EN SOLITARIO

Tomaz Humar en la cara sur del Dhaulagiri

Después de su espectacular actividad en solitario en la cara sur del Dhaulagiri Antonella Cicogna le hace una entrevista que incluye declaraciones de Messner…

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Tomaz HumarTomaz Humar

Con sólo 30 años ya había abierto vías técnicas en el Himalaya como para ser considerado un buen sucesor de la generación de Karo, Jeglic y compañía. Ahora, tras enfrentarse en solitario con los 4.000 metros de la pared sur del Dhaulagiri por todo su centro, y salir por arriba, le dará nombre a su propio alpinismo. Él no busca tanto, sólo su nirvana.

No podía haber encontrado unas condiciones más desfavorables. El hielo que no es hielo, sino que se estrella pavorosamente líquido sobre su cabeza, se introduce por todas partes para después congelarse sobre él bloqueando hasta el menor movimiento. Escala sobre agua, barro, polvo de nieve.

De noche, de día, perdiendo el sentido del tiempo, de las cotas, esquivando todo lo que la pared es capaz de vomitarle encima: piedras, aludes, seracs… Piolet-roca en la zona de la muerte, travesías que supera con los equilibrios más insospechados, levantando las piernas incluso por encima de la cabeza y tirando para llegar a los lugares más seguros de una pared que no puede ser más gigantesca; que se mueve como un ciempiés y que corta como una guillotina; que se transforma en mantis religiosa y le golpea.

Viéndole aquí, en el saloncito de su casa de la ciudad eslovena de Kamrik, sano y salvo, con ese espíritu despreocupado pero con los pies siempre en la tierra y siempre atento, no se diría que esa escalada en solitario fuera tan dura. Porque Tomaz sonríe, nunca comenta los momentos de verdadero abatimiento, no le gusta especular sobre los sufrimientos físicos ni sobre los riesgos que supone una escalada. Ni siquiera se para a pensar en elloporque sabe que constituyen una parte necesaria de su alpinismo.Tan improbable era esa ascensión que no existía fuerza humana capaz de imaginarla. Ni antes, ni después. Ni siquiera él podía anticipar a priori cómo podía ser aquella pared.

Porque todo lo que en la foto parecía lógico, sobre el terreno se convertía en pasajes infranqueables. O quizá fuera precisamente lo imprevisible lo que llegó a prever. La sensación de desazón escalando algún largo o en las repisas donde uno se encuentra literalmente engullido por el vacío, la oscuridad, el estruendo de la montaña que no para de agitarse un solo instante. Por eso Humar lleva consigo sólo lo que considera más útil, lo mínimo, lo indispensable, y lo carga todo a su espalda. Pero sobre todo se lleva la concentración, la determinación y la intuición que él llama el tercer ojo.


 

Su «antes» eran los libros. Imágenes captadas por el maestro (así le llama), Bela Stane Srauf, que fue más que un padre para su alpinismo, y quien en 1981 llegó a la cara sur para abrir una vía por el centro de la montaña de las tormentas, que es lo que significa Dhaulagiri. El sueño de Srauf, en parte ya desvanecido, se introduce bajo la piel de Tomaz y se convierte en una obsesión que le lleva desde vías de hielo de 80°/90° en solo , al Annapurna I, al Ama Dablam, al Bobaye, al Nuptse 2. Cinco años de alpinismo extremo, cada vez más en solitario por lógica elección. Pero siempre a la espera de que la montaña le acepte, le tienda los brazos para reconocerle en su reino. Tiene que percibirlo el tercer ojo, el espíritu de la montaña. Entonces se siente preparado para la pared, para cualquier pared.

Su «después» es el de una Eslovenia que acoge su regreso con todos los honores. Reinhold Messner toma el avión para recibirle y le felicita públicamente conmovido y orgulloso. Su dulce y a la vez fuerte Sergeja, su mujer, a la que ahora llaman Hillary. Durante días le persiguen, le reconocen por la calle, en los bares, en los restaurantes. Una atención que, como buen manager de sí mismo, procura dejar pasar sin perder su espíritu determinado y libre.

