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Ha fallecido Humberto da Cruz, «pope» del ecologismo español

El pasado 12 de enero falleció Humberto da Cruz, una de las figuras más relevantes del ecologismo activo en España de las últimas décadas.

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Humberto Da Cruz.Humberto Da Cruz.

Fundador de la organización Amigos de la Tierra, Humberto fue miembro de patronatos rectores de varios parques nacionales, asesor de ecología en varios gobiernos y director de campañas de defensa de la naturaleza de trascendencia mundial como el Plan de Acción del Mediterráneo, dentro del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En los últimos años había centrado su trabajo en el ámbito de la etnoecología, desarrollando diversos proyectos con poblaciones indígenas, especialmente en el Amazonas colombiano. Desde hacía algún tiempo presidía la asociación Ecodesarrollo dedicada a la promoción de un desarrollo sostenible. El momento cumbre de su carrera fue su nombramiento como director general del ICONA en 1993 poco antes de que esta institución desapareciera. Su paso por esta institución fue muy polémico, pero logró algunos triunfos de fuste como la difícil ampliación del Parque Nacional de Picos de Europa. En 1999, y por encargo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, inició en España plan para unificar la gran variedad de espacios protegidos que caracteriza la política de protección en nuestro país. Con este motivo, Grandes Espacios publicó una serie de reportajes con la firma de Humberto. La siguiente entrevista señaló el comienzo de aquella colección.

P.- ¿Qué es la UICN y en que consiste la revisión de espacios protegidos que estás haciendo por encargo suyo?
R.-
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza es un organismo peculiar porque es el único a nivel mundial que no es estrictamente gubernamental ni lo contrario ya que la compone todo tipo de miembros: gobiernos, universidades, expertos, científicos, asociaciones, etcétera. Como la ONU carece de un equipo humano para hacer una revisión de los espacios protegidos del mundo ha encargado a cada comité nacional este trabajo.
Hasta ahora se daba por buena la categoría de, por ejemplo, un parque nacional, que tiene categoría dos en el registro de la ONU, sin analizar si su conservación lo permitía. España es un caso muy «particular» en este asunto: ¡tenemos 48 figuras de protección! lo que nos coloca a la cabeza del ránking mundial. Esto no significa que protejamos mucho y muy bien. Más bien se debe a un deseo de diferenciación de las comunidades autónomas. Siempre que trato de explicar esta situación pongo el mismo ejemplo: cuando era director del Icona descubrí que entre comunidades vecinas no estaban homologadas los anchos de las mangueras de los bomberos forestales. El poder empalmar o no unas mangueras permite colaborar o no en la extinción de incendios en bosques fronterizos. Y, lo que es peor, no había una voluntad política de solucionar esta locura porque algunos políticos autonómicos lo interpretaban como una injerencia. Con los espacios protegidos pasa algo similar. Encuentras figuras muy sui generis que, en realidad, no se diferencian de áreas llamadas de otras manera en otras regiones. Y ocurre también la versión contraria.

P.- Los inconvenientes están claros. Pero ¿qué ventajas ha supuesto la cesión de la gestión de medio ambiente a las autonomías?
R.-
Bastantes. Acercar los problemas a los afectados facilita su solución. Cuando la competencia correspondía al Estado se cometían aberraciones como las de intentar prohibir la ganadería del Parque Nacional de Picos de Europa. La descentralización evita estos errores burocráticos. Claro, que esto tiene un aspecto negativo, y es que se está más sometido a presiones locales.

P.- Eras director de Icona cuando Covadonga se convirtió en Parque Nacional de Picos de Europa. Es decir, que te tocó bregar con un asunto difícil y feo que ha traído mucha cola.
R.- Hombre, saqué el plan de ordenación de recursos que fue lo que dio origen a todas las peleas. Los responsables de haber incluido las poblaciones en el parque –y esto es uno de los asuntos que más problemas ha originado– fuimos el entonces director del parque, Javier de Sebastián y yo mismo. ¿Qué íbamos a hacer?¿Crear unos límites totalmente artificiosos o hacer islotes dentro del parque? Yo creo que los pueblos de Picos de Europa forman parte de lo que se quiere proteger.

P.- ¿Se ha ido de las manos la gestión del Parque Nacional de Picos de Europa?
R.-
Lo que se ha ido de las manos en Picos de Europa no es la conservación, sino la gestión política. La irracionalidad de los argumentos que se utilizaron en su momento no tenían nada que ver con los argumentos lógicos de protección, sino más bien un pique entre comunidades.

P.- Estos piques evidentemente han tenido y tienen unas consecuencias sobre el terreno.
R.-
Tener un parque en tres comunidades es, obviamente, muy complicado. El parque es protagonista de una historia curiosa: de la oposición se ha pasado a un cierto fatalismo aprovechado. Es decir: ya que el parque está ahí, y va a seguir ahí, vamos a ver qué podemos sacar. Hay una anécdota muy jugosa a este respecto: el parque ha tenido muchos enemigos, pero el mayor ha sido siempre el alcalde de Cabrales. Cuando por sus reiteradas protestas hablamos de redefinir los límites del parque para dejar al pueblo fuera, se opuso porque pensaba que esto afectaría a su turismo.Y no fue el único alcalde que actuó de esta forma.

