Christophe Lafaille, de roquero a himalayista

Recuperamos la entrevista al alpinista francés realizada durante su visita a la Librería Desnivel en marzo de 2005.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:
Jean Christophe Lafaille en la Librería Desnivel Marzo 2005.   ©Darío Rodríguez/DESNIVEL

Visitó  nuestra librería para presentar su libro Prisionero del Annapurna. Jean Christophe Lafaille (1965) viene con Katia, con quien comparte una familia que va por los dos hijos, y gestiona y asesora su vida profesional. Antes escalador de roca (a finales de los 80 encadenó 8c, y 8a+ sin cuerda), luego alpinista (un gran número de vías abiertas en Alpes) Lafaille va por su décimo primer ochomil después de un 2004 que califica de espléndido. Abrir vía en la cara virgen del Makalu 2 y regresar después de siete días de estilo alpino, vale más que tener que darse la vuelta cuando se dirigía a la cima del Makalu principal. Y sobre la escalada de la sur del Shisha el pasado diciembre, el estilo está por encima de la polémica que surgió a causa de las fechas invernales.

Volviste de escalar los 15 km (ida y vuelta) de la Arista Este del Annapurna y al día siguiente trabajabas en la ENSA. ¿Eres también prisionero del trabajo?
Trabajaba como profesor de guías de montaña. No soy un esclavo del trabajo, hoy sí porque tengo una agenda apretada. Allí era esclavo del programa porque la temporada de formación coincidía con el regreso. Pero no estaba motivado para hacerlo, tenía la cabeza en otro lugar. Desde el 2003 ya no doy clases porque tengo que dedicarme por entero a preparar mis proyectos.

Ahora eres muy conocido como ochomilista, en los 80 eras un fuerte escalador de roca y también eres alpinista de dificultad y glaciarista. ¿Cual de estos mundos es el que más te gusta?
A primera vista me es muy difícil elegir. Desde el año 2000 me dedico sólo al Himalaya pero no es lo que más me gusta. Cuando acabe mi proyecto [los Catorce Ochomiles] quiero dedicarme principalmente a la escalada en roca que es lo que más me gusta. Es más fácil y divertido.

¿Y cuál de estos mundos es el más competitivo?
Creo que la escalada deportiva porque el nivel es muy alto.

En los años 80 escalaste vías sin cuerda muy duras, hasta 8a+. ¿Cómo lo valoras ahora?
El solo es una relación muy especial entre la persona y la pared. Es la síntesis de la actividad. Se parece un poco, salvando las distancias a lo que hago en el Himalaya debido al compromiso y el riesgo que se corre.

¿Qué tal ha sido 2004 para ti? ¿Sigues pensando que un buen año es aquel en el que haces actividades punteras en roca, hielo, Himalaya?
Ha sido un año muy bueno, excelente, pero no ha sido polivalente sino especializado en el Himalaya. Hice dos expediciones en solitario y escalé el Makalu 2 y el Shisha Pangma.

Leyendo en Prisionero del Annapurna tu descenso herido en 1992, ocurre como con la historia de Joe Simpson o la del escalador americano desconocido que serró su muñeca para liberar el brazo de su mano atrapada por una piedra que le cayó. Son historias terribles. Uno duda de que alguien pueda sobrevivir, ni prepararse para eso.
Antes del Annapurna no estaba preparado para eso, ni sabía si alguien se puede preparar. Yo era muy joven y no tenía experiencia. A partir de entonces supe que era capaz de sobrevivir a situaciones extremas. Recuerdo unas palabras de Messner en las que me decía que ahora yo ya sabía lo que podía aguantar. Ahora me preparo mentalmente para ello, y esto me da más seguridad. Cuando escalo en solitario en el Himalaya me doy cuenta de que hay situaciones parecidas a las que viví y sé que estoy en el límite. Pero creo que si no se tienen unas condiciones innatas es muy difícil prepararse para ellas.

