EXPLORANDO

Sechu Lopez: El último del Annapurna

Fue el último en bajar del Annapurna la pasada primavera. A su ritmo, por sus medios, tomando sus decisiones, cargando sus 40 kilos de material cuando hizo falta. Finalmente tuvo ayuda por parte de dos sherpas que subieron a por parte de su equipo. Recientemente ha colgado en su blog un vídeo estremecedor de una avalancha bajando por el cono y rescatamos esta entrevista sobre el Annapurna y el ochomilismo actual.

Autor: | 8 comentarios | Compartir:

Alegre, sociable, optimista, decidido, tenaz, inquieto, solidario, comprometido, apasionado, perfeccionista, impuntual, con capacidad de superación… Así se define Sechu. Acaba de hacer público el vídeo de Avalancha en el Annapurna que reproducimos. En su blog,  explica que bajo el serac, en el centro de la imagen están Lakpa Norbu, Badía Bonilla, Mauricio López y Ang Kami. Era el 18 de abril y los dos puntos que suben por la pala de la izquierda son Carlos Soria y Tente Lagunilla. Ninguno resultó seriamente afectado, pero unos días más tarde, el 5 de mayo, otra avalancha barrió a un alpinista húngaro que falleció. La del 18 de abril fue sólo uno de los sustos, y no el más grave, que sufrió la expedición de Carlos Soria, contra la que se cebaron especialmente las avalanchas (el 19 sufrieron y sobrevivieron a otra que les dio más de lleno en el C3, y otra el 2 de mayo) y terminó retirándose antes de los intentos que acabaron en cumbre. Entre ellos el de Sechu López.

¿Qué ha representado el Annapurna para ti?

Era un gran reto, una montaña cuyo nombre impone a cualquier alpinista: primer ochomil conquistado pero el que cuenta con menos ascensiones, uno de los más prestigiosos, pero muy peligroso… Para mí ha sido la realización de un hermoso sueño, en un año especial para mi Club, una montaña excepcional.

¿Cómo la definirías?

Muy hermosa, atrae nada más verla, bueno en realidad te sientes atraído por ella mucho antes de llegar. Deseas subir, conocer sus secretos, recorrer su espectacular glaciar, ser parte de su historia. A medida que avanzas vas descubriendo que su fama de montaña peligrosa la tiene bien ganada y que llegar a la cumbre será un sueño difícil de alcanzar.


 

Ascenderla, tal y como estaba -según cuentan otras expediciones- de peligrosa en cuanto avalanchas, ¿un riesgo controlado?, ¿algo de ruleta rusa?

La montaña estaba muy bien cuando llegamos, nos pareció que la subiríamos incluso pronto. En la primera ascensión al C2 seguimos pensando lo mismo, aunque nevaba algo casi todos los días. Pero la montaña se fue cargando de nieve y cada vez que subíamos se veía menos roca en la ruta, lo cual facilitaba la ascensión, pero mosqueaba bastante. La primera vez que alcanzamos el C3 lo hicimos con intención de seguir para cumbre, contando con una buena previsión meteorológica, pero que no se cumplió y nevó muchísimo. La montaña se puso más peligrosa con tanta nieve recién caída, sufrimos avalanchas y mucho viento por la noche, habíamos hecho lo más difícil (llegar al C3), pero ni la montaña ni nosotros estábamos en las mejores condiciones para subir. Casi dos semanas después iniciamos un nuevo intento, en la montaña había más nieve pero la previsión de la méteo era buena; saliendo del C2 un par de avalanchas en la zona del colador detuvieron el avance del grupo, tras el debate entre los alpinistas y la evaluación de las posibilidades de seguir, todos retrocedimos al C2 y la mayoría decidieron bajar al CB, yo quedé en el 2 para valorar con calma la situación.

Esta montaña es siempre peligrosa, lo sabíamos antes de ir, también que los períodos de buen tiempo son muy breves, es así y nadie nos obliga a subirla, lo hacemos porque nos agrada intentarlo, vamos con esa ilusión. Los alpinistas intentamos controlar los riesgos, pero a veces no es fácil, en las montañas las rocas se desprenden, la nieve se desliza, el hielo se resquebraja… lo sabemos e incluso podemos prever cuando puede pasar, pero las avalanchas en el Annapurna han sido imprevisibles, es una montaña con la fama bien ganada. Puedes intentar subirla o no, el riesgo es conocido, y es una decisión libre.

En la montaña, como en la vida, cuando no estás a gusto en un sitio lo mejor es marchar, aunque a veces es una decisión difícil y no siempre posible. Yo estaba a gusto en el Annapurna y mi sueño seguía vivo en mi cabeza.