Humberto Da CruzHumberto Da Cruz

P.- ¿Las protestas que protagonizan grupos montañeros y ecologistas tienen algún efecto sobre los gobernantes, o son inútiles?
R.-
Sí tienen importancia. Pero es necesario hacer acciones muy llamativas: no es imprescindible que intervenga mucha gente pero hay que ingeniárselas para que trasciendan a la prensa, y no sólo a la local. Si no aparece en los periódicos nacionales o en la televisión no tiene éxito. Pero ahora no es tan fácil como hace años atrás.

P.- No entiendo por qué hoy es más difícil.
R.-
Porque los gobiernos al mismo tiempo que se han dado un cierto barniz medioambiental y de que son conscientes de que las protestas no deben dejar de escucharse, también se han hecho una especie de coraza contra las críticas. En muchos casos, en vez de dar marcha atrás lo que hacen es contraatacar contundentemente, sobre todo porque controlan hábilmente la opinión pública. En definitiva: hace unos pocos años cuando un espacio natural estaba amenazado, montabas una «movida» y casi seguro que se paraba; hoy, para que una campaña tenga éxito, tiene que conseguir que el gobernante de turno tema perder votos, y esto sólo se consigue movilizando a sectores enteros de la población.

P.- Has estado en los dos rincones del ring donde se dirime la protección del medio ambiente: asociaciones ecologistas primero y al frente del Icona después ¿Cuál es la lección más importante que has sacado de tu paso por la administración?
R.-
Saqué una o dos lecciones de mi tiempo en el Icona. La más importante fue comprender que en medio ambiente se podrían hacer muchas más cosas y más rápidamente de las que se hacen –en cualquier otro departamento también, pero allí más porque se presta a las fantasmadas–. Valga un ejemplo: para que un pastor de Picos de Europa recibiera una indemnización por sus ovejas muertas por lobos u osos (hay que decir que había mucha picaresca por parte de estos ganaderos) tenían que transcurrir seis meses. Cuando nos pusimos a averiguar por qué era tan largo el proceso descubrimos que el expediente tenía que pasar por 28 despachos diferentes y que los papeles pasaban varias veces por la misma mesa. A este esperpéntico sistema hay que sumar la falta de voluntad que hay en algunas escalas intermedias. Recuerdo que como yo tenía tendencia a difundir lo que se iba a hacer, un director general me advirtió que tuviera cuidado porque el tiempo que se estaba en el cargo era inversamente proporcional al tiempo que se salía en los medios de comunicación.

P.- Cuál es la situación actual del medio ambiente en España. ¿Se legisla con un auténtico sentido de protección o las medidas son de cara a la galería?
R.-
El gobierno español no tiene una estrategia real sino que va a remolque de las circunstancias y de la política de las comunidades autónomas. Para empezar, la ministra no debe haberse leído nuestra Ley de Parques Nacionales que dice que la red debe estar formada por una muestra representativa de cada sistema, y es obvio que con lo que hay no es suficiente. Por eso, cuando Andalucía aprueba por unanimidad convertir Sierra Nevada en parque nacional, el gobierno central lo acepta sin ningún reparo; o cuando Galicia propone que las islas Cíes sean parque nacional, a Medio Ambiente le viene muy bien porque además de colocar un parque en Galicia, –que no tiene–, se apunta uno con «rollo» marino.
Desde que se aprobó la cogestión de los parques nacionales, las comunidades autónomas –que antes no querían ni oir hablar de parques nacionales– le han cogido sospechosamente el gusto, porque la cogestión significa ni más ni menos que las autonomías dirigen y gestionan los parques y el Gobierno central paga. La situación, tal y como apunta, puede llevarnos a una red de parques nacionales sin contenido. Y la política de las comunidades autónomas no es mejor. La mayoría de las comunidades declara protegido un lugar y se olvida de él. Esto produce casos realmente espeluznantes. En Canarias, por ejemplo, tienen un vertedero en una de sus reservas naturales. ¡Y ellos mismos no lo sabían!

P.- Cuando una zona se protege, automáticamente se limitan las actividades deportivas aún sin estudios rigurosos de impacto ¿Por qué ocurre así?
R.-
Yo creo que cuando se restringen las actividades deportivas de una forma rígida en una zona como Contreras –o como puede suceder en el Alto Tajo– se debe sobre todo a que no hay personal suficiente para acometer una zonificación muy detallada. Normalmente la dotación de personal y presupuesto de un espacio se hace de acuerdo con su plan de uso y gestión, pero en otras ocasiones –y ya sé que suena mal– se hace al revés: como se tiene poco personal se prohíbe todo porque facilita el control. Yo creo que en el caso de Contreras se podría negociar la reorganización de la zona de forma que hubiera sectores donde estuviera permitida la escalada.