Cuentas también que hubo muchos comentarios en tu contra debido a la muerte de Pierre Beghin, incluidos tus compañeros de la ENSA. ¿Fue eso lo que más te dolió?
Quizá las reacciones de mis compañeros no fueron tan fuertes, pero yo las percibí así. Ahora, al escribir el libro, me he dado cuenta de que quizá padecía el síndrome del superviviente. He hablado con algunos compañeros y me han hecho ver que las críticas no eran tan salvajes.

En la cima el K2, junto a Hans Kammerlander. - Foto: jclafaille.com
En la cima el K2, junto a Hans Kammerlander. 

¿Te sentías culpable de estar vivo?
Sí. Pierre Beghin era quien más experiencia tenía y quien debía haber sobrevivido. Su pérdida dejó un gran vacío entre los compañeros.

Tu consigna en la montaña es trabajar como profesional y vivirla como un amateur. ¿En qué aspectos has de ser profesional y en cuáles aficionado?
Profesional en la preparación física, entrenamiento en general; y en las relaciones con los patrocinadores que cada vez exigen más y hay que saber negociar con ellos. Aficionado en cuanto al proyecto, en la ilusión, en verlo con el alma de un niño. Si no, sería imposible realizar cualquier idea.

Tus referencias son Bonatti y Desmaison para Alpes; Beghin y Messner para el Himalaya. ¿Qué extraes de ellos?
Algo que caracteriza a todos es que han sabido contar lo que han hecho. También tienen en común un estado del espíritu. Es lo que se podría definir con una palabra que es, entre comillas, la ética del alpinismo. Su ética del alpinismo aborda una actividad en la que una persona con medios mínimos se enfrenta a una naturaleza bestial. Tienen también como coincidencia que ninguno ha considerado la montaña como un terreno de competición sino que han ido hacia ella con respeto y sobre todo con un espíritu humano: voy a vencerla, pero no voy a aplastarla.

Lafaille cocinando en su solitario campo base del Makalu. - Foto: jclafaille.com.
Lafaille cocinando en su solitario campo base del Makalu.
Cuentas en el libro que eres receptivo al último material y tecnología. ¿Incluye esto el GPS que para algunos, refiriéndose no al alpinismo sino a las grandes travesías, sí que mata la aventura?
No estoy en contra de estos avances. En cualquier época, cualquier alpinista ha utilizado el mejor material del que disponía en todos los aspectos. Yo utilizo teléfono por satélite pues esto me permite seguir teniendo una vida familiar al poder hablar con mis hijos, y recibir la información meteorológica. También he llevado el GPS en el K2 para localizar las cuerdas fijas, que después no utilicé pero lo llevaba. No lo veo mal. En el Himalaya las fuerzas de la naturaleza son tan grandes que tener un teléfono o no va a dar lo mismo. Si te estás muriendo y llamas por teléfono nadie te va a salvar. Usándolo sólo vives tu época.

Tres de los llamados Cinco Grandes ochomiles, el Everest, Kangchenjunga y el Makalu han quedado para el final. Parecen sitios complicados para una ascensión diferente.
El primero iba a ser el Makalu, pero cuando regresé del Shisha Pangma estaba cansado y tenía compromisos y lo he dejado para más tarde. Pero tanto para ése como para otros sería el mismo espíritu: ascensión en solitario y por una vía original.

¿En el Everest y en el Kangchenjunga?
Ahh, (se ríe) Je ne parlé français… Tengo ideas pero no quiero hablar de ellas porque creo que puede haber mucha presión, hay también otros escaladores que pueden querer escalar allí… La manera de hacer las cosas es más importante que la colección de esas cosas.

Jean Christophe Lafaille en la cima del Shisha Pangma, el 11 de diciembre de 2004.

Sobre abrir vías en el Himalaya, en el Nanga Parbat abriste una línea con Simone Moro que enlaza con la vía Kinshofer. Para él así vale como vía pero para ti no, ¿por qué?
El Himalaya no es lo mismo que los Alpes donde a mí igual tampoco me importa llegar a la cumbre, pero en el Himalaya los últimos metros hasta la cumbre son tan importantes que, para mí, hay que llegar.

