Sito Carcavilla: “Entre el C4 y la cumbre del Annapurna hay más miga de lo que parece”

Sito Carcavilla es el compañero de cordada más cercano de Carlos Soria, con quien se coordina «como en un matrimonio» en los campamentos de altura. Comparten tienda y rutinas, «aunque también hacemos muchas cosas distintas que sirven para que uno le de caña al otro y nos cachondeemos».

Autor: Darío Rodríguez/Desnivel | 1 comentario | Compartir:
Sito Carcavilla durante la expedición al Kangchenjunga (2014)  (c) BBVA/Expedición Carlos Soria)
Sito Carcavilla durante la expedición al Kangchenjunga (2014)

Les separan 34 años de edad, pero se entienden bien. El geólogo Luis (Sito) Carcavilla ha sido compañero de Carlos Soria en 9 expediciones, lo que equivale a decir que han compartido tantos viajes que las manías de cada uno han pasado a llamarse rutinas. Le preguntamos por la convivencia en altura.

¿Cómo se presenta la montaña?
Comparado con el año pasado, el Annapurna está mucho más seguro. Eso no significa que no haya riesgo de avalanchas porque es un objetivo delicado. La montaña está poco cargada de nieve y la prueba es que hace una semana que prácticamente no cae nada, mientras que el año pasado, cada día, te encontrabas que había un palmo de nieve en el campo base. A priori es un buen año porque tampoco está haciendo demasiado frío. Lo único malo es que hace mucho viento. El otro día vino un piloto de helicóptero español que está trabajando en Nepal y nos dijo que muchos días no puede volar, una situación más propia del invierno que de la primavera.

De las personas que acompañáis a Carlos, tú eres el compañero de cordada más cercano, compartís tienda. ¿Cómo es la convivencia con él?
Es un privilegio por todo lo que aprendes y porque es un personaje muy singular, muy divertido. Tenemos una compenetración buena, hay veces que uno de los dos piensa algo y el otro ya lo está haciendo, eso es muy cómodo en la convivencia.

¿Cuáles son sus costumbres?
Tiene la manía de guardar los crampones dentro de la tienda. La gente los suele deja en el avance, él los limpia para que no entre dentro nada de nieve, se tira veinte minutos con los suyos y con los míos. Eso le viene porque en el Manaslu, en 2010, no los metió dentro un día que hacía mucho viento y los perdió. Tuvo que bajar desde el campo 4 sin ellos.

«En altura, tomamos cecina, quesitos y cuanta más sopa, té y líquido, mejor»

¿Qué otras cosas cuida?
Es muy meticuloso con beber permanentemente. Llegas al campo base, te apetece tumbarte pero antes te obliga a beberte medio litro de líquido y comer algo, tiene muy claros los protocolos.También es muy particular con los guantes. En el campo base tiene como veinte pares y, cuando decidimos ir a la cumbre se pega un buen rato decidiendo cuáles sube porque no puede llevar todos. Monta un tenderete que parece de mercadillo y le oyes diciendo: “tú te subes, tú te quedas”. Lleva también mucho cuidado con que los calcetines estén totalmente secos antes de salir.

¿Qué repuesto lleváis en altura?
Guantes siempre. El día de cumbre yo llevo tres pares: unos puestos y dos de reserva. En el último campo lo único que tengo de repuesto son unos calcetines.

¿Hay costumbres en las que chocáis?
Hacemos muchas cosas distintas que sirven para que uno le dé caña al otro y nos cachondeemos.

¿Quién lleva la cámara a la cima?
Solo la llevo yo. Tenemos la misma cámara y muchas veces hemos llevado cada uno la nuestra, aunque en esta ocasión vamos a llevar solo una máquina pero con las dos baterías para garantizar que nos dure más. Nos dimos cuenta de que cuando hacemos las fotos solemos estar juntos.

¿Qué costumbres tiene Carlos con la comida?
Él cuida mucho la comida en la cima pero también en su casa o en el campo base. Se ríe mucho de mí porque yo suelo cuidarlo menos. Como grasa o bebo Coca-Cola y me dice que me voy a envenenar. En los campos de altura tenemos una cosa buena, que comemos cantidades muy parecidas, porque Luis Soriano y Carlos Martínez comen muchísimo más. Nuestros menús son típicos: para desayunar tomamos un batido de proteínas y alguna chocolatina. Muchas veces solo hacemos una comida al día, que es la cena, donde tomamos cecina, quesitos y cuanta más sopa, té y líquido, mejor.

«Carlos se ocupa de temas más cuidadosos y yo de temas logísticos»

¿La cecina sube hasta el C4?
Sí, en el campo 4 pasamos pocas horas y no comemos gran cosa pero la cecina nos viene bien porque es salada, está rica y cortada fina se come bien. Liofilizados comemos muy pocos, solo lo que nos hizo Jordi Roca, que estaban muy buenos. A veces también subimos berberechos.

¿Cómo es vuestra rutina en la montaña?
Madrugamos bastante, nos levantamos a las 4 de la mañana, salvo el día de cumbre, que es mucho antes. Desayunamos y fundimos agua para tener el resto del día mientras escalamos. Siempre le echamos sales.

¿Y cómo os dividís las tareas en los campamentos de altura?
Carlos prefiere entrar rápido a la tienda en cuanto está montada porque se enfría y entonces va preparando el interior, inflando las colchonetas, que a siete mil metros no es tan fácil, y yo remato lo que queda por fuera, recojo nieve para fundir… Luego entro a la tienda y cocino, aunque nos turnamos por lo general me encargo yo más. Él se ocupa de temas más cuidadosos, como limpiar crampones y botas, y yo de temas logísticos. Siempre sale antes que yo de la tienda. Yo soy quien se encarga de cerrar. Tenemos una rutina total, como un matrimonio.

¿Qué tramo es el más delicado en la montaña?
El Annapurna tiene muchas partes delicadas pero el tramo entre el campo 2 y el 3 es el que más. Todos los días tienen su miga, aunque el clave es ese. También el de cumbre. Siempre hemos visto que el ataque a cima le cuesta a la gente más de lo que piensa, tarda mucho tiempo y baja peor de lo que preveía. Entre el campo 4 y la cumbre hay más miga de lo que parece.


 
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