este planeta rápidamente.

Bunny en el Spaghetti, en el Circo de Troumouse en 2005.- Foto: Darío RodríguezBunny en el Spaghetti, en el Circo de Troumouse en 2005.- Foto: Darío Rodríguez

En la vertiente norte del Monte Perdido, si he entendido bien, la vía Ravier del Cilindro está prohibida porque se encuentra en una zona declarada reserva integral por el parque nacional. Sigo esperando que un especialista me explique qué daños puede causar una cordada en una vía como la Ravier, de la que se ignora cuántas veces ha sido repetida. Creo que el problema está ligado al saneamiento del refugio [de Góriz], algo sobre lo que hay que reflexionar. Pero el alpinismo o la escalada, digamos salvaje, no tiene ninguna incidencia sobre el medio natural.
También hay que saber que en alpinismo o en escalada, la dificultad regula la frecuentación. Y puedo decir, porque conozco muy bien el problema, que en los últimos treinta años no ha cambiado nada. No son las diez cordadas que escalan en el Gallinero las que pueden causar problemas. Es en Torla donde existe una masificación, a una hora de marcha de allí hay un centenar de personas paseando bajo los pinos; a dos horas ya no hay prácticamente nadie, y en las vías la presencia de gente es casi anecdótica.

Sobre la nidificación, es cierto que puede haber problemas puntuales. Pero en Riglos, donde llevo escalando desde el 73, lo que ha aumentado es el número de parabolts, de escaladores, y de nidos de buitres. Algo no cuadra. Hay repisas en las que no nidificaban las aves y que ahora han sido colonizadas por los buitres. Las aves han entendido que los escaladores no vendrán a sacarlos de sus nidos. Nos observan como las vacas miran pasar a los trenes. Por supuesto, habrá casos concretos en los que hay que tener cuidado, pero por regla general estoy convencido de que la escalada o el alpinismo no supone ninguna amenaza para el medio.

¿Qué vertiente de los Pirineos está mejor conservada, la española o la francesa?
Tengo una opinión divida respecto a esto. Es un problema bastante complejo. Tras treinta años de pirineísmo, he presenciado la evolución de ambas vertientes. Hay que reconocer que en España, se fomenta mucho el turismo, sobre todo el turismo de masas. En zonas como el valle de Arán, Benasque, el Pirineo aragonés… existe una presión turística muy importante. Esto sacrifica ciertos lugares, y en cierto modo ayuda a dinamizar los valles, valles que estaban abandonados, que se estaban muriendo. Por supuesto, los pueblos y valles abandonados tienen algo de atractivo para los montañeros, pero no por ello deja de ser un problema. Gracias a este dinamismo impulsado por el turismo, se ha conseguido frenar ese proceso de abandono. Eso es algo positivo. La cuestión está en saber detenerse a tiempo, no ir demasiado lejos; no dejar que los poderes económicos se apoderen de estos espacios. Debe hacerse una gestión que tenga en cuenta la preservación del medio, pero también la realidad de la zona.

En Francia ha ocurrido lo contrario. Es fácil darse cuenta de lo que digo, basta con cruzar los Pirineos, se ven pueblos abandonados, grises, tristes, no creo que eso sea bueno. Creo que las montañas deben ser habitadas, al menos en las zonas habitables. La gente que busque tranquilidad, lugares salvajes pueden hacerlo madrugando un poco más, caminando un poco más.