P.- ¿El turismo es una amenaza o una ayuda para el conservador ?
R.-
Para muchos es la gran panacea. De hecho, los pueblos que rodean los parques nacionales dejan de oponerse a ellos cuando ven como les entra el dinero de los visitantes. Claro que esto se puede convertir en un arma de doble filo, porque cierto tipo de turismo termina machacando el espacio. Hay que mantener las actividades tradicionales, aunque cuesten dinero.

P.- Hablamos constantemente de los espacios protegidos. Pero ¿y los otros? ¿Es que el paisaje –no como foto fija sino como representación fundamental del territorio– no interesa a nadie en los círculos del poder?
R.-
En la última reunión del UICN en 1992, además de redefinir los espacios protegidos se apuntó la tendencia de terminar con los «espacios protegidos isla». Hace unos meses se realizó en Andalucía un seminario de corredores ecológicos y se hizo notar esta tendencia. Lo primero, se dijo entonces, es intentar que las áreas protegidas estén unidas entre sí por una suerte de pasillo utilizando, por ejemplo, las vías pecuarias, los ríos y otras áreas que no están protegidas pero que se han conservado bien, hasta crear una red. Pero una red física, no una red administrativa. En definitiva, la tendencia mundial es la de terminar con el modelo islote, lo cual no significa que no se sigan declarando zonas protegidas. Hay otra tendencia, que está más en la línea de tu pregunta: que es la planificación biorregional, que es, digamos, el sistema de moda ahora mismo, y que consiste en integrar las zonas protegidas en una planificación global del territorio. Hay un caso que ejemplifica perfectamente este asunto y es la carretera nueva de Santoña. Se cortó la marisma con una vía nueva que hacía ganar a los usuarios ¡25 segundos! Lamentablemente, el objetivo de la carretera de Santoña no era ganar ese tiempo; el objetivo era hacer urbanizable la parte de laguna desecada. Esto es lo malo: que muchas veces uno no lucha sólo contra la irracionalidad desarrollista.

Humberto Da CruzHumberto Da Cruz

P.- Desgraciadamente, parece que los ciudadanos dan más importancia a una autopista o un tren de alta velocidad que a la existencia de áreas naturales bien conservadas. Y lo peor es que la gestión pública del medio ambiente carece de la perspectiva a largo plazo que exige su gobierno.
R.-
Efectivamente. El problema es que no tenemos el mismo ritmo. Los políticos funcionan a cuatro años vista, y cuando se acercan las elecciones empiezan a moverse frenéticamente. Los economistas ni siquiera funcionan por elecciones sino a meses. Por eso cuando se dice que tal actuación es mejor o peor que otra, la pregunta es irremediable: mejor, ¿para quién?, ¿para las generaciones futuras? Lo que funciona de forma más sostenible es también lo más lento. Considero que constituye un acierto ir pasando del concepto de «conservación» al de «sostenibilidad» ya que éste último engloba al primero y resulta mucho más fácil de vender a la gente. El modelo de conservación clásico tiene el defecto de que es percibido como algo que da la espalda a la mejora de las condiciones de vida de los habitantes de las áreas protegidas. La gente local se conciencia no tanto porque tú le digas que los patos que hay allí vienen a invernar desde no se sabe dónde, sino cuando comprueban que la naturaleza les beneficia y que si la destrozan se terminan los recursos.

P.- Uno de los muchos análisis que has realizado versaba sobre las nuevas tendencias ecologistas de los jóvenes españoles ¿Cuáles son esas tendencias dominantes?
R.-
Obviamente no se pasa de un extremo a otro de forma inmediata. Pero sí creo que en las dos o tres últimas generaciones la transformación es radical, por lo menos en lo que se piensa –o dice que se piensa–. Las encuestas de la Unión Europea señalan que en España la sensibilidad por los temas medioambientales, en los grupos más jóvenes, es muy elevada. Por lo menos en cuanto a opinión; otra cosa es en actuaciones personales. Las mismas encuestas descubren una incoherencia grave entre lo que se piensa y lo que se hace en realidad.

P.- Ahora que estás visitando los espacios naturales protegidos españoles ¿estás en condiciones de evaluar si gozan de buena salud?
R.-
Aún es pronto para sacar conclusiones. Pero la impresión que hemos obtenido después de revisar Andalucía y Castilla-La Mancha es que tenemos una naturaleza mejor que la media europea. Pero ojo: no la tenemos porque hayamos hecho mejores políticas sino porque hemos tenido una evolución socioeconómica que ha favorecido la conservación espontánea.
Cuando se aplique la Red Natura 2000 vamos a tener un 14 o un 15 por ciento del territorio nacional con alguna clase de protección. Pero tenemos que tener mucho cuidado para que estos espacios no se conviertan en islas. Si quedan aislados por trenes de alta velocidad, autopistas y cementerios de residuos tóxicos va a ser un desastre. El gran reto es ir hacia una política más armónica de gestión del territorio y superar la política de verjas y la política de papel, los dos extremos en los que nos movemos continuamente.

Dioni SERRANO

 

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