¿Y, entretanto? ¿Entre el «antes» y el «después»? Entretanto, aquellos nueve días de ascenso en solitario, en estilo alpino. Y desde el ataque, el ser consciente de que no hay vuelta atrás.¿Cómo catalogas tu escalada a la cara sur del Dhaulagiri?La Sur tiene de todo. Es la pared más grande de Nepal, es extremadamente extraplomada y escarpada. Es la pared por excelencia, más de 4.000 metros, el sueño del maestro Srauf. La idea nació también gracias a él. Por eso la elegí. Es mi nirvana. La coloco por encima de mis actuales ascensos; yademás están esos 1.700 metros de roca… No me gusta demasiado escalar en solitario sobre roca porque se va más lento.

ENTREVISTA TOMAZ HUMAR

¿Cómo fue el inicio?
Duro. Fue el momento en que sentí miedo. Porque, de verdad, uno no puede imaginarse esta pared hasta que no la tiene encima, hasta que no estás en medio. Gigantesca, 4.000 metros de hielo casi líquido, de nieve, de roca que puede desmoronarse en cualquier momento. Ha sido una incógnita a pesar de haberla estudiado al detalle. La pared era distinta con relación a misfotos de hace diez años. Hacía demasiado calor, quería subir por las cascadas heladas, pero las condiciones eran imposibles. Una vez en movimiento, tuve que cambiar muchos planes. Traté de prever distintos problemas, sobre todo pasados los 7.000 metros, por eso llevaba conmigo 45 metros de kevlar, 5 clavijas, algún friend, 4 tornillos de hielo, algunos cordinos. El día después de la luna llena me puse en marcha desde el campamento base, situado a 3800 metros. Era el 25 de octubre.

¿Dónde preveías el primer vivac?
Mi objetivo era parar sólo una vez superada la gran canaleta que surca la parte baja de la pared, subiendo por la cascada helada. Pero incluso antes de llegar a su base tuve que afrontar tres tramos de roca muy difíciles. Y una vez debajo de la vertical de la canaleta encontré los primeros y verdaderos problemas.

¿A qué altura estabas?
A 4.600 metros. Aunque con respecto a las cotas nunca puedo contestar con seguridad. No llevaba altímetro, y en la pared todo es tan enorme que se pierde la medida de las cosas. Una de las que recuerdo con cierta precisión, es la del 31 de octubre, en el sexto vivac, porque había llegado a la vía de los Japoneses, por lo que tenía puntos de referencia másprecisos. Además fue el mismo día en que, en el 97, Jeglic desapareció en la cara oeste del Nuptse W2 cuando estábamos juntos. Recé por él.

¿Y una vez bajo la canaleta?
Perdí la noción del tiempo: Hago varios intentos durante toda la noche en fases alternas. Trato de superar esta canaleta subiendo por la cascada. No cesan de caer sobre mí avalanchas y masas de agua que una y otra vez me rechazan. Ya son las 5 de la mañana. Paro durante tres horas y reanudo los intentos pero la cascada es impracticable. A las 5 de la tarde del 26 de octubre, decido que la única posibilidad es esperar de nuevo a que anochezca y seguir para arriba con el frío. Espero hasta las 11 de la nochey empiezo a escalar 15, 20 metros como mucho sobre un hielo muy escarpado.El agua sigue cayéndome encima, incluso en plena noche, mezclada con nieve. Estoy completamente helado. Mi única alternativa es salir a la derecha de la canaleta y encontrar un paso por el torreón de roca. Pero decido partir con la luz del día y a las dos de la madrugada monto el primer vivac.