¿Qué impresión tienes del Shisha después de la polémica más fuerte que has tenido, precisamente con él, debido a la ascensión invernal?
La polémica me ha parecido exagerada, y ha habido malas informaciones. El 11 o 21 importa poco, lo importante es subir la cara sur del Shisha. Yo sé lo que hice. Tenía un permiso invernal y las condiciones reinantes eran invernales. Después vino la polémica, que fue mantenida por personas que vieron que yo les había adelantado.

¿No estás de acuerdo entonces con que el 21 de diciembre marca el inicio de las ascensiones invernales y lo que se produce antes serían “condiciones invernales”?
Para mí, da lo mismo el 11 que el 21 porque yo habría hecho igual la cara sur del Shisha Pangma. Las condiciones meteorológicas son las mismas. El viento era fuerte, los días muy cortos y era muy difícil gestionar la jornada. Obliga a subir y a bajar muy rápido para tener luz, a hacerlo muy ligero.

Yo me había basado en las descripciones de Loretan y Troillet que subieron un 3 de diciembre al Dhaulagiri y siempre se ha considerado invernal. Ellos dijeron en todos sus artículos y entrevistas que era invernal, y sabemos que no son personas que exageran. Yo hago el Shisha y se arma. Esto me parece raro.

Tenías un permiso invernal, pero Simone Moro tiene un certificado que le adjudica a él la primera invernal (subió el 14 de enero).
Obtuvo ese certificado en Tíbet. Allí todo es posible. Sobre todo hay que tener en cuenta el estilo. No podemos olvidar cómo se hizo. Yo escalé en estilo alpino, solo del principio al final, no instalé cuerdas fijas. Doug Scott y sus compañeros subieron en 1982 (primera ascensión de la cara sur del Shisha) sin poner cuerdas fijas. No tiene nada que ver a cómo lo hizo Simone Moro. Creo que el futuro del alpinismo toma la misma dirección que yo he adoptado. Espero que sea así, que no pase por grandes expediciones con cuerdas fijas.

Actualmente, ¿sigue teniendo más valor subir en estilo más pesado, siempre que se termine subiendo alguno de los llamados últimos retos, tanto para los premios como vimos en el pasado Piolet d’Or como para el mundillo alpino?
El futuro del alpinismo tiene que pasar por el estilo. Tenemos a un ser humano y una montaña. La carrera de las expediciones con grandes medios se hizo durante veinte o treinta años pero tiene los días contados. Sobre el Piolet d’Or, no me ha parecido justo el resultado. A propósito de la escalada al Jannu, no se respeta la relación de un ser humano enfrentándose a la montaña sin tener kilómetros de cuerdas fijas. Si se premia eso se está cometiendo una injusticia. Y cometiendo este tipo de injusticias lo que se hace es romper los sueños de los escaladores que querrían hacerlo de una manera más simple, y una vez que ya ha sido superado por otros pierde valor.

¿Piensas en Loretan al decir esto? Precisamente él ha intentado así el Jannu.
Sí, pero también pienso en otros. Hay que privilegiar el estilo ligero. Si esa pared se escala con medios que no son ligeros, rompe sueños de escaladores que igual, no ahora, pero sí dentro de algunos años podrían haberlo hecho. Yo creo que son más importantes escaladas como la de Loretan, que falla en su ascensión, que conseguirlo con un estilo pesado.

Traducción: Sergio Prieto


 
Lecturas relacionadas
Portada de la revista Desnivel nº 387

Desnivel nº387

En este número: Janhukot, perseguida primera. La Arista Norte del Lato…

Prisionero del Annapurna.  por Benoît Heimermann; J.C. Lafaille. Ediciones Desnivel

Prisionero del Annapurna.

Jean-Christophe Lafaille, uno de los himalayistas de la elite internac…

Por: Benoît Heimermann; J.C. Lafaille.

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.