Viste más verde

Como consumidores, es nuestra obligación estar bien informados para poder participar con nuestras compras en la disminución de la contaminación que asola nuestro planeta, distinguiendo las llamativas acciones de marketing de las iniciativas que realmente generan un impacto positivo sobre el medio ambiente. Esperamos ayudarte con este artículo en esa tarea.

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chaqueta EvoDry de Marmot
Chaqueta EvoDry de Marmot, con nylon reciclado, tejidos y cremalleras libres de PFC y tintado Solution Dyed, más duradero y que genera menos residuos que el tintado tradicional.   ACH DOLEAC / MARMOT

A sea como reclamo de marketing, greenwash o lavado de cara, la realidad es que cada vez más marcas se apuntan al concepto de sostenibilidad, buscando llamar la atención de un consumidor cada vez más concienciado con la protección del medio ambiente.

Esto es especialmente notable en el mundo del outdoor, donde es más fácil lograr la identificación del usuario con el medio natural en el que desarrolla su actividad. En el campo de la vestimenta para montaña, estas iniciativas o argumentos sostenibles se pueden clasificar en tres grandes grupos:

  • Por un lado se busca la sostenibilidad en los los materiales empleados en la fabricación de las prendas, ya sea material prima biodegradable (no procedente del plástico), o bien materiales reciclados, como el cada vez más común poliéster procedente de botellas de plástico post-consumo.
  • Otras iniciativas sostenibles se centran en los procesos de fabricación, principalmente con la introducción de nuevas tecnologías que consiguen el ahorro de agua o de energía, así como la disminución de las emisiones de dióxido de carbono (CO 2 ), perjudiciales para la calidad del aire.
  • Y en el tercer bloque estarían los argumentos que van asociados al producto final, ya sea relacionado con su durabilidad, con la cercanía (menos consumo de energía y contaminación en el transporte) o con un empaquetado hecho igualmente con productos biodegradables.

En los últimos años hemos visto cómo se han ido multiplicando las propuestas relacionadas con algunos de estos tres campos, desde tejidos con un tratamiento impermeabilizante que no usa químicos contaminantes, a la introducción de productos naturales como la madera o el maíz en la confección de las prendas, o procesos especiales de tintado que ahorran una significativa cantidad de agua. Vemos en este artículo algunas de estas iniciativas.

Materiales reciclados

El reciclado de botellas de plástico es cada vez más frecuente en la industria textil outdoor, algo a valorar teniendo en cuenta que basta con unas cuarenta botellas de plástico para confeccionar una chaqueta técnica cuya vida útil mínima es de 10 años, y que presenta las mismas propiedades y rendimiento que el tejido de poliéster virgen.

Los grandes fabricantes de tejidos ya han tomado nota de esta tendencia, incentivando su uso y esforzándose en comunicarlo. Por ejemplo, el conocido fabricante de tejidos norteamericano Polartec celebró el año pasado la conversión de mil millones de botellas de plástico en hilo de poliéster reciclado.

Uno de los que más utiliza es el que proporciona Repreve, un hilo sintético hecho íntegramente con material reciclado, en su mayoría procedente de botellas de plástico.

Los datos que indican estos fabricantes en su presentación cumplen su función de concienciar sobre el problema de la basura plástica: solo en EEUU se tiran 33 billones de botellas cada año, que tardarían más de 1000 años en descomponerse. Marcas como Patagonia o Millet utilizan este hilo, así como muchas otras firmas del mundo de la moda. Por su parte Gore-Tex también ha aumentado considerablemente su oferta de materiales reciclados, y todas sus plantas de producción cuentan con el certificado ISO 14001.

A destacar la materia prima que proporciona la empresa Parley for the Oceans, que utilizan el plástico sacado del océano; firmas como adidas lo utilizan para la producción de una línea tanto de zapatillas como de camisetas. También utiliza plástico sacado del mar la firma Ternua con su proyecto SeaCycle, que es una de las muchas iniciativas de los fabricantes vascos, pioneros a nivel internacional en materia de sostenibilidad.

Otro de sus proyectos es el RedCycle, con el que utilizan redes de pesca ya en desuso recogidas en el Cantábrico para obtener hilo con el que confeccionar sus prendas. Y no solo se recicla el plástico, también otros materiales.