Entonces, el 27 de octubre, por la mañana reemprendes la ascensión sobre roca del que tú llamas el primer pilar.
Sí. A las ocho de la mañana del tercer día.En los tramos fáciles subo con el macuto, pero en los más difíciles lo dejo y lo recojo después. En los largos extraplomados y difíciles, me autoaseguro. No es posible utilizar demasiado material para la progresión. Algunos friends y clavijas que recupero más tarde cuando bajo a recoger el macuto. En los desplomes, rapelo autoasegurado de un prusik por el kevlar de 5 milímetros. Escalo sin descanso. Me caen tres aludes de nieve y la primera tarde llego a un tramo mixto. Desde aquí me parece divisar una terraza. «¡En efecto! He encontrado el paso». Se lo digo a Stipe Bozic, con quien me comunico por el walkie-talkie. Vuelvo atrás, recojo el macuto, subo otra vez, y me encuentro con estas enormes pizarras negras que es preciso escalar. Y otra vez para arriba aunque sea casi de noche. Después tengo que superar unos finísimos y fragilísimos pasillos de hielo, nieve y una roca espantosa muy difíciles de superar (M6). Estoy convencido de que estoy fuera. Y, sin embargo, me encuentro ante un tramo muy delicado, una pendiente de 70º-80º y, justo en el medio, un bloque parecido a una gigantesca nuez de coco. Está oscuro. Más o menos las 7 de la tarde. Tengo que escalarlo como un chimpancé y llego a un punto en el que no puedo ni avanzar ni retroceder. No hay fisuras, de manera que entre la roca y el hielo coloco un friend y me cuelgo, y entre «giiing» y «giiing» comienzo a hacer un pequeño balanceo excesivamente expuesto: 20-25 metros de travesía. No hay forma de enganchar nada. Fue una de las cosas más difíciles que hayapodido hacer jamás. La catalogué como M7 aunque eso es irrelevante. Al final del tramo, debajo de un pequeño saliente, me veo obligado a esperar. Espero durante horas, quizá ya sea el día siguiente. Desde arriba es el infierno. Avalanchas de nieve, piedras y hielo. La temperatura es la más elevada de todo el ascenso. Finalmente logro salir, y sobre mixto llego al segundo pilar donde hago el segundo vivac. (Por lógica el péndulo lo clasifica como A0 porque cuelga de una cuerda. Pero se ríe y subraya que se trataba de una protección puramente psicológica).

¿El paso de M7 ha sido el punto más difícil de tu ascensión?
No. Lo peor vino después: el 28 de octubre, en el segundo pilar. Salgo a primera hora de la tarde para acometerlo. Es más corto que el primero aunque con unos tramos de verdadera dificultad hasta VII (6b) y M7+. En la primera parte la roca está realmente descompuesta. No consigo en ningún momento fijar una protección fiable: cuando desciendo en rápel para recuperar el macuto, con una mano agarro el descensor y con la otra me empotro en la roca. Sé que tengo que escalar esta sección antes de que sehaga de noche. Subo, bajo y vuelvo a subir. Y en el punto que extraploma, me cuesta Dios y ayuda deslizar el prusik con los guantes puestos. Me veo obligado a quitármelos y acabo con las manos machacadas. Duele bastante. Ya estoy en la parte superior del segundo pilar. En este punto arriesgo mucho.También me duele la pierna. Al empezar el día me golpeé con una piedra bastante gorda de forma tan brutal que creía habérmela roto. Llega un momento en que no consigo avanzar. Me encuentro literalmente debajo de incesantes cascadas de agua y nieve. Tengo que llegar a una repisa alucinante. Procuro quitarle la nieve de encima y con algunas maniobras de contorsionista consigo colocarme sobre ella. Estoy completamente empapado yel agua se me hiela por dentro, y se rompe en mil pedacitos a cada movimiento y me hace sentir como un robot. Aquí ya tengo los dedos de los pies enteramente dormidos por el frío. De nuevo estoy bloqueado. Tengo el macuto. La noche cae lentamente. Para los siguientes 50 metros invierto dos horas. La pared está esmaltada, con una pendiente de 90º, y debajo de los 10 centímetros de nieve polvo está la roca que parece más bien arena. Es todo polvo. Aún no sé cómo he podido superar este paso. En este punto me encontraba realmente al límite, al límite entre la vida y la muerte. Y después de estos 50 metros de travesía (M7+) llego a este campo de nieve.Me resguardo en una especie de cueva, un lugar protegido de las avalanchas que a la mañana siguiente seguían cayendo sin tregua a pocos pasos de donde me encontraba. Es completamente de noche y estoy en el tercer vivac. (2 AM del 29 de octubre).