Bunny y Carles Gusi en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío RodríguezBunny y Carles Gusi en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío Rodríguez

¿Qué pueden aportar los Pirineos a un escalador?
Creo que los Pirineos son unas montañas con mucho carácter, no son muy altas pero sí muy grandes. Hay mucha variedad de terrenos, creo que el contraste entre ambas vertientes es de un riqueza inmensa. Cuando se pasa de la vertiente norte a la sur, el espectáculo es increíble. Se puede hacer esquí en nieve polvo en un lugar, y dos horas más tarde escalar en camiseta al sol sobre una pared calcárea. Eso es en genial, imposible en Suiza, o en Chamonix cuando entra el invierno.
Por otro lado, existe una mentalidad «pirineísta» muy particular que está muy marcada en España y que en Francia tratamos de conservar como podemos. Surgió sin duda con la generación de Ravier, Anglada, etcétera y creo que debemos conservarla, porque los Pirineos son unas montañas diferentes y por ello debemos ser diferentes. Y no creo que escalar en Pirineos merme la capacidad de escalar en los Alpes. Históricamente, ha habido escaladores que aportaron mucho al alpinismo viniendo de macizos menos altos, como los ingleses, los escaladores del este o los pirineístas.

¿Qué escalador de Pirineos te ha marcado más?
Para mí, Jean y Pierre Ravier son casos únicos, excepcionales. Actualmente estoy escribiendo un libro sobre ellos con su colaboración y he descubierto lo que hicieron y la forma en que lo hicieron: es casi ciencia-ficción. Es increíble que hubieran llegado a ese nivel, con esa mentalidad, llevando una vida no profesional, con poquísimos medios y material. Lo que consiguieron es comparable a lo más duro que se hacía en esa época en los Alpes o en los Dolomitas.

¿Es posible no perder la motivación cuando se pasa todo el día en la montaña?
Creo que mi pasión está intacta. Si hay algo que tengo claro es que mientras mi condición física y mi salud me lo permitan, seguiré escalando. Para mí la montaña es un equilibrio de vida increíble.

Bunny en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío RodríguezBunny en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío Rodríguez

Has hecho vías de mucha dificultad con clientes, varias veces la Integral del Peuterey. ¿Hasta qué punto puedes controlar el riesgo en estas vías?
He hecho cuatro veces la arista de Peuterey. La quintaesencia de la profesión de guía es hacer grandes itinerarios con clientes. Para mí es muy importante escalar con clientes vías como el Frêney, la integral del Peuterey o las grandes vías de los Dolomitas. Pienso que son vías comprometidas y si a esto le sumamos la responsabilidad que supone escalar con un cliente, para mí las vías adquieren una dimensión, un compromiso superior. Lo que me gusta en montaña es el compromiso, y me gusta ser el capitán del barco.

El trabajo de guía es de los pocos oficios que muchos años después sigue teniendo el mismo romanticismo de antaño.
Para mí sí. Creo que tengo una visión del alpinismo bastante romántica, y creo que cada vez es más cierto. Cuando se pasa mucho tiempo en montaña como hago yo, surge la pregunta del por qué de esa necesidad de volver una y otra vez. Bueno, el problema del grado es matemático, no es muy interesante. No es por eso. Tengo la impresión de que veo cosas que otros no ven: cuando miro esos pilares de Montrebei, las puestas de sol en la Oeste del Naranjo, siento que hay algo dentro de mí que se pone en marcha y hace que vea otras cosas.

¿Qué piensas de la «esponsorización» de los escaladores?
Personalmente, hasta hoy nunca he estado «esponsorizado», siempre me he costeado mi material. Escalar exige mucho tiempo y sacrificio. Creo que la realidad económica de los escaladores más patrocinados está muy lejos de la de otros deportistas como los futbolistas o los pilotos de fórmula 1. Es algo artesanal, muy modesto, sobre todo considerando el riesgo que hay que asumir en montaña.
A mí me parece bien. Permite conservar una cierta autenticidad, y si se puede gozar de ciertas facilidades para vivir de la alta montaña y practicarla a tiempo completo, es algo que no debemos despreciar. Después, es cierto que puede tener efectos perversos, la carrera de un alpinista no puede depender de los patrocinadores. Las ayudas son bienvenidas siempre y cuando permitan al escalador seguir su camino de vida. Sin embargo, cuando por las presiones de los patrocinadores uno deja de escalar lo que desea, entonces es cuando se traiciona al alpinismo.

