EXPLORANDO

Tragedia histórica en el K2

18 expedicionarios quedan atrapados por encima de los 8.000 metros cuando descendían de la cima y una placa de hielo se desprendía arrastrando todas las cuerdas fijas del cuello de botella. Marco Confortola y Wilco Van Rooijen regresan con vida al CB.

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El K2, otra vez, se viste de negro.- Foto: Cortesía de Dennis UrubkoEl K2, otra vez, se viste de negro.- Foto: Cortesía de Dennis Urubko

En 1986, el mismo año en que Kukuczka y Piotrowski abren la cara sur por el espolón central y una combinación checo-polaca traza Magic line por la arista SSO, el K2 sacude al mundo del alpinismo con una la mayor tragedia de su historia reciente. Un cambio radical del tiempo, entre otras circunstancias, acaba con la vida de 13 alpinistas, balance solo equiparable a las tragedias alemanas en el Nanga Parbat y el Kanchenjunga en aquellas expediciones de los años 30.

El K2, lo ha vuelto a hacer. “Todo el mundo que ha hecho cima después de mí, está muerto o con serias congelaciones”, relata Alberto Zeraín, el alpinista vasco que coronaba la montaña y descendía hasta el tercer campo de altura, a tiempo de esquivar la inevitable desgracia que se iba a producir en el cuello de botella, en el Espolón de los Abruzzos. Una placa de hielo se desprendía, arrastrando las cuerdas fijas que habían de utilizar un grupo de 18 expedicionarios que quedaron atrapados por encima de los 8.500 metros. Por ahora, aunque casi todos los datos son aún confusos, “la montaña de las montañas” se ha cobrado más de una decena de vidas.

El 1 de agosto, aprovechando la llegada de una ventana de buen tiempo a ésta zona del Karakorum, que muchos alpinistas en otras montañas cercanas aprovechaban para hacer cumbre, un grupo de expedicionarios lanzaban su ataque definitivo al K2. El grupo lo formaban alpinistas noruegos, holandeses, franceses, italianos, serbios, coreanos, pakistaníes y nepalíes, quienes salían del campo 4 con la vista puesta en los 8.611 metros.

Durante esa ascensión se cruzaban con un hombre solo a su regreso de la cima. Era Alberto Zeraín. El vasco había abierto huella durante toda la mañana tras iniciar el ataque desde el campo 3. La nieve se muestra inestable y la montaña, más si cabe, se halla en condiciones graves. Zeraín se encuentra con el atasco en el cuello de botella, pero nadie sigue el ritmo meteórico que impone y va dejando siluetas atrás, marchando irrevocablemente hacia la cumbre. A las 15:00 horas, Alberto hace cima y se sorprende al observar el concurrido grupo que avanza lentamente por la montaña, a pesar de la hora. Alberto desciende hasta el campo 3 donde descansará hasta el día siguiente. A las 19:30, demasiado tarde, el grupo internacional que marchaba tras Zeraín comienza a poner alpinistas en la cumbre. Durante la ascensión ya han fallecido dos personas: el serbio Dren Mandic y un porteador pakistaní. Lo que ocurre a continuación pronto se convierte en un infierno blanco, una situación caótica con muy pocas salidas.

Una enorme placa de hielo se desprende y arrastra todas las cuerdas fijas del cuello de botella, impidiendo el descenso de los expedicionarios, que quedan atrapados por encima de los 8.500 metros, altura a la que tendrán que pasar la noche.

A la mañana siguiente, y ya en el campo base, Zeraín tiene noticia de la tragedia. El K2 se viste de negro y desde la base de la montaña comienzan a hormiguear los equipos de rescate, entre cuyos miembros, hasta ahora, se han perdido dos vidas, la de un sherpa y la de un porteador pakistaní. La Singaporean K2 Expedition también se ha unido a estas labores.

Del grupo de 18 alpinistas, dos lograban descender sin la utilización de cuerdas fijas, Cas Van De Gevel y Bemba Sherpa, quienes llegaban al C4 donde les esperaba Mark Sheen, pendiente en aquellos momentos de atacar la cumbre. Cas y Bemba, a pesar de su situación, deciden cargar material de regreso al cuello de botella y localizan en un vivac a 8.300 metros al alpinista italiano Marco Confortola, y encuentran durante el descenso a Wilco Van Rooijen, director de una de las expediciones. Marco y Wilco logran permanecer con vida, tras tres noches atrapados por encima de los ochomil metros.

Desde distintas webs internacionales se está tratando de apoyar a los equipos de rescate, puestos ya en marcha desde el campo base, que no solo han de acceder al cuello de botella para localizar a los desaparecidos, han de bajarlos pues su situación, tras tantas horas en la zona de la muerte, es de un compromiso extraordinario. Se solicita la no utilización de la cobertura telefónica y de Internet, para asuntos generales.

La lista de fallecidos confirmados asciende a ocho: 2 porteadores pakistaníes, Dren Mandic, dos nepalíes y tres coreanos. No se cuenta con ninguna información del noruego Rolf Bae ni del irlandés Gerard McDonnel.

 


 
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