EXPLORANDO

Simone Moro, “El Himalaya invernal es salvaje, solitario, silencioso, difícil, comprometido…”

En ruta hacia su intento invernal al G2, Simone Moro, siempre lleno de energía, contesta nuestras preguntas sobre el porqué del ochomilismo invernal, sus otras ascensiones invernales, su interés por el Everest (montaña que ha escalado en cuatro ocasiones), y su pasión por pilotar helicópteros y dedicarse al rescate en montaña.

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Simone Moro en el campamento. Makalu  (Col Simone Moro)
Simone Moro en el campamento. Makalu

Simone Moro es, ante todo, energía. Lo primero que no entiende uno cuando le conoce de cerca, es de dónde saca tiempo para todo. A diferencia de otros alpinistas no tiene secretaria ni mánager.

Él consigue el patrocinio, organiza las expediciones, da conferencias, escribe libros y artículos, entrena varias horas diarias y aún saca tiempo para volar en helicóptero. Tiene el título de piloto comercial en Estados Unidos, Europa y Nepal. Su sueño –recientemente compró el 10% de una empresa nepalí de helicópteros– es dedicarse, en un futuro, al rescate en montaña. Mientras tanto aún se siente absolutamente motivado para seguir completando sus objetivos alpinísticos en los gigantes del Himalaya.

Con el kazajo Denis Urubko forma un curioso equipo. Simone Moro, extrovertido, absolutamente italiano; Denis, de formación (y oficio) militar, fruto de una cultura y economía muy distinta, reservado e incluso en ocasiones arisco.

Simone le ha ido “occidentalizando” hasta hacerlo más extrovertido y abierto, incluso le ha ayudado a encontrar patrocinadores. Denis Urubko ha ocupado en la vida de Simone Moro el lugar que ocupó él en la vida de Anatoli Bukrev, ese otro gran alpinista kazajo que formó cordada con Simone Moro hasta su desaparición en el Annapurna. En aquella cordada Anatoli era el veterano, Simone el alpinista joven, inexperto y ambicioso que seguía los pasos del maestro que le había aceptado al otro extremo de la cuerda. Simone sobrevivió milagrosamente a la avalancha del Annapurna que sepultó a Anatoli. Y apareció otro alpinista kazajo en su vida, Denis Urubko, y es ahora Simone quien toma el papel de Anatoli en este nuevo tandem italiano-kazajo.

Es una cordada curiosa en otro aspecto, no son fieles entre sí: muchos objetivos los afrontan juntos pero también, en otras ocasiones, se “separan” para enfrentarse cada uno con otros compañeros a sus propios objetivos.


 

 

¿Por qué te apasiona tanto el Himalaya en invierno?

Porque es salvaje, solitario, silencioso, difícil y comprometido. Es totalmente distinto a la temporada “normal”. No quiero decir que sea mejor ni peor, es diferente. Similar a como era el alpinismo en estas montañas hace muchos años.

¿Cuál es la aportación de Wielicki al himalayismo invernal?

Wielicki ha sido el “dios” de las escaladas invernales. La persona que abrió el juego en 1988 en la montaña más alta del mundo en la temporada fría. Él sigue sintiéndose atraído por las ascensiones invernales y nos da energía a todos, a los pocos “locos” escaladores a quienes nos gusta esta forma extrema de escalar ochomiles.

En 2009 realizas la primera ascensión invernal al Makalu. ¿Lo más difícil de esta escalada?

El estilo y la velocidad nos obligaron a forzar nuestro límite sin tener una aclimatación completa y sin usar oxígeno en una montaña tan alta. El viento y el frío fueron los dos grandes elementos con los que tuvimos que luchar.

2008. Intento al Broad Peak en invierno donde quedas a 200 metros de la cima. Lo habías intentando ya el año anterior. ¿Cómo es esta montaña en invierno? ¿Por qué marchas al G2 ahora y no regresas al Broad Peak?

El Broad Peak era mi primer objetivo para este invierno pero cuando me enteré de que también iba a ir una expedición polaca liderada por mi amigo Artur Hazjer decidí evitar cualquier tipo de “competición”, y elegí otra montaña que estuviera libre y no hubiera sido ascendida en invierno.