Bunny en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío RodríguezBunny en la reunión GAME 2005, en Gavarnie.- Foto: Darío Rodríguez

Has hecho vías de mucha dificultad con clientes, varias veces la Integral del Peuterey. ¿Hasta qué punto puedes controlar el riesgo en estas vías?
He hecho cuatro veces la arista de Peuterey. La quintaesencia de la profesión de guía es hacer grandes itinerarios con clientes. Para mí es muy importante escalar con clientes vías como el Frêney, la integral del Peuterey o las grandes vías de los Dolomitas. Pienso que son vías comprometidas y si a esto le sumamos la responsabilidad que supone escalar con un cliente, para mí las vías adquieren una dimensión, un compromiso superior. Lo que me gusta en montaña es el compromiso, y me gusta ser el capitán del barco.

El trabajo de guía es de los pocos oficios que muchos años después sigue teniendo el mismo romanticismo de antaño.
Para mí sí. Creo que tengo una visión del alpinismo bastante romántica, y creo que cada vez es más cierto. Cuando se pasa mucho tiempo en montaña como hago yo, surge la pregunta del por qué de esa necesidad de volver una y otra vez. Bueno, el problema del grado es matemático, no es muy interesante. No es por eso. Tengo la impresión de que veo cosas que otros no ven: cuando miro esos pilares de Montrebei, las puestas de sol en la Oeste del Naranjo, siento que hay algo dentro de mí que se pone en marcha y hace que vea otras cosas.

¿Qué piensas de la «esponsorización» de los escaladores?
Personalmente, hasta hoy nunca he estado «esponsorizado», siempre me he costeado mi material. Escalar exige mucho tiempo y sacrificio. Creo que la realidad económica de los escaladores más patrocinados está muy lejos de la de otros deportistas como los futbolistas o los pilotos de fórmula 1. Es algo artesanal, muy modesto, sobre todo considerando el riesgo que hay que asumir en montaña.
A mí me parece bien. Permite conservar una cierta autenticidad, y si se puede gozar de ciertas facilidades para vivir de la alta montaña y practicarla a tiempo completo, es algo que no debemos despreciar. Después, es cierto que puede tener efectos perversos, la carrera de un alpinista no puede depender de los patrocinadores. Las ayudas son bienvenidas siempre y cuando permitan al escalador seguir su camino de vida. Sin embargo, cuando por las presiones de los patrocinadores uno deja de escalar lo que desea, entonces es cuando se traiciona al alpinismo. ¿Cuando muere algún amigo, te haces alguna reflexión sobre si merece la pena escalar?
Sí. Yo perdí un amigo en Gavarnie a principios de los años 80, es algo que me afectó y muchísimo y que me sigue afectando. Desde entonces, varios amigos míos han sufrido accidentes allí. La segunda vez que fui a Gavarnie vi morir a un escalador vasco con mis propios ojos, por lo que durante años dejé de ir. Ahora vuelvo cada año y en todos ocurre algo. La última, el año pasado, el drama de Jérôme Thinières y Martine Grand, algo que nos afectó mucho. Cada vez que esto ocurre surge la pregunta de si merece la pena seguir. Hasta ahora, mi respuesta ha sido sí, porque de todas formas creo que…, cómo decirlo, es difícil, pero la vida siempre acaba abriéndose camino. La muerte existe, existe en la carretera, en la montaña, y de todas formas siempre llega al final de la vida, así que si deseamos vivir, hay que aceptar la muerte.

Sigues escalando en Gavarnie a pesar de estos riesgos…
Sí, sí, de hecho este año estuve en enero. Gavarnie es un lugar especial, siempre que llego allí tengo presente la imagen de mis amigos, y cuando me encuerdo en Gavarnie, el nudo que hago para escalar, siempre es un poco más difícil de hacer, pero lo hago, y lo seguiré haciendo siempre.

 


 
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