EN SUS PROPIAS PALABRAS

Ueli Steck relata su ascensión de la cara sur del Annapurna

El alpinista suizo narra con detalles su ascensión de la cara sur del Annapurna, abriendo en solitario y sin oxígeno una nueva ruta que completa la iniciada por Jean-Christophe Lafaille y Pierre Béghin en 1992.

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Ueli Steck en la cara sur del Annapurna.  (Colección Ueli Steck)
Ueli Steck en la cara sur del Annapurna.

Ueli Steck lograba, el 10 de octubre a las dos de la madrugada, alcanzar la cumbre del Annapurna (8.091 m) después de haber ascendido una ruta nueva (completando la iniciada por Jean-Christophe Lafaille y Pierre Béghin en 1992) en su temida cara sur. Inicialmente, se lo hizo saber al mundo mediante un escueto SMS, que ahora amplía con una entrada en su blog en la que cuenta sus vivencias en la montaña. A continuación, la traducción al castellano:

Desde nuestra llegada, nuestro trabajo en equipo fue perfecto. Instalamos nuestro CBA a 5.000 metros. Tenji y Nima siempre nos trajeron comida fresca hasta aquí arriba. El tiempo fue estupendo hasta el 3 de octubre. Entonces –justo para mi cumpleaños, el 4 de octubre-, empeoró y tuvimos una razón para regresar al campo base.

Un par de días más tarde, lloviendo, volvimos al CBA. Don nos siguió más tarde. Quería esperar hasta que el tiempo mejorara. Había nevado bastante y decidimos esperar un día más. Observamos la pared detenidamente, ya que queríamos saber qué sucedía en ella. Estuvimos juntos todo el día. El tiempo era precioso en el CBA. El sol trabajó durante toda la jornada, con lo que la nieve pudo endurecerse.

El 9 de octubre de 2013 a las 5:30 de la mañana comenzamos. Dan Patitucci y Jonah, Don Bowie y yo nos trasladamos hasta la base de la vertiente. Dan Patitucci y Jonah son los responsables de las imágenes.

Finalmente, todo encajó; el tiempo era correcto, aunque el viento era bastante fuerte. Don Bowie, mi compañero, decidió en la rimaya no entrar en la pared. Dijo que escalar la vertiente sin cuerda era demasiado exigente técnicamente. Y esa es la premisa básica para una ruta como aquella. Desde la rimaya escalé solo.

En el primer momento, fue difícil para mí pasar a escalar en solitario. Pero las buenas condiciones me ayudaron a concentrarme rápidamente en la escalada. Una vez más, todo encajó. A 6.100 metros, habíamos dejado algo de equipo. Las semanas anteriores habíamos aclimatado en la pared y habíamos dejado cuerda, tienda, hornillo y algo de comer allí arriba.

Empaqué la tienda y el hornillo en mi mochila. Dejé allí la cuerda, puesto que ya llevaba una cuerda de 6 mm, que cargué desde el CBA. Dejé el saco de dormir por razones de peso, junto con gas, comida, la cuerda que había y lo fijé todo a un gancho.

La ascensión hacia el headwall fue relativamente fácil. Desde 6.600 metros, tuve viento y purgas de nieve. Escalé hasta debajo del headwall. Allí, quería montar mi tienda y esperar. Tenía diferentes posibilidades: esperar hasta que aflojara el viento y pudiese continuar escalando o bien descender el día siguiente.

Como no encontré un lugar protegido, empecé a descender. 100 metros más abajo, encontré una grieta. Resultó ser un lugar perfecto para vivaquear, y pude colocar mi tienda protegida del viento y de las purgas de nieve. Entonces comí y bebí mucho. Mientras tanto, el sol se había puesto. Y todo se calmó, tal como ya había visto desde el CBA que había pasado la tarde anterior. Era exactamente lo mismo: tan pronto como oscureció, llegó la calma. Esa era mi oportunidad.

Estaba seguro de que el día siguiente el viento volvería a soplar otra vez. Así que mi única oportunidad consistía en alcanzar la cumbre durante la noche. El headwall era una línea de hielo y neveros, con lo que era un camino posible de recorrer durante la noche.

Aproximadamente una hora después de haber alcanzado el vivac, retomé mi ascensión. Durante cortos tramos, el hielo o la nieve eran bastante finos y un par de veces tuve que escalar en roca. Sorprendentemente, la pendiente no era realmente vertical, excepto en un par de puntos. O sea, que era el terreno ideal para escalar en solitario, un terreno en el que escalo de forma extremadamente eficiente. Tenía eso en mente todo el tiempo. El aire fino a 7.000 metros no es todavía el de la zona de la muerte. A esa altura me podía mover con bastante facilidad. Sólo el frío era un problema.

Un par de horas antes de la salida del sol, quería fotografiar el headwall con la intención de disponer de una imagen nocturna general cuando se me vino encima una purga de nieve. Sólo pude agarrarme a mis piolets para no ser barrido de la pared. En este incidente, perdí una de mis manoplas y mi cámara fue arrastrada pared abajo. A partir de ese momento, tuve que escalar con mis guantes. La manopla que me quedaba me la fui cambiando de mano, dependiendo del frío que sintiera en cada una.

El headwall se presentó más corto de lo que pensaba. Es difícil de decir cuántos largos, ya que no utilicé la cuerda. Siguiendo mi instinto llegué a la parte más alta bastante rápido. Allí, me di cuenta por primera vez de dónde estaba realmente y lo que eso significaba. Ahora, se trataba sólo de luchar contra el viento.

Fui avanzando paso a paso, sin dejar de decirme a mí mismo “sólo lucha, sólo lucha” una y otra vez. Cuando alcancé la arista cimera, apenas podía creerlo. Era de noche, el cielo estaba lleno de estrellas y la arista bajaba delande de mí. Con mi altímetro, lo comprobé todo muy cuidadosamente, seguí la arista y supe que estaba en el punto más alto.

No estuve ni cinco minutos allí arriba antes de comenzar a descender. Todavía estaba totalmente en tensión. Mi objetivo era alcanzar la rimaya y entonces todo estaría bien. Tenji, Don y Dan salieron a mi encuentro en el glaciar. Me habían seguido todo el tiempo mientras escalaba y ahora venían hacia mí. Tenji llevaba una Coca-Cola, pan y una manzana para mí.


 

Es simplemente fabuloso. Lo hice. Ahora todo ha terminado y ya son los otros quienes toman las decisiones. La tensión disminuye. El 10 de octubre de 2013 a las 9:30 de la mañana, todos estábamos de vuelta en el campo base.


 

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