2005. Shisha Pangma en invierno por la ruta Yugoslava. ¿Algún recuerdo de esta ascensión?

Fue una expedición inolvidable y muy agradable porque regresamos a la montaña después de un intento previo que habíamos hecho doce meses antes en el que nos habíamos quedado a solo 250 metros de la cima. También esta vez fuimos muy motivados, ascendimos muy rápidos y rompimos la brecha de veinticinco años de “silencio” de ascensiones invernales en los ochomiles.

¿Qué es lo más duro de una ascensión invernal en el Himalaya?, ¿el frío, la soledad, las pocas horas de luz…?

Lo más difícil es la combinación de veinticuatro horas de frío constante (no existe un lugar caliente, excepto el saco de dormir), el fuerte viento que hace todo más difícil y complicado, los días tan cortos, y el no tener a otras personas alrededor.

Casi siempre marchas con Denis Urubko, ¿qué os aportáis el uno al otro?

Nos atraemos mutuamente. Hemos sido afortunados de encontrarnos y crear un equipo similar al que formaron cordadas como Troillet-Loretan, Messner-Kammerlander, Kukuczka-Wielicki… Denis y yo tenemos una forma de sentir especial y única.

Cuéntame algo del tercer componente de vuestra expedición, Cory Richards. ¿Cuál es su papel en la expedición: alpinista o fotógrafo?

Es las dos cosas a la vez. Ha ascendido dos nuevas rutas en invierno en Nepal. Ascendió al Lhotse a la semana de llegar al campo base. Es fuerte, y también un fotógrafo increíble. 

Este año has subido por cuarta vez al Everest, ¿por qué?

Tenía permiso para el Lhotse y el Everest, pero durante la expedición decidí concentrar toda mi energía en lo que más me motivaba en aquel momento: organizar los rescates. Por eso di prioridad a organizarlos adecuadamente, incluida la construcción de un helipuerto en el campo base. Perdí los mejores días para escalar con Denis la nueva variante que queríamos abrir, simplemente porque encargué a otros esta tarea. Por eso decidí ascender el Everest sin oxígeno por cuarta vez, pero hacía tanto frío a 8.600 metros que sentí que podía sufrir congelaciones muy serias en los dedos. En ese momento opté por usar oxígeno porque estaba muy cerca de la cima con un tiempo mucho mejor que en mis tres ascensiones anteriores. Escalé por cuarta vez el Everest para mi propio placer personal, esperando bajar muy rápido de la cima y sin oxígeno…

Lo ascendiste en solo 48 horas. ¿Cuáles son las claves para una ascensión tan rápida?

Estaba muy entrenado, tenía la determinación de escalar rápido y ligero. Esta fue la razón por la que en muy pocas horas estuve en el campo base de regreso de la cima del Everest. Prácticamente bajé corriendo, porque estaba absolutamente concentrado en dejar atrás cuanto antes la zona peligrosa.

En 2002 ascendí desde el campo 3 a la cima y descendí al campo base en el día…

¿Qué representa el Everest para ti?

Es un sueño porque en esta montaña hay muchas posibilidades aún de hacer cosas nuevas…

¿Cómo ha cambiado esta montaña a lo largo de los años, desde que la ascendiste por primera vez?

Desde el año 2000 (cuando fui por primera vez) al 2010 no he visto muchos cambios, excepto el hecho de que ahora parece más obvio el evitar dejar basura en la montaña y en el glaciar. Decrece el número de personas que intenta esta montaña, pero el número de “clientes” en la ruta normal es siempre grande (y lento). Pero así es la montaña, es una forma libre de aproximarse a algo que podría ser extremo.

En 2006 cruzaste el Everest en solitario del sur al norte, ¿lo más complicado de esta travesía?

Descender en la oscuridad fue lo más difícil. Llegue a la cima a las 3.15 h de la mañana, muy por delante de todos los demás. Decidí continuar a pesar de que no había visibilidad. 

Escalador deportivo, alpinista, piloto de helicóptero, mánager de ti mismo, organizador de expediciones, conferenciante, escritor… ¿De dónde sacas tanta energía?

Honestamente, de verdad no lo sé. También a mí me parece imposible. Gracias a DIOS [él lo escribe así, en mayúsculas] en mi vida siempre he trabajado duro e intensamente, y sigo acostumbrado a ello. Organizo mi tiempo apropiadamente y encuentro tiempo para todo. Pilotar helicópteros es, en cualquier caso, tan placentero que siempre encuentro tiempo para volar…. 

 

 


 
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