EXPLORANDO

Travesía en solitario del Campo de Hielo Sur

José Luis Sanz, a mediados de noviembre de 2007, completaba en solitario y con total autonomía la travesía del Campo de Hielo Continental Patagónico Sur. Y como guinda alcanzaba, días después, la cima del Aconcagua.

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José Luis Sanz, las inclemencias del Hielo Patagónico Sur en solitario.- Foto: Col. J.L. SanzJosé Luis Sanz, las inclemencias del Hielo Patagónico Sur en solitario.- Foto: Col. J.L. Sanz

Muchos futuros caminos surgen de retos anteriores, lo que demuestra, en gran medida, que cuando la sed de descubrir (a uno mismo, a una senda, a una tierra) te reclama no hay forma de aplacarla, hasta que el cuerpo aguante. En enero de 2005, José Luis Sanz recorría durante un mes la región patagónica chilena y argentina, siendo entonces cuando en su cabeza despertó la idea de completar la travesía del Campo de Hielo Continental patagónico Sur en solitario.

Este Campo de Hielo es el gran glaciar que ocupa buena parte de la punta meridional de América del Sur, al oeste de la Cordillera Patagónica Austral. Tiene una longitud norte-sur de 400km y una anchura de 80 km. La cordillera Patagónica austral, por su parte, se extiende, entre Chile y la Argentina, desde el paralelo 46° al 54° de latitud sur. Al este de la cadena se derrama una planicie ilimitada y salpicada de grandes lagos, alimentados por los glaciares que descienden de los montes, que caracterizan el límite entre llanura y cordillera. Hacia el oeste hay una angosta faja de tierra perteneciente a Chile, donde, en profundos fiordos el Océano Pacífico se acerca a las montañas y glaciares que le aportan sus aguas. De norte a sur toda la cordillera es atravesada por una inmensa capa de hielo que hace asemejar a la región ser un pedazo de la Antártida. Justamente este aspecto a suscitado la denominación de «Hielo Continental». 

La cara Sur del Aconcagua a la espalda de José Luis.- Foto: Col. J.L. SanzLa cara Sur del Aconcagua a la espalda de José Luis.- Foto: Col. J.L. Sanz

Las cumbres más altas de la cadena se hallan en este sector y son el Cerro San Valentín (4.058 metros) y el San Lorenzo (3.706 metros). Al sur del fiordo Calen (48° 15´ latitud sur) se extiende el Hielo Continental Sur, que tiene proporciones más grandes y majestuosas y genera sobre la vertiente Argentina, los grandes lagos San Martín, Viedma y Argentino. Justamente entre estas dos grandes cuencas, volcadas hacia la gran llanura de los hielos, se extiende la parte más conocida y majestuosa de la cordillera. Aquí surgen las importantes arquitecturas graníticas del Cerro Torre, del Fitz Roy y del Cerro Murallón. La localización geográfica de estos montes en las cercanías del Círculo Polar Ártico y la notable proximidad entre los océanos Pacífico y Atlántico, separados por pocos cientos de kilómetros, han hecho que esta región fuese rápidamente conocida entre los alpinistas de todo el mundo, que parecen incitados por las persistentes malas condiciones del tiempo a explorar sus agujas expuestas al fuerte viento que las baten.

Puestos en situación, conociendo el lugar, nos toca conocer al protagonista. José Luis Sanz nació en Baracaldo (Vizcaya) en junio de 1970. Versado en la alta montaña, el snowboard y la escalada deportiva, ha probado sus botas en casi la totalidad de los macizos de la península ibérica, ha marchado por el continente sudamericano, descendido barrancos en España y Francia y ha realizado travesías a pie en Argentina, Chile y España (destaca la del GR-11, del Mediterráneo al Cantábrico por el macizo de los Pirineos, 700 kilómetros en solitario y sin apoyo durante 31 días). Y ahora su objetivo pasaba por completar la travesía del hielo continental rodeando el cordón del Fitz Roy y el Cerro Torre, de las más bellas puntas del planeta. La mayor parte del recorrido transcurre a través de bosques milenarios, lagos glaciares y ríos de montaña, que pretendía recorrer en solitario y en un periodo no superior a 5 días.