¿Qué es lo que más te ha ayudado en los momentos más difíciles?
Un zapatito. El de mi hija mayor, Úrsula, que ahora tiene ocho años. Lo llevo siempre conmigo en el fondo del macuto. Me trae suerte en los ascensos más arriesgados. También los mensajes que me envían por radio, los correos electrónicos que me llegan a través de la página de Internet que transmitía en directo mi ascenso en esloveno y en inglés.

¿Cuántos e-mail has recibido?
En los momentos de máxima dificultad el correo electrónico no paraba. Y mis compañeros del campamento base me los leían por el walkie-talkie. Me quedé sorprendido al ver que gente desconocida que ni siquiera pertenecía al mundo de la montaña, me escribía. En conjunto, mi página batió el récord esloveno de visitantes. Durante todo el día del 2 de noviembre se registraron más de 1.700.000 clic con 50.000 visitantes que me seguían desde la red. Aquel día recibí 550 e-mail.

Volvamos al ascenso. ¿Qué pasó entre el tercer y cuarto vivac?
El 29 de octubre hubo continuas descargas de hielo, roca y nieve desde la zona central de la pared. Tenía que superar un millón de aristas finísimas, una detrás de otra. Y desde mi posición divisaba ese gran serac. Era la cabeza de la gran Bogomoljka, la mantis religiosa, con su horrible boca abierta. Sus largas patas parecían llegar hasta el suelo, querían golpearme como hoces afiladas. Subo sobre el filo de una arista. Tengo que cruzar elgran canal y quedarme en el lado izquierdo. Hago tres intentos y a mitad de camino empiezan a caer desde arriba descargas, bombas de hielo, aludes… Por suerte, donde me encuentro, me protege una pequeña arista. Veo todo lo que cae delante de mi cabeza. ¡Jesús!… pero por fin llego al cuarto vivac. Una vez aquí con la hoja del cuchillo me abro una muela que me está atormentando. Tenía un granuloma, consigo reventarlo y, ahhh, me dormí.

El 30 de octubre llegaste a la cabeza del Bogomoljka, la mantis religiosa, y allí montaste tu quinto vivac.
Sí, no tuve demasiados problemas aquel día. Seguí escalando entre peligrosos seracs y luego monté la tienda en una gran grieta a unos 7.100 metros. Era la sexta noche en la pared.El 31 de octubre decidiste afrontar mil metros de travesía para llegar a la vía de los Japoneses. He tardado demasiados días para llegar a este punto y ahora me queda muy poco gas para el infiernillo. No quiero repetir la aventura del Nuptse y sé que para el descenso necesitaré al menos media bombona. Seguir en línea recta es impensable. La franja superior de roca es extraplomada, de una roca espantosa. Me doy cuenta que las reuniones no me iban a proporcionar ni un mínimo de seguridad. Lo único era afrontar la travesía. Había que superar una infinidad de pasillos como tubos de órgano, con un tramo deroca de Vº grado. Ni siquiera se ve en las fotos. Después escalo otros tubos de órgano y un pasillo mixto de VI+ para llegar a la vía de los Japoneses y aquí en la arista, a unos 7.300 metros, encuentro un clavo y huellas de su ascensión. Monto un vivac muy cerca.

¿Contabas con llegar a la cima al día siguiente?
Salí al día siguiente dejando atrás la tienda y todo cuanto consideré inútil. Quería llegar ligero a la cima. Tenía miedo de ser arrastrado por el viento si llevaba una mochila demasiado voluminosa. Escalo sobre terreno mixto. El tiempo no es bueno. Tengo miedo de que me caiga un rayo y me deje seco. Llega un momento en que el filo entre la pared este y sur se hacedemasiado rocoso y es muy difícil. No logro avanzar más. Estoy a mitad de camino entre los campamento VI y VII. Me desplazo de nuevo hacia el centro de la pared sur. Y en el último momento hay un paso extremo. Un tramo vertical a 7.600 metros sobre terreno mixto. Aquí hice acopio de toda mi fuerza para poder superarlo en dry tooling.