En 2015, Ternua fue la primera marca outdoor en incluir en sus prendas pluma reciclada postconsumo (habitualmente procedente de edredones o almohadas cuyo ciclo de vida ha terminado, sometida a un proceso de lavado y esterilización que recupera todas sus propiedades), proporcionada por la empresa navarra Neokdun. Otras firmas como Vaude también incluyen ya pluma reciclada en sus colecciones.

Fibra natural biodegradable

A las habituales fibras naturales utilizadas en la confección de prendas, principalmente el algodón y la lana, se han unido en los últimos años otros materiales procedentes de la naturaleza, con la principal ventaja de su carácter biodegradable.

Encontramos por ejemplo prendas hechas con café, con fibra de bambú o de celulosa (como el Lyocell) o incluso con algas, como las que utilizan los fabricantes españoles de calcetines Mund para confeccionar los modelos de su colección Eco.

De nuevo Ternua, con su proyecto NutCycle, recicla cáscaras de nueces de las sidrerías vascas y las transforma en en tinte natural para sus prendas. Y para las primeras prendas esta misma firma (entre otras) emplea el tratamiento S-Café, procedente de los posos de café que incrustan en el hilo y que, según aseguran, aporta propiedades antibacterianas, secado rápido y hasta protección frente a los rayos UV.

Otra de las firmas que dedica importantes recursos a las iniciativas sostenibles es la alemana Vaude, que también emplean en sus prendas de primera capa el tratamiento S-Café y confeccionan tejidos con cáñamo, lana, algodón orgánico o cuero, entre otros.

Una de sus iniciativas más curiosas es la fibra QMilk, que extrae las proteínas de la leche de vaca y las mezcla con la lana (proporción 20-80 %), logrando una fibra que de momento solo pueden utilizar para confeccionar paneles de una especie de fieltro, pero siguen trabajando en ello para ampliar sus usos.

Tratamientos libres de PFCs

Los PFCs (perfluorcarbonos) son compuestos químicos no biodegradables que se utilizan masivamente para impermeabilizar la ropa técnica de montaña. Son tóxicos ya que, una vez que llegan al medio ambiente, muchos de ellos se degradan lentamente, se dispersan globalmente y llegan a la cadena alimentaria, lo que hace que la contaminación sea irreversible.

Después de unos años de transición en los que varias marcas ya no usaban PFOS, pero seguían usando PFHxA (dos tipos de PFCs), su eliminación total de las prendas es una tendencia que sigue en auge, en especial desde 2012, cuando Greenpeace publicó un detallado estudio en el que demostraba la peligrosidad de estos compuestos.

Hoy en día muchos fabricantes utilizan tratamientos que prescinden de los químicos, sustituyéndolo por parafinas, siliconas o melaminas menos contaminantes. El mismo Gore-Tex empezó en 2018 a utilizar tratamientos DWR sin PFC y el compromiso que han anunciado es eliminarlos por completo de sus laminados para finales del año 2023.

Una de las empresas más conocidas que proporciona estos tratamientos es la británica Nickwax, que apuesta por las soluciones impermeabilizantes basadas en un hidrorepelente elastómero, descubierto por la misma compañía, que logra una transformación del tejido a nivel molecular.

Otra alternativa es la propuesta de Teflon EcoLite, con un tratamiento de repelencia al agua que se basa en el uso de materiales vegetales que, además de ser biodegradable, es eficaz y muy duradero.

También las mismas marcas han desarrollado sus propias tecnologías, como el High Definition Finish de Marmot que, según explican, es “un proceso patentado totalmente mecánico. Con solo calor y presión, las moléculas de hidrógeno y carbono, responsables de aportar la resistencia al agua, quedan impregnados en cada una de las fibras a nivel molecular. Este detalle permite que el tratamiento dure prácticamente toda la vida del producto (100 lavados), garantizando que incluso con lluvia persistente durante horas, la transpiración pasará al exterior».

La aplican a su membrana Membrain Eco, que forma parte de su colección de tejidos sostenibles EvoDry. Otros ejemplos de firmas que ofrecen sus propios tejidos impermeables y transpirables, con argumentos de venta sostenibles, son la membrana Ceplex Green de Vaude (presentada en la feria Outdoor 2017, fue una de las primeras en salir al mercado), la Eco-Shell de Fjällräven o la Oudry Extrem Eco de Columbia, entre otras.