A parte de la actividad deportiva, José Luis filmaría un documental sobre su travesía. Y como las fuerzas aún permanecerían junto a él, se aventuró en las laderas del Aconcagua, llegando a su cumbre, también, en solitario.

La expedición

Vista desde El Chalten.- Foto: Col. J.L. SanzVista desde El Chalten.- Foto: Col. J.L. Sanz

Cuando José Luis Sanz llega a El Chalten lo primero que hace es contactar con Martín, el guardaparques con el que lleva un año contactando por e-mail. Ultiman los detalles, prueban las comunicaciones y se despiden con un abrazo. El día siguiente, con la mochila muy cargada (30 o 35 kg) alcanza el campamento Piedra de Fraile donde prepara su partida, al día siguiente, para hacer unos portes hasta el refugio chileno Gorra Blanca, a 8 horas. Esa jornada se presentará nublada y tras vadear la morrena del Lago Eléctrico y subir por el glaciar Marconi, seis horas de camino, llega al final del Cambio de Pendiente, cuando las condiciones climatológicas empeoran considerablemente.

Lo peor del día llegaría justo después, cuando José Luis rompe un puente de hielo, hundiendo la pierna y siendo vencido por el peso de la mochila, cayendo de espaldas. Lleva el material suficiente para realizar el autorrescate y pronto prepara la maniobra de salida: «El simple echo de estar con la pierna dentro en medio de la nada me asusta», reconoce, aunque reacciona rápido y sale.»Estoy tocado anímicamente y decido dejar parte del material». Esquís, trineo, pala de nieve, comida, ropa, baterías, cuerda… se quedan bajo una cornisa de nieve antes de que decida regresar, justo a tiempo para ver como antes de salir de glaciar empieza a llover. «Desde ese momento hasta cuatro días después no dejó de llover en ningún momento, bueno si… cuando nevaba». La noche se vuelve espantosa. 

José Luis se acurrucará en su tienda los tres días siguientes, después de salir a tensar los vientos en un par de ocasiones y entrar empapado. El último de sus días de reclusión, empezada la tarde, sube la presión y la tempestad amaina. «Aprovecho para hacer estiramientos, he estado durante tres días en menos de dos metros cuadrados y no he podido salir ni a hacer mis necesidades. Por fin puedo cocinar fuera de la tienda. No puedo creerlo». 

Luego, las cosas empezarán a ir bien.

Vista desde el campamento Gorra Blanca, con el Fitz Roy y el Cerro Torre.- Foto: Col. J.L. SanzVista desde el campamento Gorra Blanca, con el Fitz Roy y el Cerro Torre.- Foto: Col. J.L. Sanz

El día siguiente amanece espectacular, despejado. Al asomarse desde la tienda puede contemplar el Fitz Roy e imagina la línea de la Supercanaleta. Mas, «no hay tiempo que perder». Durante los días de tormenta han llegado otras expediciones a la zona así que avanza, desde el glaciar Marconi, por huella abierta. «Han sido tres días infernales en los que he pensado en muchas ocasiones en el material. Lo deje enterrado en nieve, ¿Seguirá allí? Desde abajo veo la zona de la cornisa, el glaciar ha cambiado mucho, el hielo esta mas vivo». Como comentaría después, parece que los dioses mapuches, tehuelches, onas y yámanas que habitan por aquellas latitudes se han puesto de su parte; la cornisa se ha desprendido y han caído piedras sobre el material, esta todo sucio pero intacto. «A partir de aquí todo casi rodado, en una hora tengo los esquís puestos y me deslizo de vuelta hacia el refugio Gorra blanca, tirando del trineo». 