¿Dry tooling a 7600 metros? Puede que seas el único en el mundo…
No lo sé. Sólo sé que, al final de la jornada, cuando hice el vivac alrededor de los 7.800 metros, mi extenuación era tan grande que estaba convencido de que iba a sufrir un edema. El frío que hacía era terrible. Por supuesto, no llevaba la tienda, sino sólo el saco. Al día siguiente, el 2 de noviembre a las 14.33 saliste de la pared…Sí. Aparecí de nuevo en la arista sureste. Me hallaba en el punto más alto de mi ascensión, a unos 8.000 metros, y mi línea en la pared sur había concluido. Había alcanzado mi nirvana.

¿Y la cima?
La cima habría sido el punto sobre la i.

Tomaz, ¿Qué te imaginabas en el supuesto de haber tenido éxito, como al final ha ocurrido?
Personalmente esperaba que iba a alcanzar mi nirvana, pero al mismo tiempo sabía que este ascenso no iba a tener un valor exclusivamente personal. Cuando se acometen paredes de este tipo, uno adquiere una responsabilidad ante todo el mundo del alpinismo. Por eso Stipe Bozic rodó una película desde el campamento base, por Internet transmitíamos el ascenso y yo sacaba fotos…

Después del «nirvana» ¿cuál será la próxima elección?
Si miro hacia adelante, veo que hay tantas paredes… La travesía del Lhotse, la directa por la cara oeste del Makalu… Siempre habrá retos pero eso depende de muchas cosas y sobre todo del tercer ojo. El dinero, las dificultades no importan tanto. Voy a cualquier pared, sólo cuando siento que la montaña me va a acoger. Es en ese momento cuando decido partir.

Reinhold Messner acudió a recibirte a tu llegada a Eslovenia. ¿Qué ha significado esto para ti?
Una sorpresa, una emoción muy fuerte, un gran honor. Porque él ha sido el hombre oportuno en el lugar oportuno en el momento oportuno. Siempre ha estado dos escalones por delante de los demás. Después de todo hay un solo Buda, un solo Cristo, un solo…

Antonella Cicogna
Traducción: María José López

LAS DECLARACIONES DE MESSNER

¿Cómo definiría la escalada de Humar?
Ahora hay tres vías en la pared. Ninguna de ellas acaba en la cima. Pero en mi opinión la vía que resuelve la pared sur es la que ha abierto Tomaz Humar. Aunque no haya alcanzado la cima. Porque esto es secundario. Es la primera vez que tengo la sensación de que se ha hecho esta pared. El problema queda resuelto. La cima ya no es la meta. La pared es la meta. YHumar la ha resuelto muy bien, incluso con la travesía final.

¿Qué tipo de alpinismo es el de Humar?
El alpinismo que Walter Bonatti define como «alpinismo clásico». El alpinismo que en 1965 dio el máximo en la cara norte del Cervino (vía nueva, invernal, en solitario, abierta en el puro estilo alpino). Tomaz Humar está practicando este mismo alpinismo. Y hoy el «alpinismo clásico» se realiza en las paredes de seis mil y siete mil metros. Por lo general nose practica en montañas más altas porque todavía pervive la moda de los ochomiles y el 99% de lo que se hace ahora en esas montañas es un alpinismo parasitario, donde los famosos, y esto ocurre también en mi país, sacan partido de las infraestructuras de las expediciones comerciales para subir rápidamente sin demostrar grandes cualidades.