Lo más peligroso del Annapurna son las Avalanchas, y ¿lo mejor y peor?

Sin duda lo más peligros son las avalanchas, que caían frecuentemente, en cualquier sitio y a cualquier hora, eran impredecibles.

Lo mejor la experiencia vivida, la superación de los miedos, el reto, la convivencia con alpinistas de mucha experiencia y de quienes siempre aprendo, las risas en el CB, los bellos amaneceres y espectaculares atardeceres. Lo máximo fue alcanzar la cumbre claro, fue la realización de un sueño, y me hacía especial ilusión pues era el 70 aniversario de mi querido Club Montañeiros Celtas, a quien dediqué la cima, además era el primer gallego en conseguirlo, guau, todo un honor.

Lo peor fue descubrir el estilo de algunos “alpinistas” ochomilistas que persiguen la cumbre “a cualquier precio” y la consiguen… lleguen o no al punto más alto.

No lo peor ni lo más duro, pero sí lo más difícil fue la toma de algunas decisiones, en concreto dos, en el mismo sitio y con dispar resultado. Me refiero a media hora de distancia de la base del “colador”, el punto más crítico de toda la ruta. Cuando el primer intento de cumbre vi como una gran avalancha pasaba por encima de 4 alpinistas (la pareja de mejicanos y sus dos sherpas), no tuvo consecuencias, pero no supe si seguir avanzando (pues tendría que pasar por el mismo sitio) o darme la vuelta; después de media hora larga decidí seguir subiendo. Cuando el segundo intento de cumbre, dos pequeñas avalanchas en el mismo sitio casi pillan a los sherpas que iban por delante, el grupo se detuvo, se terminó la expedición aseguraban algunos. Todos nos dimos la vuelta, ese día nadie iba a subir, pero hacerlo fue una decisión muy difícil de asumir, aunque fácil de tomar, todos bajamos.

¿Y lo más duro?

Para mí lo más duro fue el descenso, la última noche en el C1. Ese día contaba con llegar al CB, y así guardar crampones, arnés, la mochila… y sobre todo las botas, ya que cada día me costaba más ponerlas porque tenía los pies hinchados y las congelaciones de los dedos estaban peor. Quedarme en el C1 suponía que el día siguiente tenía que seguir con todo el equipo, no había huella, no sabía la méteo, etc.

Pero dos jóvenes sherpas, ayudantes de cocina, vinieron a mi encuentro a medianoche, fueron como un rayo de luz, me sentí aliviado, me dieron zumo y algo de comer, además al marchar se llevaron mi otra tienda y alguna cosa más. Al día siguiente bajé solo, cansado y dolorido, pero bien, la huella estaba hecha. Yo no necesitaba ayuda, ni la pedí, pero esos sherpas me subieron el ánimo, pues había llegado a la triste conclusión de que nadie en la montaña se había interesado por mi suerte, nadie me había esperado, y yo bajaba el último, el último del Annapurna!

Dos días en solitario. Explícanos más el porqué de esta decisión y de cómo te sentiste.

Me costó mucho llegar a la cumbre porque tuve problemas con el set de hidratación y casi no pude beber. En la cumbre me esperaba mi compañero de tienda en las últimas jornadas, el peruano Richard, para la foto de cumbre. Regresé al C4 agotado media hora después de ponerse el sol, fueron más de 22 horas de actividad. Cuando me quité las botas me di cuenta de que tenía ligeras congelaciones en los dedos de los pies, habíamos estado a 30º bajo cero, afortunadamente sin viento. El día siguiente salí muy tarde, con Óscar Cadiach y el checo Jan Travnicek. Enseguida fui quedando atrasado, me dolían los pies. Pretendía llegar al C2, pero en el C3 decidí quedarme a pasar la noche, calculé que aún podía llegar al 2 pero no quise arriesgar a tener un contratiempo y empeorar más el estado de mis pies. Dormí muy bien, estaba tranquilo pues estoy acostumbrado a moverme solo por la montaña, incluso me gusta. El día siguiente madrugué para bajar por “el colador” con la nieve más dura, pero me encontré que las cuerdas también lo estaban y rapelar no fue fácil. Paré en el C2 para hacer agua, comer, desenterrar mi tienda y recoger todas mis cosas, pues nunca abandono material, la montaña hay que dejarla limpia. Por la tarde reanudé el descenso, iba muy cargado (unos 40 kg.), pero esperaba llegar al CB. Pronto comenzó una tremenda tormenta eléctrica con abundante nieve que lo fue cubriendo todo, la huella empezaba a desaparecer rápidamente. Ya cerca del C1, casi saliendo del glaciar ya no se veía nada, todo era blanco, cielo y suelo, no reconocía la ruta entre las grietas y lo pasé muy mal. En lo que había sido el C1 monté una de mis tiendas, ya no podía más, el esfuerzo físico y mental de esa tarde había sido brutal y mis pies estaban peor. La mañana del día siguiente llegué al CB sin contratiempos.