Alberto Iñurrategui, embajador de Ternua
Alberto Iñurrategui, embajador de Ternua, poniendo a prueba las prendas técnicas de su colección ProTech; desde 2018, el 100% de los tratamientos de repelencia al agua que utilizan en sus productos están libres de los contaminantes PFC.

Aislamientos sintéticos

Los fabricantes de fibra sintética también han incorporado los materiales reciclados a sus composiciones, en un intento por reducir su huella ecológica y cautivar al consumidor más concienciado. Así, PrimaLoft comercializa desde hace poco su PrimaLoft Bio, que no solo está hecho 100% de material reciclado, sino que además tiene una biodegradación más rápida que el poliéster convencional, en menos de dos años.

Así lo explican desde la firma: “Las fibras PrimaLoft Bio se descomponen a un ritmo altamente acelerado en vertederos y océanos porque las hemos optimizado para que sean más apetecibles para los microbios presentes de forma natural en determinados entornos. Estos microbios consiguen que el aislamiento y tejido sintéticos se conviertan en elementos naturales: agua, CO 2 , metano, biomasa y humus, un componente natural común de la tierra abonada”.

Marcas como Helly Hansen, Montane o las españolas Ternua y Trangoworld, entre otras, ya han incorporado esta opción en sus nuevas colecciones. También el gigante Polartec ofrece fibra íntegramente de plástico reciclado, como el PowerFill, procedente de botellas PET postconsumo.

En su caso han englobado bajo el concepto de Eco-Eingineering todas sus iniciativas sostenibles, desde el uso de materiales reciclados al ahorro de agua y de energía en los procesos de fabricación, junto a su transparencia en los procesos de certificación.

La propuesta de DuPont, otro de los grandes fabricantes internacionales de tejidos (creador de la Lycra o el Kevlar) va un paso más allá, pues fue pionero en crear un tejido aislante con base biológica, es decir, no derivada del petróleo. Lo consiguió con su fibra Sorona, cuyo ingrediente principal es 1,3-Propanediol (PDO) compuesto por tres moléculas de carbono, al igual que muchos compuestos de la naturaleza.

Tras años de investigación, consiguieron fabricarla de forma biológica, utilizando como base la glucosa derivada del almidón del maíz, obteniendo de esta forma una fibra que, aunque parezcan términos opuestos, es sintética pero a la vez biológica.

Además de ser una fuente renovable, aseguran que en su proceso de fabricación utiliza un 30 % menos de energía y libera 63 % menos de gases de efecto invernadero que el nylon convencional y 40% menos que los PDO provenientes del petróleo. Firmas como la española OS2O utilizan esta fibra como material principal para sus prendas aislantes.

Ahorro de energía y agua en los procesos de fabricación

Es el tercer gran bloque de las iniciativas sostenibles, con acciones como la inversión en maquinaria que ahorre energía durante la fabricación, una mejor gestión de los desechos o procesos de tintado que utilicen materiales biodegradables en lugar de las habituales materias primas con base oleosa.

Aquí se incluirían por ejemplo las propuestas de la firma sueca de tintes y colorantes textiles Archroma, con soluciones como su técnica EarthColor que obtiene los colores a partir de productos de desecho de la agricultura, como cáscaras de almendras y hojas de romero (ganadora de un premio en la feria OutDoor 2017).

Otro ejemplo es la técnica de tintado Dope Dye (utilizada por empresas como Decathlon), que tiñe los textiles en masa, incorporando pigmentos de color en la fabricación del hilo (y no después), con lo que reduce considerablemente el uso de agua en su producción.

La firma española JeansTrack explica así su apuesta por una fabricación sostenible: “Desarrollamos procesos que no solo no dañan el medio ambiente, como por ejemplo el uso de la marcación por láser para evitar lavados y tinturas con productos químicos, sino también el ahorro de recursos energéticos usando cáscara de almendra para producir energía para los procesos de lavado y tintura en las prendas, y el uso de la tecnología e-flow en esos mismos procesos, que ahorran hasta un 90 % el consumo de agua”.

Y esto es en una empresa relativamente pequeña, y con fabricación nacional, pero lo podemos extrapolar a las grandes compañías internacionales, cuyo impacto en el medio ambiente se multiplica.