Cuando a la mañana siguiente sale de su tienda, hay tres expediciones completas, con guías asistentes y porteadores. José Luis marcha hacia el Circo de los Altares al que llega en aproximadamente seis horas. Hay una expedición en la entrada y él decide adentrarse en el circo para montar su campamento, cosa que hace protegiéndose con una gran roca, que le previene del viento del este. «Estoy debajo de la famosa cara Oeste del Cerro Torre impresionado por su hongo. Comienza a caer el día, empieza a hacer frío y cocino algo caliente. El sol desapareciendo da un toque místico a la montaña por lo que decido alejarme de la tienda para realizar una grabación». 

Apenas se ha desplazado diez metros por su propia huella, la pierna izquierda se hunde hasta la ingle. No es capaz de sacarla, la bota se ha quedado encajada. Tras unos minutos «eternos» la bota se suelta, quedando encajada entre una piedra y hielo duro. Cuando logra desenterrarla decide volver al saco y dormir. «Por la noche me despierto varias veces, la temperatura ha bajado bruscamente». 

No duerme demasiado y muy temprano desmonta el campamento y se dirige al sur. En tres horas alcanza a la expedición que se había quedado en la entrada del circo. «Les sigo la huella hasta la salida de la zona del Hielo Continental, donde la pendiente se acentúa y el trineo viaja por libre volcando varias veces». Llega a una zona plana de la salida del glaciar y continúa arrastrando el trineo hasta la zona de salida de la morrena. «Tengo que volver a cargar todo el material sobre mis espaldas, ahora que me había acostumbrado arrastrarlo». Cruza un río, que le llevará a la Laguna de los Esquís, haciendo dos viajes debido al peso del equipo. Pasada la laguna, en la siguiente, monta el campamento.

Casi 90 kilómetros de soledad.- Foto: Col. J.L. SanzCasi 90 kilómetros de soledad.- Foto: Col. J.L. Sanz

Durante la jornada siguiente, José Luis, encara el Paso del Viento. «Los dioses tehuelches siguen de mi parte». Baja hacia el Glaciar Toro, cruzándolo por una parte sucia y saliendo por una morrena descompuesta, expuesta. Hace días que no tiene aditivos para el agua, así que sólo bebe agua del glaciar, agua en estado puro. «Nada más beber vuelvo a tener sed». Al llegar al río Toro se encuentra con una corriente soberbia, por lo que cruza por una tirolina. «A partir de aquí el camino se suaviza hasta el campamento Toro, que esta dentro del Parque de los Glaciares, en una zona apta para todos los públicos, por lo que ya se ve máss movimiento de gente. Al día siguiente salgo del campamento, subo la Loma del Pliegue Tumbado y unas seis horas después estoy escribiendo unas líneas en el libro de travesías de la casa de los Guardaparques. La aventura ha finalizado. Una buena ducha, un buen cordero y dormir en un colchón completan la aventura patagónica».

En la cima de América

José Luis en la cima del Aconcagua.- Foto: Col. J.L. SanzJosé Luis en la cima del Aconcagua.- Foto: Col. J.L. Sanz

«Martes, 11 de diciembre de 2007. ¡Cumbre!. La noche ha sido muy fría, la mas fría de las vividas en el Aconcagua. -20º. Me despierto a las 3 de la madrugada , me visto (me pongo una térmica fina, una térmica de polartec un poco mas gorda, otra de polartec, el plumas y el goretex soft shell, en las piernas un pantalón térmico, otro pantalón térmico y el pantalón de goretex, dos bragas en el cuello y un pasamontañas con solo un agujero para los ojos) y comienzo a hidratarme, beber, derretir hielo, beber-derretir hielo, así hasta las cinco y cuarto. Salgo de la tienda, la temperatura ahora es de -12º , no ha amanecido así que toca subir con el frontal. Prácticamente salimos todos los que hemos dormido en nido a la vez, en total unos 9. El día es bueno, hace frió pero no hay mucho viento».

A las 15:15, de ese mismo día sobre la cima del Aconcagua hay una pequeña Ikurriña, suena Bizkaia maite de Benito Lertxundi y una sensación placentera recorre el cuerpo de José Luis Sanz. «Estoy en la cima de América». Y ahora sí, tras casi un mes de expedición en solitario, José Luis culmina su viaje, en solitario, por Sudamérica.

Vídeo de José Luis Sanz

 

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