Como resumen decir que era consciente de que los accidentes son más frecuentes al bajar de cumbre que al subir, motivados por el cansancio y quizás las prisas por dejar la montaña, por lo que preferí descender más lento pero con más seguridad.

¿El ochomilismo es un deporte más individualista?

Sí, yo lo tengo bastante claro. Es un deporte individual, que se realiza en grupo o en solitario. Me explico. Salvo excepciones, que las hay, el éxito no es colectivo, sólo de los que alcanzan la cumbre, los tiempos en que con llegar a la cumbre uno o dos miembros del grupo se consideraba un éxito de toda la expedición han pasado. La mayoría vamos a una expedición de forma individual, o con unos amigos, nos integramos en una expedición formada por personas de distintos países, con diferente preparación y formación, hábitos variados… pero con el mismo fin, disfrutar de la montaña y llegar a la cumbre, eso sí, todos y cada uno queremos llegar, que lleguen los otros nos alegra, pero no nos satisface si nosotros no lo conseguimos. Antes el éxito era del grupo, ahora ya no, aunque hay algo que no ha variado, la gloria era y es exclusiva de quien llega a la cumbre; en el futuro quien sabe.

¿Cómo comparas el Annapurna con respecto al G2, que has escalado, y los ochomiles que has intentando?

El Annapurna ha sido mi segundo ochomil, aunque es el cuarto que intenté. En el 2009 intenté primero el G1 y me quedé a 209 metros de la cumbre porque se metió una nube, el día se puso horroroso, estaba yo solo en la montaña y decidí no arriesgar más. Bajé al C1 (común para G1 y G2) y al día siguiente decidí intentar el G2, ese mismo día llegué al C3, me encontraba muy fuerte y motivado. En otoño de 2010 intenté el Manaslu, salí del C4 para cumbre pero sólo llegué a unos 7.600 metros y tuve congelaciones, cometí varios errores de los que he intentado aprender.

En los Gasherbrums no recuerdo ninguna avalancha, en el Annapurna hasta soñaba con ellas. Para intentar el G2 había más expediciones, es una montaña a la que va mucha más gente, pues se la considera uno de los ochomiles más asequibles, pero ninguno es fácil, si acaso unos años la montaña está más fácil que otros.

En el G2, un ochomil fácil, fuiste el único aquella temporada -junto a Ueli Steck- en alcanzar la cima… Sin embargo, el Annapurna, muy peligrosa, parece que lo han alcanzado casi 20 esta temporada.

En 2009 el G2 no estaba fácil. La arista cimera era una travesía muy comprometida y no había cuerda fija. Varios alpinistas llegaron a esa arista, pero sólo Ueli a principios de julio y yo unas tres semanas más tarde (2 de agosto) nos atrevimos a realizarla. Ambos hicimos la ascensión en solitario y para ambos era nuestro primer ochomil, casualidades… Ueli es una bestia alpina, suizo, uno de los mejores alpinistas del momento, y yo soy un modesto montañero que vive en Vigo, en la costa, y la montaña que tengo más a mano es el Galiñeiro, de 701 m.

En el G2 me sentí muy a gusto, hice solo toda la ascensión (desde C1), había mucha cuerda fija y subí bastante rápido, sólo fui consciente de peligro en la arista cimera, luego en el descenso también tuve problemas porque la ruta estaba abandonada y se salían las estacas.

El Annapurna es mucho más peligroso, hay que estar mucho más pendiente, no sólo de donde pisas o te agarras, también y mucho de lo que puede venir de arriba, porque tarde o temprano algo te cae. Este año subimos 7 personas el día 6 de mayo, ¿cuántos subieron antes? no lo sé. Dices en total casi 20, yo lo dudo, estaba por allí y tengo motivos para pensar que no han subido tantos, pero con esto no digo que no hayan subido.

Campos bases con más conexión al mundo exterior, ¿bueno o malo?

“No se quiere lo que no se conoce, no se protege lo que no se quiere”. Con esta cita quiero decir que yo considero positivo “estar conectados”. Soy un amante de la naturaleza en general y de la montaña en particular. Me gusta difundir el montañismo, sus virtudes, y dar a conocer las Montañas, su belleza y la necesidad de protegerlas. Es importante que la sociedad valore “lo natural” y la montaña es uno de los pocos lugares salvajes que nos quedan. A través de mi blog www.sechugalicia.com informaba de los avances de la expedición, algo que agradecen sobre todo los montañeros interesados en este mundillo, pero no fue fácil porque mi portátil se estropeó nada más llegar al CB, luego tuve que “buscarme la vida” para enviar información. De todas formas, no hay necesidad de estar conectados todos los días, con hacerlo de vez en cuando es suficiente. Además, sentir el apoyo de tu gente también es muy de agradecer. Es como todo, hay que hacer uso de las cosas en su justa medida, los excesos acaban por sentar mal.