Hilo producido del reciclado de botellas de plástico
Hilo producido del reciclado de botellas de plástico

Proximidad y empaquetado

La fabricación de proximidad, además de su evidente valor social, también tiene un valor sostenible, puesto que se reduce la contaminación derivada del transporte, como ocurre con los productos importados de Asia. Esto es una evidencia ante la que pocas marcas internacionales pueden oponer argumentos, si bien algunas justifican su producción en Asia por motivos tecnológicos, tal y como exponen desde Mammut:

“La etiqueta ‘fabricado en China’ suele ser muy criticada.

Durante mucho tiempo, este país tuvo fama por sus malas condiciones laborales y mano de obra barata. Sin embargo, esta imagen negativa está desactualizada. China ha experimentado un cambio muy importante en cuanto a su economía y sociedad. Hace mucho que dejó de ser un país con mano de obra barata, y de hecho hoy en día es el segundo país más caro de Asia en el que producir.

Aunque sorprenda, China tiene una ventaja importante: el conocimiento especializado. Hoy, una chaqueta outdoor funcional consta de 250 elementos y se requieren hasta 1500 pasos para unirlos. Por el momento, Europa no puede competir con los estándares de calidad de China y sus punteras tecnologías de producción”.

La firma suiza añade además que, al igual que en el resto de sus fábricas en otros países del mundo, cumple su código de buenas prácticas laborales, que incluye el respeto a los derechos de los trabajadores. En este campo, destacar la fiabilidad de la certificación y el trabajo realizado por la organización independiente Fair Wear Foundation, que vela por la mejora de las condiciones laborales en la industria textil.

Otro campo en el que las marcas se están poniendo las pilas es en los empaquetados. No da muy buena imagen vender un producto con una etiqueta sostenible que venga envuelto en varias capas de plástico. La opción de embalajes de cartón u otros materiales biodegradables (como bolsas de fécula de patata) cada vez está más extendida.

Durabilidad

Al final, que un producto sea duradero, esté hecho de lo que esté hecho, es el principal argumento que respalda su sostenibilidad (pues nos ahorraremos los materiales y gastos de fabricación de otra prenda, además de limitar la basura que producimos).

Resulta esencial que, en primer lugar, la prenda esté pensada y diseñada para durar, segundo que se pueda reparar y finalmente que se puede reciclar.

Lamentablemente, nuestra actual cultura de usar y tirar se basa justo en lo contrario. Una cremallera rota, un agujero en el tejido, o una goma de ajuste suelta, deben ser fáciles de arreglar y no la causa de tener que comprar una prenda nueva.

Un adecuado mantenimiento y cuidado, desde lavarla y almacenarla adecuadamente a aplicar tratamientos sin PFCs cuando el tejido pierde su impermeabilidad, también ayudará a prolongar la vida de la prenda.

Nuestra responsabilidad

Como hemos visto, los fabricantes están dando pasos hacia una producción que proteja nuestro planeta, está en nuestra mano no interrumpir esta cadena. Las prendas más sostenibles probablemente no sean las más baratas, sobre todo si están fabricadas cerca, con lo que cada uno tendrá que buscar el equilibrio entre sus necesidades, su presupuesto y su compromiso medioambiental.

Ser consumidores responsables implica estar bien informados, saber leer las etiquetas y entender la composición de las prendas. Además de las certificaciones independientes, algunas marcas disponen de sus propias etiquetas sostenibles que nos ayudan a esta identificación (por ejemplo, el sello Green Shape de Vaude o el Commitment de Ternua, entre otras).

La premisa básica es, como en otros campos, comprar solo lo que realmente necesitemos. El eslogan de las 5R de Patagonia –una marca pionera en iniciativas sostenibles dentro del sector del outdoor– debería ser un referente para todos los consumidores: reducir, reparar, reutilizar, reciclar y reimaginar.

Su anuncio Don’t buy this jacket (no compres esta chaqueta), publicado en un periódico de gran tirada el día de Black Friday de 2012, que pedía a los potenciales compradores que se cuestionaran primero sobre la necesidad de comprar la prenda, demostró el gran poder que tiene el marketing: esa temporada aumentaron un tercio sus ventas.

Y es que no tenemos que olvidar que, por muy “verdes” que sean las empresas, su objetivo no deja de ser aumentar sus beneficios. Comprar con la cabeza fría, sin dejarnos llevar por campañas de marketing que, como amantes de la montaña que somos, nos tocan fácilmente la fibra, es esencial.

Eva MARTOS


 
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