¿En qué lugar sitúa el alpinismo esloveno actual?
Desde hace diez años los eslovenos están a la vanguardia del «alpinismo clásico» de todo el mundo. Eslovenia es muy pequeña y sin embargo sus alpinistas son los que desarrollan la actividad más sensacional de los últimos años. La gran pared del Nuptse, por ejemplo, realizada por el propio Humar, además de otras muchas, demuestran que son verdaderamente buenos. Pero ya desde 1979 por la vía directa de la arista oeste del Everest los eslovenos se encontraban entre los mejores. Y ahora están a lavanguardia. Y precisamente entre estos alpinistas eslovenos, en los últimos cuatro años sobresale Tomaz Humar por su instinto natural y por su entusiasmo.

¿Es cierto que cuando usted acudió a recibir a Humar declaró: «si tuviese veinte años menos, tendría celos de él, sin embargo hoy le cedo con honor el testigo»?
Sí, sí, claro. Hace veinte años me encontraba al máximo de mis capacidades. En el 79 había hecho el K2. Un año antes, en solitario el Nanga Parbat que era un solitario de los que se podía realizar entonces. Ahora ya no se puede. De hecho hasta Humar estaba en contacto con el campamento base, existe Internet… El tiempo no pasa en balde. Hace veinte años yoobservaba todo lo que ocurría en las grandes montañas, y era uno de los que podía hacer, no digo de todo, pero… lo que se podía resolver, lo resolvía. Ahora está este chico que dice: vamos a ver, si existe el gran problema del momento, lo voy a intentar. Pero de todas formas, yo no me he retirado. Desde hace diez años hago otras cosas. También por la sabiduría que me concede la seguridad de saber cuál es el límite de tus propias posibilidades.

¿Es este un mensaje que quiere transmitir? ¿Dejar paso a los jóvenes como Tomaz?
Es el alpinismo que hay que realizar hoy. Después cada uno decide si asume el riesgo que entraña la pared o no. En 1977 yo también lo intenté aun sabiendo que la sur era muy peligrosa. Después, una vez allí, me di cuenta de que era más peligrosa de lo que había calculado. Nosotros hicimos un intento más a la izquierda que Tomaz y llegamos a 6.000 metros. Enseguida vimos que las posibilidades de ascender eran poquísimas y el riesgo demorir era bastante más elevado. Y decidimos bajar. Pero nunca me arrepentí de no haber podido con la sur del Dhaulagiri a pesar de que siga siendo, incluso estéticamente hablando, una de las paredes más bellas del mundo.

¿Qué significado tiene este ascenso para el alpinismo mundial?
Representa una etapa clásica en el desarrollo del alpinismo en las grandes paredes. Ahora la historia de las grandes paredes tiene más de cien años, si se inicia con la este del Monte Rosa. Más adelante, en los años 30 tenemos las paredes norte de los Alpes, después está la Sur del Aconcagua. La época de los 8.000 metros, la Sur del Annapurna, la Sur del Nanga Parbat, la sur-oeste del Everest. Y ahora estos jóvenes que además de realizar las paredes realmente puras y difíciles sobre los 7.000 metros, se enfrentan además a estos últimos problemas como la Sur del Dhaulagiri.

Interviene entonces él cuando me despido agradeciéndole la entrevista que nos ha concedido.
Querría añadir una cosa más… En los últimos diez años era un poco escéptico con respecto a los eslovenos, también por el asunto de Tomo Cesen. Ahora todos los eslovenos han reconocido que también ellos sabían que su ascenso tenía poco fundamento. Esta afirmación ha servido para seguir adelante. En la sur del Lhotse fui uno de los primeros en decir que «aquí los mapas no cuadran, por desgracia no hay pruebas». Por otro lado están las pruebas de que Cesen no lo ha conseguido. He sido abucheado en Alemania y en Italia por charlatanes que sólo viven del periodismo sin llegar al fondo de la cuestión, sin controlar lo que escriben. Y esto me ha dado mucha rabia. Me retiré como reportero de las charlatanerías que se escribían en los periódicos. Antes de ir a saludar a Humar, a quien estimo muchísimo, he querido ver todas las pruebas. De lo contrario no habría ido.

Antonella Cicogna


 
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