Expediciones comerciales, expediciones con muchos medios, alpinistas con sherpas, alpinistas sin sherpas… háblame un poco de este mundo que supongo has vivido en el Annapurna.

Este mundo lo he vivido en el Annapurna y en las dos expediciones anteriores. En las grandes expediciones comerciales la mayoría de los “alpinistas” son llevados por sus sherpas y guías, con mucho mimo y atenciones, pues suelen ser buenos clientes con mucho dinero… y pocos conocimientos de montañismo, algunos no saben ni usar un piolet correctamente. Sí, es el alpinismo del siglo XXI, está de moda hacer grandes montañas y te encuentras con gente que no ha subido ni al monte de su pueblo y le da por hacer ochomiles, sin apenas experiencia alpina. Este año estoy un poco irritado con lo que viví en el Annapurna. Me encontré con “alpinistas” que querían hacer cumbre sin haber aclimatado, eso sí, con muchas botellas de oxígeno, forzando a trabajar a los sherpas más allá de lo razonable, pero ya se sabe del poder de “don dinero”. En mi opinión hacer un ochomil bajo, como el Annapurna, con oxígeno tiene escaso mérito, aunque es una decisión respetable. Lo que sí me molesta es los que hacen uso del oxígeno y lo niegan, yo creo que hay que ser honestos, cada uno que suba como quiera, pero que no mienta. Y decir que haces cumbre y no llegar ni de lejos eso ya es la hostia, patético.

Para intentar grandes montañas tener muchos medios (sherpas, médico, gran infraestructura, buen material…) es una suerte y facilita las cosas sin duda, pero la montaña la tienes que subir de todas formas. Sólo los más genuinos alpinistas abren nuevas rutas, suben en estilo alpino y van solos o en pequeñas cordadas. La mayoría vamos a ochomiles en los que sabemos habrá más gente, subimos por la ruta normal y dejamos que los sherpas propios o de los otros abran la ruta.

Llevar sherpa es una decisión de cada uno, decisión de estilo y también económica, pues tiene un coste importante. En mi caso nunca he llevado sherpa. Es una cuestión de principios, me gusta llevar mi equipo y llegar de forma autónoma hasta donde pueda, pero ahora puedo hacerlo porque mi condición física me lo permite. Cuando considere que no soy capaz de cargar lo necesario, contrataré un sherpa si puedo pagarlo o no iré de expedición. Hay quien presume de no necesitar sherpa y luego se aprovecha de los compañeros, usando en los campos de altura material ajeno.

Los que deciden llevar sherpa tienen sus razones. Hay quien coge un sherpa distinto en cada expedición, pero otros establecen un vínculo afectivo y cuando encuentran a un buen sherpa, es decir, a uno con quien se entiende bien, procura que sea siempre el mismo y llegan a compartir las decisiones, aunque la última palabra la tiene el que paga. Todos los sherpas son fuertes, pero cada uno tiene su carácter y forma de hacer las cosas, y por ello con unos se va más a gusto que con otros. Los casos son variados, hay desde el sherpa que se limita a hacer lo que le encargan, hasta los sherpas que se implican profundamente en el proyecto de su cliente. Un buen sherpa pueden ser tu guía y persona de confianza, con el tiempo se les confía la toma de decisiones: cuándo subir, cuándo bajar, cuánto gas llevar, qué equipo…

Los sherpas te llevan la tienda, el saco de dormir, esterillas, cocina, gas, comida… cuando llegas al campamento lo encuentras todo listo, algunos incluso cocinan para ti, te ayudan con las botas, los crampones… Son alegres y buenos conocedores de la montaña, su presencia es grata y da seguridad.

Próximos objetivos

El próximo año me gustaría ir otra vez de expedición, pero dependerá mucho de las ayudas que pueda conseguir, aunque aún no tengo ninguna montaña en particular en mente. Este año me he tenido que pagar la mitad de la expedición y eso para un simple asalariado como yo es muy difícil, ahora estaré el resto del año “a dos velas” y se hace muy largo. Como objetivo más inmediato será ir a la playa en verano, bucear, kayak de mar… y en cuanto me recupere de los pies hacer las actividades de montaña que tanto me gustan: correr por el monte, también ir en bici, escalada en roca, ir de cuevas, descenso de barrancos… disfrutar del día a día!

 


 

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.