EXPLORANDO

Sito Carcavilla “No hubiera venido a un ochomil si no es con Carlos Soria»

Sito Carcavilla, 38 años, geólogo, es el compañero de Carlos Soria en el Dhaulagiri. Juntos, en los próximos días, intentarán la cima de este ochomil.

Dhaulagiri2011. Campo Base Dhaulagiri. Sito Carcavilla.  (©Darío Rodríguez/Desnivel.com)
Dhaulagiri2011. Campo Base Dhaulagiri. Sito Carcavilla.
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Sito ha acompañado a Carlos en el Amadablan (2007), Broad Peak (2007) y Manaslu (2010).  Hace cuatro años les presentó otro alpinista –Jerónimo López-. “Congeniamos  muy bien desde el principio, tanto en carácter como en forma de ser. Me siento muy a gusto con él y muy seguro. De hecho, no creo que hubiera venido a escalar un ochomil si no fuera con Carlos Soria” 

¿Qué te sientes más, montañero o geólogo?
Primero fui montañero y, como me gustaban las montañas, decidí hacerme geólogo. Pensé que sería una forma mejor de entender los paisajes que me gustan y por otro lado poder vivir profesionalmente de estar en las montañas. Ahora a lo mejor es al revés, porque profesionalmente me dedico a la geología, con lo que soy geólogo y aficionado a la montaña.

¿El hecho de ser geólogo te da un conocimiento adicional en la montaña, por ejemplo para valorar temas como el riesgo de aludes…?
No lo creo, porque esos temas no se estudian en la carrera. Para moverte bien en la montaña tienes que tener conocimientos técnicos, experiencia y demás; eso no se consigue estudiando geología.

Pero si te permite entender mejor el paisaje…
Eso sí. Creo que en eso tenemos cierta ventaja, porque podemos descubrir algunos matices que a la gente se le escapan, como por qué las morrenas están en una posición determinada, o la forma del glaciar, o por qué son diferentes las montañas dependiendo del sitio… Esas cosas sí, pero no a nivel de seguridad.

¿Por qué vas con Carlos Soria?
Nos conocimos hace cuatro años a través de Jerónimo López y congeniamos muy bien desde el principio, tanto en carácter como en forma de ser. Yo me siento muy a gusto con él y muy seguro. De hecho, no creo que hubiera venido a escalar un ochomil si no fuera con Carlos, entre otras cosas porque él me ofrece unas ciertas garantías de seguridad y experiencia y porque me siento muy a gusto con él.

¿Sientes que Carlos Soria es prudente y cuida la seguridad cuando se enfrenta a un ochomil?
La percepción que he tenido en las cuatro expediciones que hemos compartido, y viendo al resto de la gente, es que Carlos es alguien muy prudente pero, sobre todo, muy inteligente. Siempre que coincido con él e incluso en otras en las que no he ido con él, en las que sólo él hace cumbre, le digo que “es el más listo del patio”. Es el que mejor sabe leer cómo están las condiciones de la montaña, del clima y demás. Es evidente que no tiene la misma fuerza que alguien de cuarenta años, pero tiene la inteligencia para saber cuándo es el momento de meterse en la montaña y cuál es el momento de estarse quieto y esperar a que las cosas mejoren.

¿En qué montañas has estado con Carlos Soria?
 Estuve en 2007 en el Amadablan donde no conseguimos cumbre en primavera. Ese mismo año, en verano, también estuvimos en el Broad Peak, donde Carlos hizo la cumbre principal y yo la secundaria. En 2010 estuvimos en el Manaslu, donde tampoco conseguimos cumbre. Y ahora estamos aquí, en el Dhaulagiri.

¿Has visto a mucha gente enloquecer por la cima en estas montañas?
Totalmente. Una de las cosas que más me ha llamado la atención del ochomilismo es que, cuando no estás metido en este mundillo, piensas que la gente que viene aquí está tremendamente preparada, con gran madurez al analizar el estado de las montañas, con experiencia y conocimiento. Luego te das cuenta de que no, que hay mucha gente que realmente no entiendes qué hacen en esos sitios, porque no te los imaginas ni en Peñalara. He visto a la gente hacer cosas casi suicidas y te sorprende ver esto en un entorno teóricamente de profesionales. Hay una clara diferencia entre la gente que se comporta como dios manda y la que no. Mi sensación cuando he venido aquí es que, en algunos casos, no hace falta ser buen alpinista sino tener dinero. Pero al final la montaña pone a todo el mundo en su sitio.

¿Te lo pensaste mucho cuando Carlos te ofreció ir al Dhaulagiri?
Por un lado no me lo pensé nada, porque me parece un lujo que alguien como Carlos te invite a acompañarle a una montaña. Creo que la mayoría de los montañeros que conozco estarían encantados de hacer algo así. En mi caso, las dudas venían por el tema del trabajo y la familia, pero si Carlos me ofrece venir, vengo directo.

¿Cómo ves el Dhaulagiri?
Es una montaña que tiene algunos peligros objetivos, algunos tramos un poco malos, como la zona de avalanchas en el collado del campo 1, el propio campo 2 o la travesía por encima del campo 3. Siempre que llego al pie de una montaña así, creo que me he pasado, pero una vez que estás en la montaña y empiezas a disfrutar y escalar, es cuando empiezas a tener sensaciones buenas. De momento, me parece que es una montaña preciosa, un espectáculo de la naturaleza increíble y me apetece empezar ya.

¿En un ochomil se disfruta?
 Muchísimo. Creo que nadie es masoca y, si vienes aquí, es que te gusta. Es verdad que hay un cierto sufrimiento y que determinadas actividades llevan tu cuerpo al límite, pero en el fondo te reconforta y te da otro tipo de sensaciones. El alpinismo es un deporte de sensaciones y aunque estés cansado, puedes percibir sensaciones que no percibes en otro tipo de entorno.

¿Qué es lo que más te preocupa de la ascensión al Dhaulagiri?
No lo sé. Quizá la travesía por encima de campo 3, incluso en el descenso, porque es complicada y ya vas cansado. Tampoco me preocupa excesivamente, porque si me obsesionara, no entraría en la montaña.

Hay riesgos que no dependen de uno mismo, que hacen que subir un ochomil como este sea casi una ruleta rusa…
La clave de estas montañas es eliminar los riesgos que partan de uno mismo, en lo referente a conocimientos técnicos y forma física. Todas las montañas tienen riesgos; si vas a un ochomil esperando que las condiciones sean magníficas y no haya riesgos, lo mismo no llegas ni al campo base. Una vez en la montaña, hay que evaluar las condiciones y eso se hace con experiencia y algo de intuición.

Pero hay condiciones  que no se pueden evaluar, como las avalanchas…
Sí; hay unos riesgos que siempre se tienen que asumir y hay que tener intuición y experiencia para decidir si el riesgo es elevado o no. El año pasado, en el Manaslu, me di la vuelta el primero, a 6.500 metros porque la montaña no me parecía en condiciones. No me da ningún apuro decir “hasta aquí” y darme la vuelta.

¿Por qué vas a los ochomiles?
 No hay una razón de verdad. Me gustan las montañas y las grandes me gustan un montón. Pero hay sietemiles o seismiles más bonitos o técnicamente más difíciles. De hecho, la primera vez que vine al Himalaya hice el Amadablan que es un seismil alto y disfruté muchísimo de esa expedición. Vengo a ochomiles porque tengo la oportunidad de venir con Carlos. Si no vengo con él, seguramente me dedicaría a montañas más bajitas y técnicamente más difíciles. También me gusta de los ochomiles la estrategia que les rodea (planificación expedición, instalación campamentos…) y el trekking.

¿Qué sensación se tiene a 8.000 metros?
 Sólo he estado una vez, pero es rara. Me da la sensación de que el cuerpo reconoce que ése no es tu entorno y tienes que salir cuanto antes, porque te mueves con mucha precaución. Lo que me pareció curioso es que la cabeza empieza a tener un pensamiento muy lineal; aquí abajo piensas si metes unos guantes en la mochila y los metes porque pesan poco y te pueden salvar de congelaciones, pero ahí arriba no tienes ese pensamiento amplio de valorar las opciones. Si la mochila pesa poco, pesa poco; si tu percepción es ir a la cumbre, vas a la cumbre… Es algo peligroso.

¿Qué tipo de montaña practicas habitualmente?
 Escalo en roca y hielo. También hago esquí de travesía y corro por montaña. Suelo ir varias veces a la semana a la sierra de Madrid y al Pirineo Aragonés también voy mucho. En verano también hago escapadas a los Alpes. Practicas todas las facetas de la montaña… Sí, en todas soy malo, pero todas me entretienen. Con eso me basta.

¿Entrenas habitualmente?
 No llevo un entrenamiento firme ni planificado, pero sí que intento hacer tres días a la semana de entrenamientos.

¿Qué sensación te inspira el Dhaulagiri?
 De momento, sólo lo he visto desde abajo, me falta meterme, pero la sensación es buena, el tiempo está cambiando y nos va a dar juego. Tengo muchas ganas de meterme en la montaña; además el equipo es gente muy agradable, congeniamos muy bien, y eso es una parte importante de la expedición. No eres tú y la montaña. Eres tú, la montaña y los que te rodean y en ese sentido estoy muy contento.

 

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